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  "id": "nexus-sen-1-0006-1402703",
  "citation": "Res. 00687-2026 Sala Tercera de la Corte",
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  "doc_type": "court_decision",
  "title_es": "Casación inadmisible por conciliación en delito ambiental sin venia PGR",
  "title_en": "Cassation Inadmissible in Environmental Crime Conciliation Without PGR Consent",
  "summary_es": "La Sala de Casación Penal declaró inadmisible el recurso interpuesto por la Procuraduría General de la República (PGR) como representante de la víctima en un caso de tráfico de fauna silvestre —dos pericos zapoyolicos— en que el Tribunal de Juicio de Los Chiles homologó un acuerdo conciliatorio sin el consentimiento de la Procuraduría. La PGR alegó precedentes contradictorios entre dos tribunales de apelación: uno que admitió la apelación contra una suspensión del proceso a prueba (Guanacaste, 2014) y otro que la rechazó frente a un acuerdo conciliatorio (Alajuela, 2026). La mayoría declaró la inadmisibilidad por tres razones: los precedentes carecen de identidad jurídica pues ambas medidas alternas tienen supuestos normativos distintos; la resolución impugnada carece de impugnabilidad objetiva al no confirmar sentencia de juicio ni cerrar el proceso; y la recurrente mezcló dos motivos de casación en un solo reclamo. La Magistrada Vargas González emitió extensa nota adhiriéndose solo al primer argumento y cuestionando el carácter formalista y extraordinario que la mayoría asigna al recurso de casación.",
  "summary_en": "The Criminal Cassation Chamber declared inadmissible an appeal filed by the Attorney General's Office (PGR) as victim's representative in a wildlife trafficking case (two zapoyolito parakeets) in which a trial court in Los Chiles homologated a conciliation agreement without the PGR's consent. The PGR alleged contradictory precedents between a Guanacaste appellate court that admitted an appeal against a suspended sentence (2014) and an Alajuela court that rejected one against a conciliation homologation (2026). The majority found three grounds for inadmissibility: the cited precedents lack legal identity since suspension of proceedings and conciliation are distinct alternate measures under different Code articles; the challenged ruling lacks objective appealability since it neither confirms a trial sentence nor closes the case; and the petitioner mixed two cassation grounds in one motion. Justice Vargas González concurred only on the first ground and issued an extensive dissent arguing that treating cassation as an extraordinary, formalistic remedy violates constitutional access-to-justice principles.",
  "court_or_agency": "Sala Tercera de la Corte",
  "date": "28/05/2026",
  "year": "2026",
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    "impugnabilidad objetiva",
    "medidas alternas",
    "homologación de acuerdo conciliatorio",
    "venia de la PGR",
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    "función nomofiláctica",
    "entremezcla de motivos",
    "suspensión del proceso a prueba"
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  "keywords_es": [
    "vida silvestre",
    "tráfico de fauna",
    "pericos zapoyolicos",
    "conciliación penal",
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    "Procuraduría General de la República",
    "impugnabilidad objetiva",
    "precedentes contradictorios",
    "casación penal",
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    "Ley de Conservación de Vida Silvestre",
    "homologación de acuerdo conciliatorio",
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  "keywords_en": [
    "wildlife trafficking",
    "parakeet smuggling",
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  "excerpt_es": "En el caso concreto, si bien la recurrente menciona una resolución de la cual se constata su existencia, y ambos casos tratan sobre delitos forestales cuya víctima es representada por la Procuraduría General de la República, los supuestos jurídicos abordados en dichas resoluciones carecen de identidad jurídica. En el primer caso (resolución 2014-00201 citada supra), el tribunal de apelación conoce una impugnación en contra de la resolución que acoge la suspensión del procedimiento a prueba y en el fallo impugnado se declara inadmisible un recurso de apelación en contra del auto que homologa un acuerdo conciliatorio (el cual, la misma recurrente admite no tener el carácter de sentencia), medidas alternas que incluso tienen supuestos de aplicación diferentes (artículos 25 y 36 del Código Procesal Penal).\n\nEn todo caso, debe analizarse que la sentencia recurrida, carece de impugnabilidad objetiva, por cuanto no se trata de ninguno de los supuestos que contempla el numeral 467 del Código Procesal Penal para la procedencia del conocimiento de esta Cámara. Si bien es cierto, en el planteamiento se alega la existencia de precedentes contradictorios y ambas resoluciones son dictadas por la cámara de apelación de sentencia, para la procedencia del recurso de apelación, en su análisis estratificado, en primer término, debe considerarse si la resolución impugnada se encuentra dentro de los parámetros que autorizan a esta Sala para el conocimiento del asunto. En ese orden de ideas, se evidencia del reclamo que la resolución del tribunal de apelación de sentencia impugnada no pone fin al proceso, ni consolida una situación jurídica (ya que ante el vencimiento de la medida alterna y el respectivo dictado del sobreseimiento definitivo, conforme el numeral 458 del Código Procesal Penal, la parte podría impugnar la resolución), por lo que esta Cámara, no se encuentra habilitada para el conocimiento del asunto, conforme lo disponen los numerales 437 y 467 del código instrumental.\n\nEn consecuencia, al carecer de impugnabilidad objetiva, entremezclar motivos y no cumplir con los requisitos dispuestos para la interposición del reclamo formulado, lo procedente es decretar su inadmisibilidad de conformidad con lo dispuesto en los numerales 237, 467, 468, 469 del Código Procesal Penal.",
  "excerpt_en": "In the case at hand, while the appellant cites a ruling confirmed to exist, and both cases concern forestry offenses in which the victim is represented by the Attorney General's Office, the legal frameworks addressed in those rulings lack legal identity. In the first case (ruling 2014-00201, cited above), the appellate court reviewed a challenge against the ruling granting suspension of proceedings on probation, whereas the challenged ruling declares inadmissible an appeal against the order homologating a conciliation agreement (which the appellant herself admits does not constitute a sentence)—alternate measures that have different conditions of application (Articles 25 and 36 of the Code of Criminal Procedure).\n\nIn any event, it must be analyzed that the challenged ruling lacks objective appealability, as it does not fall within any of the scenarios contemplated by Article 467 of the Code of Criminal Procedure for this Chamber's jurisdiction. While the petitioner alleges contradictory precedents and both rulings were issued by appellate courts, the threshold question in a stratified analysis is whether the challenged ruling falls within the parameters that authorize this Chamber to hear the matter. The record shows that the challenged appellate ruling neither terminates the proceedings nor consolidates a legal situation (since, upon expiration of the alternate measure and the resulting definitive dismissal under Article 458 of the Code, the party could challenge that ruling), and therefore this Chamber is not empowered to hear the matter pursuant to Articles 437 and 467 of the procedural code.\n\nConsequently, given the absence of objective appealability, the mixing of grounds, and the failure to satisfy the requirements for filing the challenged motion, the appropriate outcome is to declare inadmissibility pursuant to Articles 237, 467, 468, and 469 of the Code of Criminal Procedure.",
  "outcome": {
    "label_en": "Inadmissible",
    "label_es": "Inadmisible",
    "summary_en": "The Criminal Cassation Chamber declared the PGR's cassation appeal inadmissible for lack of objective appealability, absence of legal identity between the cited precedents, and improperly mixed grounds, in a wildlife trafficking case where a conciliation agreement was homologated without the Attorney General's consent.",
    "summary_es": "La Sala de Casación Penal declaró inadmisible el recurso de casación de la PGR por falta de impugnabilidad objetiva, ausencia de identidad jurídica entre los precedentes citados y mezcla de motivos, en un caso de tráfico de pericos zapoyolicos en que se homologó un acuerdo conciliatorio sin la venia de la Procuraduría."
  },
  "pull_quotes": [
    {
      "context": "Considerando B — Requisitos de admisibilidad para precedentes contradictorios",
      "quote_en": "Three requirements must be clarified: i) that the precedents exist; ii) that the party explicitly establishes or demonstrates the factual and legal similarity between the ruling under review and those offered for comparison; and iii) that the apparently contradictory aspect represents a central issue in both the ruling being appealed and the rulings invoked as reference (ratio decidendi).",
      "quote_es": "debe clarificarse: i) que los precedentes existan; ii) que la parte explícitamente establezca o demuestre la semejanza o similitud entre las plataformas fácticas y jurídicas entre la sentencia bajo examen y las que se ofrecen para comparación y iii) que el aspecto en apariencia contradictorio represente un tema medular en la sentencia que se casa y las que se invocan como referencia (ratio decidendi)."
    },
    {
      "context": "Considerando B — Análisis de la entremezcla de motivos",
      "quote_en": "The appellant conflates two distinct issues: the first, concerning the alleged contradictory precedents as to whether an appeal against a ruling homologating a conciliation agreement without the PGR's consent is admissible; and a second issue, tied to the existence of an absolute nullity defect in the homologation of conciliation agreements in environmental offenses when carried out without the institution's authorization.",
      "quote_es": "la recurrente confunde dos temas disímiles entre sí, el primero, sobre los presuntos antecedentes contradictorios en cuanto a si es procedente la interposición de un recurso de apelación de sentencia en contra de un auto que homologa un acuerdo conciliatorio sin el consentimiento de la Procuraduría General de la República y un segundo tema, vinculado con la existencia de un vicio de nulidad absoluta en la homologación de acuerdos conciliatorios en los delitos ambientales, cuando se realizan sin contar con la venia de dicha institución."
    },
    {
      "context": "Nota de la Magistrada Vargas González — Sección D (síntesis)",
      "quote_en": "Cassation, while not equivalent in scope to a full appeal of sentence, must be applied without formalistic rigor, as required by the principles of effective judicial protection and access to justice derived from the constitutional legitimacy standard and from Article 2 of the Code of Criminal Procedure itself.",
      "quote_es": "La casación, sin tener los alcances de un recurso de apelación de sentencia, debe ser aplicada sin rigor formalista porque así lo impone los principios de tutela judicial efectiva y acceso a la justicia derivados del parámetro de legitimidad constitucional y el propio artículo 2 del Código Procesal Penal."
    },
    {
      "context": "Nota de la Magistrada Vargas González — Sección C.iv",
      "quote_en": "Procedural rules are not an end in themselves but a means to achieve justice, and justice cannot be sacrificed for the sake of mere formalities (Article 41 of the Constitution).",
      "quote_es": "Las normas procesales no son un fin en sí mismo, sino un medio para realizar la justicia y esta no puede ser sacrificada por meras formalidades (artículo 41 constitucional)."
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  "source_url": "https://nexuspj.poder-judicial.go.cr/document/sen-1-0006-1402703",
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  "body_es_text": "Revisión del Documento\n\n\n\nExp: 21-000159-0801-PE \n\nRes: 2026-00687\n\nSALA DE CASACIÓN PENAL. San José, a las doce horas trece minutos del veintiocho de mayo de dos mil veintiséis.\n\n Visto el recurso de casación interpuesto en la presente causa seguida contra [Nombre 001], por el delito de Infracción a la Ley de Conservación de Vida Silvestre, cometido en perjuicio de La Fauna Silvestre; y,\n\nConsiderando:\n\n I. Mediante escrito visible de folios 25 al 32 del expediente, la licenciada Zaray Chavarría Prado, procuradora penal, formuló recurso de casación en contra de la resolución N° 2026-0190, de las 16:00 horas del 17 de febrero de 2026, dictada por el Tribunal de Apelación de Sentencia Penal del Tercer Circuito Judicial de Alajuela, San Ramón, sección segunda, en la cual dispuso declarar inadmisible el recurso de apelación formulado por la recurrente (cfr. f. 5 al 13 del expediente físico).\n\n II. Como antecedentes del caso, refiere que el Tribunal de Juicio del II Circuito Judicial de Alajuela, Los Chiles, homologó un acuerdo conciliatorio sin la autorización de la Procuraduría General de la República en su condición de víctima, sentencia contra la cual se interpuso recurso de apelación de sentencia, el cual fue declarado inadmisible por el tribunal de apelación de sentencia penal (cfr. f. 25 vuelto y 26 del expediente físico). Único motivo. “Existencia de precedentes contradictorios dictados por los tribunales de apelación de sentencia…” (cfr. f. 26 vuelto del expediente físico). Alega quien recurre la existencia de precedentes contradictorios, concretamente entre la sentencia impugnada N° 2026-00190, de las 16:00 horas del 17 de febrero del 2026, dictada por el Tribunal de Apelación de Sentencia Penal del Tercer Circuito Judicial de Alajuela, San Ramón y el fallo N° 2014-00201, de las 13:40 horas del 19 de setiembre del 2014, emitido por el Tribunal de Apelación de Sentencia Penal del Segundo Circuito Judicial de Guanacaste, Santa Cruz. En ese sentido, expone que ambos pronunciamientos comparten similitud en los supuestos fácticos pues se imputan transgresiones a leyes ambientales. Como muestra de ello, transcribe los hechos acusados en ambos asuntos. En el primer supuesto, concretamente se imputó traficar y trasegar dentro del bolso dos aves conocidas como pericos “zapoyolicos”, siendo una supuesta infracción a la Ley de Conservación de Vida Silvestre (cfr. f. 26 vuelto del expediente físico) y en el segundo cuadro fáctico se describe la tala de un árbol sin los permisos forestales requeridos, constituyendo una falta prevista en la Ley Forestal (cfr. f. 27 del expediente físico). Indica la casacionista que en ambos casos, la víctima es representada por la Procuraduría General de la República conforme lo dispone el artículo 16 del Código Procesal Penal, aspecto que en su consideración configura las similitudes de orden fáctico necesarias para el conocimiento del presente motivo. Ahora bien, con respecto a la ratio decidendi, alega que en ambos procesos en representación de la víctima se interpuso recurso de apelación en contra de las resoluciones de homologación de medidas alternas dictadas sin contar con el consentimiento de la Procuraduría General de la República, ante el cual los tribunales de apelación de sentencia emitieron criterios opuestos. Así, reproduce un extracto de la resolución de la sentencia N° 2026-00190, de las 16:00 horas del 17 de febrero del 2026, dictada por el Tribunal de Apelación de Sentencia Penal del Tercer Circuito Judicial de Alajuela, San Ramón la cual declaró inadmisible la apelación por falta de impugnabilidad objetiva al considerar que la decisión impugnada carece de recurso ante las cámaras de apelación (cfr. f. 28 del expediente físico). Este criterio también fue sostenido por la Sala Constitucional en el voto N° 2019- 8453, de las 13:00 horas del 10 de mayo del 2019 ante una consulta de la propia Procuraduría General de la República. Por su parte, expone que el voto N° 2014-00201, de las 13:40 horas del 19 de setiembre del 2014, emitido por el Tribunal de Apelación de Sentencia Penal del Segundo Circuito Judicial de Guanacaste, Santa Cruz, contrario al anterior pronunciamiento, admitió para conocimiento el recurso de apelación planteado al estimar que la Sala Constitucional se pronunció directamente sobre el tema de la procedencia de la apelación en contra del auto que homologa una suspensión del proceso a prueba, en el voto 8591-2002, de las 14:59 horas del 4 de setiembre del 2002, por lo que se dispuso a conocer el fondo del reclamo (cfr. f. 28 vuelto del expediente físico). Debido a ello, señala como tercer punto, la oposición en el análisis jurídico, al referir que se resolvió de forma contrapuesta una misma controversia jurídica, concretamente la procedencia del recurso de apelación en contra de las resoluciones que acuerdan medidas alternas. En ese orden de ideas, procede a cuestionar la interpretación que la sentencia impugnada le otorga al voto N° 2019-008453, de las 13:00 horas del 10 de mayo del 2019 dictado por la Sala Constitucional, al estimar que dicha resolución solamente evacúa la consulta de constitucionalidad habida cuenta que el artículo 458 del Código Procesal Penal no resulta inconstitucional (cfr. f. 29 vuelto del expediente físico) sin que se amplíen los alcances de lo allí resuelto al caso concreto. Alega la accionante que se le genera un estado de indefensión al Estado ya que se convalida “una resolución que dispone de la acción penal y de los intereses estatales sin el visto bueno establecido por imposición de ley…” (cfr. f. 29 vuelto del expediente físico). Lo anterior, según su criterio, es contrario a lo resuelto por el voto 201-2014 supra citado, el cual está basado en la resolución de la Sala Constitucional N° 2002-8591 de las 14:59 horas del 4 de setiembre del 2002, según la cual se evacuó una consulta con respecto a los artículos 422 y 444 del Código Procesal Penal y se dispuso en aquel momento, la procedencia del recurso de casación de la víctima en contra del auto que ordene la suspensión del procedimiento a prueba (cfr. f. 30 del expediente físico). Alega que si el tribunal de apelación de sentencia hubiere admitido el recurso, la causa permitiría el análisis de la medida alterna bajo parámetros de proporcionalidad y legalidad, sin lesionar los intereses de la víctima (cfr. f. 30 vuelto del expediente físico). Bajo ese contexto, aduce que carecer de un criterio unívoco sobre la interpretación de la admisibilidad del recurso de apelación de sentencia en contra de la resolución que homologa una medida alterna sin la venia de la Procuraduría General de la República, causa incerteza jurídica (cfr. f. 30 vuelto y 31 del expediente físico). En su cuarto apartado, señala que, si esta Cámara determina como regla general, la impugnabilidad mediante la vía de apelación de aquellas resoluciones en las cuales se homologa una medida alterna sin el consentimiento de la Procuraduría General de la República, se constituiría una “norma de garantía” (cfr. f. 31 del expediente físico). Señala como agravio la vulneración al artículo 20 de la Ley Orgánica de la Procuraduría General de la República y al 36 del Código Procesal Penal, así como que se le impide a la víctima cuestionar la legitimidad de la medida alterna (cfr. f. 31 del expediente físico). Solicita se anule la sentencia número 2026-00190 referida anteriormente y se aplique correctamente la norma jurídica especial. Asimismo, anular la resolución dictada por el Tribunal de Juicio del II Circuito Judicial de Alajuela, Los Chiles (cfr. f. 32 frente y vuelto del expediente físico). El reclamo se declara inadmisible. Razones de las personas magistradas Zúñiga M., Segura B., Mena A. y Acón Ng. A) Contexto introductorio sobre el trato jurídico, jurisprudencial y doctrinario actual del recurso de casación penal. De previo a lo que se resolverá, es de interés referenciar el fundamento teórico e ideológico, consustancial de nuestro régimen o sistema de impugnación de la sentencia penal, mismo que implica detenerse en retrospectiva hacia la consideración de una diversidad de aspectos relevantes de ese desarrollo normativo, los cuales, desde una visión integral, propia del respeto ineludible a los derechos humanos, y por ende, de las garantías procesales -incontrovertibles- de un Estado Social, Democrático y de Derecho, han auspiciado dentro de su corriente evolutiva, esenciales pilares, característicos del Derecho de la Constitución, ello, bajo el amparo del principio de legalidad, y del postulado de justicia, preceptos 11 y 41, concordantes con el articulado 7 y 48 de la Carta Magna. Atinente a las particularidades históricas, se reseña: “… la apelación es el milenario recurso prevaleciente en la historia de los sistemas procesales, siendo la casación un fenómeno tardío de los últimos dos siglos, y que en la mayoría de los casos ha coexistido con la primera, Costa Rica no ha sido la excepción. Después de obtener la independencia de España en 1821, el primer cuerpo normativo patrio bajo el espíritu de la codificación napoleónica, fue el Código General de 1841, conocido como Código de Carrillo. Es entendible que su principal influencia fuera la legislación española, por vía indirecta a través de otras legislaciones americanas. En la parte del proceso penal, dado que las leyes de enjuiciamiento criminal españolas datan de 1872 y 1882, es posible que la influencia proviniera de la novísima Recopilación de Leyes de España de 1805, que en su título XII regulaba los juicios criminales, y era contemporánea del Código Napoleónico. El Código de Carrillo, estuvo vigente hasta 1910. En la Parte Tercera, Libro Cuarto, Título I, Capítulo primero se regulaba el recurso de apelación en materia civil y criminal. […] El Código de Carrillo es esencialmente inquisitorial. La doble instancia junto al mecanismo de la consulta, dejaban ver que la justicia se entendía como una potestad delegada. De manera que la apelación y la consulta no eran sino una forma de garantizar la verticalidad del sistema. La apelación era total, de manera que bastaba manifestar una voluntad impugnatoria para reabrir la instrucción y renovar toda la litis. Sigue una tradición de tercera instancia, en donde retoma el instituto de la súplica, tan vigente en el Derecho Romano imperial, que no es sino una segunda apelación ante el órgano de mayor rango. El Código de Carrillo fue sustituido por el Código de Procedimientos Penales de 1910. Señala SAENZ CARBONELL que el Código de 1910 se redactó bajo la influencia de la en ese entonces derogada Ley de Enjuiciamiento Criminal española de 1872. Era de corte inquisitorial, escrito y secreto. Se prohibía el ejercicio del derecho de defensa en la fase de instrucción, y la confesión se consideraba plena prueba. Estuvo en vigencia hasta 1975 […] Contra las sentencias de la Sala de Apelación cabía recurso de casación […] Después del Código General 1841, y del Código de 1910, ambos procesos escritos y regulados por un sistema de apelación, se sucedieron dos ordenamientos procesales que, emulando al Código Napoleónico, instauraron un juicio oral y eliminaron la apelación, manteniendo una casación como medio único de impugnación…” (La mayúscula pertenece al texto original, Ureña Salazar, José J. Apelación y Oralidad. 1º ed. San José, Costa Rica: Editorial Jurídica Continental, 2011, páginas 39 a 41). En consonancia a lo supra expuesto, es oportuno atender la reflexión del tratadista costarricense Vargas Rojas, que refiere: “… El Código de Procedimientos Penales de 1910 se caracterizaba por ser inquisitivo y desarrollar un proceso estrictamente escrito. De allí que la forma natural para impugnar la sentencia penal fuera el recurso de apelación, el cual permitía examinar la decisión jurisdiccional en las mismas condiciones que lo hacía el juez de instancia. Con la promulgación del Código de 1973 se opta por un proceso mixto, compuesto por una fase escrita, relativa a la instrucción y otra oral, correspondiente al juicio, que además era público. En tal tesitura se consideró incompatible la existencia de un recurso de apelación con un proceso oral, cuyas características de inmediación y contradicción dificultaban el control posterior del fallo. Todo ello motivo (sic) que se decidiera por un recurso de casación que permitía el control de legalidad de la sentencia penal. Mediante el fallo del 2004 emitido por la Corte Interamericana de Derechos Humanos en el caso Mauricio Herrera Vrs Costa Rica (sic) se estableció que dicho recurso no satisfacía las exigencias de La Convención Americana de Derechos Humanos y por ende se le obligó a modificar la legislación vigente a fin de establecer un recurso ágil, flexible, desformalizado que permitiera un examen integral del fallo judicial. Se estableció el recurso de apelación de sentencia penal, con lo que se cumplió con lo dispuesto por el Tribunal Internacional. Ahora bien, con la implementación de la Ley de Apelaciones de Sentencias se modifica sustancialmente la conceptualización y la praxis de lo que hasta ahora se ha denominado en nuestro medio como recurso de casación. Aunque se mantiene el nombre, su contenido cambia para regresar a su naturaleza jurídica inicial…” (Vargas Rojas, Omar. La Casación Penal en Costa Rica: El Derecho a recurrir y el regreso a sus orígenes. Difundido en la obra: El Recurso contra la sentencia penal en Costa Rica. Asociación de Ciencias Penales. Costa Rica. Editorial Jurídica Continental, 2011. Daniel González Álvarez, compilador, páginas 217 a 218). Al respecto, la posición del citado jurista, resulta coherente con la línea jurisprudencial de esta Sala, destacándose un control jurisdiccional circunscrito a los cuestionamientos taxativamente autorizados por mandato legal, y a los agravios específicos que se invoquen; es decir: “… De manera que el recurso es formal y restrictivo, pero que no violenta el derecho a recurrir por cuanto el mismo se garantiza con la existencia del recurso de apelación de sentencia, el cual es informal, ágil, accesible y que permite un examen integral del fallo…”. (op. cit. pág. 218). Nótese, el resurgimiento de la concepción clásica del recurso de casación, definiéndosele “… como un juicio técnico-jurídico, de puro Derecho, sobre la legalidad de la sentencia (errores en iudicando), sobre el proceso en su totalidad o en diversos sectores del mismo (vicios in procedendo), y, excepcionalmente, sobre las bases probatorias que sirvieron de sustentación para dictar la sentencia acusada, de ahí que la casación, como un juicio sobre la sentencia que es, no puede entenderse como una instancia adicional, ni como una potestad ilimitada para revisar el proceso en su totalidad, en sus diversos aspectos fácticos y normativos, sino como una fase limitada, excepcional y extraordinaria del mismo. Dada la naturaleza y fines específicos de este recurso, incluso en sistemas procesales modernos la doctrina admite que los tribunales encargados de resolver los recursos de casación puedan tener la posibilidad de declarar inadmisibles aquellas demandas de casación en las que el demandante carezca de interés, se prescinda de señalar la causal, no se desarrollen los cargos o cuando se advierta fundadamente que no se precisa del fallo para cumplir algunas finalidades del recurso. A través de esta limitación se procura mantener un punto de equilibrio, entre la procedencia del recurso contra todas las sentencias de los tribunales de apelación, de manera tal que se asegure que los fines de la casación se realicen sin consideración a límites formales, pero, al mismo tiempo, se fijen unos parámetros que racionalizan el recurso o impidan que éste sea utilizado con fines propios como mecanismo abusivo del derecho a la impugnación…” (Rojas Chacón, José A., y Gómez Delgado, Manuel. Apelación, Casación y Revisión de la Sentencia Penal. 1ª ed. San José, Costa Rica: Editorial Jurídica Continental, 2011. páginas 272 a 273). Obsérvese, de acuerdo con la promulgación de la Ley N°8837, del 3 de mayo de 2010, publicada en La Gaceta N° 111, Alcance 10-A del 9 de junio de 2010, denominada “Creación del Recurso de Apelación de la Sentencia, otras reformas al Régimen de Impugnación e Implementación de Nuevas Reglas de Oralidad en el Proceso Penal”, reforma en vigencia desde el 9 de diciembre de 2011, que el análisis en sede de casación penal, se circunscribe a la legalidad de lo resuelto, en principio, no configura una revaloración de las circunstancias fácticas, ni de las pruebas evacuadas, pues tales funciones, resultan propias de los tribunales de apelación de sentencia, según los numerales 459, 462 y 465, del Código Procesal Penal; descartándose la posibilidad de tratarse como una instancia más de lo penal. Desde esa perspectiva, se señala: “…conforme al paradigma de sus inicios, vuelve a considerarse como un recurso extraordinario, con efecto devolutivo y suspensivo. Se trata de control limitado a los motivos expresamente autorizados por el ordenamiento jurídico y a los agravios que reclame el o la impugnante […] Es un instrumento extraordinario que permite a las partes, una vez agotada la vía de apelación de sentencia, que una Sala de Casación controle y fiscalice la legalidad de lo resuelto. No es un examen de los hechos o de las pruebas evacuadas, sino una verificación de la legalidad de la sentencia. De allí que surja nuevamente el conocido principio de Intangibilidad de los hechos”. Como recurso que es, le son predicables las reglas generales atinentes a los medios de impugnación …” (Jiménez González, Edwin E, y Vargas Rojas, Omar. Nuevo régimen de impugnación de la sentencia penal. Poder Judicial, Escuela Judicial, 2011, páginas 147 a 148). En ese sentido, esta Cámara, ha indicado: “… una primera precisión que debe hacerse es que el recurso de casación actual no es más un recurso ordinario, como lo establecía el régimen impugnaticio anterior, sino que, retorna a su noción –doctrinariamente correcta- de recurso extraordinario, en el que el control jurisdiccional se limita a los motivos expresamente autorizados en la ley y a los agravios específicos que reclame el interesado. De modo que nos encontramos frente a una variación absoluta en el concepto de este tipo de impugnación, que necesariamente implica una distinta práctica judicial. Es así como, en esta Sede, el análisis se limita esencialmente a la legalidad de lo resuelto; no es, en principio, un re-examen de los hechos ni de la prueba evacuada, porque tal ejercicio corresponde ahora a una función específica encomendada al Tribunal de Apelación de Sentencia. En ese sentido, debe tomarse en cuenta que resurge el principio de intangibilidad de los hechos probados. Por otro lado, no puede obviarse que, como todo medio de impugnación, el recurso de casación, en su formulación actual, se encuentra sometido a las reglas generales de la impugnación, en el tanto, únicamente puede dirigirse contra las resoluciones previstas como recurribles, y sólo por quienes se encuentren legitimados para recurrir. Así, desde el punto de vista de impugnabilidad objetiva, el recurso de casación procede contra las sentencias dictadas por el Tribunal de Apelación de Sentencia, y, de acuerdo con los presupuestos de impugnabilidad subjetiva, todas las partes se encuentran legitimadas para recurrir (artículos 437, 467, 468 y 469 del Código Procesal Penal). Esto implica que no se puede cuestionar lo resuelto por el Tribunal de Juicio, sino solo lo emitido por el Tribunal de Apelación de Sentencia. En el presente caso, si bien el recurso se dirige contra una sentencia emanada por el Tribunal de Apelación de Sentencia y por parte de quien tiene legitimidad para hacerlo –la defensora del acusado-, el mismo resulta inadmisible porque no invoca ningún motivo debidamente autorizado en la ley, conforme el artículo 468 incisos a) y b). Dichas normas establecen respectivamente la posibilidad de que una sentencia sea impugnada por la existencia de precedentes contradictorios o, cuando la sentencia inobserve o aplique erróneamente un precepto legal sustantivo o procesal…” (Resolución N° 2012-791, de las 9:16 horas, del 18 de mayo de 2012 [Arroyo Gutiérrez, Ramírez Quirós, Pereira Villalobos, Chinchilla Sandí, y Arias Madrigal], Sala Tercera de la Corte Suprema de Justicia). Más aún, la temática descrita, acorde a su ámbito de rigurosidad o cumplimiento de solemnidades de interposición, envuelve la imperiosa necesidad de precisar un objeto resolutivo o de conocimiento de carácter restrictivo, lo anterior, frente a la sede ordinaria, de manera que el recurso de casación, debe direccionarse en torno a la aplicación errónea de un precepto legal (sustantivo o procesal), o bien, al tópico de precedentes contradictorios entre el fallo judicial dictado por el ad quem, otros tribunales de alzada, o incluso la Sala de Casación Penal; ello, sin dejar de lado, el cumplimiento estricto de requisitos, previstos en los artículos 467, 468, 469, 471 y 439 de la ley penal adjetiva. A grosso modo, so pena de inadmisibilidad, surge la obligación de atender la impugnabilidad objetiva y subjetiva. A su vez, el legislador, faculta a la Sala, rechazar el alegato por absolutamente infundado, y, ante la hipótesis de intentar modificar el cuadro de hechos confirmado por el tribunal de alzada (de consulta, el precedente N°2023-958, de las 10:15 horas, del 19 de octubre de 2023 [Solano Castro, Alfaro Vargas, Zúñiga Morales, Segura Bonilla, y Vargas González -voto salvado-], Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia). Amén de lo argüido, el recurso de casación vigente, como bien se ha expuesto, retorna a su naturaleza extraordinaria, cuya esfera de acción, responde al ejercicio de un rígido control, a partir de motivos autorizantes, y a la enunciación concreta de agravios reclamados por la parte legitimada. Adicional a lo fundado, Arroyo Gutiérrez, sostiene: “… el Recurso de Casación, emerge como un mecanismo de impugnación extraordinario que no constituye una tercera instancia. La naturaleza extraordinaria de este recurso deriva de los presupuestos taxativos y los requisitos formales que deben cumplirse para tener acceso a él. […] En fin, creemos que la posición de Costa Rica frente a los reclamos por el derecho al recurso en materia penal y a propósito de la última ley (No. 8837 y sus transitorios) debe ser que la cuestión sólo puede admitirse para su consideración si ha sido oportunamente alegada, con la debida indicación del supuesto agravio, puesto que la sola reforma no es indicio de que toda persona sentenciada ha de tener derecho a un nuevo juicio…” (Arroyo Gutiérrez, José Manuel. La Reforma al Régimen de Impugnación de la Sentencia Penal en Costa Rica. Publicado en: El Recurso contra la sentencia penal en Costa Rica. Asociación de Ciencias Penales. Costa Rica. Editorial Jurídica Continental, 2011. Daniel González Álvarez, compilador, páginas 40 y 43). A manera de resumen, la casación, tal y como se regula en el ordenamiento jurídico, título V, de la legislación procesal penal, encuentra complemento razonable en los criterios orientadores de la jurisprudencia de la Sala, los cuales, a su vez, resultan contestes con la doctrina en el entendido de constituir una vía recursiva extraordinaria, que al agotarse el medio de apelación de sentencia, faculta a las partes, previo al ejercicio del principio dispositivo (artículos 437 párrafo segundo, y 439 de Código Procesal Penal), a promover ante esta Cámara, la verificación, fiscalización, o control en torno a la legalidad de lo resuelto por el tribunal de alzada, autoridad judicial que ostenta la potestad irrestricta o amplia, de evaluar integralmente el fallo del a quo, frente a inconformidades en la determinación de los hechos, incorporación y análisis de las pruebas. Así las cosas, la implementación actual del sistema recursivo de la sentencia penal, no afecta los alcances del precepto 41 de la Constitución Política. B) Sobre el motivo planteado. De un estudio cuidadoso del reclamo planteado por la recurrente, se evidencia que se incumple con requisitos esenciales para el ulterior conocimiento de fondo. Pretende la accionante que esta Cámara ejerza su función nomofiláctica y unifique criterio en cuanto a la procedencia del recurso de apelación de sentencia en contra de “resoluciones” que homologuen acuerdos de medidas alternas sin el consentimiento de la Procuraduría General de la República, sin embargo, se constata el incumplimiento de la normativa procesal para la procedencia de tal pretensión. Específicamente, se alega un motivo por la presunta existencia de precedentes contradictorios al considerar que la resolución impugnada N° 2026-0190, de las 16:00 horas del 17 de febrero de 2026, dictada por el Tribunal de Apelación de Sentencia Penal del Tercer Circuito Judicial de Alajuela, San Ramón, es contraria a lo dispuesto en el voto N° 2014-00201, de las 13:40 horas del 19 de setiembre del 2014, emitido por el Tribunal de Apelación de Sentencia Penal del Segundo Circuito Judicial de Guanacaste, Santa Cruz. En ese sentido, el artículo 468 inciso a) del Código Procesal Penal dispone: “El recurso de casación podrá ser fundado en alguno de los siguientes motivos: a) Cuando se alegue la existencia de precedentes contradictorios dictados por los tribunales de apelación de sentencia, o de estos con precedentes de la Sala de Casación Penal […]. Para los efectos del inciso a) de este artículo se entiende por precedente únicamente la interpretación y aplicación de derecho relacionada directamente con el objeto de resolución…”. Sobre este vicio, la Sala ha emitido una serie de criterios orientadores que permiten identificar en qué casos estamos frente a precedentes contradictorios que requieran un criterio uniformador, ya que la norma citada supra, limita el reclamo únicamente a la interpretación y aplicación del derecho, relacionada de modo directo con el objeto de la resolución. Así, en lo concerniente a los requerimientos de interposición para este tipo de supuestos, la línea jurisprudencial ha manifestado que debe clarificarse: i) que los precedentes existan; ii) que la parte explícitamente establezca o demuestre la semejanza o similitud entre las plataformas fácticas y jurídicas entre la sentencia bajo examen y las que se ofrecen para comparación y iii) que el aspecto en apariencia contradictorio represente un tema medular en la sentencia que se casa y las que se invocan como referencia (ratio decidendi) [sobre este tema, puede consultarse el voto N° 2021-00616, de las 10:00 horas de 11 de junio de 2021 (integran Solano C., Ramírez Q., Burgos M., Alfaro V., y Zúñiga M.), Sala Tercera de la Corte Suprema de Justicia]. Al respecto, se ha señalado: “Sobre la causal contemplada en el inciso a) del artículo 468 de la ordenanza procesal penal, comúnmente denominada “precedentes contradictorios”, esta Cámara ha perfilado una serie de requisitos cuyo control también es propio de la fase de admisibilidad. En primer término, quien recurre en casación debe citar la resolución (o como en este caso, las resoluciones), en relación con las cuales considera que el fallo dictado por el ad quem se encuentra en contradicción. Dicha resolución (s) debe efectivamente existir y, además, debe versar sobre el mismo eje temático resuelto en el caso sometido a conocimiento de la Cámara de Casación. Es lo que se denomina la semejanza fáctica y jurídica. Es decir; debe acreditarse que el punto en relación con el cual el casacionista aduce una contradicción con un precedente de la Sala de Casación Penal (o bien, con un pronunciamiento previo de otro Tribunal de Apelación de Sentencia Penal), presenta la necesaria similitud en su plataforma fáctica y en su valoración jurídica. Tal requisito se desprende del mismo ordinal 468 citado, el cual pone el acento en la: “interpretación y aplicación de derecho relacionada directamente con el objeto de resolución”. Adicionalmente, deviene imperativo que el tema, en apariencia contradictorio, represente un aspecto medular en la sentencia que se casa y, naturalmente, en las sentencias que se invocan como punto de referencia…” [voto N° 2026-0029, de las 9:43 horas del 15 de enero del 2026 (integran Solano C., Zúñiga M., Vargas G. -voto parcialmente salvado-, Segura B., Herrera L.), Sala de Casación Penal]. En el caso concreto, si bien la recurrente menciona una resolución de la cual se constata su existencia, y ambos casos tratan sobre delitos forestales cuya víctima es representada por la Procuraduría General de la República, los supuestos jurídicos abordados en dichas resoluciones carecen de identidad jurídica. En el primer caso (resolución 2014-00201 citada supra), el tribunal de apelación conoce una impugnación en contra de la resolución que acoge la suspensión del procedimiento a prueba y en el fallo impugnado se declara inadmisible un recurso de apelación en contra del auto que homologa un acuerdo conciliatorio (el cual, la misma recurrente admite no tener el carácter de sentencia), medidas alternas que incluso tienen supuestos de aplicación diferentes (artículos 25 y 36 del Código Procesal Penal). Sobre dicho aspecto, esta Cámara ha señalado: “… En ese sentido, para aducir la referida causal, se requiere que la parte interesada demuestre la semejanza o identidad en los aspectos esenciales de los supuestos fácticos abordados en cada resolución de forma independiente y precisar los aspectos comunes relevantes, para luego indicar la oposición entre los diferentes pronunciamientos judiciales, por lo que es improcedente limitarse a citas de fallos, que se pretenden reflejar como incompatibles [voto N.º 2021-500, de las 10:33 horas, del 13 de mayo 2021 (integran Solano C., Zúñiga M., Ramírez Q., Alfaro V. y Burgos M.), Sala de Casación Penal]. Ante dicho contexto, se evidencia que en el caso particular, no se configura el requisito de identidad jurídica necesaria para el examen peticionado. En todo caso, debe analizarse que la sentencia recurrida, carece de impugnabilidad objetiva, por cuanto no se trata de ninguno de los supuestos que contempla el numeral 467 del Código Procesal Penal para la procedencia del conocimiento de esta Cámara. Si bien es cierto, en el planteamiento se alega la existencia de precedentes contradictorios y ambas resoluciones son dictadas por la cámara de apelación de sentencia, para la procedencia del recurso de apelación, en su análisis estratificado, en primer término, debe considerarse si la resolución impugnada se encuentra dentro de los parámetros que autorizan a esta Sala para el conocimiento del asunto. En ese orden de ideas, se evidencia del reclamo que la resolución del tribunal de apelación de sentencia impugnada no pone fin al proceso, ni consolida una situación jurídica (ya que ante el vencimiento de la medida alterna y el respectivo dictado del sobreseimiento definitivo, conforme el numeral 458 del Código Procesal Penal, la parte podría impugnar la resolución), por lo que esta Cámara, no se encuentra habilitada para el conocimiento del asunto, conforme lo disponen los numerales 437 y 467 del código instrumental. Por otra parte, se incurre también en un yerro adicional, ya que pese a reclamar la supuesta existencia de precedentes contradictorios, en el desarrollo del alegato se invoca en reiteradas oportunidades la presunta errónea aplicación del artículo 20 de la Ley Orgánica de la Procuraduría General de la República y del artículo 36 del Código Procesal Penal, al señalar: “Por lo expuesto, la sentencia dictada debe ser casada aplicándose lo dispuesto por el artículo 20 de la Ley Orgánica de la Procuraduría General de la República en relación con el numeral 36 del Código Procesal Penal, reconociendo que la ausencia del visto bueno jerárquico de la representación estatal constituye un vicio de nulidad absoluta que habilita la impugnabilidad directa del auto de homologación…” (cfr. f. 22). El fragmento citado, denota que la recurrente confunde dos temas disímiles entre sí, el primero, sobre los presuntos antecedentes contradictorios en cuanto a si es procedente la interposición de un recurso de apelación de sentencia en contra de un auto que homologa un acuerdo conciliatorio sin el consentimiento de la Procuraduría General de la República y un segundo tema, vinculado con la existencia de un vicio de nulidad absoluta en la homologación de acuerdos conciliatorios en los delitos ambientales, cuando se realizan sin contar con la venia de dicha institución, tema que se reitera en diversos contextos del presente motivo y que es el planteamiento de fondo incoado ante el tribunal de alzada (cfr. f. 113 del expediente digital), lo que conlleva a la desacertada técnica de entremezclar motivos, vicio que justifica la inadmisibilidad del recurso, según lo dispuesto en el numeral 469 del Código Procesal Penal al disponer: “El recurso de casación será interpuesto bajo sanción de inadmisibilidad (…) Deberá indicarse, por separado, cada motivo con sus fundamentos. Fuera de esta oportunidad no podrá aducirse otro motivo” (el resaltado es suplido). Por ello, debió la parte recurrente plantear ambas quejas de manera separada. En consecuencia, al carecer de impugnabilidad objetiva, entremezclar motivos y no cumplir con los requisitos dispuestos para la interposición del reclamo formulado, lo procedente es decretar su inadmisibilidad de conformidad con lo dispuesto en los numerales 237, 467, 468, 469 del Código Procesal Penal. La magistrada Vargas González pone nota con sus propias razones.\n\nPor tanto:\n\n Se declara inadmisible el recurso de casación formulado por la licenciada Zaray Chavarría Prado, representante de la Procuraduría General de la República. La magistrada Vargas González pone nota con sus propias razones. Notifíquese.\n\n \n\n \n\n \n\nSandra Eugenia Zúñiga M.\n\n \n\n \n\nPatricia Vargas G.\n\n \n\n \n\n \n\n \n\n \n\nRafael Segura B.\n\n \n\n \n\n \n\nGiovanni Mena A.\n\nMagistrado suplente\n\n \n\n \n\n \n\n \n\nRosa Acón Ng\n\nMagistrada suplente\n\nNOTA DE LA MAGISTRADA VARGAS GONZÁLEZ.\n\n Desde mi óptica el recurso debe ser declarado inadmisible únicamente por no cumplir los requisitos de impugnabilidad objetiva (cfr. artículos 437 y 467 del Código Procesal Penal), lo anterior en tanto que, en él, en realidad se cuestiona una resolución del tribunal de apelación que no confirma total o parcialmente una sentencia de juicio, ni resuelve en definitiva sobre ella. Los demás argumentos expuestos por la mayoría de esta Cámara para no dar trámite a la impugnación no los suscribo por asentarse sobre la idea de que la casación es un recurso formalista y extraordinario. Sobre este tema me referiré de seguido. (A) Sobre la conceptualización y la evolución del recurso de casación. La forma en la cual se aplica el derecho parte de una discusión de vieja data que podría dividirse en dos categorías de análisis de la interpretación: una dinámica y la otra estática. La primera se inspira en el valor de la adaptación continua del derecho a la vida social y recomienda una interpretación que atienda a nuevas circunstancias sociales y culturales. La ideología estática se funda en los valores de la estabilidad de la disciplina jurídica. Por eso, aconseja al juez una interpretación rígida y constante diacrónicamente, sin grandes modificaciones (Guastini, Riccardo. Teoría e ideología de la interpretación constitucional, México: Editorial Trotta, 2008, pp.58-61). Una perspectiva dinámica entiende al ordenamiento jurídico como “…sistema dinámico y abierto porque su estructura permite la capacidad de aprendizaje de las normas y captar así, los cambios en la realidad, y, por último, ese sistema jurídico abierto se muestra bajo la forma de reglas y principios, ambos de naturaleza plenamente jurídica…” (Bustos Gisbert, Rafael. La Constitución Red: un estudio sobre Supraestatalidad y Constitución, Bilbao: Editorial Oñati, 2005, p. 38). Teniendo aquel planteamiento como base teórica, es importante subrayar que el recurso de casación tuvo un origen y un propósito que responde a una época diametralmente distinta a la nuestra. La casación surgida en Francia fue fruto del control que, en el contexto post-revolucionario, el Parlamento buscaba ejercer sobre el Poder Judicial pues, dada la degradación del Antiguo Régimen y sus instituciones, era razonable que hubiera desconfianza sobre el quehacer jurisdiccional el cual por siglos actuó como fuente legitimadora de los excesos de las monarquías y las élites dominantes (Pérez Royo, Javier. Curso de derecho constitucional, Madrid: Editorial Marcial Pons, 2007, p. 115.). Por esta razón, se creó un tribunal extrajudicial, situado en el Poder Legislativo, cuya función era revertir las resoluciones en las cuales los jueces -entonces, hombres- recurrieran a la vía de la interpretación -recurso que se estimaba violatorio del principio de división de poderes y de la soberanía popular- y se separasen del sentido literal de las normas. Con el transcurso de los años, y dada la burocratización jerarquizada y piramidal del aparato de justicia, se entendió que no era necesario que aquel tribunal se mantuviera fuera de la estructura judicial (Damaska Mirjan. Las caras de la justicia y el poder del Estado: análisis comparado del proceso legal, Santiago: Editorial Jurídica de Chile, 2000 p. 33) y “… y, por ende, se consideró llegada la hora de ubicar a este tribunal dentro del propio mecanismo judicial, como su cabeza. El tribunal vigilador de jueces, que el poder político (Parlamento, Emperador) había usado al margen del judicial, pasaba a ser cabeza de éste, siempre en una estructura verticalmente organizada y jerárquica, es decir, corporativa. El tribunal de casación dejó de vigilar a los jueces para pasar a mandarlos. De ese modo se garantizaba por lo menos teóricamente el estricto y celoso cumplimiento de la voluntad política expresada en la ley. Que concebida de este modo y también para no sobrecargar de trabajo al tribunal cupular, la casación fue la instancia que no entendía de hechos, sino sólo de la interpretación de la ley, para que ésta no se distorsionase en su aplicación, con el objetivo político de garantizar la voluntad del legislador y reducir al juez a la boca de la ley. La cúpula jerárquica que coronaba la estructura judicial corporativa rompía las sentencias que se apartaban de esa voluntad política expresada en la letra de la ley. El modelo se extendió rápidamente por Europa y se mantuvo casi invariable hasta la finalización de la segunda guerra mundial…” (Corte Suprema de la Nación de Argentina, Caso Casal, 20 de septiembre de 2005). Sin embargo, progresivamente, ha habido una evolución que se traduce, más allá de las socorridas invocaciones históricas -inútiles, a mi modo de entender este debate-, en una redefinición del recurso de casación el cual puede decirse que se enmarca dentro del desarrollo mismo del Estado que pasó de ser Estado de Derecho, en el siglo XIX, a Estado Constitucional de Derecho, en el siglo XX, lo cual implica, en esencia, un replanteamiento fenomenológico del entramado estatal, que se entiende ahora tributario de los derechos reivindicados en diferentes etapas históricas (Corchete, María José. Derechos Fundamentales, en: Teoría y Realidad Constitucional, UNED, Nº 20, 2do semestre, España, 2007, pp. 535-556) y que han sido positivizados en los ordenamientos jurídicos. Como argumentaré en el siguiente acápite, el legislador costarricense ha optado por un sistema procesal que dista de la visión que podría denominarse clásica-originaria del recurso de casación y le ha dado unos contornos distintos. Esto se comprende en la medida que las sociedades contemporáneas, muy lejanas ya de la Francia del siglo XVIII, han ido consolidando sistemas judiciales que crean una serie de garantías para tutelar los derechos fundamentales de la ciudadanía -como las que se extraen del artículo 41 de la Carta Política- y que, con toda seguridad, no encajan, en la versión primigenia de ciertos institutos, como los mecanismos recursivos, que han transitado también por sus propios procesos evolutivos. Frente a eso no resultaría razonable recurrir a resabios y prácticas atávicas que no se corresponden con lo dispuesto por muchos de los ordenamientos jurídicos vigentes. Argentina resulta un buen ejemplo porque es equiparable al caso costarricense y porque, además, es uno de los sistemas procesales de mayor influencia en la región y algunos de sus autores -en nuestro medio- se suelen citar -en mi opinión, de manera inexacta- con el propósito de sustentar la posición de que el recurso de casación es extraordinario y, por tanto, está sometido a una serie de rigores formalistas. En 2005, la Corte Suprema de la Nación profirió una sentencia en la que haciendo un prolijo y notable análisis jurídico de las disposiciones constitucionales y legales en vigor defenestró la tesis según la cual el recurso de casación tiene naturaleza extraordinaria. Los ministros del alto tribunal federal indicaron: “…el llamado objetivo político del recurso de casación, sólo en muy limitada medida es compatible con nuestro sistema, pues en forma plena es irrealizable en el paradigma constitucional vigente, dado que no se admite un tribunal federal que unifique la interpretación de las leyes de derecho común y, por ende, hace inevitable la disparidad interpretativa en extensa medida. La más fuerte y fundamental preocupación que revela el texto de nuestra Constitución Nacional es la de cuidar que por sobre la ley ordinaria conserve siempre su imperio la ley constitucional. Sólo secundariamente debe admitirse la unificación interpretativa, en la medida en que la racionalidad republicana haga intolerable la arbitrariedad de lesiones muy groseras a la igualdad o a la corrección de interpretaciones carentes de fundamento. Pero resulta claro que no es lo que movió centralmente a los constituyentes a la hora de diagramar el sistema judicial argentino (…) Que en síntesis, cabe entender que el art. 456 del Código Procesal Penal de la Nación debe entenderse en el sentido de que habilita a una revisión amplia de la sentencia, todo lo extensa que sea posible al máximo esfuerzo de revisión de los jueces de casación, conforme a las posibilidades y constancias de cada caso particular y sin magnificar las cuestiones reservadas a la inmediación, sólo inevitables por imperio de la oralidad conforme a la naturaleza de las cosas. Dicho entendimiento se impone como resultado de (a) un análisis exegético del mencionado dispositivo, que en modo alguno limita ni impone la reducción del recurso casatorio a cuestiones de derecho, (b) la imposibilidad práctica de distinguir entre cuestiones de hecho y de derecho, que no pasa de configurar un ámbito de arbitrariedad selectiva; (c) que la interpretación limitada o amplia de la materia del recurso debe decidirse en favor de la segunda, por ser ésta la única compatible con lo dispuesto por la Constitución Nacional (inc. 22, del art. 75, arts. 14.5 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y 8.2.h de la Convención Americana sobre Derechos Humanos); (d) ser también la única compatible con el criterio sentado en los dictámenes del Comité de Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas y en sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos…” (Corte Suprema de la Nación de Argentina, Caso Casal, 20 de septiembre de 2005). En la misma línea de pensamiento y adelantando lo que concluiré más adelante, estimo que por el diseño legislativo por el que se optó, al regular este instituto en el Código Procesal Penal, y, más importante aún, por las disposiciones constitucionales que inspiran nuestro sistema jurídico es un error insistir en que el recurso de casación es un medio de impugnación extraordinario. (B) Sobre la casación costarricense y la posición que la Sala Tercera ha asumido en cuanto a este medio de impugnación. La sentencia dictada por la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) el 2 de julio de 2004 en el caso Herrera Ulloa Vs. Costa Rica supuso una transformación del sistema de impugnaciones costarricense al concluir el tribunal internacional que, para garantizar el derecho al recurso en materia penal (contemplado en el artículo 8.2.h de la Convención Americana sobre Derechos Humanos y el numeral 14.5 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos), no era suficiente con la existencia formal de un recurso de casación ante un tribunal distinto y de mayor jerarquía, sino que este, además, debía ser eficaz, amplio, accesible y desprovisto de formalismos, de tal modo que permitiese hacer un examen integral en el cual se pudiera fiscalizar la aplicación de las normas procesales y sustantivas. En esencia, se pretendía que un derecho abstracto a la impugnación pudiera traducirse en el ejercicio concreto y efectivo del mismo. Tras la condena al Estado costarricense y en el contexto de la supervisión del cumplimiento de la sentencia de la Corte IDH, se creó el recurso de apelación de sentencia (cfr. Ley 8837, denominada “Creación del recurso de apelación de sentencia, otras reformas al régimen de impugnación e implementación de nuevas reglas de oralidad en el proceso penal”, publicada en La Gaceta N° 111 del 9 de junio de 2010, Alcance 10-A), con el cual, finalmente, quedaron satisfechas las exigencias del tribunal regional (así, resolución de la Corte IDH de 22 de noviembre de 2010). En consonancia con lo anterior la casación también fue sometida a varias reformas en los años 2010 (ley número 8837 citada) y 2012 (ley N° 9021 del 3 de enero de 2012, denominada “Reformas ley N° 7594 Código Procesal Penal, ley N° 7576 Ley de Justicia Penal Juvenil, ley N° 8460 ley de Ejecución de Sentencias Penales Juveniles, ley N° 7333 Ley Orgánica del Poder Judicial y adición al Código Procesal Penal”, publicada en La Gaceta N° 18 del 25 de enero de 2012, Alcance 12) y desde entonces procede contra las resoluciones proferidas por los tribunales de apelación de sentencia “que confirmen total o parcialmente, o bien resuelvan en definitiva, la sentencia dictada por el tribunal de juicio” (artículo 467 del Código Procesal Penal, en adelante C.P.P.). Frente a este panorama normativo la Sala Tercera, con diversas integraciones, ha sostenido desde entonces que al haberse garantizado el derecho a recurrir con otro medio de impugnación, la casación debía ser entendida en su concepción original o clásica, formalista, estricta y extraordinaria, razón por la cual si la parte interesada no cumple a cabalidad los requerimientos que plantea el Código Procesal Penal (p. ej., separación de motivos, cita de disposiciones que se consideren inobservadas o erróneamente aplicadas, agravio y pretensión) el recurso deberá ser declarado inadmisible. Solo a modo orientativo, en el año 2012 se indicó: «De previo al análisis del caso concreto, conviene realizar algunas consideraciones en torno a la nueva naturaleza jurídica del recurso de casación previsto en nuestro ordenamiento, a partir de la ley 8837 denominada “Creación del Recurso de Apelación de la Sentencia, otras reformas al Régimen de Impugnación e Implementación de Nuevas Reglas de Oralidad en el Proceso Penal”. En ese sentido, una primera precisión que debe hacerse es que el recurso de casación actual no es más un recurso ordinario, como lo establecía el régimen impugnaticio anterior, sino que, retorna a su noción –doctrinariamente correcta- de recurso extraordinario, en el que el control jurisdiccional se limita a los motivos expresamente autorizados en la ley y a los agravios específicos que reclame el interesado. De modo que nos encontramos frente a una variación absoluta en el concepto de este tipo de impugnación, que necesariamente implica una distinta práctica judicial. Es así como, en esta Sede, el análisis se limita esencialmente a la legalidad de lo resuelto; no es, en principio, un re-examen de los hechos ni de la prueba evacuada, porque tal ejercicio corresponde ahora a una función específica encomendada al Tribunal de Apelación de Sentencia. En ese sentido, debe tomarse en cuenta que resurge el principio de intangibilidad de los hechos probados. Por otro lado, no puede obviarse que, como todo medio de impugnación, el recurso de casación, en su formulación actual, se encuentra sometido a las reglas generales de la impugnación, en el tanto, únicamente puede dirigirse contra las resoluciones previstas como recurribles, y sólo por quienes se encuentren legitimados para recurrir.» (res. 791-2012 de las 9:16 horas del 18 de mayo de 2012, el destacado es suplido). Ha pasado más de una década y la anterior postura, en lo medular, se ha mantenido inalterada: «[...] En primer término, es imperativo recordar que desde que entrara en vigor la enmienda legal introducida al Código Procesal Penal mediante ley N° 8837, del 3 de mayo de 2010, el recurso de casación ostenta una naturaleza jurídica extraordinaria. Consecuencia de lo anterior, quien impugna en esta vía debe observar un conjunto debidamente delimitado de requisitos de interposición, cuya transgresión se ha sancionado con la inadmisibilidad. Es precisamente el rigor en la técnica de formulación del reproche uno de los rasgos que permiten diferenciar al recurso extraordinario, de aquel ordinario, caracterizado por la mayor amplitud e informalidad dispensada a los recurrentes. En línea con lo anterior, señala la doctrina: “… como la misma denominación lo indica, la calificación de ordinariedad y extraordinariedad derivará de lo que dentro de un sistema procesal se entienda como habitual o excepcional. Esto significa pura y simplemente que recursos ordinarios serán aquellos que aparecen legislados como medios o instrumentos normales de impugnación, quedando reservados para la segunda categoría aquellos que sólo proceden en supuestos en cierto sentido excepcionales o no habituales. Esto debe entenderse dentro del contexto teórico de la cuestión, ya que no puede olvidarse que lo propio de una decisión jurisdiccional es que se cumpla, es decir, que quede firme y produzca sus efectos; el recurso, que como advierte Manzini, implica una actividad procesal determinante de \"una nueva fase del mismo procedimiento\" tendiente al contralor o renovación \"del juicio anterior\", es una demora y una complicación, explicable y justificable por las razones de racionalidad y justicia antes aludidas, pero que es necesario rodear de requisitos estrictos; así, el menor o mayor rigor de los mismos será también un criterio para la caracterización estudiada.” (Vásquez Rossi, Jorge E. 1997. Derecho Procesal Penal. Tomo II. El Proceso Penal. Buenos Aires: Rubinzal-Culzoni Editores P. 472). [...]» (res. 2022-0401 de las 10:26 horas del 8 de abril de 2022. En un sentido similar, 2022-0362 de las 14:02 horas del 30 de marzo de 2022). También se ha dicho que por esa naturaleza “formal, estricta y extraordinaria” no cabe hacer a la parte recurrente prevención alguna para que subsane los defectos de su gestión (res. 2017-0617 de las 9:48 horas del 8 de agosto de 2017, o 2021-1460 de las 10:28 horas del 9 de diciembre de 2021). (C) Posición de quien suscribe estas líneas en cuanto al recurso de casación en Costa Rica. Las anteriores consideraciones no las comparto pues: i) la casación no es un recurso extraordinario. Véase que se formula contra una sentencia que no está firme y que no se ejecuta (como tampoco la de primera instancia salvo puntuales excepciones, cfr. art. 366 y 483 C.P.P.) hasta tanto se resuelva ese recurso o se supere el plazo para plantearlo. Dicho en otras palabras, la casación cuestiona una decisión que no está cubierta por la cosa juzgada. Este es el criterio que usa, por ejemplo, Vincenzo Manzini para distinguir entre impugnaciones ordinarias y extraordinarias, al señalar “Impugnaciones ordinarias son las que concede normalmente la ley, o sea, sin el presupuesto de cosa alguna excepcional, y que se pueden actuar solo en relación a providencias que no han adquirido aun autoridad de cosa juzgada o que no son susceptibles de adquirirla nunca, como la apelación, y el ordinario recurso de casación. Impugnaciones extraordinarias son, en cambio, las que concede excepcionalmente la ley, a saber, en el presupuesto de alguna cosa extraordinaria, y que se proponen contra providencias que han adquirido ya autoridad de cosa juzgada. Tales son el recurso de casación contra sentencias de jueces especiales hechas irrevocables, y la demanda de revisión. Estos institutos sirven precisamente para moderar el de la autoridad de la cosa juzgada. Hacen de elementos de compensación para impedir las más peligrosas y perjudiciales consecuencias del principio de la indiscutibilidad de las comprobaciones judiciales irrevocablemente establecidas. Son medios de seguridad jurídica y social contra la injusticia engendrada por errores tardíamente descubiertos. […] Toda otra distinción en medios ordinarios y extraordinarios es falaz y artificiosa en el derecho procesal penal, porque no responde a la expresión de las palabras ni a la realidad de las cosas.” MANZINI, Vincenzo. Tratado de Derecho Procesal Penal. Buenos Aires: Ediciones Jurídicas Europa-América, Tomo V, 1951, p. 21. En cuanto a este tema es importante reconocer que la Sala Constitucional, en resolución 13065-2012 de las 9:05 horas del 18 de septiembre de 2012, sostuvo que tras la reforma operada en el régimen de impugnaciones costarricense la casación tenía carácter extraordinario porque la sentencia dictada por el tribunal de juicio adquiría firmeza una vez resuelto el recurso de apelación formulado en su contra o superado el plazo para su interposición: “Sobre la firmeza de las sentencias en materia penal. Las instancias recursivas del proceso penal, a partir de la Ley 8837 de Creación del Recurso de Apelación de la Sentencia, otras Reformas al Régimen de Impugnación e Implementación de Nuevas Reglas de Oralidad en el Proceso Penal, han variado, de conformidad con lo que se establece en el citado cuerpo normativo. Por esta razón, es imprescindible establecer el momento jurídico en el cual adquiere firmeza una resolución en dicha materia, pues, únicamente, a partir de ahí, se podrían ejecutar los actos jurídicos posteriores o derivados de la sentencia, entre los que destaca la restricción o la libertad del sometido al proceso. De esta manera y, en atención a los mandamientos de la Convención Americana sobre Derechos Humanos, específicamente, del artículo 8.2.h), así como el artículo 14.5) del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, es que nuestro sistema procesal penal se adecuó al respeto de dichas garantías. Es un principio general de derecho que las sentencias adquieren su firmeza, una vez agotados los recursos ordinarios dispuestos por el ordenamiento jurídico para combatirlas, por lo que siendo la casación un recurso extraordinario, se puede indicar que la sentencia en materia penal adquiere firmeza y, por ende, es ejecutable, una vez resuelto el caso por el Tribunal de alzada, confirmando la sentencia del a quo, o bien, vencido el plazo para la apelación.” (el destacado es suplido). Sin embargo, poco tiempo después aquella posición fue enmendada por la propia Sala que, en lo que interesa, concluyó en los siguientes términos: «En relación con el tema de la firmeza de la sentencia, para efectos de establecer si procede el dictado de una medida cautelar o no, esta Sala, bajo una mejor ponderación de los diferentes aspectos planteados, estima que la sentencia no puede reputarse firme hasta que sean superadas las fases de apelación y casación, ya sea por haberse interpuesto dichos recursos o por haberse superado los plazos de ley para plantearlos. […]» (res. 2012-016848 de las 11:30 horas del 30 de noviembre de 2012). A lo expuesto cabe agregar que, en este recurso, además de la unificación de la jurisprudencia [función nomofiláctica, art. 468 inciso a) C.P.P.] se contemplan como causales para recurrir la inobservancia o errónea aplicación de las normas sustantivas y los preceptos procesales [art. 468 inciso b) C.P.P.], las cuales no son sobrevenidas o extraordinarias, como sí sucede con el procedimiento de revisión de sentencia firme (cfr. art. 408 C.P.P.). ii) Aplicar criterios formalistas al examinar la admisibilidad de la casación supone un quebranto a lo dispuesto en el artículo 2 del Código Procesal Penal. Tratándose de la casación, los artículos 469 y 470 del C.P.P. contemplan una serie requisitos: «Artículo 469.-Interposición. El recurso de casación será interpuesto bajo sanción de inadmisibilidad, ante el tribunal que dictó la resolución, dentro del plazo de quince días de notificada, mediante escrito o cualquier otro registro reglamentariamente autorizado. Deberá estar debidamente fundado y citará, con claridad, las disposiciones legales que se consideren inobservadas o erróneamente aplicadas, o bien, la mención y el contenido de los precedentes que se consideren contradictorios; en todo caso, se indicará cuál es el agravio y la pretensión.\n\nDeberá indicarse, por separado, cada motivo con sus fundamentos. Fuera de esta oportunidad no podrá aducirse otro motivo.\n\nArtículo 471.- Admisibilidad y trámite. La Sala de Casación declarará inadmisible el recurso cuando no se cumplan los requisitos legales para su interposición, según lo establece el artículo 469 anterior; además, cuando la resolución no sea recurrible, la parte no tenga el derecho de recurrir, cuando el recurso tenga como finalidad modificar los hechos probados o cuando el recurso sea absolutamente infundado, en cuyo caso lo declarará así y devolverá las actuaciones al tribunal de origen.\n\nSi el recurso es admisible, se asignará a un magistrado instructor; la Sala lo sustanciará y se pronunciará sobre los motivos planteados.\n\nSi el recurso es admisible y no se considera necesario convocar a una audiencia oral, la Sala dictará sentencia.»\n\nDurante años la Sala Tercera ha entendido que basta con que la parte recurrente incumpla alguno de los requerimientos mencionados para que se decrete la inadmisibilidad de su impugnación lo cual, en mi criterio, vulnera el artículo 2 del Código Procesal Penal [según el cual “deberán interpretarse restrictivamente las disposiciones legales que coarten la libertad personal o limiten el ejercicio de un poder o derecho conferido a los sujetos del proceso (…)”] no solo porque en sustento de lo anterior se invoca un supuesto regreso a una casación clásica pese a que no hay norma alguna en el C.P.P. o en otro cuerpo normativo que de manera expresa lo contemple así, sino también porque al atribuir a la casación un carácter extraordinario se descarta toda posibilidad de aplicar el artículo 15 del C.P.P., en la medida en que este prescribe el saneamiento de los defectos formales para cualquier gestión o recurso ordinario. iii) A partir de lo expuesto, concluyo que la mayoría de los argumentos que se suelen dar para declarar inadmisibles los recursos no son atendibles. El que haya entremezcla de motivos (que en muchos casos ni siquiera impide precisar cuáles son los extremos de la resolución de alzada que cuestiona la persona apelante) o que no se precisen las normas de interés no son circunstancias que sustenten de manera legítima el rechazo ad portas dado que esos defectos, si es que se consideran problemáticos, son susceptibles de enmienda. Tampoco lo que es que la parte recurrente cuestione los hechos demostrados en sentencia dado que no en todos los casos estos se pueden considerar inalterables. En ese sentido, explica Llobet Rodríguez que si bien el numeral 471 del C.P.P. señala que se debe declarar inadmisible el recurso cuando con él se pretenda “modificar los hechos probados”, el principio de intangibilidad de los hechos demostrados no rige cuando se reclama la errónea aplicación o inobservancia de preceptos procesales [art. 468 inciso b) citado]: “[…] el principio de intangibilidad de los hechos probados fijados en la sentencia impugnada rige solamente con respecto al recurso de casación por el fondo, pero no con respecto al recurso de casación en que se alega inobservancia de la ley del procedimiento, ya que una característica de los reclamos por vicios procesales es que se reclama en contra de la fijación de los hechos tenidos por probados en la sentencia (…) precisamente el interés de la parte impugnante en el reclamo por violación a la ley procesal es que no se está conforme con los hechos probados, de modo que los mismos debido al error procesal fueron fijados de manera errónea”. LLOBET Rodríguez, Javier. Proceso Penal Comentado. San José: Editorial Jurídica Continental, 6° edición, 2017, p. 694 (el destacado es suplido). De igual forma, negarse a examinar un reclamo porque en él se cuestiona simultáneamente la sentencia de instancia y la de apelación tampoco sería correcto si pese a esa situación, es posible entender qué aspectos de la segunda resolución son los puestos en entredicho. Siempre en este orden de ideas, cabe hacer una breve referencia al caso de los recursos que son declarados inadmisibles argumentando que son absolutamente infundados. En primer lugar, nótese que, en buena técnica, con esa expresión se alude a aquellas impugnaciones que son improcedentes de manera categórica (y no a las que presentan un escaso fundamento o sustento en cuanto a los motivos invocados). Según la doctrina, se trata de un recurso que está «desprovisto de razón (y es) tan pobre en su motivación que los jueces lo rechazarían en base a su sola lectura. Que sea manifiesto (o absoluto) significa, según Piedrabuena, que el error es “ostensible y evidente y no requiere un estudio más a fondo”. Según Collados significa que la fundamentación exhibe un error tan “brutal, manifiesto, evidente, superficial o indiscutible” que sería rechazado solo en base a un ligero examen del recurso» Bravo-Hurtado, Pablo. “Recurso manifiestamente infundado como filtro de buena fe. La casación chilena en perspectiva comparada”. En: Revista chilena de Derecho. Chile: Pontificia Universidad Católica de Chile, Facultad de Derecho, Vol. 46, número 3, 2019, 691-716. En segundo término, coincido con Llobet Rodríguez en cuanto que la posibilidad de declarar inadmisible un recurso de casación por esa razón debe ser excepcional, pues se corre el riesgo de resolver, en fase de admisibilidad, el fondo de lo alegado, y hacerlo además sin un adecuado examen: «El término que se utiliza es “absolutamente infundado” […] hace referencia a que la improcedencia se puede afirmar de manera categórica, sin duda alguna. No se aprecia mayor diferencia con el término “manifiestamente infundado” que hace referencia a que es clara, patente la improcedencia […] No se trata por ello propiamente de que el recurso no cumpla con las formalidades requeridas, sino que se considere que es clara la improcedencia de lo reclamado, lo que implica en definitiva un rechazo por motivos de fondo. La posibilidad de declarar inadmisible un recurso de casación por “absolutamente infundado” debe tener un carácter absolutamente excepcional, siendo procedente solamente en supuestos en que la formulación del reclamo tiene un carácter meramente dilatorio y no es consecuencia de un reclamo serio. Sin embargo, este carácter excepcional no se aprecia en la práctica de la Sala Tercera, en la cual es corriente que se declare inadmisible un recurso de casación tomando en cuenta consideraciones de fondo y no propiamente por incumplimiento de las formalidades del recurso […] gran parte de los recursos se declaran inadmisibles no porque no cumplan con los requisitos de admisibilidad, sino porque resolviendo el asunto por el fondo y sin realización de la vista oral pedida, se consideran “absolutamente infundados” (Art. 471). […] Debe advertirse que uno de los problemas que implica la declaración de inadmisibilidad del recurso, por ser absolutamente infundado, es que la Sala Tercera declara ello, en general, en forma bastante somera, a partir de consideraciones generales. Con ello evita también la realización de la vista oral. Se ha afirmado que los abogados no saben formular recursos, ya que gran parte de esta declaración de inadmisibilidad no es por defectos formales del recurso, sino porque la Sala lo considera, con un excesivo rigorismo, excesivamente infundado». LLOBET RODRÍGUEZ, Javier. Proceso penal comentado. San José: Editorial Jurídica Continental, 7° edición, 2023, pp. 738 y 739. Así las cosas, tampoco comparto las inadmisibilidades decretadas con el citado argumento, salvo en casos donde, de manera contundente y sin mayor análisis, se pueda asegurar que el alegato es improcedente. Por último, en cuanto a la entremezcla de motivos, restaría añadir que, según se desprende del numeral 468 del Código Procesal Penal, la legislación prevé dos: uno relacionado con la existencia de precedentes contradictorios y otro con la inobservancia o errónea aplicación de la ley sustantiva o procesal: “El recurso de casación podrá ser fundado en alguno de los siguientes motivos: a) Cuando se alegue la existencia de precedentes contradictorios dictados por los tribunales de apelación de sentencia, o de estos con precedentes de la Sala de Casación Penal. b) Cuando la sentencia inobserve o aplique erróneamente un precepto legal sustantivo o procesal.” (El destacado se suple). Por ende, si un recurrente, en un mismo apartado, alega la inobservancia y/o errónea aplicación de distintas normas, sean estas procesales o sustantivas, no estaría mezclando motivos, como sí sucedería si en el mismo acápite hace lo anterior y también alega la existencia de resoluciones contradictorias. Como apunté supra, el artículo 469 C.P.P. señala: «Interposición. El recurso de casación será interpuesto bajo sanción de inadmisibilidad, ante el tribunal que dictó la resolución […] Deberá estar debidamente fundado y citará, con claridad, las disposiciones legales que se consideren inobservadas o erróneamente aplicadas, o bien, la mención y el contenido de los precedentes que se consideren contradictorios; en todo caso, se indicará cuál es el agravio y la pretensión. Deberá indicarse, por separado, cada motivo con sus fundamentos. Fuera de esta oportunidad no podrá aducirse otro motivo.» (El resaltado es suplido). Pensar que el recurrente debe exponer por separado los reclamos que formule por inobservancia y/o errónea aplicación de una o varias normas (separando cada una de las disposiciones que estima obviadas o mal empleadas y los reclamos por inobservancia de aquellos interpuestos por errónea aplicación) supone, desde mi punto de vista, una interpretación que también quebranta el artículo 2 del Código Procesal Penal mencionado y que alude —cabe insistir— a la necesidad de interpretar restrictivamente las disposiciones legales que limiten el ejercicio de un derecho conferido a los sujetos del proceso, como es el derecho a recurrir. Dicha interpretación restrictiva obligaría a entender, por el contrario, que únicamente existen dos motivos de casación, de manera que todos los reclamos que estén comprendidos por el segundo de ellos, que es más genérico, pueden presentarse de manera conjunta, en un mismo acápite, sin que esto implique mezcla alguna. iv) Las normas procesales no son un fin en sí mismo, sino un medio para realizar la justicia y esta no puede ser sacrificada por meras formalidades (artículo 41 constitucional). Aplicar las normas de la casación a partir de rigores que exceden la literalidad normativa, apoyándose en la idea de que el recurso es extraordinario pese a que ningún artículo así lo disponga, atenta, como ya se adelantaba, contra los principios de tutela judicial efectiva y acceso a la justicia, cuyo rango en todo caso, es superior a la ley. Dicho de otra manera, ni la normativa procesal (que es valiosa en cuanto está destinada a garantizar los derechos de las partes) ni la interpretación que se ha hecho de ella —incorrecta a mi modo de ver— podría ser un obstáculo para que la Sala Tercera efectúe su labor y ejerza adecuadamente el examen sobre las resoluciones dictadas en apelación de sentencia, garantizando así que las partes involucradas reciban justicia pronta y, sobre todo, cumplida. Es importante sostener también que incluso en el hipotético caso de que la casación fuese extraordinaria (y se subraya el carácter hipotético del ejercicio) exigir requerimientos difíciles de cumplir convierte en nugatorio el recurso al impedir que este sea lo que está destinado a ser: un mecanismo para obtener reparación frente a actos irregulares que han tenido lugar a lo largo del proceso penal y en la fase de apelación de sentencia. Para quien suscribe estas líneas, es un error sacrificar los altos cometidos que la Constitución Política y la ley le otorgan a nuestro sistema de justicia y específicamente a la administración de justicia penal, como son la “[…] reparación para las injurias o daños que hayan recibido en su persona, propiedad o intereses morales” (artículo 41 constitucional) y “[…] resolver el conflicto surgido a consecuencia del hecho, de conformidad con los principios contenidos en las leyes, en procura de contribuir a restaurar la armonía social entre las partes y, en especial, el restablecimiento de los derechos de la víctima” (art. 7 C.P.P.), o rebajar estos propósitos a un dato puramente retórico, en favor de una interpretación de la ley procesal que carece de sustento jurídico y convierte el instrumento en un fin en sí mismo, lo que no es sino invertir el orden de prioridades. v) Según el principio pro sentencia, que forma parte del debido proceso, las normas procesales existen y deben interpretarse para facilitar la administración de justicia y no como obstáculos para alcanzarla (así, Sala Constitucional, resolución 11622-08 de las 10:15 horas de 25 de julio de 2008). (D) A modo de síntesis de lo expuesto. La casación, sin tener los alcances de un recurso de apelación de sentencia, debe ser aplicada sin rigor formalista porque así lo impone los principios de tutela judicial efectiva y acceso a la justicia derivados del parámetro de legitimidad constitucional y el propio artículo 2 del Código Procesal Penal. Hay casos extremos donde el recurso debe ser declarado inadmisible (p. ej., por ser extemporáneo, o dirigirse exclusivamente contra la sentencia de juicio u otra resolución que no es recurrible en casación), sin embargo, tratándose de otros yerros que no impiden comprender lo que se pretende en relación con la sentencia de apelación cuestionada, nuestro marco convencional, constitucional y legal aconseja dar trámite a la impugnación y, de ser necesario, aplicar el artículo 15 del Código Procesal Penal, concediéndole a la parte la oportunidad para que formule las enmiendas que correspondan, de manera que solo en caso de que se incumpla con esta prevención, se pueda disponer su rechazo ad portas. Dejo así expuesta mi posición en este asunto.\n\n \n\n \n\nPatricia Vargas G.\n\nMagistrada\n\nSala de Casación Penal \n\nlquirosg (441-3 / 16-3-26)",
  "body_en_text": "Document Review\n\nCase No.: 21-000159-0801-PE\n\nRes.: 2026-00687\n\nSALA DE CASACIÓN PENAL. San José, at twelve hours and thirteen minutes on the twenty-eighth of May, two thousand twenty-six.\n\nHaving reviewed the cassation appeal (recurso de casación) filed in the present case against [Nombre 001], for the offense of Violation of the Ley de Conservación de Vida Silvestre, committed to the detriment of Wildlife (La Fauna Silvestre); and,\n\nConsidering:\n\nI. By means of a written submission appearing at pages (folios) 25 through 32 of the case file (expediente), Licenciada Zaray Chavarría Prado, criminal prosecutor (procuradora penal), filed a cassation appeal against Resolution N° 2026-0190, issued at 16:00 hours on February 17, 2026, by the Tribunal de Apelación de Sentencia Penal del Tercer Circuito Judicial de Alajuela, San Ramón, sección segunda, in which that court ruled the appeal (recurso de apelación) filed by the appellant inadmissible (cf. ff. 5 through 13 of the physical case file).\n\nII. As background to the case, the record reflects that the Trial Court (Tribunal de Juicio) of the Second Judicial Circuit of Alajuela, Los Chiles, ratified (homologó) a conciliation agreement (acuerdo conciliatorio) without the authorization of the Procuraduría General de la República in its capacity as victim; a judgment against which an appeal of judgment (recurso de apelación de sentencia) was filed, which was declared inadmissible by the criminal sentencing appeals court (tribunal de apelación de sentencia penal) (cf. f. 25 verso and 26 of the physical case file). Sole ground. \"Existence of contradictory precedents issued by the criminal sentencing appeals courts…\" (cf. f. 26 verso of the physical case file). The appellant alleges the existence of contradictory precedents, specifically between challenged ruling No. 2026-00190, issued at 16:00 hours on February 17, 2026, by the Criminal Sentencing Appeals Court of the Third Judicial Circuit of Alajuela, San Ramón, and ruling No. 2014-00201, issued at 13:40 hours on September 19, 2014, by the Criminal Sentencing Appeals Court of the Second Judicial Circuit of Guanacaste, Santa Cruz. In this regard, the appellant argues that both rulings share factual similarities, as both involve alleged violations of environmental laws. As evidence of this, the appellant reproduces the charged facts in both cases. In the first case, the charge specifically involved trafficking and transporting within a bag two birds known as \"zapoyolico\" parakeets (pericos \"zapoyolicos\"), constituting an alleged offense under the Ley de Conservación de Vida Silvestre (cf. f. 26 verso of the physical case file); in the second factual scenario, the charged conduct involves the felling of a tree without the required forestry permits, constituting an offense provided for in the Ley Forestal (cf. f. 27 of the physical case file). The cassation appellant (casacionista) notes that in both cases the victim is represented by the Procuraduría General de la República pursuant to Article 16 of the Código Procesal Penal, an aspect which, in her view, establishes the necessary factual similarities for this ground to be considered. Regarding the ratio decidendi, she argues that in both proceedings, counsel representing the victim filed an appeal against the rulings ratifying alternative measures (medidas alternas) issued without the consent of the Procuraduría General de la República, upon which the criminal sentencing appeals courts issued opposing criteria. She thus reproduces an excerpt from ruling No. 2026-00190, issued at 16:00 hours on February 17, 2026, by the Criminal Sentencing Appeals Court of the Third Judicial Circuit of Alajuela, San Ramón, which declared the appeal inadmissible for lack of objective appealability (impugnabilidad objetiva), on the ground that the challenged decision is not subject to appeal before the appellate chambers (cf. f. 28 of the physical case file). This criterion was also upheld by the Sala Constitucional in ruling No. 2019-8453, issued at 13:00 hours on May 10, 2019, in response to a query filed by the Procuraduría General de la República itself. In turn, she states that ruling No. 2014-00201, issued at 13:40 hours on September 19, 2014, by the Criminal Sentencing Appeals Court of the Second Judicial Circuit of Guanacaste, Santa Cruz, contrary to the foregoing ruling, admitted for consideration the appeal filed, on the grounds that the Sala Constitucional had directly addressed the question of the admissibility of an appeal against the order ratifying a probationary suspension of proceedings (suspensión del procedimiento a prueba) in ruling 8591-2002, issued at 14:59 hours on September 4, 2002, whereupon the court proceeded to address the merits of the claim (cf. f. 28 verso of the physical case file). On this basis, she identifies as a third point the opposition in the legal analysis, noting that the same legal controversy was resolved in contradictory ways—specifically, the question of the admissibility of an appeal against rulings ratifying alternative measures. In this context, she proceeds to challenge the interpretation that the impugned judgment places on ruling No. 2019-008453, issued at 13:00 hours on May 10, 2019, by the Sala Constitucional, arguing that said ruling merely resolves the constitutional query, given that Article 458 of the Código Procesal Penal was found not to be unconstitutional (cf. f. 29 verso of the physical case file), without extending the scope of that decision to the specific case at hand. The petitioner argues that this places the State in a position of inability to mount a defense (indefensión), as it validates \"a ruling that disposes of the criminal action (acción penal) and of state interests without the approval required by law…\" (cf. f. 29 verso of the physical case file). This, in her view, is contrary to the holding of ruling 201-2014 cited above, which is grounded in Sala Constitucional ruling No. 2002-8591, issued at 14:59 hours on September 4, 2002, which resolved a query regarding Articles 422 and 444 of the Código Procesal Penal and established, at that time, the admissibility of the victim's cassation appeal (recurso de casación) against the order mandating a probationary suspension of proceedings (cf. f. 30 of the physical case file). She argues that had the criminal sentencing appeals court admitted the appeal, the case would have allowed for analysis of the alternative measure under standards of proportionality and legality, without prejudicing the interests of the victim (cf. f. 30 verso of the physical case file). Within this context, she contends that the absence of a uniform criterion regarding the interpretation of the admissibility of an appeal of judgment against the ruling ratifying an alternative measure without the authorization of the Procuraduría General de la República creates legal uncertainty (incerteza jurídica) (cf. f. 30 verso and 31 of the physical case file). In her fourth section, she argues that if this Chamber determines as a general rule the challengeability—by way of an appeal of judgment—of those rulings ratifying an alternative measure without the consent of the Procuraduría General de la República, a \"guarantee provision (norma de garantía)\" would be established (cf. f. 31 of the physical case file). She identifies as a grievance (agravio) the violation of Article 20 of the Ley Orgánica de la Procuraduría General de la República and of Article 36 of the Código Procesal Penal, as well as the fact that the victim is thereby prevented from challenging the legitimacy of the alternative measure (cf. f. 31 of the physical case file). She requests that ruling No. 2026-00190 referenced above be annulled and that the special legal provision be correctly applied. She also requests the annulment of the ruling issued by the Trial Court of the Second Judicial Circuit of Alajuela, Los Chiles (cf. f. 32 recto and verso of the physical case file). The claim is declared inadmissible. Reasons of Justices Zúñiga M., Segura B., Mena A., and Acón Ng.\n\nA) Introductory context on the current legal, jurisprudential, and doctrinal treatment of the criminal cassation appeal (recurso de casación penal). Before proceeding to the substantive ruling, it is pertinent to set out the theoretical and ideological foundation inherent to our regime or system of challenge to the criminal judgment, which requires a retrospective examination of a variety of relevant aspects of that normative development. Viewed comprehensively—as demanded by the inescapable respect for human rights and, by extension, for the incontrovertible procedural guarantees of a Social, Democratic State under the Rule of Law—these aspects have fostered, within their evolutionary trajectory, essential pillars characteristic of Constitutional Law, under the protection of the principle of legality and the postulate of justice set forth in Articles 11 and 41, read in conjunction with Articles 7 and 48 of the Carta Magna. With respect to the relevant historical background, the following is noted: \"… appeal is the age-old remedy that has prevailed throughout the history of procedural systems; cassation is a later phenomenon of the past two centuries, which in most cases has coexisted with the former. Costa Rica has been no exception. After gaining independence from Spain in 1821, the first national code, drafted in the spirit of the Napoleonic codification, was the Código General of 1841, known as the Código de Carrillo. It is understandable that its primary influence was Spanish legislation, indirectly through other American jurisdictions. As regards criminal procedure, given that the Spanish criminal procedure statutes date from 1872 and 1882, it is possible that the influence came from the novísima Recopilación de Leyes de España of 1805, which in its Title XII regulated criminal trials and was contemporaneous with the Napoleonic Code. The Código de Carrillo remained in force until 1910. In Part Three, Book Four, Title I, Chapter One, the remedy of appeal in civil and criminal matters was regulated. […] The Código de Carrillo is essentially inquisitorial. Two-tier review (doble instancia) together with the consultation mechanism revealed that justice was understood as a delegated power. As a result, appeal and consultation were simply a means of ensuring the vertical structure of the system. The appeal was plenary, so that it sufficed to express an intent to challenge in order to reopen the pre-trial investigation phase (instrucción) and renew the entire dispute (litis). It followed a third-instance tradition in which the institute of the súplica was revived—as prominent in Imperial Roman Law—which was nothing other than a second appeal before the highest-ranking body. The Código de Carrillo was replaced by the Código de Procedimientos Penales of 1910. SAENZ CARBONELL notes that the Code of 1910 was drafted under the influence of the then-repealed Spanish Criminal Procedure Law of 1872. It was inquisitorial in character, written, and secret. The exercise of the right of defense during the pre-trial investigation phase was prohibited, and confession was considered full proof. It remained in force until 1975 […] Against judgments of the Sala de Apelación, a cassation appeal lay […] After the Código General of 1841 and the Code of 1910—both written proceedings governed by an appeal system—two procedural codes followed that, emulating the Napoleonic Code, established oral trial proceedings and abolished appeal, retaining cassation as the sole means of challenge…\" (Emphasis in the original; Ureña Salazar, José J. Apelación y Oralidad. 1st ed. San José, Costa Rica: Editorial Jurídica Continental, 2011, pages 39 to 41).\n\nIn keeping with the foregoing, it is appropriate to consider the reflection of Costa Rican legal scholar Vargas Rojas, who states: \"… The Código de Procedimientos Penales of 1910 was characterized by being inquisitive and developing a strictly written procedure. Hence, the natural means of challenging a criminal judgment was the appeal remedy, which allowed the judicial decision to be reviewed under the same conditions applicable at the trial level. With the enactment of the Code of 1973, a mixed procedure was adopted, comprising a written phase relating to the pre-trial investigation and an oral phase corresponding to the trial, which was also public. In that context, the existence of an appeal remedy was considered incompatible with an oral trial procedure, whose characteristics of immediacy (inmediación) and the adversarial principle (contradicción) made subsequent review of the judgment difficult. All of this prompted the decision to adopt a cassation appeal that would permit review of the legality of the criminal judgment. Through its ruling of 2004 in the case of Mauricio Herrera v. Costa Rica, the Inter-American Court of Human Rights (Corte Interamericana de Derechos Humanos) established that this remedy did not satisfy the requirements of the American Convention on Human Rights (Convención Americana de Derechos Humanos) and accordingly required the modification of the existing legislation in order to establish an agile, flexible, and informal remedy allowing for comprehensive review of the judicial judgment. The appeal of judgment in criminal matters was established, thereby fulfilling what had been ordered by the international tribunal. Now, with the implementation of the Law on Appeals of Judgments, the conceptualization and practice of what in our system has heretofore been called the cassation appeal underwent substantial change. Although the name was retained, its content changed to return to its original legal nature…\" (Vargas Rojas, Omar. La Casación Penal en Costa Rica: El Derecho a recurrir y el regreso a sus orígenes. Published in: El Recurso contra la sentencia penal en Costa Rica. Asociación de Ciencias Penales. Costa Rica. Editorial Jurídica Continental, 2011. Daniel González Álvarez, compiler, pages 217 to 218).\n\nIn this regard, the position of the cited jurist is consistent with the jurisprudential line of this Chamber, which highlights a judicial review confined to the grounds expressly authorized by statute and to the specific grievances invoked; that is: \"… Thus the remedy is formal and restrictive, but does not infringe the right to appeal, since that right is guaranteed by the existence of the appeal of judgment in criminal matters, which is informal, agile, accessible, and allows for comprehensive review of the judgment…\". (op. cit., p. 218). One notes the resurgence of the classical conception of the cassation appeal, defined \"… as a technical-legal review, of pure law, concerning the legality of the judgment (errores in iudicando), concerning the proceeding in its entirety or in various sectors thereof (vicios in procedendo), and, exceptionally, concerning the evidentiary bases that underpinned the challenged judgment; hence, cassation, as a review of the judgment that it is, cannot be understood as an additional judicial instance, nor as an unlimited power to review the proceeding in its entirety across its various factual and normative aspects, but rather as a limited, exceptional, and extraordinary phase of the same. Given the nature and specific purposes of this remedy, even in modern procedural systems, doctrine accepts that courts charged with resolving cassation appeals may have the ability to declare inadmissible those cassation petitions in which the petitioner lacks interest, fails to identify the ground, does not develop the charges, or where there is well-founded reason to conclude that a ruling is not needed in order to fulfill certain purposes of the remedy. Through this limitation, the aim is to maintain a point of equilibrium between the availability of the remedy against all judgments of the appellate courts—in such a way as to ensure that the purposes of cassation are realized without regard to formal limitations—while at the same time setting parameters that rationalize the remedy or prevent it from being used as an abusive mechanism for the right of challenge…\" (Rojas Chacón, José A., and Gómez Delgado, Manuel. Apelación, Casación y Revisión de la Sentencia Penal. 1st ed. San José, Costa Rica: Editorial Jurídica Continental, 2011. pages 272 to 273).\n\nIt is noted that, pursuant to the enactment of Ley N°8837, of May 3, 2010, published in La Gaceta N° 111, Alcance 10-A of June 9, 2010, entitled \"Creación del Recurso de Apelación de la Sentencia, otras reformas al Régimen de Impugnación e Implementación de Nuevas Reglas de Oralidad en el Proceso Penal,\" a reform that entered into force on December 9, 2011, analysis in cassation criminal proceedings is limited to the legality of what was resolved and does not, as a rule, constitute a re-evaluation of the factual circumstances or of the evidence admitted, since such functions are proper to the criminal sentencing appeals courts, pursuant to Articles 459, 462, and 465 of the Código Procesal Penal; the possibility of treating it as another judicial instance in criminal matters is therefore excluded. From this perspective, it is noted: \"…in keeping with the paradigm of its origins, it is once again regarded as an extraordinary remedy with devolutive and suspensive effect (efecto devolutivo y suspensivo). It constitutes a review limited to the grounds expressly authorized by the legal system and to the grievances claimed by the appellant or petitioner […] It is an extraordinary instrument that allows the parties, once the avenue of the appeal of judgment has been exhausted, to bring before this Cassation Chamber a verification and supervision of the legality of what was resolved by the court below. It is not an examination of the facts or of the evidence admitted, but rather a verification of the legality of the judgment. Hence the renewed emergence of the well-known principle of immutability of established facts (principio de intangibilidad de los hechos). As a remedy, the general rules applicable to means of challenge apply to it…\" (Jiménez González, Edwin E., and Vargas Rojas, Omar. Nuevo régimen de impugnación de la sentencia penal. Poder Judicial, Escuela Judicial, 2011, pages 147 to 148).\n\nIn this regard, this Chamber has indicated: \"… a first clarification that must be made is that the current cassation appeal is no longer an ordinary remedy, as established under the previous challenge regime, but rather returns to its—doctrinally correct—status as an extraordinary remedy, in which judicial review is limited to the grounds expressly authorized by law and to the specific grievances claimed by the interested party. We thus find ourselves before an absolute shift in the concept of this type of challenge, which necessarily entails a different judicial practice. In this forum, the analysis is essentially limited to the legality of what was resolved; it is not, as a rule, a re-examination of the facts or the evidence admitted, because that exercise now falls within a specific function entrusted to the Criminal Sentencing Appeals Court. In this regard, it must be borne in mind that the principle of immutability of established facts has reemerged. Moreover, it cannot be overlooked that, like all means of challenge, the cassation appeal, in its current formulation, is subject to the general rules of challenge, insofar as it may only be directed against rulings designated as appealable, and only by those with standing to appeal. Thus, from the standpoint of objective appealability, the cassation appeal lies against judgments issued by the Criminal Sentencing Appeals Court, and, pursuant to the requirements of subjective appealability (impugnabilidad subjetiva), all parties have standing to appeal (Articles 437, 467, 468, and 469 of the Código Procesal Penal). This means that what was resolved by the Trial Court may not be challenged; only what was issued by the Criminal Sentencing Appeals Court may be so challenged. In the present case, although the appeal is directed against a judgment issued by the Criminal Sentencing Appeals Court and by a party with standing to do so—the accused's defense counsel—it is inadmissible because it invokes no properly authorized ground under the law, as required by Article 468, paragraphs a) and b). Those provisions respectively establish the possibility of challenging a judgment on grounds of the existence of contradictory precedents, or where the judgment fails to observe or incorrectly applies a substantive or procedural legal provision…\" (Ruling No. 2012-791, issued at 9:16 hours on May 18, 2012 [Arroyo Gutiérrez, Ramírez Quirós, Pereira Villalobos, Chinchilla Sandí, and Arias Madrigal], Sala Tercera de la Corte Suprema de Justicia).\n\nFurthermore, the matter described, given its rigorous character and the formalities required for filing, involves the unavoidable need to identify a restrictive subject matter or scope of review, as distinct from ordinary jurisdiction, such that the cassation appeal must be directed at the erroneous application of a legal provision (substantive or procedural), or at the issue of contradictory precedents between the judicial ruling issued by the ad quem, other appellate courts, or even the Sala de Casación Penal; this, without overlooking strict compliance with the requirements set forth in Articles 467, 468, 469, 471, and 439 of the criminal procedural statute. Broadly speaking, on pain of inadmissibility, the obligation arises to address both objective and subjective appealability. Additionally, the legislature empowers the Chamber to reject a claim as entirely without merit, and in the event of an attempt to modify the factual basis (plataforma fáctica) confirmed by the appellate court (see, by way of reference, precedent No. 2023-958, issued at 10:15 hours on October 19, 2023 [Solano Castro, Alfaro Vargas, Zúñiga Morales, Segura Bonilla, and Vargas González—dissenting vote], Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia).\n\nIn addition to the foregoing, the current cassation appeal, as has been well established, returns to its extraordinary nature, whose sphere of action corresponds to the exercise of strict review on the basis of authorized grounds, and to the concrete enumeration of grievances claimed by the party with standing. Beyond what has been argued, Arroyo Gutiérrez maintains: \"… the Cassation Appeal emerges as an extraordinary challenge mechanism that does not constitute a third instance. The extraordinary nature of this remedy derives from the exhaustive prerequisites and formal requirements that must be satisfied to gain access to it. […] In sum, we believe that Costa Rica's position on claims regarding the right to appeal in criminal matters, and in connection with the most recent statute (No. 8837 and its transitional provisions), must be that the matter may only be admitted for consideration if it was timely raised, with proper identification of the alleged grievance, since the mere reform alone is not an indication that every convicted person is entitled to a new trial…\" (Arroyo Gutiérrez, José Manuel. La Reforma al Régimen de Impugnación de la Sentencia Penal en Costa Rica. Published in: El Recurso contra la sentencia penal en Costa Rica. Asociación de Ciencias Penales. Costa Rica. Editorial Jurídica Continental, 2011. Daniel González Álvarez, compiler, pages 40 and 43).\n\nIn summary, cassation, as regulated in the legal system under Title V of the criminal procedural legislation, finds reasonable complement in the guiding criteria of the Chamber's jurisprudence, which are in turn consistent with doctrine in that they constitute an extraordinary avenue of challenge that, once the appeal of judgment has been exhausted, authorizes the parties—subject to the exercise of the principle of party disposition (principio dispositivo) (Articles 437, second paragraph, and 439 of the Código Procesal Penal)—to bring before this Chamber a verification, supervision, or review of the legality of what was resolved by the appellate court; the judicial authority vested with the unrestricted and broad power to comprehensively evaluate the judgment of the trial court (a quo) with respect to objections regarding the determination of facts and the admission and analysis of evidence. Accordingly, the current implementation of the system of challenge to the criminal judgment does not affect the scope of Article 41 of the Constitución Política.\n\nB) On the ground raised. A careful review of the claim filed by the appellant reveals that she has failed to satisfy essential requirements for further substantive review. The petitioner seeks to have this Chamber exercise its nomofilactic function (función nomofiláctica) and establish a uniform criterion regarding the admissibility of an appeal of judgment against \"rulings\" ratifying alternative measure agreements without the consent of the Procuraduría General de la República; however, non-compliance with the procedural rules governing the admissibility of such a claim is evident. Specifically, one ground is alleged based on the purported existence of contradictory precedents, on the grounds that challenged ruling No. 2026-0190, issued at 16:00 hours on February 17, 2026, by the Criminal Sentencing Appeals Court of the Third Judicial Circuit of Alajuela, San Ramón, is contrary to the holding of ruling No. 2014-00201, issued at 13:40 hours on September 19, 2014, by the Criminal Sentencing Appeals Court of the Second Judicial Circuit of Guanacaste, Santa Cruz. In this regard, Article 468, paragraph a), of the Código Procesal Penal provides: \"The cassation appeal may be grounded on one of the following grounds: a) Where the existence of contradictory precedents issued by the criminal sentencing appeals courts, or between those courts and precedents of the Sala de Casación Penal, is alleged […]. For purposes of paragraph a) of this article, a precedent is understood to mean solely the interpretation and application of law directly related to the subject matter of the ruling…\". On this ground, the Chamber has issued a series of guiding criteria that make it possible to identify in which cases we are confronted with contradictory precedents requiring a harmonizing criterion, given that the aforementioned provision limits the claim exclusively to the interpretation and application of law directly related to the subject matter of the ruling. Thus, with respect to the filing requirements for this type of case, the jurisprudential line has held that the following must be established: i) that the precedents exist; ii) that the party explicitly establishes or demonstrates the similarity or likeness between the factual and legal bases (plataformas fácticas y jurídicas) of the judgment under review and those offered for comparison; and iii) that the apparently contradictory aspect represents a core issue in the judgment subject to cassation and in those invoked as reference (ratio decidendi) [on this subject, see ruling No. 2021-00616, issued at 10:00 hours on June 11, 2021 (comprising Solano C., Ramírez Q., Burgos M., Alfaro V., and Zúñiga M.), Sala Tercera de la Corte Suprema de Justicia]. In this regard, it has been stated: \"Regarding the ground set forth in Article 468, paragraph a) of the criminal procedural code, commonly referred to as 'contradictory precedents,' this Chamber has outlined a series of requirements whose verification is also appropriate at the admissibility stage. First, the party filing a cassation appeal must cite the ruling (or, as in this case, the rulings) with respect to which it considers that the judgment issued by the ad quem is in contradiction. Such ruling(s) must actually exist and, moreover, must address the same thematic axis resolved in the case before the Cassation Chamber. This is what is referred to as factual and legal similarity. That is to say, it must be demonstrated that the point with respect to which the cassation appellant argues a contradiction with a precedent of the Sala de Casación Penal (or with a prior ruling of another Criminal Sentencing Appeals Court) presents the necessary similarity in its factual basis and its legal assessment. This requirement is derived from the same Article 468 cited, which places the emphasis on the 'interpretation and application of law directly related to the subject matter of the ruling.' Additionally, it is imperative that the apparently contradictory issue constitute a core aspect in the judgment subject to cassation and, naturally, in the judgments invoked as a reference point…\" [ruling No. 2026-0029, issued at 9:43 hours on January 15, 2026 (comprising Solano C., Zúñiga M., Vargas G.—partially dissenting vote—, Segura B., Herrera L.), Sala de Casación Penal].\n\nIn the specific case at hand, although the appellant cites a ruling whose existence is confirmed, and both cases involve offenses against forestry or wildlife laws in which the victim is represented by the Procuraduría General de la República, the legal scenarios addressed in those rulings lack legal identity (identidad jurídica). In the first case (ruling 2014-00201, cited above), the appellate court considered a challenge against the ruling granting a probationary suspension of proceedings; in the challenged judgment, an appeal was declared inadmissible against the order ratifying a conciliation agreement (which the appellant herself acknowledges does not have the character of a judgment). These are alternative measures that even have different grounds for application (Articles 25 and 36 of the Código Procesal Penal). On this point, this Chamber has stated: \"… In this regard, to invoke the said ground, it is required that the interested party demonstrate the similarity or identity in the essential aspects of the factual scenarios addressed in each ruling independently, and identify the relevant common aspects, before then pointing to the opposition between the different judicial rulings; it is therefore inappropriate to merely cite judgments that are presented as incompatible [ruling No. 2021-500, issued at 10:33 hours on May 13, 2021 (comprising Solano C., Zúñiga M., Ramírez Q., Alfaro V., and Burgos M.), Sala de Casación Penal]. In light of the foregoing context, it is evident that in this particular case the requirement of necessary legal identity for the requested review is not satisfied. In any event, it must be analyzed that the appealed judgment lacks objective appealability, since it does not fall within any of the scenarios contemplated by Article 467 of the Código Procesal Penal for this Chamber's jurisdiction. While it is true that the pleading alleges the existence of contradictory precedents and that both rulings are issued by the criminal sentencing appeals chamber, in order for the cassation appeal to proceed, in its stratified analysis, the first consideration must be whether the challenged ruling falls within the parameters that authorize this Chamber to hear the matter.\n\nAlong those lines, it is evident from the appeal that the challenged ruling of the sentencing appeals court (tribunal de apelación de sentencia) does not bring the proceedings to an end, nor does it consolidate a legal situation — since, upon the expiration of the alternative measure (medida alterna) and the consequent issuance of the final dismissal (sobreseimiento definitivo), pursuant to Article 458 of the Código Procesal Penal, the party would be able to challenge the ruling — and therefore this Chamber is not empowered to take cognizance of the matter, as provided in Articles 437 and 467 of said code. Furthermore, an additional error is committed: despite invoking the alleged existence of contradictory precedents, the pleading repeatedly invokes the alleged erroneous application of Article 20 of the Ley Orgánica de la Procuraduría General de la República and Article 36 of the Código Procesal Penal, stating as follows: \"For the foregoing reasons, the judgment rendered must be quashed by applying the provisions of Article 20 of the Ley Orgánica de la Procuraduría General de la República in conjunction with Article 36 of the Código Procesal Penal, recognizing that the absence of hierarchical approval (visto bueno jerárquico) from the State's legal representative constitutes a defect of absolute nullity (nulidad absoluta) that enables the direct challengeability of the approval order (auto de homologación)…\" (cfr. f. 22). The quoted passage reveals that the appellant conflates two distinct issues: the first concerns the alleged contradictory precedents as to whether filing a sentencing appeal (recurso de apelación de sentencia) against an approval order that approves a conciliation agreement (acuerdo conciliatorio) without the consent of the Procuraduría General de la República is procedurally proper; and the second is related to the existence of a defect of absolute nullity in the approval of conciliation agreements in environmental offenses when carried out without the authorization of said institution — an issue raised repeatedly throughout this ground of appeal and which constitutes the substantive argument raised before the appellate court (tribunal de alzada) (cfr. f. 113 del expediente digital) — which leads to the improper technique of commingling grounds of appeal, a defect that warrants the inadmissibility of the appeal, as set forth in Article 469 of the Código Procesal Penal, which provides: \"The cassation appeal (recurso de casación) shall be filed under penalty of inadmissibility (…) Each ground of appeal, together with its supporting arguments, must be stated separately. No other ground may be raised after this opportunity has passed.\" (emphasis added). Accordingly, the appellant should have raised both complaints separately. Consequently, given the lack of objective appealability (impugnabilidad objetiva), the commingling of grounds of appeal, and the failure to comply with the requirements established for filing the claim presented, the appropriate course of action is to declare it inadmissible pursuant to Articles 237, 467, 468, and 469 of the Código Procesal Penal. Justice Vargas González files a separate note stating her own reasons.\n\nPor tanto:\n\nThe cassation appeal (recurso de casación) filed by licenciada Zaray Chavarría Prado, representative of the Procuraduría General de la República, is declared inadmissible. Magistrate Vargas González appends a note setting out her own reasons. Notify the parties.\n\nSandra Eugenia Zúñiga M.\n\nPatricia Vargas G.\n\nRafael Segura B.\n\nGiovanni Mena A.\nAlternate Magistrate\n\nRosa Acón Ng\nAlternate Magistrate\n\nNOTE BY MAGISTRATE VARGAS GONZÁLEZ.\n\nFrom my perspective, the appeal must be declared inadmissible solely for failure to satisfy the requirements of objective appealability (cfr. articles 437 and 467 of the Código Procesal Penal), since the appeal in reality challenges a ruling by the appellate court (tribunal de apelación) that neither fully nor partially confirms a trial judgment (sentencia de juicio), nor definitively resolves the matter. I do not subscribe to the other arguments set forth by the majority of this Chamber for refusing to process the challenge, as they rest on the notion that cassation is a formalistic and extraordinary remedy. I will address this topic in what follows.\n\n(A) On the conceptualization and evolution of the cassation appeal.\n\nThe manner in which law is applied stems from a long-standing debate that may be divided into two categories of interpretive analysis: one dynamic and the other static. The first is inspired by the value of the continuous adaptation of law to social life and recommends an interpretation that responds to new social and cultural circumstances. The static ideology is founded on the values of stability within the legal discipline. For that reason, it advises the judge to adopt a rigid and diachronically constant interpretation, without significant modification (Guastini, Riccardo. Teoría e ideología de la interpretación constitucional, México: Editorial Trotta, 2008, pp. 58–61).\n\nA dynamic perspective understands the legal order as \"…a dynamic and open system because its structure allows norms to learn and thereby capture changes in reality, and, finally, that open legal system manifests itself in the form of rules and principles, both of a fully legal nature…\" (Bustos Gisbert, Rafael. La Constitución Red: un estudio sobre Supraestatalidad y Constitución, Bilbao: Editorial Oñati, 2005, p. 38).\n\nTaking that theoretical framework as a foundation, it is important to emphasize that the cassation appeal had an origin and a purpose belonging to an era diametrically different from our own. The cassation that emerged in France was the product of the control that, in the post-revolutionary context, Parliament sought to exercise over the Judiciary, since, given the degradation of the Ancien Régime and its institutions, it was reasonable that there should be distrust of judicial activity, which for centuries had served as a legitimizing source for the excesses of monarchies and ruling elites (Pérez Royo, Javier. Curso de derecho constitucional, Madrid: Editorial Marcial Pons, 2007, p. 115.). For this reason, an extrajudicial tribunal was created, located within the Legislative Branch, whose function was to reverse rulings in which judges—at that time, men—resorted to interpretation—a recourse considered to be in violation of the principle of separation of powers and of popular sovereignty—and departed from the literal meaning of the rules.\n\nOver the years, and given the hierarchical and pyramidal bureaucratization of the justice apparatus, it was understood that it was no longer necessary to keep that tribunal outside the judicial structure (Damaska Mirjan. Las caras de la justicia y el poder del Estado: análisis comparado del proceso legal, Santiago: Editorial Jurídica de Chile, 2000, p. 33) and \"…and, therefore, it was considered time to place this tribunal within the judicial mechanism itself, as its apex. The tribunal that watched over judges, which the political power (Parliament, Emperor) had used outside the judiciary, was now to become its head, always within a vertically organized and hierarchical—that is, corporate—structure. The cassation tribunal ceased to oversee judges and began to command them. In this way, at least in theory, the strict and zealous fulfillment of the political will expressed in the law was guaranteed. Conceived in this manner, and also so as not to overburden the apex tribunal with work, cassation became the instance that did not deal with facts but only with the interpretation of the law, so that the latter would not be distorted in its application, with the political objective of guaranteeing the will of the legislature and reducing the judge to the mouthpiece of the law. The hierarchical apex that crowned the corporate judicial structure overturned judgments that departed from that political will expressed in the letter of the law. The model spread rapidly across Europe and remained almost unchanged until the end of the Second World War…\" (Corte Suprema de la Nación de Argentina, Caso Casal, 20 de septiembre de 2005).\n\nHowever, progressively there has been an evolution that translates, beyond the well-worn historical invocations—useless, in my view of this debate—into a redefinition of the cassation appeal, which may be said to fall within the very development of the State that evolved from the Rule-of-Law State (Estado de Derecho), in the nineteenth century, to the Constitutional State under the Rule of Law (Estado Constitucional de Derecho), in the twentieth century. This implies, in essence, a phenomenological reconceptualization of the state framework, now understood as beholden to rights vindicated in different historical stages (Corchete, María José. Derechos Fundamentales, en: Teoría y Realidad Constitucional, UNED, Nº 20, 2do semestre, España, 2007, pp. 535–556) and incorporated into positive law in legal systems. As I will argue in the next section, the Costa Rican legislature has opted for a procedural system that departs from what might be called the classical-original vision of the cassation appeal and has given it different contours. This is understandable insofar as contemporary societies, already very far removed from eighteenth-century France, have been consolidating judicial systems that create a series of guarantees to protect the fundamental rights of citizens—such as those derived from article 41 of the Political Charter (Carta Política)—and that, with every certainty, do not fit within the original version of certain institutions, such as appellate mechanisms, which have themselves undergone their own evolutionary processes. In the face of this, it would not be reasonable to resort to atavistic vestiges and practices that are inconsistent with the provisions of many of the legal systems currently in force.\n\nArgentina serves as a good example because it is comparable to the Costa Rican case and because, moreover, it is one of the most influential procedural systems in the region, and some of its authors—in our context—tend to be cited—in my opinion, inaccurately—for the purpose of sustaining the position that the cassation appeal is extraordinary and therefore subject to a series of formalistic requirements. In 2005, the Corte Suprema de la Nación de Argentina issued a judgment in which, through a thorough and notable legal analysis of the constitutional and statutory provisions in force, it dismantled the thesis that the cassation appeal has an extraordinary nature. The justices of the high federal court stated: \"…the so-called political objective of cassation is compatible with our system only to a very limited extent, since it is wholly unrealizable within the prevailing constitutional paradigm, given that a federal tribunal with authority to unify the interpretation of ordinary law is not admitted and therefore interpretive divergence on a wide scale is inevitable. The strongest and most fundamental concern revealed by the text of our National Constitution is ensuring that constitutional law always retains supremacy over ordinary law. Only secondarily should interpretive unification be admitted, to the extent that republican rationality makes intolerable the arbitrariness of grossly serious violations of equality or the correction of interpretations lacking foundation. But it is clear that this is not what centrally motivated the framers when designing the Argentine judicial system (…) That in sum, it should be understood that art. 456 of the Código Procesal Penal de la Nación must be construed as enabling a broad review of the judgment, as extensive as possible in keeping with the maximum review effort of the cassation judges, in accordance with the possibilities and the record of each particular case, without magnifying the matters reserved to immediacy, which are only unavoidable by operation of orality in accordance with the nature of things. Said construction is mandated as a result of (a) an exegetical analysis of the aforementioned provision, which in no way limits or requires the reduction of cassation to questions of law; (b) the practical impossibility of distinguishing between questions of fact and questions of law, which amounts to nothing more than a domain of selective arbitrariness; (c) the fact that the limited or broad interpretation of the subject matter of the appeal must be decided in favor of the latter, since this is the only interpretation compatible with the provisions of the National Constitution (art. 75, para. 22, arts. 14.5 of the International Covenant on Civil and Political Rights and 8.2.h of the American Convention on Human Rights); (d) being also the only interpretation compatible with the criterion established in the opinions of the Human Rights Committee of the United Nations and in the judgment of the Inter-American Court of Human Rights…\" (Corte Suprema de la Nación de Argentina, Caso Casal, 20 de septiembre de 2005).\n\nAlong the same line of thought, and anticipating what I will conclude below, I consider that, by virtue of the legislative design chosen when regulating this institution in the Código Procesal Penal, and more importantly, by reason of the constitutional provisions that inspire our legal system, it is an error to insist that the cassation appeal is an extraordinary means of challenge.\n\n(B) On Costa Rican cassation and the position that the Sala Tercera has adopted regarding this means of challenge.\n\nThe judgment handed down by the Inter-American Court of Human Rights (Corte IDH) on July 2, 2004, in the case of Herrera Ulloa v. Costa Rica, brought about a transformation of the Costa Rican system of appeals by concluding that, in order to guarantee the right to appeal in criminal matters (set forth in article 8.2.h of the American Convention on Human Rights and article 14.5 of the International Covenant on Civil and Political Rights), it was not sufficient to have the formal existence of a cassation appeal before a different and higher-ranking tribunal; rather, that appeal also had to be effective, broad, accessible, and free from formalism, in such a way as to permit a comprehensive examination in which the application of procedural and substantive rules could be scrutinized. In essence, the aim was for an abstract right of appeal to translate into its concrete and effective exercise. Following the condemnation of the Costa Rican State and in the context of monitoring compliance with the Corte IDH judgment, the appeal against judgment (recurso de apelación de sentencia) was created (cfr. Ley 8837, entitled \"Creación del recurso de apelación de sentencia, otras reformas al régimen de impugnación e implementación de nuevas reglas de oralidad en el proceso penal\", published in La Gaceta N° 111 of June 9, 2010, Alcance 10-A), with which the requirements of the regional court were finally satisfied (see, resolution of the Corte IDH of November 22, 2010).\n\nIn keeping with the foregoing, cassation was also subjected to several reforms in 2010 (ley número 8837 cited above) and 2012 (ley N° 9021 del 3 de enero de 2012, entitled \"Reformas ley N° 7594 Código Procesal Penal, ley N° 7576 Ley de Justicia Penal Juvenil, ley N° 8460 ley de Ejecución de Sentencias Penales Juveniles, ley N° 7333 Ley Orgánica del Poder Judicial y adición al Código Procesal Penal\", published in La Gaceta N° 18 of January 25, 2012, Alcance 12), and since then it lies against decisions issued by the courts of appeal on judgment (tribunales de apelación de sentencia) \"that fully or partially confirm, or definitively resolve, the judgment handed down by the trial court\" (article 467 of the Código Procesal Penal, hereinafter C.P.P.).\n\nIn light of this regulatory landscape, the Sala Tercera, with varying compositions, has since maintained that, once the right to appeal was guaranteed through another means of challenge, cassation should be understood in its original or classical conception: formalistic, strict, and extraordinary. For that reason, if the interested party fails to fully satisfy the requirements set out in the Código Procesal Penal (e.g., separation of grounds, citation of provisions considered to have been disregarded or erroneously applied, grievance, and relief sought), the appeal must be declared inadmissible. By way of illustration only, in 2012 it was stated: «Prior to the analysis of the specific case, it is appropriate to make some observations regarding the new legal nature of the cassation appeal provided for in our legal system following ley 8837, entitled \"Creación del Recurso de Apelación de la Sentencia, otras reformas al Régimen de Impugnación e Implementación de Nuevas Reglas de Oralidad en el Proceso Penal.\" In that regard, a first point to be made is that the current cassation appeal is no longer an ordinary appeal, as the prior appellate regime established; rather, it returns to its—doctrinally correct—notion of an extraordinary appeal, in which judicial oversight is limited to the grounds expressly authorized by law and to the specific grievances asserted by the interested party. Accordingly, we are confronted with an absolute change in the concept of this type of challenge, which necessarily entails a different judicial practice. Thus, in this Chamber, the analysis is confined essentially to the legality of what was decided; it is not, in principle, a re-examination of the facts or the evidence admitted, because that exercise now belongs to a specific function entrusted to the Tribunal de Apelación de Sentencia. In this regard, it must be borne in mind that the principle of intangibility of proven facts (intangibilidad de los hechos probados) re-emerges. On the other hand, it must not be overlooked that, like every means of challenge, the cassation appeal, as currently formulated, is subject to the general rules governing appeals, insofar as it may only be directed against decisions identified as appealable, and only by those with standing to appeal.» (res. 791-2012 of 9:16 a.m. on May 18, 2012, emphasis added).\n\nMore than a decade has passed and the foregoing position, in its essential elements, has remained unchanged: «[...] First, it is imperative to recall that since the statutory amendment introduced to the Código Procesal Penal by ley N° 8837 of May 3, 2010 entered into force, cassation has held an extraordinary legal nature. As a consequence, a party appealing through this avenue must observe a duly defined set of filing requirements, the transgression of which has been sanctioned with inadmissibility. It is precisely the rigor in the technical formulation of the challenge that is one of the features distinguishing an extraordinary appeal from an ordinary one, the latter being characterized by the greater breadth and informality afforded to appellants. In line with the foregoing, legal doctrine states: \"…as the very name indicates, the characterization of ordinariness and extraordinariness will derive from what is understood within a given procedural system as habitual or exceptional. This means, purely and simply, that ordinary appeals are those legislated as normal or standard instruments of challenge, with the second category being reserved for those that are available only in circumstances that are, in some sense, exceptional or unusual. This must be understood within the theoretical context of the issue, since it must not be forgotten that the proper function of a jurisdictional decision is to be complied with—that is, to become final and produce its effects; the appeal, which, as Manzini notes, involves procedural activity constituting 'a new phase of the same proceeding' aimed at review or renewal 'of the prior judgment,' is a delay and a complication, explicable and justifiable for the reasons of rationality and justice mentioned above, but one that must necessarily be surrounded by strict requirements; thus, the greater or lesser rigor of those requirements will also be a criterion for the characterization under study.\" (Vásquez Rossi, Jorge E. 1997. Derecho Procesal Penal. Tomo II. El Proceso Penal. Buenos Aires: Rubinzal-Culzoni Editores, p. 472). [...]» (res. 2022-0401 of 10:26 a.m. on April 8, 2022. In a similar vein, 2022-0362 of 2:02 p.m. on March 30, 2022).\n\nIt has also been held that by reason of this \"formal, strict, and extraordinary\" nature, no formal notice (prevención) may be issued to the appellant to cure the defects in the filing (res. 2017-0617 of 9:48 a.m. on August 8, 2017, or 2021-1460 of 10:28 a.m. on December 9, 2021).\n\n(C) Position of the author of these lines regarding the cassation appeal in Costa Rica.\n\nI do not share the foregoing considerations because: i) cassation is not an extraordinary appeal. Note that it is filed against a judgment that is not yet final and is not executed (nor is the first-instance judgment, save in specific exceptions, cfr. art. 366 and 483 C.P.P.) until that appeal is resolved or the period for filing it has elapsed. Put differently, cassation challenges a decision not covered by the force of res judicata (cosa juzgada). This is the criterion used, for example, by Vincenzo Manzini to distinguish between ordinary and extraordinary appeals, when he states: \"Ordinary appeals are those normally granted by law—that is, without the prerequisite of anything exceptional—and which may be exercised only in relation to decisions that have not yet acquired the authority of res judicata or that are never susceptible to acquiring it, such as the appeal and the ordinary cassation appeal. Extraordinary appeals, on the other hand, are those exceptionally granted by law—that is, on the prerequisite of something extraordinary—and which are brought against decisions that have already acquired the authority of res judicata. Such are the cassation appeal against judgments of special courts rendered irrevocable, and the petition for revision (demanda de revisión). These institutions serve precisely to moderate the authority of res judicata. They function as balancing elements to prevent the most dangerous and harmful consequences of the principle of the indisputability of irrevocably established judicial findings. They are instruments of legal and social security against the injustice bred by errors discovered too late. […] Any other distinction into ordinary and extraordinary means is fallacious and artificial in criminal procedural law, because it does not correspond to the meaning of the words or to the reality of things.\" MANZINI, Vincenzo. Tratado de Derecho Procesal Penal. Buenos Aires: Ediciones Jurídicas Europa-América, Tomo V, 1951, p. 21.\n\nOn this matter it is important to acknowledge that the Sala Constitucional, in resolution 13065-2012 of 9:05 a.m. on September 18, 2012, held that following the reform to the Costa Rican appellate regime, cassation had an extraordinary character because the judgment handed down by the trial court acquired finality once the appeal filed against it was resolved or the period for filing had elapsed: \"On the finality of criminal judgments. The appellate instances of the criminal process, following Ley 8837 creating the Recurso de Apelación de la Sentencia, otras Reformas al Régimen de Impugnación e Implementación de Nuevas Reglas de Oralidad en el Proceso Penal, have changed in accordance with the provisions of that body of law. For this reason, it is essential to establish the legal moment at which a decision in such matters acquires finality, since only from that point may the subsequent or derivative legal acts arising from the judgment be executed, most notably the restriction of or release of liberty of the person subject to the proceedings. In this manner, and in keeping with the mandates of the American Convention on Human Rights, specifically article 8.2.h), as well as article 14.5) of the International Covenant on Civil and Political Rights, our criminal procedural system was brought into compliance with those guarantees. It is a general principle of law that judgments acquire finality once the ordinary appeals provided by the legal system for challenging them have been exhausted; therefore, since cassation is an extraordinary appeal, it may be stated that the criminal judgment acquires finality and is therefore enforceable once the case has been resolved by the appellate court confirming the lower court's judgment, or once the period for appeal has elapsed.\" (emphasis added).\n\nHowever, shortly thereafter that position was corrected by the Sala itself, which, in the relevant part, concluded as follows: «With respect to the issue of the finality of a judgment, for purposes of determining whether a precautionary measure is warranted, this Sala, upon more careful consideration of the different aspects raised, holds that the judgment cannot be deemed final until the appellate and cassation stages have been exhausted, either because said appeals have been filed or because the statutory time limits for filing them have elapsed. […]» (res. 2012-016848 of 11:30 a.m. on November 30, 2012).\n\nTo the foregoing it may be added that, in this appeal, in addition to the unification of jurisprudence [nomofilactic function (función nomofiláctica), art. 468(a) C.P.P.], the grounds for appeal also include the disregard or erroneous application of substantive rules and procedural precepts [art. 468(b) C.P.P.], which are not supervening or extraordinary in nature, as is the case with the procedure for review of a final judgment (procedimiento de revisión de sentencia firme) (cfr. art. 408 C.P.P.).\n\nii) Applying formalistic criteria when examining the admissibility of cassation constitutes a breach of what is prescribed in article 2 of the Código Procesal Penal. With respect to cassation, articles 469 and 470 of the C.P.P. set forth a series of requirements: «Article 469.—Filing. The cassation appeal shall be filed, under penalty of inadmissibility, before the court that issued the decision, within fifteen days of notification, by means of a written submission or any other format authorized by regulation. It must be duly reasoned and shall clearly cite the statutory provisions considered to have been disregarded or erroneously applied, or the identification and content of the precedents considered to be contradictory; in all cases, the grievance and the relief sought shall be indicated.\n\nEach ground shall be stated separately with its supporting arguments. No additional ground may be raised after this opportunity.\n\nArticle 471.—Admissibility and procedure. The Sala de Casación shall declare the appeal inadmissible when the legal requirements for filing are not met, as established in the preceding article 469; also when the decision is not appealable, the party does not have the right to appeal, when the purpose of the appeal is to modify the proven facts, or when the appeal is wholly without merit, in which case it shall so declare and return the proceedings to the court of origin.\n\nIf the appeal is admissible, it shall be assigned to a reporting magistrate (magistrado instructor); the Sala shall hear the matter and rule on the grounds raised.\n\nIf the appeal is admissible and it is not considered necessary to convene an oral hearing, the Sala shall render judgment.»\n\nFor years, the Third Chamber has understood that it is sufficient for the appealing party to fail to comply with any one of the aforementioned requirements for the inadmissibility of its challenge to be declared—which, in my view, infringes Article 2 of the Code of Criminal Procedure [according to which \"legal provisions that curtail personal liberty or limit the exercise of a power or right conferred upon the parties to the proceedings shall be interpreted restrictively (…)\"]—not only because the alleged return to classical cassation is invoked in support of the foregoing, despite the fact that there is no provision whatsoever in the C.P.P. or in any other body of law that expressly contemplates this, but also because, by attributing an extraordinary character to cassation, any possibility of applying Article 15 of the C.P.P. is ruled out, insofar as that article prescribes the curing of formal defects for any ordinary motion or appeal.\n\niii) Based on the foregoing, I conclude that the majority of the arguments typically advanced to declare appeals inadmissible are not tenable. The commingling of grounds (which in many cases does not even prevent identification of the specific aspects of the appellate ruling that the appealing party is challenging), or the failure to specify the relevant legal provisions, are not circumstances that legitimately support outright rejection, since those defects—if they are considered problematic—are capable of being cured. Nor is the fact that the appealing party challenges the facts found proven at sentencing, given that not in all cases can those facts be considered unalterable. In that regard, Llobet Rodríguez explains that although Article 471 of the C.P.P. provides that an appeal must be declared inadmissible when it seeks to \"modify the proven facts,\" the principle of intangibility of proven facts does not apply when the claim is one of erroneous application or non-observance of procedural provisions [Art. 468, paragraph b) cited]: \"[…] the principle of intangibility of the proven facts established in the challenged judgment applies only with respect to a cassation appeal on the merits, but not with respect to a cassation appeal in which non-observance of procedural law is alleged, since a characteristic of claims based on procedural defects is that they challenge the determination of the facts considered proven in the judgment (…) precisely the interest of the challenging party in a claim based on violation of procedural law is that it does not accept the proven facts, so that those facts, due to the procedural error, were determined erroneously.\" LLOBET Rodríguez, Javier. Proceso Penal Comentado. San José: Editorial Jurídica Continental, 6th edition, 2017, p. 694 (emphasis supplied).\n\nLikewise, refusing to examine a claim because it simultaneously challenges both the trial court judgment and the appellate judgment would also be incorrect if, notwithstanding that situation, it is possible to understand which aspects of the second ruling are being called into question.\n\nStill in this same vein, brief mention should be made of the case of appeals that are declared inadmissible on the ground that they are wholly unfounded. First, note that, in sound technical usage, that expression refers to those challenges that are categorically inadmissible (and not to those that present scant reasoning or support with respect to the grounds invoked). According to legal scholars, this concerns an appeal that is \"devoid of reason (and is) so poor in its reasoning that judges would reject it on the basis of a reading alone. That it be manifest (or absolute) means, according to Piedrabuena, that the error is 'ostensible and evident and does not require a more in-depth study.' According to Collados, it means that the reasoning exhibits an error so 'brutal, manifest, evident, superficial, or indisputable' that it would be rejected on the basis of only a cursory review of the appeal.\" Bravo-Hurtado, Pablo. \"Recurso manifiestamente infundado como filtro de buena fe. La casación chilena en perspectiva comparada.\" In: Revista chilena de Derecho. Chile: Pontificia Universidad Católica de Chile, Facultad de Derecho, Vol. 46, number 3, 2019, 691–716.\n\nSecond, I agree with Llobet Rodríguez that the possibility of declaring a cassation appeal inadmissible on that ground must be exceptional, since there is a risk of resolving the substance of the claim at the admissibility stage, and of doing so moreover without adequate examination: \"The term used is 'absolutely unfounded' […] it refers to the fact that the inadmissibility can be affirmed categorically, without any doubt. No significant difference is perceived from the term 'manifestly unfounded,' which refers to the fact that the inadmissibility is clear and patent […] It is therefore not properly a matter of the appeal failing to meet the required formalities, but rather of the inadmissibility of the claim being considered clear, which ultimately implies a rejection on the merits. The possibility of declaring a cassation appeal inadmissible as 'absolutely unfounded' must be absolutely exceptional in character, being appropriate only in cases where the formulation of the claim is purely dilatory in nature and is not the result of a serious claim. However, this exceptional character is not apparent in the practice of the Third Chamber, where it is common for a cassation appeal to be declared inadmissible on the basis of considerations going to the merits rather than properly for failure to comply with the formal requirements of the appeal […] a large proportion of appeals are declared inadmissible not because they fail to meet the admissibility requirements, but because, by resolving the matter on the merits and without holding the requested oral hearing, they are considered 'absolutely unfounded' (Art. 471). […] It should be noted that one of the problems entailed by a declaration of inadmissibility of the appeal as absolutely unfounded is that the Third Chamber generally makes such a declaration in a fairly summary manner, based on general considerations. This also allows it to avoid holding the oral hearing. It has been said that lawyers do not know how to file appeals, since a large portion of these declarations of inadmissibility are not due to formal defects in the appeal, but rather because the Chamber considers it, with excessive rigorism, to be excessively unfounded.\" LLOBET RODRÍGUEZ, Javier. Proceso penal comentado. San José: Editorial Jurídica Continental, 7th edition, 2023, pp. 738 and 739.\n\nThat being so, I likewise do not concur with inadmissibility rulings issued on that cited ground, except in cases where it can be affirmed conclusively and without significant analysis that the argument is inadmissible.\n\nFinally, with respect to the commingling of grounds, it should be added that, as follows from Article 468 of the Code of Criminal Procedure, the legislation contemplates two: one relating to the existence of contradictory precedents and another relating to non-observance or erroneous application of substantive or procedural law: \"The cassation appeal may be based on one of the following grounds: a) When the existence of contradictory precedents issued by the appellate sentencing courts, or between those courts and precedents of the Criminal Cassation Chamber, is alleged. b) When the judgment fails to observe or erroneously applies a substantive or procedural legal provision.\" (Emphasis supplied.)\n\nAccordingly, if an appellant, within a single section, alleges the non-observance and/or erroneous application of different legal provisions, whether procedural or substantive, that party would not be commingling grounds—as would be the case if, within the same section, it did the foregoing and also alleged the existence of contradictory rulings.\n\nAs I noted above, Article 469 C.P.P. provides: \"Filing. The cassation appeal shall be filed, under penalty of inadmissibility, before the court that issued the ruling […] It shall be duly reasoned and shall cite, clearly, the legal provisions considered to have been disregarded or erroneously applied, or else the mention and content of the precedents considered to be contradictory; in all cases, the grievance and the relief sought shall be stated. Each ground shall be stated separately with its supporting arguments. No additional ground may be raised after that opportunity.\" (Emphasis supplied.)\n\nThe view that an appellant must set out separately the claims made for non-observance and/or erroneous application of one or more legal provisions (separating each provision considered to have been disregarded or misapplied, and separating claims of non-observance from those of erroneous application) represents, in my view, an interpretation that also breaches the aforementioned Article 2 of the Code of Criminal Procedure, which refers—it bears repeating—to the need to interpret restrictively the legal provisions that limit the exercise of a right conferred upon the parties to the proceedings, such as the right to appeal. Such a restrictive interpretation would, on the contrary, compel the conclusion that only two cassation grounds exist, so that all claims falling within the second of them, which is more general in scope, may be presented together, within a single section, without this entailing any commingling whatsoever.\n\niv) Procedural rules are not an end in themselves, but rather a means for achieving justice, and justice cannot be sacrificed for the sake of mere formalities (constitutional Article 41). Applying the rules of cassation on the basis of rigors that exceed the literal text of the law, relying on the notion that the appeal is extraordinary despite no article so providing, undermines—as already anticipated—the principles of effective judicial protection and access to justice, whose rank is in any event superior to statute. Put differently, neither the procedural rules (which are valuable insofar as they are designed to guarantee the rights of the parties) nor the interpretation that has been made of them—incorrect in my view—could stand as an obstacle to the Third Chamber carrying out its function and properly exercising review over rulings issued on appeal from judgment, thereby ensuring that the parties involved receive prompt and, above all, complete justice.\n\nIt is also important to maintain that even in the hypothetical scenario in which cassation were extraordinary (and the hypothetical nature of the exercise is underscored), imposing requirements that are difficult to satisfy renders the appeal nugatory by preventing it from being what it is meant to be: a mechanism for obtaining redress in the face of irregular acts that have occurred in the course of criminal proceedings and in the sentencing appeal stage. In the view of the undersigned, it is an error to sacrifice the high purposes that the Constitution and the law assign to our justice system, and specifically to the administration of criminal justice—namely, \"[…] redress for the injuries or harm they have suffered in their person, property, or moral interests\" (constitutional Article 41) and \"[…] resolving the conflict arising as a consequence of the act, in accordance with the principles contained in the laws, in an effort to contribute to restoring social harmony between the parties and, in particular, the restoration of the victim's rights\" (Art. 7 C.P.P.)—or to reduce these purposes to a purely rhetorical matter, in favor of an interpretation of procedural law that lacks legal grounding and converts the instrument into an end in itself, which is nothing other than inverting the order of priorities.\n\nv) According to the pro sentencia principle, which forms part of due process, procedural rules exist and must be interpreted in order to facilitate the administration of justice, and not as obstacles to achieving it (see Constitutional Chamber, resolution 11622-08 of 10:15 a.m. on July 25, 2008).\n\n(D) By way of a summary of the foregoing.\n\nCassation, while not having the scope of a sentencing appeal, must be applied without formalistic rigor because the principles of effective judicial protection and access to justice—derived from the constitutional standard of legitimacy and from Article 2 of the Code of Criminal Procedure itself—so require. There are extreme cases where the appeal must be declared inadmissible (e.g., for being untimely, or for being directed exclusively against the trial judgment or another ruling that is not subject to cassation); however, in the case of other defects that do not prevent comprehension of what is being sought in relation to the challenged appellate judgment, our conventional, constitutional, and legal framework counsels allowing the challenge to proceed and, if necessary, applying Article 15 of the Code of Criminal Procedure, affording the party the opportunity to make the appropriate corrections, so that only in the event of non-compliance with that direction may outright rejection be ordered.\n\nI have thus set forth my position in this matter.\n\n \n\n \n\nPatricia Vargas G.\n\nJustice\n\nCriminal Cassation Chamber\n\nlquirosg (441-3 / 16-3-26)"
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