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  "id": "nexus-sen-1-0034-646194",
  "citation": "Res. 00079-2015 Tribunal Contencioso Administrativo Sección IV",
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  "doc_type": "court_decision",
  "title_es": "Los sitios Ramsar como bienes demaniales impiden la posesión privada",
  "title_en": "Ramsar Sites as Public Domain Assets Bar Private Possession",
  "summary_es": "El Tribunal Contencioso Administrativo desestimó la demanda de un particular que reclamaba derechos de posesión sobre un inmueble rural ubicado dentro de la zona de protección del embalse Arenal, declarado sitio Ramsar. El actor alegaba posesión agraria por más de 18 años, pero el Tribunal concluyó que el terreno es un bien de dominio público (demanal) por estar destinado a la protección del recurso hídrico y al servicio público de generación eléctrica del ICE. La sentencia aplica los principios del derecho ambiental —precautorio, solidaridad, uso racional, entre otros— y determina que sobre bienes demaniales no cabe posesión civil ni agraria. Además, por ser un humedal Ramsar, el área está fuera del comercio de los hombres y sus actividades agrícolas constituían daños ambientales. Se rechazan todas las pretensiones indemnizatorias por constituir hechos ilícitos y no probados. El fallo reafirma la tutela estatal sobre zonas de protección absoluta y el carácter indisponible del dominio público en materia ambiental.",
  "summary_en": "The Contentious Administrative Court dismissed a claim for possessory rights over rural land within the protected zone of the Arenal Reservoir, a Ramsar site. The plaintiff had engaged in agricultural activities for over 18 years, but the court held the land constitutes public domain (demanial) property, dedicated to water resource protection and the public service of electricity generation by ICE. Applying environmental law principles—precautionary, solidarity, rational use, among others—the court concluded that civil or agrarian possession over public domain assets is impossible. As a Ramsar wetland, the land is inalienable, and the plaintiff's agricultural acts were deemed environmental harm. All damages claims were denied as unlawful and unproven. The ruling reinforces state guardianship over absolute protection zones and the inalienable nature of public domain in environmental matters.",
  "court_or_agency": "Tribunal Contencioso Administrativo Sección IV",
  "date": "07/08/2015",
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    "adverse possession"
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  "excerpt_es": "Todo indica que ese bien demanial presenta como única vocación su recuperación de forma artificial o natural a la regeneración. De hecho, según se aprecia en los hechos probados, las actividades desplegadas por el señor actor para procurar producir la tierra desde el punto de vista ambiental corresponden a daños, en tanto retrasan o dificultan la generación natural que presenta la zona.\n\nEn dicho marco, sin mayor esfuerzo, debe rechazarse la primera solicitud. Como segunda solicitud requiere el accionante \"II.- Que el actor José Luis González Rojas ha ejercido la posesión durante aproximadamente unos veinticinco años en forma pública, pacífica, ininterrumpida, de buena fe y a título de dueño.\" ... como ya se dijo no es posible ejercer posesión civil o incluso agraria ... Cualquier acto en ese sentido se torna antijurídico, e ilícito, careciendo de acción para protegerlo.",
  "excerpt_en": "Everything indicates that this demanial asset has as its sole vocation its recovery, whether artificially or naturally through regeneration. In fact, as seen in the proven facts, the activities carried out by the plaintiff to make the land productive, from an environmental standpoint, constitute damages, since they delay or hinder the natural regeneration occurring in the area.\n\nIn this context, without further effort, the first claim must be dismissed. The second claim requests: \"II. That the plaintiff José Luis González Rojas has exercised possession for approximately twenty-five years in a public, peaceful, uninterrupted manner, in good faith and as owner.\" ... as already stated, it is impossible to exercise civil or even agrarian possession ... Any act in that sense becomes unlawful and illicit, lacking standing to be protected.",
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    "label_en": "Denied",
    "label_es": "Sin lugar",
    "summary_en": "The lawsuit is denied in its entirety, including claims of possession and damages; the ICE counterclaim is also dismissed for lack of standing.",
    "summary_es": "Se declara sin lugar la demanda en todos sus extremos, incluyendo las pretensiones de posesión e indemnización, y se rechaza la reconvención del ICE por falta de legitimación activa."
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      "context": "Considerando XI",
      "quote_en": "In this framework, the asset is outside the commerce of men and consequently, no civil possession can arise over the property, much less can adverse possession run against it.",
      "quote_es": "En ese marco, el bien está fuera del comercio de los hombres y consecuentemente, ninguna posesión civil puede darse sobre el inmueble, y mucho menos corre prescripción adquisitiva en su contra."
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      "context": "Considerando XI",
      "quote_en": "We are faced with an extremely fragile wetland that cannot be treated as an agricultural territory; consequently, it cannot be subject to adverse possession.",
      "quote_es": "Estamos frente a un humedal, sumamente frágil y que no puede tratarse como un territorio con vocación agrícola, consecuentemente no puede ser motivo de prescripción adquisitiva."
    },
    {
      "context": "Considerando IX",
      "quote_en": "The right to water, as a fundamental liquid for human existence, becomes a matter of fundamental right in our legal system; this is consistent with the Ramsar Convention and mandates (with rare exceptions) that these territorial areas are public domain assets.",
      "quote_es": "El derecho al agua, como liquido fundamental para la existencia humana, se torna un tema de derecho fundamental en el ordenamiento patrio; lo que es coherente con el convenio Ramsar y que obliga (salvo raras ocasiones) a que estas áreas del territorio son bienes demaniales."
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  "source_url": "https://nexuspj.poder-judicial.go.cr/document/sen-1-0034-646194",
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  "body_es_text": "Grande\nNormal\nPequeña\nTribunal Contencioso Administrativo Sección IV\n\nResolución Nº 00079 - 2015\n\nFecha de la Resolución: 07 de Agosto del 2015 a las 16:00\n\nExpediente: 09-002172-1027-CA\n\nRedactado por: Ricardo Antonio Madrigal Jiménez\n\nClase de asunto: Proceso de conocimiento\n\nAnalizado por: CENTRO DE INFORMACIÓN JURISPRUDENCIAL\n\n\n\n\nNormativa Internacional: Convención americana sobre derechos humanos, Pacto de San José, Convención sobre la eliminación de toda las formas de discriminación contra la mujer, CEDAW, Convención sobre los derechos del niño, Convenio sobre diversidad biológica y anexos, Convención de Río de Janeiro de 1992, Protocolo adicional a la convención americana sobre derechos humanos en materia de derechos económicos, sociales y culturales, Protocolo de San Salvador\n\nNormativa internacional\n\n\nContenido de Interés:\n\nTemas Estrategicos: Ambiental\n\nObjetivos de Desarrollo Sostenible: Agua limpia y sanamiento (Obj 6),Vida de ecosistemas terrestres (Obj 15)\n\nTipo de contenido: Voto de mayoría\n\nRama del Derecho: Derecho Administrativo\n\nTema: Bien demanial\n\nSubtemas:\n\nPropiedad que es parte de planta hidroeléctrica y que forma parte del convenio internacional como sitio RAMSAR.\nFundamento de la imposibilidad de alegar posesión sobre ellos.\n\nTema: Bienes públicos\n\nSubtemas:\n\nPropiedad que es parte de planta hidroeléctrica y que forma parte del convenio internacional como sitio RAMSAR.\nFundamento de la imposibilidad de alegar posesión sobre ellos.\n\nTema: Principios del derecho ambiental\n\nSubtemas:\n\nPropiedad que es parte de planta hidroeléctrica y que forma parte del convenio internacional como sitio RAMSAR.\nAnálisis, fundamento normativo y constitucional.\nTutela que debe ejercer el Estado y alcances con respecto al dominio público y el acceso al agua.\n\nTema: Aguas de dominio público\n\nSubtemas:\n\nPropiedad que es parte de planta hidroeléctrica y que forma parte del convenio internacional como sitio RAMSAR.\nTutela que debe ejercer el Estado y principios aplicables.\n\nTema: Posesión agraria\n\nSubtemas:\n\nPropiedad que es parte de planta hidroeléctrica y que forma parte del convenio internacional como sitio RAMSAR.\nDistinción con la civil.\n\nTema: Posesión\n\nSubtemas:\n\nPropiedad que es parte de planta hidroeléctrica y que forma parte del convenio internacional como sitio RAMSAR.\nDistinción con la agraria.\n\n“IV.  HECHOS PROBADOS: De importancia para el dictado de esta sentencia, se tienen los siguientes hechos de relevancia:  1) Por escritura del seis de noviembre de mil novecientos setenta y cinco el Instituto Costarricense de Electricidad  adquirió del señor Rolando Murillo Esquivel la finca del partido de Guanacaste número seis mil ochocientos setenta y siete y catorce mil doscientos noventa , ubicadas en Caño Negro, de Tronadora, del cantón de Tilarán, de la provincia de Guanacaste, con una cabida de cien hectáreas, además de una finca sin inscribir en la misma ubicación y que correspondía aproximadamente a cincuenta y tres hectáreas y seis mil metros cuadrados (ver folios 460 al 464 del expediente del interdicto.  2) Que estos inmuebles fueron adquiridos como parte de la represa Arenal (ver folios 539 al 552 del expediente del interdicto). 3) Que la finca es conocida como la número veintidós, según identificación interna del ICE (ver declaración del señor Soto Bolaños rendida en el juicio oral y público). 4) En la zona de la finca base del litigio no hay suministrado de fluido eléctrico (manifestación del señor Arce Ávila). 5) Que el ICE ha mantenido guardas en la finca para evitar la invasión de precaristas (ver declaración del señor Arce Ávila y Soto Bolaños). 6) Que el ICE procuró la recuperación del terreno de forma asistida, pero por los elevados costos, optó por que esta fuera de forma natural (ver declaración del señor Soto Bolaños rendida en el juicio oral y público). 7) Que el señor González Rojas en el año noventa y ocho, inscribió el plano G-491856-98 que corresponde a un terreno sin inscribir, cita en el distrito de Tronadora, del cantón de Tilarán de la provincia de San José, que acredita una cabida de sesenta y siete hectáreas cuarenta y tres metros y cincuenta y siete decímetros cuadrados (ver folio 18 del expediente judicial). 8) Que el visado otorgado por el Ministerio de Ambiente y Energia del plano en consideración señala literalmente \"el inmueble que describe se ubica (89% aproximadamente dentro de la zona protectora Arenal Monteverde, según Decreto Ejecutivo No. 20172-MIREM del 24-01-91 y (11% aproximadamente dentro del Parque Nacional Volcán Arenal, según Decreto Ejecutivo No. 23774 del 22-11-92, lo dispuesto en la Ley Forestal 7575 y legislación conexa. (ver folio 18 del expediente judicial). 9) Que el actor promovió el expediente 03-000325-387-AG, ante el Juzgado Agrario de Liberia, para generar una información posesoria (ver folios 31 y siguientes del expediente 07-100030-404-CI). 10) Que este expediente nunca llegó a concluirse y consecuentemente no generó título inscribible  (hecho no controvertido entre las partes). 11) Bajo la Unidad de Trámite Rápido de San José, expediente 05-10092-647-PE, se siguió una causa por uso de documento falso y falsedad ideológica contra el actor (ver folio 35 y siguientes del expediente 07-100030-404-CI). 12) Dentro de la causa penal antes indicado se aprecia como desde el año dos mil cinco, el señor González Rojas había realizado tala de algunos arboles en la finca base del conflicto y limpieza de terreno (ver folio 44 al 48 del expediente 07-100030-404-CI). 13) Para finales del año dos mil siete, el actor estaba realizando actos de ocupación agraria en le finca objeto de litigio (ver folio 3 al 6 y 412 al 424 del expediente 07-100030-404-CI). 14) En diciembre de dos mil siete, el señor González Rojas presentó interdicto de amparo de posesión y reposición de mojones contra los señores Alexis Arias Acosta y Urías Muñez Masís, que correspondió al expediente expediente 07-100030-404-CI ante el Juzgado Contravencional y de Menor Cuantía de Tilarán (ver folios 8 y siguientes del expediente 07-100030-404-CI). 15) El Instituto Costarricense de Electricidad levantó un plano para su fincas 5006877, 5014297, 5008454 bajo el número G-1168748-2007, con una cabida de doscientos setenta y ocho hectáreas, quinientos veintiún metros y treinta decímetros cuadrados (ver folios 20 al 23 del expediente judicial). 16) El siete de agosto de dos mil siete, el accionante en compañía de miembros de la Fuerza Pública, constato que funcionarios del ICE habían ingresado a lo que considera su finca,  realizado algunos destrozos, destruyendo plantaciones, botando una casita, sacando todo lo que había en la estructura y la perdida de ocho animales (ver folios 24 al 30 del expediente judicial).  17) Para septiembre de dos mil ocho, bajo el expediente 08-200994-413-PE el Instituto Costarricense de Electricidad presentó denuncia contra el señor González Rojas por haber agredido con arma y amenazado a un servidor de la empresa pública por estar realizando actos de vigilancia en el lote de la segunda (ver expediente administrativo  rotulado como A, folios 1 y siguientes). 18) Para octubre de dos mil ocho, el Instituto Costarricense de Electricidad procedió a cercar la finca inscrita a su nombre en las inmediaciones de donde el actor estaba realizando actos de posesión (ver folios del 456 al 459 del expediente del interdicto de amparo de posesión). 19) Conforme con dictamen criminalístico del Organismo de Investigación Judicial, levantado el veinte de noviembre de dos mil ocho, existe un traslape del plano del actor sobre el terreno inscrito a favor del ICE en una cabida de cuarenta y cinco hectáreas cinco mil cuatrocientos cincuenta y tres metros cuadrados (ver folios 114 y 177 del expediente judicial). 20) Que para el año dos mil nueve el actor tenía sembrado en la finca base del conflicto banano, maíz, mora, tomate, arboles frutales y frijoles; además de algún ganado (ver folios 248 al 252 del expediente judicial y ciclo de filminas aportadas en el juicio oral y público).  21) Bajo el expediente 09-222-BI del Registro Público de la propiedad de Bienes inmuebles el Instituto promovió diligencias de traslape de planos (ver folio 223 del expediente administrativo numerado como A). 22) Del total del terreno que el actor sostiene que esta poseyendo, quince mil quinientos ochenta y nueve metros cuadrados aproximadamente están destinados a cultivos, quinientos veinte mil seiscientos cincuenta y seis metros cuadrados aproximadamente, están destinado a bosque y ciento treinta y tres mil setecientos noventa y siete aproximadamente está destinado a pastos (ver folios 269 a 278 del expediente judicial y ciclo de filminas aportadas en el juicio oral y público). 23) Que la vivienda del actor dentro de la finca se compone de una construcción de un solo cuarto, establo anexo, paredes y techo de lata de zinc y piso de tierra (ver fotografía de folio 277 del expediente judicial y declaración del señor Arce Ávila).  24) Que para marzo de dos mil diez, funcionarios del ICE ingresaron en la finca objeto de litigio (ver folio 242 del expediente judicial). 25) Por resolución 2376-2011 de las ocho horas y treinta minutos del nueve de noviembre de dos mil once, el Juzgado Contencioso Administrativo y Civil de Hacienda rechazó el proceso interdictal en tanto las partes estaban discutiendo la titularidad del bien y no su posesión (ver folios 590 al 594 del expediente del interdicto). 26) Por resolución 500-2013 del Tribunal Penal del Tercer Circuito Judicial de San José, se absolvió al actor por el delito de falsedad ideológica, uso de documento falso y estafa, así como se declaró la nulidad de la inscripción de la finca que se había generado a partir del plano G491856-98, no así el referido plano (ver folios 295 al 318 del expediente judicial). 27)  Que la sentencia antes dicha está firme (no hay contención al respecto entre las partes).  28) Que el terreno que el actor reclama para sí es parte de una zona de protección absoluta en beneficio del recurso hídrico que abastece el humedal embalse Arenal, reconocido a nivel mundial como sitio RAMSAR (ver dictamen técnico de folio 402 del expediente judicial).  29) Que actividades realizadas por el actor en el fundo, modifican las cuencas, disminuye el recurso hídrico, crea fragmentación del bosque, interviene directamente en las rutas de paso biológico de las especies, entre otros aspectos nocivos desde el plano ecologista (ver informe técnico de folio 402 del expediente judicial). 30) Para marzo de dos mil catorce el Instituto Costarricense de Electricidad tomó posesión de la finca objeto de litigio (ver folios del 623 al 627 del expediente judicial). 31) Que la expulsión del actor del terreno objeto de dispuesta se ha generado en varias ocasiones (ver ciclos de filminas aportadas en el juicio oral y público y declaración del señor Arce Ávila). 32) El señor accionante presenta alrededor de dieciocho años de estar desplegando actividades económicas agrarias en el fundo base del litigio (ver declaración del señor Arce Ávila rendida en el juicio oral y público). 32) Que los daños realizados por las personas físicas demandadas lo fue en cumplimiento de ordenes de su patrono, a saber el Instituto Costarricense de Electricidad (hecho aceptado en el juicio oral y público).\n\nV. SOBRE HECHOS NO PROBADOS: De esta naturaleza se tienen como hechos no controvertidos: 1) El área y la localización del terreno que pudo esta poseyendo el actor que no esta comprendida entre los terrenos de ICE y del territorio Ramsar (No hay elementos de convicción que señalar).  2) Que por la conducta de los demandados se hubieran dado las sustracciones que apunta el actor (No se ofreció prueba en esa orientación).  3) Que producto de la conducta de los demandados se hubieran dado la perdida de animales propiedad del actor, conforme lo describe en su demanda (no es posible ubicar esfuerzo probatorio en ese sentido)  4) Que por la conducta de los demandados se generarán los daños a los cultivos del actor (se omitió prueba en ese sentido). 5) Que exista algún daño que sea susceptible de indemnizar en beneficio del actor (no es posible ubicar prueba en ese sentido).  6) La naturaleza, el alcance y el valor de los daños ocasionados en el territorio inscrito a favor del Instituto Costarricense de Turismo (no es posible ubicar elementos de convicción sobre ese particular).\n\nVI.- SOBRE LOS PRINCIPIOS DEL DERECHO AMBIENTAL: Ya en otras ocasiones esta Sección, en sus diferentes integraciones, ha tenido oportunidad de hablar sobre los principios del derecho ambiental, tema que conviene resumir y condensar para conocer del caso en concreto. El Derecho Ambiental, como Derecho autónomo que es, cuenta con principios propios, los cuales orientan la actividad ambiental. Estos principios se encuentran la mayoría recogidos, de uno u otro modo, en los textos legales o al menos señalados por la jurisprudencia. Asimismo debe recordarse que el artículo cincuenta constitucional consagra el derecho a un ambiente sano y ecológicamente equilibrado; y que del mismo numeral derivan una serie de principios que se analizarán en la presente sección. La doctrina especializada ha señalado como principios rectores en la materia cuando menos los de Igualdad, De la Tutela del Derecho Ambiental a cargo del Estado, Sostenibilidad, Principio del uso racional de los recursos, a fin de que exista el necesario equilibrio entre el desarrollo del país y el derecho al ambiente, de la Calidad Ambiental, Principio de solidaridad, Principio Precautorio, Principio preventivo, Publicidad, Restaurabilidad, \"El que contamina, paga”, De la realización del estudio de impacto ambiental previo a la iniciación de obras, Sólo el Estado de Necesidad declarado excepcional el cumplimiento de las normas ambientales, La falta de recursos económicos de las instituciones públicas no es excusa que justifique la omisión de dar protección al Derecho Ambiental, Coordinación para garantizar la protección del medio ambiente, La lesión a este Derecho Ambiental se da tanto por acción como por omisión, Inoperancia del silencio positivo en materia de utilización de recursos naturales y la participación ciudadana en los asuntos ambientales. Sin que se pueda entender que dicha lista resuelta cerrada en tanto como derecho en construcción podrían agregarse nuevas líneas de aplicación e interpretación de dicho ordenamiento. La igualdad de las personas ante la ley, sin ningún tipo de discriminación, es un derecho fundamental recogido en nuestro ordenamiento por el artículo treinta y tres de la Constitución Política y establecido también en el artículo veinticuatro de la Convención Americana de los Derechos Humanos. El derecho al medio ambiente y a su protección se encuentra también protegidos por este principio de igualdad, el cual debe aplicarse a la materia. De este modo, todos los seres humanos tienen por igual el derecho a disfrutar del medio ambiente adecuado y acceder a la justicia sin discriminación alguna para hacer valer sus derechos en caso de haber visto violentado el derecho a un ambiente sano (de manera directa o indirecta). El artículo cincuenta constitucional declara que toda persona tiene derecho a un ambiente sano y equilibrado. El artículo dos inciso a) de la Ley Orgánica del Ambiente contiene dicho principio al declarar que el ambiente es patrimonio común de todos los habitantes de La Nación y por ello tanto a nivel institucional (del Poder Ejecutivo) como jurisdiccional los ciudadano tienen derecho a un trato igualitario. El principio de la Tutela del Derecho Ambiental a cargo del Estado se extrae también del canon cincuenta Constitucional derivando la obligación del Estado de ejercer una función tutelar y rectora en materia ambiental. Al respecto la Sala Constitucional ha señalado que el Estado debe “asegurar y proteger el derecho contra algún riesgo o necesidad, defender es vedar, prohibir e impedir toda actividad que atente contra el derecho, y preservar es una acción dirigida a poner a cubierto anticipadamente el derecho de posibles peligros a efectos de hacerlo perdurar para futuras generaciones. El Estado debe asumir un doble comportamiento de hacer y no hacer; por un lado debe abstenerse de atentar él mismo contra el derecho a contar con un ambiente sano y ecológicamente equilibrado, y por otro lado debe asumir la tarea de dictar las medidas que permitan cumplir con los requerimientos constitucionales.” (voto 9193 de la Sala Constitucional de la Corte Suprema de Justicia). De tal manera desarrolla la Sala Constitucional todas las acciones que comprende la tutela que debe ejercer el Estado en aras de proteger el medio ambiente; incluyendo tanto un comportamiento de hacer como de no hacer, toda vez que por una parte, debe abstenerse de cometer algún acto en contra del derecho a un ambiente sano y ecológicamente equilibrado; y por otra parte, debe adoptar una conducta activa, en el sentido de dictar las medidas, regulaciones que estime pertinentes para el resguardo de este derecho. El órgano rector en la materia de estudio lo constituye el Ministerio del Ambiente y Energía (no está demás recordar que ese ministerio ha cambio de nombre) de conformidad con el numeral dos de la Ley Orgánica de este Ministerio; con lo cual se debe decir que la figura del Estado como sujeto, el cual está llamado a ejercer la tutela en materia ambiental, es un Ministerio en el cual recae la rectoría, pero además, para que esta función de protección del medio ambiente sea real y efectiva, es necesaria la participación de una serie de entes y órganos estatales, los cuales, en coordinación con el MINAE (ó MINAET, según el momento histórico), están llamados a interactuar (como lo son las municipalidades). La sostenibilidad en el uso de los recursos naturales es uno de los principios aceptados universalmente y con perspectiva jurídica. De acuerdo con un informe de las Naciones Unidas, desarrollo sostenible es el desarrollo capaz de satisfacer las necesidades del presente, sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones para satisfacer las suyas (Loperena Rota, Demetrio, los Principios del Derecho Ambiental, 1998, p. 62). Por su parte, el artículo dos incisos a) y b) de la Ley Orgánica del Ambiente establecen la obligación del Estado y los particulares de participar en la conservación y utilización sostenible del ambiente; y el derecho de todos de disfrutar de un ambiente sano y ecológicamente sostenible para el desarrollarse. Asimismo se ha señalado que el deterioro al ambiente condiciona las posibilidades de desarrollo humanas; por lo que se ha vuelto común el utilizar el término de “desarrollo sostenible” el cual encierra ambos derechos. En ese sentido la Sala Constitucional ha definido “desarrollo sostenible” como “una de esas políticas generales que el Estado dicta para ampliar las posibilidades de que todos puedan colmar sus aspiraciones a una vida mejor, incrementando la capacidad de producción o bien, ampliando las posibilidades de llegar a un progreso equitativo entre un crecimiento equitativo.. un (o) ... demográfico o entre este y los sistemas naturales. Es el desarrollo sostenible, el proceso de transformación en la utilización de los recursos, orientación de las inversiones, canalización del desarrollo tecnológico, cambios institucionales y todo aquello que coadyuve para atender las necesidades humanas del presente y del futuro.” (voto 1763-94). El principio del uso racional de los recursos, a fin de que exista el necesario equilibrio entre el desarrollo del país y el derecho al ambiente está muy relacionado con el principio anterior, incluso podría pensarse en que es parte del mismo se encuentra con fundamento constitucional en el artículo sesenta y nueve de la Constitución el presente principio (uso racional de los recursos). Ahora bien, en este principio encontramos un componente ideológico, lo cual genera, en algún modo, algunos problemas al momento de su aplicación; ya que comprende además conceptos jurídicos indeterminados, como lo son el uso racional y el necesario equilibrio entre el desarrollo y medio ambiente. Estos conceptos muchas veces generan incertidumbre al momento de su aplicación. La Administración Pública es la encargada de determinar este punto de equilibrio y en última instancia lo serán los órganos jurisdiccionales. Sobre el principio en estudio, la Sala Constitucional ha señalado que: “ ...la protección del ambiente debe encaminarse a la utilización adecuada e inteligente de sus elementos y en sus relaciones naturales, socioculturales, tecnológicos y de orden político (desarrollo sostenible), para con ello salvaguardar el patrimonio al que tienen derecho las generaciones presentes y futuras. Por ello, el objetivo primordial del uso y protección del ambiente es que a través de la producción y el uso de la tecnología, se obtengan no sólo ganancias económicas (libertad de empresa) sino sobre todo un desarrollo y evolución favorable del medio ambiente y los recursos naturales con el ser humano, esto es, sin que se cause daño o perjuicio...”(voto 6322-2003). Por tal razón, la protección del ambiente debe encaminarse a la utilización adecuada de sus elementos, toda vez que es necesario la conservación del medio ambiente, pero también es indispensable la utilización de sus recursos para emprender procesos de desarrollo en beneficio de la sociedad en general. La cual a su vez, por una parte, demanda la protección del ambiente, y por otro lado, el desarrollo del país, desarrollo que, en un país como el nuestro, en muchos de los casos, tiene su fundamento en las riquezas naturales. De tal manera, la Sala Constitucional ha manifestado que “es preciso optar por el desarrollo sostenible, el cual satisface las necesidades del presente sin comprometer nuestra capacidad para hacer frente a las del futuro. Se trata en consecuencia, de una política cuyo núcleo es una planificación a largo plazo a través de políticas estatales, las cuales deben cumplir con todos los requisitos exigidos por las normas existentes y que lógicamente en este campo deben ser vistos con criterios restringidos, pues si se destruyen o se dañan los recursos naturales por una decisión precipitada o bien cuando las condiciones requeridas no son cumplidas, el desarrollo económico, social y político se afectará y decaerá, trayendo como consecuencia lógica la pérdida de la calidad de vida del ciudadano, y por ende, la pérdida de una riqueza invaluable que bondadosamente la Naturaleza nos ha regalado. Este desarrollo significa reconocer que deseamos tener acceso continuo a los recursos que posibiliten la vida y si hacemos expandir los beneficios del proceso industrial tenemos que estar conscientes de las implicaciones y limitaciones que supone este derrotero.”(voto 4423-93). El Principio de la Calidad Ambiental constituye un parámetro fundamental de la calidad de vida, ya que ligado a la vida que cada individuo pueda llevar; y a su vez se encuentra ligado el uso que se haga del ambiente para el propio desarrollo. Es así como el Tribunal Constitucional ha estimado que el derecho a un ambiente sano y ecológicamente equilibrado, implica el correlativo deber de proteger y preservar el medio, mediante el ejercicio racional y el disfrute útil del derecho mismo. (Voto 6233-2993). En ese sentido, siempre y cuando se demuestre que alguna actividad es dañina para la salud, se estaría en presencia de una violación del principio en estudio. O bien, cuando alguna actividad económica implique la pérdida de un recurso natural importante, dicha actividad debe ser prohibida, porque de lo contrario, se estaría fomentando el deterioro al ambiente, y con ello, a la calidad de vida de las personas. Igualmente se puede encontrar el fundamento del presente principio en el ya mencionado el artículo cincuenta constitucional y además se encuentra contenido en instrumentos internacionales que garantizan la protección al medio ambiente (como la Declaración de Estocolmo). En lo tocante al principio de solidaridad por tratarse él derecho al ambiente de un derecho de tercera generación se encuentra desarrollado bajo el valor de la solidaridad (así como el de libertad e igualdad fueron los principios y valores que respectivamente los que orientaron los derechos de primera y segunda generación). Se ha configurado como un “auténtico principio jurídico formalizado, generador de obligaciones exigibles en el seno de las relaciones sociales” (Real Ferrer, El Principio de Solidaridad en la Declaración de Río, 1994, p. 78). El principio de solidaridad implica y genera una responsabilidad colectiva para su realización, la cual es compartida pero diferenciada. La Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo de 1992 dejaron establecido que “Los Estados deberán cooperar con espíritu de solidaridad mundial para conservar, proteger y restablecer la salud y la integridad del ecosistema de la Tierra. En vista de que han contribuido en distinta medida a la degradación del medio ambiente mundial, los Estados tienen responsabilidades comunes pero diferenciadas. Los países desarrollados reconocen la responsabilidad que les cabe en la búsqueda internacional del desarrollo sostenible, en vista de las presiones que sus sociedades ejercen en el ambiente mundial y de las tecnologías y recursos financieros que disponen”(Principio 7 de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo 1992). Con la aparición del principio de solidaridad se vislumbra una humanización y preocupación no solo por le disfrute del derecho actual sino también por la preservación del mismo para asegurar el disfrute a las generaciones futuras. El derecho de las futuras generaciones implica a su vez una serie de derechos y deberes intergeneracionales relacionados entre sí y que a su vez se dividen en 3 principios básicos: a- Principio de conservación de opciones: se traduce en el derecho de cada generación a recibir la diversidad de los recursos naturales y el correlativo deber a mantenerlos, lo que implica una explotación racional y eficiente de los mismos. b- Principio de conservación de la calidad: supone el derecho de todas las generaciones a recibir el planeta en condiciones de calidad óptimas y a su vez un correlativo deber de conservarlas y transmitirlas a futuras generaciones para que no la reciban en peores condiciones. c- Principio de conservación de acceso: el derecho de acceso equitativo al legado de las generaciones pasadas y el deber de procurarlo a todos sus miembros (Franco del Pozco, Mercedes, El Derecho Humano a un medio ambiente adecuado, en Cuadernos de Derechos Humanos, Bilbao, 2000, p. 21). Por su parte el principio Precautorio, es uno de los principios más desarrollados, tanto por la doctrina como por la jurisprudencia, y se le ha considerado como principio esencial componente del derecho ambiental. Las Administraciones Públicas tienen la obligación de actuar en protección del derecho de todos al medio ambiente, y es así como se han delineado principios de actuación administrativa propios de la protección del medio ambiente y que particularizan este ámbito. Es importante hacer ver que el principio precautorio constituye un parámetro de legalidad de las conductas administrativas, y sobre ese particular, el doctor Aldo Milano señala que “ gran parte de las actividades riesgosas están sujetas a un régimen de policía administrativa, lo cual se manifiesta en el otorgamiento o la negativa de autorizaciones de ese mismo carácter. Esto hace que se planteen conflictos relacionados con tales decisiones, sea porque se estima que al otorgarse en un caso concreto la autorización, se quebranta el Principio Precautorio o bien, porque al ser denegada o condicionada con sustento en aquél, el afectado estima ilegítima la decisión.” Así, aludiendo a un caso concreto de la jurisprudencia francesa, indica que la decisión atacada en lo contencioso administrativo constituye el último paso en el largo procedimiento de evaluación de la inocuidad de la actividad de que se trate, y que la doctrina encuentra en el principio precautorio una fuente de derecho que impone una forma determinada de actuar de la Administración, de modo que –en caso de no respetarse esa forma de actuar- procedimiento- se estimará la nulidad del acto final que se adopte (ver Milano, Aldo. “El Principio Precautorio”, 2005, p. 55 a 58). El principio precautorio, también llamado como Principio de la Evitación Prudente, adquiere fuerza con la Declaración de Río de 1992 (Cumbre de la Tierra), pero ya la idea venía desarrollándose en otros convenios internacionales como la Declaración de Estocolmo y La Carta Mundial de la Naturaleza. El artículo quince de la Declaración de Río contiene este principio al señalar que “Con el fin de proteger el medio ambiente, los Estados deberán aplicar ampliamente el criterio de precaución conforme a sus capacidades. Cuando haya peligro de daño grave e irreversible, la falta de certeza científica absoluta no deberá utilizarse como razón para postergar la adopción de medidas eficaces en función de los costos para impedir la degradación del medio ambiente.” A nivel nacional, el artículo once de la Ley de Biodiversidad consagra el principio precautorio, prácticamente en los mismos términos que lo hace la Declaración de Río. El principio de precautorio ha planteado varias interrogantes, dentro de las cuales destacan: el problema de la reversión de la carga de la prueba en materia ambiental; el equilibrio que debe existir entre las medidas represivas y preventivas; y la motivación que debe darse a industrias y otras empresas a través de políticas estimulantes de la protección del medio ambiente. En lo concerniente a la reversión o inversión de la carga de la prueba, consiste en que el demandado es el llamado a ofrecer pruebas para desvirtuar el contenido de la pretensión, sin olvidar que al Derecho Ambiental le interesa más la prevención que la reparación del daño. Está expresamente regulado en el artículo ciento nueve de la Ley de Biodiversidad, que dispone: “La carga de la prueba, de la ausencia de contaminación, degradación o afectación no permitidas, corresponderá a quien solicite la aprobación, el permiso o acceso a la biodiversidad o a quién se le acuse de haber ocasionado daño ambiental”, norma que debe verse en estrecha relación con el artículo cinco de la misma Ley, que señala que lo establecido en esa legislación servirá de marco de interpretación del resto de las normas que regulan la materia objeto de dicha Ley. Esto quiere decir que en materia ambiental se rompe el clásico esquema de que “quién afirma prueba”, y adquiere un papel preponderante la teoría de la carga dinámica de la prueba, según la cual, “se traslada la carga a quién, a raíz de su situación personal, se halla en mejores condiciones para acercar la probanza al proceso, sin que importe si es el actor o el demandado” (sobre la carga dinámica de la prueba puede consultarse la sentencia de la Sala Primera de la Corte Suprema de Justicia N° 212-2008 de las 8:15 horas del 25 de marzo del 2008). Esta posición es aceptada por la doctrina del derecho ambiental, que en ese sentido ha indicado lo siguiente: “En el proceso ambiental, especialmente en función del principio precautorio, se produce una modificación en la carga de la prueba de encuadre clásico (según la cual es principio “que todo el que alega un hecho como pretensión o defensa tiene la carga de probarlo”) y cobra vida, en función de la precaución, la doctrina de las cargas dinámicas probatorias como paliativo para aligerar la ímproba tarea de producir pruebas diabólicas que, en ciertos supuestos, se hacían recaer sin miramientos sobre las espaldas de alguna de las partes (actor o demandado), por malentender las sacrosantas reglas apriorísticas de distribución de la prueba. Finalmente, las modificaciones señaladas en el ámbito del proceso ambiental imponen hablar de un “verdadero derecho procesal ambiental”, sea considerado como una rama autónoma o no; y la complejidad científico-técnica de los casos ambientales, que demandan soluciones inéditas a problemas también inéditos, imponen como mecanismo superador de las estructuras tradicionales del derecho la conveniencia de contar con fueros especializados en la materia ambiental como garantes de la aplicación efectiva del principio de precaución.” (Martínez, María Paulina. “El principio precautorio”. En Protección Ambiental, Argentina, 2008, p. 122). En íntima relación con esta variante procesal, la doctrina resalta el rol activo del Juez de frente a un asunto de carácter ambiental, y al respecto señala lo siguiente: “ Pero fue la Ley N° 25.675 (LGA) la que consagró innovaciones inéditas en materia de potestades judiciales (ordenatorias e instructorias), otorgándole al enjuiciador un rol completamente activo e inquisidor como garante de la aplicación del principio precautorio en aquellos procesos en los que se busca la preservación del equilibrio natural (ver artículo 32 LGA), sin que ello implique quiebre alguno del principio de congruencia. (...) se concluye que no existen áreas inmunes a la fuerza normativa de la Constitución y de las normas ambientales, particularmente la Ley General del Ambiente, que constituyen un orden público ambiental, que confieren amplias facultades, incluso de revisión de cuestiones hasta de índole técnica, que le permiten dar plena operatividad al principio precautorio en cada paso del iter procesal, en una tarea concreta y sin duda alguna macroscópica en pos del derecho a una efectiva tutela judicial efectiva.” (idem, Martínez, p. 117). Este papel que la doctrina le asigna al Juez de frente a asuntos de carácter ambiental, no está disociado del modelo que la Constitución Política y que el Código Procesal Contencioso Administrativo le otorgaron al Juez Contencioso Administrativo. La Ley de Biodiversidad, cuyas normas son aplicables a resto del ordenamiento en materia ambiental, dispone expresamente en su artículo ciento ocho que “en materia de biodiversidad y mientras no exista jurisdicción ambiental, toda controversia será competencia exclusiva de la jurisdicción contencioso-administrativa”, excepto aquellos casos donde no medie un acto administrativo ni del dominio público. Fijada esta competencia, debemos recordar que la jurisdicción contencioso-administrativa goza de una amplia potestad de fiscalización, dada por el artículo cuarenta y nueve de la Constitución Política, que le permite ejercer un control tanto subjetivo, consistente en la tutela de las situaciones jurídicas sustanciales de los administrados (derechos subjetivos e intereses legítimos), como objetivo, consistente en garantizar la legalidad de la función administrativa de toda la Administración Pública (sean acciones u omisiones). El artículo primero del Código Procesal Contencioso Administrativo reproduce el contenido del artículo cuarenta y nueve constitucional y señala que la jurisdicción contencioso administrativa tiene por objeto tutelar las situaciones jurídicas de toda persona, garantizar o restablecer la legalidad de cualquier conducta de la Administración Pública sujeta al Derecho administrativo, así como conocer y resolver los diversos aspectos de la relación jurídico-administrativa (Jinesta, Ernesto. “Manual del Proceso Contencioso Administrativo, 2008, p.29). La doctrina nacional reafirma el amplio carácter fiscalizador del Juez contencioso administrativo en nuestro ordenamiento, al indicar lo siguiente: “Cuando la norma permite el control de la “función administrativa”, adopta sin ambages una fórmula amplia de fiscalización, en la que el Juez queda facultado para el control de la totalidad de la conducta administrativa. En efecto, el precepto rompe de tajo con cualquier limitación construida alrededor del objeto contencioso administrativo, pues cuando inserta la generalidad de la “función” administrativa dentro del ojo supervisor del Juez, abre el abanico jurisdiccional respecto de cualquier función, comportamiento o conducta administrativa. Nótese que no se atribuye a la jurisdicción contenciosa el control de la “actividad” o “acción” administrativa, ni mucho menos del “acto administrativo”, sino de la “función”, que no por casualidad, resulta omnicomprensiva no sólo de todas ellas, sino también de todo el ámbito de la inactividad. Cuando el artículo asigna al Juez el control de la “función”, está permitiendo que éste analice jurídicamente cualquiera de las funciones que a ella le son propias, cualquiera de sus conductas en cualquiera de sus manifestaciones administrativas. Puede controlar el Tribunal, tanto la actuación activa como la omisiva. Siempre que la conducta sea administrativa y que el control se realice dentro del marco jurídico, no existe o no debe existir, esfera exenta de control jurisdiccional; su revisión puede y debe ser completa, sin inmunidad alguna en el objeto. (...) En este aspecto el constituyente nos ofrece un nuevo broche de cierre, una puerta de seguridad adicional como garantía del control pleno y universal, pues además de sujetar la función administrativa al control jurisdiccional de legalidad, permite al Juez comprobar si aquella se encuentra o no ajustada a los fines que la justifican.” (González, Oscar. “Sentencia”. En: El Nuevo Proceso Contencioso-Administrativo, 2006, p.426). Sobre el papel protagónico y activo que ejercer el Juez en la dinámica del Código Procesal se señala: “ Tal autonomía activa y organizacional para el restablecimiento del ordenamiento jurídico público (escrito y no escrito) y la protección efectiva de los intereses legítimos y los derechos subjetivos, confirma la trascendencia de esta jurisdicción como mecanismo reparador y protector de las situaciones jurídicas eventualmente afectadas, por la intromisión indebida del poder público a través de su multiplicado universo de órganos y entes con sus funcionarios generalmente de iure y excepcionalmente de hecho. (...) Incluso, se trastocó el principio clásico civilista que identifica el objeto del proceso con las pretensiones alegadas y deducidas por las partes, a fin de que la autoridad judicial, en calidad de sujeto activo en el proceso, dicte justicia no sólo con apego a lo pretendido sino, también, ajustando las pretensiones a la justicia pronta y cumplida, conforme a la nueva legislación, para satisfacer los valores insertos en el Estado de Derecho presentes en cada proceso para el restablecimiento de la legalidad o, mejor aún, del ordenamiento jurídico. Bajo el nuevo esquema, el juez antes de regirse por el principio dispositivo lo hará también por el inquisitivo, propio de los tribunales constitucionales como cuando, en nuestro caso, la Sala Constitucional condena en ambas costas y daños y perjuicios a las partes vencidas en las acciones de amparo, aunque los vencedores no lo hayan pedido.” (Jiménez, Manrique. “Bases constitucionales para la reforma de la jurisdicción contencioso administrativa”. En: El Nuevo Proceso Contencioso Administrativo, p. 18 y 19, 2006). Retomando el principio precautorio, una vez ocurrida la acción que provocó el daño al ambiente, el interés se centra en la búsqueda de la mejor solución, tanto a nivel jurídico como práctico, teniendo claro que cualquier reparación que se realice nunca va a restituir en la totalidad la situación original. Por lo anterior, podría resultar criticable la imposición de principios como “El que contamina paga”, toda vez que estaría en contra del ánimo de prevención que es uno de los pilares fundamentales del Derecho Ambiental, y más bien, se estaría fomentando el deterioro del ambiente a cargo del pago o resarcimiento económico del daño ocasionado; pero el derecho debe también establecer las medidas de reparación en caso de que las precautorias o preventivas no sirvan (como sucede en la práctica la muchas ocasiones). La Sala Constitucional ha frecuentado en llamarlo también principio “in dubio pro natura”(voto 2000-9773 de la Sala Constitucional), señalando que comprende una especie de inversión de la carga de la prueba, dado que en caso de falta de certeza sobre las consecuencias de una actividad basta para no llevarla a cabo. Se ha establecido doctrinariamente que este principio se refiere a las políticas ambientales generales, y que para casos concretos opera el principio preventivo. En materia ambiental existe incertidumbre científica sobre los posibles daños que pueden ocasionar algún tipo de actividades. El principio precautorio se refiere a la actitud cautelosa que se debe tomar cuando surja alguna duda razonable en relación con la peligrosidad de cualquier actividad de repercusiones ambientales, sea para que se evite o para tomar las medidas necesarias para evitar el daño eventual.(Loperena Rota, Desiderio, Los Principios del Derecho Ambiental, España, 1998, p. 93). El Principio preventivo -también- esta muy relacionado con el principio anterior se refiere a la proyección sobre las consecuencias perjudiciales ciertas de algunas actividades. El tratar de evitarlas con anticipación es el propósito de este principio; por ejemplo en el caso de las políticas preventivas reflejadas mediante las Evaluaciones de Impacto Ambiental. En casos concretos este principio se traduce en la aplicación de medidas cautelares. El desarrollo doctrinario y legislativo de la tutela cautelar está centrado, como es lógico, en el proceso jurisdiccional. Debido a la lentitud de los procesos y las verdaderas situaciones de injusticia que se pueden ocasionar por ello, es que ha surgido en el Derecho comparado la necesidad de implementar las medidas cautelares. A pesar de ser esto así, la tutela cautelar no se circunscribe tan solo al ámbito jurisdiccional, sino que su aplicación también se contempla en los procedimientos administrativos. En los procedimientos de naturaleza ambiental, la importancia que ha adquirido la tutela cautelar es decisiva a la hora de ejercer el derecho de todos a un medio ambiente sano. En sede jurisdiccional, las medidas cautelares tienen por función principal garantizar provisionalmente la eficacia de la sentencia definitiva, para que no sea una mera declaración de principios. De acuerdo con la doctrina nacional, existe un derecho fundamental a la tutela cautelar que forma parte del derecho a una justicia pronta y cumplida contenido en el artículo 41 constitucional. (Jinesta Lobo, Las Medidas Cautelas Atípicas en el Proceso Contencioso Administrativo, en la Dimensión Constitucional de la Jurisdicción Contencioso Administrativo, p. 171). En este sentido, la jurisprudencia nacional ha manifestado que “ III. ... Resulta obvio, que el derecho a la tutela cautelar y el deber correlativo del órgano jurisdiccional de actuarlo cuando concurran los presupuestos establecidos en la ley, cuya titularidad ostenta todo justiciable, posee una profunda raigambre constitucional, y más concretamente forma parte del haz de facultades que conforman el contenido esencial del derecho fundamental a una justicia pronta y cumplida (tutela judicial efectiva, o en los términos de la Sala Constitucional derecho general a la jurisdicción, artículo 41 de la Constitución Política). En tal sentido, se puede sostener, que no existe una tutela judicial pronta y cumplida – efectiva- sin una cautelar flexible y expedita.”(Voto 405-95 de este Tribunal, o resaltado no corresponde al original). En materia de derecho ambiental la presencia de los presupuestos propios de las medidas cautelares cobra mayor vigencia, dado el carácter irreversible de los daños ambientales. En cuanto al principio de publicidad es de recordar que la Administración tiene el deber de hacer públicas las informaciones de actividades públicas o privadas que tengan relación con el medio ambiente, dado que media un interés público. Para el autor español Martín Mateo, la información o publicación de los datos es la base sobre la que se asienta igualmente la acción protectora de las Administraciones Públicas, la educación ambiental y la investigación (Tratado de Derecho Ambiental, España, 1991). El artículo treinta de la carta fundamental garantiza el acceso a los departamentos administrativos con propósitos de información sobre asuntos de interés público. Sin embargo, en materia medioambiental el concepto de información y acceso adquiere una nueva dimensión y se entiende como el derecho del individuo o colectividad de solicitar información y de ser informado por cualquier ente u órgano estatal sobre cualquier proyecto que pueda afectar su derecho de un ambiente sano y ecológicamente equilibrado (Calzada, Ana Virginia, Garantías e Implicaciones Constitucionales del Medio Ambiente, en Apuntes sobre el Sector Justicia al Derecho Ambiental, Costa Rica, 1997, p. 286). A su vez el principio de restaurabilidad se aplica en presencia de la responsabilidad civil por la generación de una lesión, la sanción al responsable puede ser la indemnización de los daños y perjuicios ocasionados (compensación) o la reparación a su estado originario de la situación alterada por la infracción. La doctrina ha sostenido, que a diferencia de otros ámbitos en los cuales en general existe la opción de reponer o no la cosa dañada, en materia ambiental la efectiva restauración es imprescindible y no opcional para el administrador del bien dañado, esto en particular por la titularidad común de los bienes ambientales dado que no puede dañarse el medio ambiente y destinar su compensación económica para otros usos (Loperena, 1998, p. 73). Sin embargo, es claro que la reparación será sanción en la medida que esta sea posible. Los artículos cincuenta y tres y cincuenta y cuatro de la Ley de la Biodiversidad contienen este principio, y de este modo se obliga al Estado [incluyendo a las instituciones autónomas] a tener como principio de actuación la restaurabilidad, mediante la obligación de fomento y en caso de que ya se hubiese producido el daño ambiental procurar tanto su recuperación, rehabilitación como la restauración del mismo. Por su parte la regla El que contamina, paga” s egún la doctrina, en el Derecho Ambiental se ha consagrado el principio de la responsabilidad extracontractual objetiva, sin que se examine la culpa o negligencia del agente causante del daño ambiental (Loperena, 1998, p. 64), la cual podría pensarse que se encuentra incluida dentro de la responsabilidad ambiental de la Ley Orgánica del Ambiente establecida en el artículo dos inciso d) [referente a los principios en materia ambiental], la cual es una cláusula amplia de responsabilidad al señalar que: “ Quien contamine el ambiente o le cause daño será responsable, conforme lo establezcan las leyes de la República y los convenios internacionales vigentes”. El origen de este principio es anglosajón y se debe entender de la siguiente manera: “Conforme al principio ‘quien contamina paga’, se entiende por responsable de la contaminación, (...), por agente contaminador a la persona física o jurídica sometida a derecho privado o público que directa o indirectamente deteriora el medio ambiente o crea las condiciones para que se produzca dicho deterioro, tratándose de evitar en principio que la política de protección del medio ambiente se base en subvenciones y ayudas estatales y que se atribuya a la Comunidad la carga de la lucha contra la contaminación, siendo imputable al contaminado el costo de las medidas necesarias para la eliminación de la contaminación o para su reducción hasta estándares o medidas equivalentes de objetivos de calidad ambiental.” (Ibídem, p. 67). Este principio implicaría para el contaminador el pago y cumplimiento de las medidas cautelares que se decreten; el cese de la actividad contaminante o su modificación; el pago de las multas pertinentes; y la reparación e indemnización de los daños y perjuicios ocasionados. Referente a la realización del estudio de impacto ambiental previo a la iniciación de obras aunque a simple vista más que un principio se podría decir que se trata de una obligación, la doctrina lo ha considerado como un principio, cuyo fundamento constitucional se extrae del mandato cincuenta de la carta fundamental, en el tanto que obliga al Estado a garantizar, defender y preservar el derecho a un ambiente sano y ecológicamente equilibrado. En el Derecho Ambiental las medidas preventivas tienen una importancia vital; ya que prevenir es siempre mejor que reparar el daño ocasionado, por cuanto restablecer la naturaleza a su estado anterior no es tarea fácil. Dentro de las medidas preventivas se encuentra el estudio de impacto ambiental, el cual es obligatorio para el Estado y los particulares. En nuestro país la primera normativa de carácter legal que involucra este concepto es el Código de Minería, promulgado mediante Ley Número 6797. En el artículo ciento uno se contempla que “con el objeto de garantizar un aprovechamiento racional de los recursos nacionales y de proteger sus usos futuros, los concesionarios deberán efectuar estudios de impacto ambiental de sus actividades, en forma previa y pública. Estos estudios deberán ser efectuados por personal técnico calificado, mediante las normas suministradas por el Estado, y si los estudios se consideraran deficientes podrán ser rechazados por el organismo gubernamental de control.” (Lo resaltado no corresponde al original). Asimismo, el Reglamento al Código de Minería contiene en su artículo treinta y cuatro y siguientes lo establecido por la Comisión Gubernamental de Control Ambiental sobre los Estudios de Impacto Ambiental. Por otro lado, la Ley de Conservación de Vida Silvestre en el numeral 26 establece la facultad de la “Dirección General de Vida Silvestre del Ministerio de Recursos Naturales, Energía y Minas para otorgar permisos de importación de especies de Vida Silvestre. Toda solicitud para esos permisos deberá presentarse, ante esa Dirección, con una evaluación de impacto ambiental la que, para los efectos de esta Ley, se considerará documento público y deberá incluirse los siguientes requisitos...”. Posteriormente, con la Ley de Hidrocarburos, se vino a establecer lo relativo a la protección ambiental, estipulándose la obligación de realizar un Estudio de Impacto Ambiental para el desarrollo de las actividades de exploración y explotación de hidrocarburos. Éste desarrollo normativo, logra en mil novecientos noventa y cinco un importante y significativo avance con la publicación de la Ley Orgánica del Ambiente, en la cual se incluyeron una variedad de normas relacionadas con el Estudio de Impacto Ambiental, y se crea así la Secretaría Técnica Nacional Ambiental. De tal manera el artículo diecisiete de este cuerpo de normas dispone que las actividades humanas que alteren o destruyan elementos del ambiente o generen residuos materiales tóxicos o peligrosos, requieran de una evaluación de impacto ambiental por parte de la Secretaria Técnica Ambiental (SETENA). Por otro lado, éste principio también ha sido recogido por una serie de instrumentos internacionales, como lo es la Declaración de Río, que en su principio diecisiete contempló que “deberá emprenderse una evaluación de impacto ambiental, en calidad de instrumento nacional, respecto de cualquier actividad propuesta que probablemente haya de producir un impacto negativo considerable en el medio ambiente y que esté sujeta a la decisión de una autoridad nacional competente.” En el Convenio sobre Diversidad Biológica y sus Anexos I y II establece que “ Cada Parte Contratante, en la medida de lo posible y según proceda: Establecerá procedimientos apropiados por los que exija la evaluación del impacto ambiental de sus proyectos propuestos que puedan tener efectos adversos importantes para la diversidad biológica con miras a evitar o reducir al mínimo esos efectos, y cuando proceda, permitirá la participación del público en esos procedimientos...” Por su parte la Sala Constitucional ha realizado un significativo aporte al disponer que “el Estudio de Impacto Ambiental se establece como el instrumento idóneo que tiene el Estado para garantizar el equilibrio entre la conservación de los recursos naturales, y el desarrollo del ser humano en forma sostenible. De este modo, la actividad humana que conlleve la intervención, alteración o destrucción del medio ambiente, debe ajustarse a lo que ambientalmente resulte más beneficioso para el Estado y la comunidad, o la de grupos que puedan verse afectados.” Ahora bien, el Estudio de Impacto Ambiental no puede eximirse de los proyectos de desarrollo, de explotación o exploración; ni por ley y menos aún por ninguna norma de rango inferior, precisamente por tener fundamentación en la Constitución Política. Por último debe señalarse que la realización del Estudio de Impacto Ambiental no implica la puesta en funcionamiento del proyecto en cuestión, toda vez que se trata de un requisito previo y que, necesariamente debe cumplirse en los casos estipulados. En cuanto al principio de que sólo el Estado de Necesidad declarado excepciona el cumplimiento de las normas ambientales más que un principio se puede tomar como una regla, ya que se determina que la única excepción al cumplimiento de las normas y principios en materia ambiental lo sería el estado de necesidad, ya que el Estado es el llamado a preservar el orden público. Por lo anterior, es que se debe decir que el fundamento de este “principio” lo sería el Estado de Necesidad; es decir, la misma necesidad se convierte en el fundamento. De tal manera, ante la presencia de situaciones transitorias y urgentes en las que se hace necesario la continuidad de los servicios públicos, se permite la dispensa de la normativa ambiental; bastaría con que se produzca el hecho determinante, como por ejemplo, una inundación, un terremoto, una epidemia, o bien, que se tenga un alto grado de certeza que se va a producir el hecho para que se pueda declarar el Estado de Necesidad. Así las cosas, le es permitido a la Administración Pública adoptar una conducta sin cumplir con una disposición en materia ambiental. Por ejemplo, la construcción de un puente sin la realización del Estudio de Impacto Ambiental, o bien, la realización de algún proyecto sin que se cuente con un permiso de salud. Por otra parte, no se debe confundir el Estado de Necesidad con la Contingencia, la cual se puede definir como aquel hecho futuro que puede o no producirse. En estos casos no es posible la dispensa de la normativa ambiental, toda vez que no se tiene certeza que el hecho se va a producir. En ese sentido, la Sala Constitucional ha dispuesto que “es contraria al Derecho de la Constitución, no sólo la normativa, sino la actuación de las instituciones públicas que dispensen los trámites y procedimientos ordinarios para la actuación ordinaria de la Administración.\" (Voto 6503-2001). En consecuencia, “ para que se entienda de desarrollo constitucional la medida de emergencia, ésta debe atender única y exclusivamente a darle solución a la situación de emergencia que la motiva, y tener –además- como propósito el bien común: esto es, debe ser justa y además razonable (proporcionada en sentido estricto)”.(voto 6322-2003 de la Sala Constitucional). Mientras que con respecto al principio que la falta de recursos económicos de las instituciones públicas no es excusa que justifique la omisión de dar protección al Derecho Ambiental es una premisa desarrolla con el avance progresivo de los derechos económicos y sociales; y de la aplicación del principio de la prohibición del retroceso social. En términos de la Sala Constitucional “la falta de presupuestos (recursos económicos, materiales y/o personal calificado) no puede constituirse en un límite entre el respeto y la violación de los derechos fundamentales, es decir, no puede ser motivo para que la Administración no actúe y tome acciones concretas a fin de que a través de su gestión encuentre solución a los problemas que los particulares les requieran en materia ambiental...”(voto 6322-2003 de la Sala Constitucional). No se debe dejar de lado un aspecto vital, y es el hecho que este enunciado se debe analizar conjuntamente con el principio de equilibrio presupuestario, por cuanto la Administración Pública está obligada a cumplir el equilibrio en el presupuesto. De tal manera, se presenta un interesante fenómeno, ya que por una parte se establece la obligación del Estado de proteger el ambiente, sin que pueda excusarse en la falta de recursos para dejar de cumplirlo, y por otra parte, la situación que la Administración, abruptamente, no puede romper con el equilibrio presupuestario para cumplir con sus deberes y obligaciones constitucionales. Consecuentemente, resulta necesario buscar la manera en que se pueda cumplir con ambos enunciados, de tal forma que se garantice la protección al ambiente y además se cumpla con el equilibrio presupuestario. Es decir, se requiere de una aplicación armónica, integral entre ambos postulados. Es conveniente indicar que en la mayoría de los casos la falta de presupuesto es más consecuencia de la línea política imperante en la materia, que a la inexistencia del recurso mismo. Mientras que con respecto al principio de la Coordinación entre las diferentes dependencias de la Administración Pública deriva del principio de la Unidad Estatal. Así se desprende de la jurisprudencia constitucional que al respecto ha consignado que “la protección del medio ambiente es una tarea que corresponde a todos por igual , es decir, que existe una obligación para el Estado –como un todo- de tomar las medidas necesarias para proteger el medio ambiente, a fin de evitar grados de contaminación, deforestación, extinción de flora y fauna, uso desmedido o inadecuado de los recursos naturales, que pongan en peligro la salud de los administrados.” (Ibídem, lo resaltado no corresponde al original). En España este enunciado está contenido expresamente en la Constitución Política en los numerales ciento cuarenta y ocho y ciento cuarenta y nueve; y se denomina el Principio de Coordinación Orgánica; el cual se basa en el dato de que la Constitución atribuye la función de protección de los recursos naturales con carácter compartido al Estado y las Comunidades Autónomas. La coordinación se produce cuando un problema desborda la competencia de un ente, y por esta razón se hace necesaria la coordinación con la entidad o el órgano público que corresponda y se ha definido como “la ordenación de las relaciones entre estas diversas actividades independientes, que se hacen cargo de esa concurrencia en un mismo objeto o entidad, para hacerla útil a un plan público global, sin suprimir la independencia recíproca de los sujetos agentes .” (Ibídem, lo resaltado no corresponde al original). En el ordenamiento jurídico costarricense, a nivel legal, se consagra el presente principio en el artículo 3 de la Ley Orgánica del Ambiente y a nivel internacional se ha enunciado, entre otros, en la Declaración de Estocolmo sobre el Medio Humano al contemplar que “a fin de lograr una más racional ordenación de los recursos y mejorar las condiciones ambientales, los Estados deberían adoptar un enfoque integrado y coordinado de la planificación de su desarrollo de modo que quede asegurada la compatibilidad del desarrollo con la necesidad de proteger y mejorar el medio humano en beneficio de su población.” De lo señalado, se extrae la necesaria coordinación estatal para lograr el cambar cumplimiento de las obligaciones constitucionales, importancia que se vuelve aún más importante al tratarse de la protección y preservación del medio ambiente. En este sentido, si bien existe un órgano rector en la materia, como lo es el MINAE, se hace necesaria la colaboración de otras instancias o dependencias, este Ministerio está facultado para integrar a todos aquellos involucrados, como lo son las municipalidades, que en ciertas materias son incluso las únicas con la competencia. Referente a que la lesión a este Derecho Ambiental se da tanto por acción como por omisión se desprende de la propia Constitución Política en el ya tantas veces citado artículo cincuenta, ya que como lo ha señalado la Sala Constitucional “ las omisiones al deber de protección del medio ambiente y de cumplimiento de la normativa ambiental son de relevancia constitucional, por cuanto a consecuencia de la inercia de la Administración en esta materia, se puede producir un daño al medio ambiente y a los recursos naturales, a veces, de similares o mayores consecuencias, que de las derivadas de las actuaciones de la Administración.” (Ibídem). En ese sentido, podría incluso pensarse en la omisión en el dictado de una ley indispensable para la protección del derecho a un ambiente sano y ecológicamente equilibrado, o bien, llevar a cabo una construcción sin la aprobación del Estudio de Impacto Ambiental; o ejercer los deberes de vigilancia; los cuales son apenas algunos ejemplos en los que la inactividad de la Administración, tanto formal como material, puede provocar daños graves al ambiente, muchas veces mayores que los que se producen por medio de acciones. Con respecto a la inoperancia del silencio positivo en materia de utilización de recursos naturales como es sabido, el silencio positivo es un instrumento propio del derecho administrativo y opera en toda aquella actividad fiscalizadora del Estado, cuando luego de transcurrido un plazo prudente, que en nuestro ordenamiento jurídico es de un mes [salvo norma que disponga plazo contrario] después de presentada la solicitud, la Administración no fiscaliza la actividad, entonces se entiende por otorgada. Se presenta para los permisos, autorizaciones, licencias, de conformidad con los numerales trescientos treinta y trescientos treinta y uno de la Ley General de la Administración Pública. No obstante, esta regla no resulta de aplicación en materia ambiental, ya que está por encima el derecho constitucional a un ambiente sano y ecológicamente equilibrado. Sobre la materia, la Sala Constitucional ha señalado que: “...estas reglas –silencio positivo- no son de aplicación en materia de permisos de aprovechamiento de los recursos naturales (forestales, mineros, marinos, aguas de la Nación, fuerzas que derivan de los recursos hídricos, etc.), [...], precisamente en virtud del valor superior (interés público) de la tutela del ambiente, y precisamente por la conceptualización del derecho ambiental como un derecho fundamental [...]” (Op. Cit). Este principio fue consagrado por la Sala Constitucional para los recursos forestales, sin embargo, dado que la protección se da para toda la naturaleza se entiende que rige para toda la materia ambiental, ya que la no aplicación del silencio positivo en materia ambiental, podría señalarse, que encuentra su justificación en el valor superior, o sea, el interés público, de la tutela del ambiente como un derecho fundamental. A nivel legal, se ha consagrado este “principio” de manera expresa como en la Ley Forestal es una de ellas, al disponer, de una forma muy amplia y clara, que en materia de recursos naturales no opera el silencio positivo. El problema es que debería encontrarse de manera más directa y expresa su consagración como principio, ya que como es sabido una de las formas de proteger el ambiente es precisamente impidiendo que por la inercia de la Administración se puedan tener por otorgados permisos para la explotación de los recursos naturales, que generarían, en muchos, casos daños irreparables al medio ambiente o incluso la pérdida de algunos de sus componentes. Por último, en cuanto a la participación ciudadana en los asuntos ambientales se consagra en un principio cuyo fundamento se extrae de los artículos veintisiete, treinta y cincuenta constitucionales, por cuanto los ciudadanos tienen derecho al acceso a la información de que se dispone y a la divulgación de ella para la toma de decisiones. La participación ciudadana constituye una consecuencia del principio democrático y abarca el derecho a la información relativa a los proyectos ambientales o que puedan causar una lesión a los recursos naturales y el medio ambiente y la garantía de una efectiva participación en la toma de decisiones. Por su parte, el artículo diez de la Convención de Río elevó la participación a rango de principio en materia ambiental al disponer que “el mejor modo de tratar las cuestiones ambientales es con la participación de todos los ciudadanos interesados, en el nivel que corresponda. En el plano nacional, toda persona debe tener adecuada formación sobre el medio ambiente que dispongan las autoridades públicas, incluida la información sobre los materiales y las actividades que encierran peligro en sus comunidades, así como la oportunidad de participar en los procesos de adopción de decisiones. Los estados deberán facilitar y fomentar la sensibilización y la participación de la población poniendo la información a disposición de todos. Deberá proporcionarse acceso efectivo a los procedimientos judiciales y administrativos, entre éstos el resarcimiento de daños y los recursos pertinentes.” (Lo resaltado no corresponde al original). En el Derecho Español su propia Constitución contiene la participación ciudadana en el artículo ciento veintinueve punto uno al señalar que “ La Ley establecerá las formas de participación de los interesados en la Seguridad Social y en la actividad de los Organismos públicos cuya función afecte directamente a la calidad de la vida o al bienestar general.” Además de la fundamentación constitucional, en nuestro ordenamiento, la Ley Orgánica del Ambiente contempla este principio al igual que el Reglamento sobre Procedimientos de la Secretaría Técnica Nacional Ambiental, incluso establecen la realización de una audiencia pública en el procedimiento del Estudio de Impacto Ambiental; pero el ordenamiento jurídico costarricense no está al margen de este importante postulado, ya que en un Estado Democrático de Derecho como el nuestro, la participación de la población es uno de los pilares fundamentales y debería fortalecerse más.\n\nVII.- SOBRE LA CONVENCIÓN RAMSAR: La Convención Relativa a los Humedales de Importancia Internacional especialmente como Hábitat de Aves Acuáticas, conocida en forma abreviada como Convenio de Ramsar, fue firmada en la ciudad de Ramsar (Irán) el dieciocho de enero de mil novecientos setenta y uno y entró en vigencia el veintiuno de diciembre de mil novecientos sesenta y cinco. Su principal objetivo es «la conservación y el uso racional de los humedales mediante acciones locales, regionales y nacionales y gracias a la cooperación internacional, como contribución al logro de un desarrollo sostenible en todo el mundo». Actualmente se encuentran adheridos a dicho convenio más de ciento sesenta, protegiendo más de mil novecientos humedales, con una superficie total de más de ciento noventa millones de hectáreas, designados para ser incluidos en la lista Ramsar de humedales de importancia internacional. Cada tres años los países miembros se reúnen para evaluar los progresos y compartir conocimientos y experiencias. La filosofía de Ramsar gira en torno al concepto de “ uso racional”. El uso racional de los humedales se define como \" el mantenimiento de sus características ecológicas, logrado mediante la implementación de enfoques por ecosistemas, dentro del contexto del desarrollo sostenible\". Por consiguiente, la conservación de los humedales, así como su uso sostenible y el de sus recursos, se hallan en el centro del \"uso racional\" en beneficio de la humanidad. La Convención emplea una definición amplia de los tipos de humedales abarcados por esta misión, incluidos pantanos y marismas, lagos y ríos, pastizales húmedos y turberas, oasis, estuarios, deltas y bajos de marea, zonas marinas próximas a las costas, manglares y arrecifes de coral, así como sitios artificiales como estanques piscícolas, arrozales, embalses y salinas. La misión de la Convención es “ la conservación y el uso racional de los humedales mediante acciones locales y nacionales y gracias a la cooperación internacional, como contribución al logro de un desarrollo sostenible en todo el mundo”. Esta visión se inspira en la de la Evaluación de los Ecosistemas del Milenio, que describe los ecosistemas como el complejo de comunidades vivas (incluidas las comunidades humanas) y del medio ambiente no vivo (componentes de los ecosistemas) que interactúan (a través de procesos ecológicos) como una unidad funcional que proporciona, entre otras cosas, una variedad de beneficios a los seres humanos (servicios de los ecosistemas). La Convención posee diversos mecanismos para ayudar a las Partes Contratantes a designar sus humedales más significativos como Sitios Ramsar, y para adoptar las medidas necesarias para mantener los componentes y procesos de sus ecosistemas y los beneficios que aportan. Los Sitios Ramsar se designan de acuerdo con nueve criterios, ocho de los cuales son criterios de biodiversidad, lo que pone de relieve la importancia que da la Convención a la preservación de esta diversidad mediante la designación y la restauración de humedales. La Convención también proporciona herramientas para establecer un vínculo entre la biodiversidad de los humedales y los servicios ecosistémicos como la pesca o el suministro de fruta, madera, medicinas, etc., de los que dependen las personas.  Como regla de principio en el ordenamiento patrio los territorios comprendidos en dicha convención sobre dominio público, lo que se ha dado en llamar bienes demaniales; y solo de forma excepcional y extraordinaria podría pensarse que están en manos de particulares. Naturalmente, la totalidad de los principios propios de la materia ambiental se utilizan en estas áreas del territorio nacional, en tanto la se sabe que su afectación repercute directamente sobre el entorno, y las posibilidades del acceso al agua, tanto para el presente como para las generaciones futuras.\n\nIX.- EN CUANTO AL DOMINIO PÚBLICO EN EL DERECHO AL AGUA: C on respecto al agua, la Sala Constitucional, en voto n.° 5606-06, se reconoció la condición de derecho humano al señalar:\n\n“VII.- El acceso al agua potable como derecho humano . Adicionalmente a lo señalado, y tal vez el aspecto más relevante en este tema, lo constituye la naturaleza y función del agua para la vida humana. No es necesario detallar aquí una explicación sobre la realidad evidente y notoria de que sin agua no puede haber vida, ni calidad de vida, y que por lo tanto, con ley o sin ley de nacionalización, por su propia esencia, este tema, no es ni puede ser un tema territorial o local. La propia Sala en su jurisprudencia constitucional ha dicho que el acceso al agua potable es un derecho humano fundamental, en cuanto se configura como un integrante del contenido del derecho a la salud y a la vida. (SALA CONSTITUCIONAL, sentencias números 534-96, 2728-91, 3891-93, 1108-96, 2002-06157 2002-10776; 2004-1923). Esta misma línea se ha mantenido en las sentencias 2003-04654 y 2004-07779, que en lo que interesa señalan:  // ‘V.- // La Sala reconoce, como parte del Derecho de la Constitución , un derecho fundamental al agua potable, derivado de los derechos fundamentales a la salud, la vida, al medio ambiente, a la alimentación y la vivienda digna, entre otros, tal como ha sido reconocido también en instrumentos internacionales sobre Derechos Humanos aplicables en Costa Rica: así, figura explícitamente en la Convención sobre la Eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer (art. 14) y la Convención sobre los Derechos del Niño (art. 24); además, se enuncia en la Conferencia Internacional sobre Población y el Desarrollo de El Cairo (principio 2), y se declara en otros numerosos del Derecho Internacional Humanitario. En nuestro Sistema Interamericano de Derechos Humanos, el país se encuentra particularmente obligado en esta materia por lo dispuesto en el artículo 11.1 del Protocolo Adicional a la Convención Americana sobre Derechos en Materia de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (“Protocolo de San Salvador” de 1988), el cual dispone que: “Artículo 11. Derecho a un medio ambiente sano 1.-Toda persona tiene derecho a vivir en un medio ambiente sano y a contar con servicios públicos básicos’. La carencia de recursos no justifica el incumplimiento de los cometidos de las administraciones públicas en la prestación de este servicio básico. (SALA CONSTITUCIONAL, resoluciones 2003-04654 y 2004-007779). // Por su parte, como bien lo reconocen tanto la Procuraduría como el representante del AyA en sus informes, en el campo internacional también es mayoritario el reconocimiento del agua como derecho humano y como una pre-condición necesaria para todos nuestros derechos humanos. Se sostiene que sin el acceso equitativo a un requerimiento mínimo de agua potable, serían inalcanzables otros derechos establecidos -como el derecho a un nivel de vida adecuado para la salud y para el bienestar, así como de otros derechos civiles y políticos. En noviembre del 2002, el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de las Naciones Unidas afirmó que el acceso a cantidades adecuadas de agua limpia para uso doméstico y personal es un derecho humano fundamental de toda persona. Asimismo en el Comentario General No. 15 sobre el cumplimiento de los artículos 11 y 12 del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, el Comité hizo notar que ‘el derecho humano al agua es indispensable para llevar una vida en dignidad humana. Es un pre-requisito para la realización de otros derechos humanos’. Se enfatiza también que los Estados miembros del Pacto Internacional tienen el deber de cumplir de manera progresiva, sin discriminación alguna, el derecho al agua, el cual da derecho a todos a gozar de agua suficiente, físicamente accesible, segura y aceptable para uso doméstico y personal. // Por su parte se han dado varias conferencias internacionales entre las que destaca la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Agua llevada a cabo en Mar de Plata en 1977 que reconoció que todos los pueblos tienen derecho al acceso a agua potable para satisfacer sus necesidades básicas. También, la Declaración sobre el Derecho al Desarrollo, adoptada por la Asamblea General de la ONU, de 1986 incluye un compromiso por parte de los Estados de asegurar la igualdad de oportunidades para todos para disfrutar de los recursos básicos.  // El concepto de satisfacer las necesidades básicas de agua se fortaleció más durante la Cumbre de la Tierra de 1992 en Río de Janeiro. En la Agenda 21, los gobiernos acordaron que \"al desarrollar y usar los recursos hídricos, debe darse prioridad a la satisfacción de las necesidades básicas y a la conservación de los ecosistemas. De igual forma, en el Plan de Implementación adoptado en la Cumbre de Johannesburgo en el 2002, los gobiernos se comprometieron a \"emplear todos los instrumentos de políticas, incluyendo la regulación, el monitoreo..... y la recuperación de costos de los servicios de agua,\" sin que los objetivos de recuperación de costos se conviertan en una barrera para el acceso de la gente pobre al agua limpia. Asimismo existen decenas de instrumentos internacionales que directa e indirectamente tienen que ver con el agua como un derecho humano de todas las personas y pueblos, de tal forma que no sólo es un tema que por su naturaleza tiende a la nacionalización, sino a la internacionalización de su uso y aprovechamiento”.\n\nVéase como más allá del sustento normativo, el carácter demanial del agua es una consecuencia necesaria del imperioso requerimiento que presenta para la vida humana, lo que lleva apajerado que el norte normativo interno se sustente en el artículo veintiuno constitucional. A nivel infra constitucional, su demaniabilidad viene regulada inicialmente en la Ley de Aguas, número 276, de veintiséis de agosto de mil novecientos cuarenta y dos:\n\n\"Artículo 1º.- Son aguas del dominio público: // I.- Las de los mares territoriales en la extensión y términos que fija el derecho internacional;  // II.- Las de las lagunas y esteros de las playas que se comuniquen permanente o intermitentemente con el mar; // III.- Las de los lagos interiores de formación natural que estén ligados directamente a corrientes constantes; // IV.- Las de los ríos y sus afluentes directos o indirectos, arroyos o manantiales desde el punto en que broten las primeras aguas permanentes hasta su desembocadura en el mar o lagos, lagunas o esteros;  // V.- Las de las corrientes constantes o intermitentes cuyo cauce, en toda su extensión o parte de ella, sirva de límite al territorio nacional, debiendo sujetarse el dominio de esas corrientes a lo que se haya establecido en tratados internacionales celebrados con los países limítrofes y, a falta de ellos, o en cuanto a lo no previsto, a lo dispuesto por esta ley;  // VI.- Las de toda corriente que directa o indirectamente afluyan a las enumeradas en la fracción V; // VII.- Las que se extraigan de las minas, con la limitación señalada en el artículo 10; // VIII.- Las de los manantiales que broten en las playas, zonas marítimas, cauces, vasos o riberas de propiedad nacional y, en general, todas las que nazcan en terrenos de dominio público; // IX.- Las subterráneas cuyo alumbramiento no se haga por medio de pozos; y // X.- Las aguas pluviales que discurran por barrancos o ramblas cuyos cauces sean de dominio público. // Artículo 2º.- Las aguas enumeradas en el artículo anterior son de propiedad nacional y el dominio sobre ellas no se pierde ni se ha perdido cuando por ejecución de obras artificiales o de aprovechamiento anteriores se alteren o hayan alterado las características naturales.\n\nExceptúanse las aguas que se aprovechan en virtud de contratos otorgados por el Estado, las cuales se sujetarán a las condiciones autorizadas en la respectiva concesión. .\"\n\n \n\nPor su parte para cuando acaeció el otorgamiento de la concesión estaba vigente , la Ley 258 del dieciocho de agosto de mil novecientos cuarenta y uno, Ley del Servicio Nacional de Electricidad, que señalaba:\n\n“Artículo 1: Todas las aguas de la República, que no sean dominio privado de acuerdo con la Ley de Aguas vigente, … son inalienable y del dominio, gobierno y vigilancia del Estado”\n\n \n\nAbona a lo dicho lo dispuesto por el artículo cuarto del Código de Minería (Ley 6797 del 4 de octubre de 1982) que señala:\n\n“Artículo 4.- ….  las aguas subterráneas y superficiales, se reservan para el Estado y sólo podrán ser explotados por éste, por particulares de acuerdo con la ley, o mediante una concesión especial otorgada por tiempo limitado y con arreglo a las condiciones y estipulaciones que establezca la Asamblea Legislativa.\n\nLos recursos naturales existentes en el suelo, en el subsuelo y en las aguas de los mares adyacentes al territorio nacional, en una extensión de hasta doscientas millas a partir de la línea de baja mar, a lo largo de las costas, sólo podrán ser explotados de conformidad con lo que establece el inciso 14) ( último párrafo ) del artículo 121 de la Constitución Política.”\n\n \n\nEn consecuencia, podemos asegurar que el derecho al agua, como liquido fundamental para la existencia humana, se torna un tema de derecho fundamental en el ordenamiento patrio; lo que es coherente con el convenio Ramsar y que obliga (salvo raras ocasiones) a que estas áreas del territorio son bienes demaniales. Lo contrario puede poner en riesgo no solo las generaciones actuales, sino incluso las futuras.\n\nX.- SOBRE LA POSESIÓN CIVIL Y LA POSESIÓN AGRARIA:  Los derechos reales son las relaciones jurídicas directas e inmediatas entre una persona y una cosa. La figura proviene del Derecho romano ius in re o derecho sobre la cosa; es un término que se utiliza en contraposición a los derechos personales o de crédito.El artículo cuarenta y cinco constitucional, en lo que interesa señala: \" Artículo 45.- La propiedad es inviolable; ...\" En complemento con la norma constitucional, la que por cierto, no define que es el derecho de propiedad, el artículo doscientos sesenta y cuatro del Código Civil, señala: \" ARTÍCULO 264.- El dominio o propiedad absoluta sobre una cosa, comprende los derechos:// 1.- De posesión.// 2.- De usufructo.// 3.- De transformación y enajenación.// 4.- De defensa y exclusión; y // 5.- De restitución e indemnización. La usucapión o prescripción positiva es la adquisición del dominio u otro derecho real poseible, por la posesión continua del tiempo y con las condiciones que establece la ley. De modo, pues, que el usucapiente, durante ese tiempo y con esas condiciones aparece, figura, actúa o viene comportándose como titular del derecho de que se trata, aún cuando ese derecho no le pertenecía originalmente, se convierte en suyo en virtud de esa figuración pública. Normalmente está asociada al derecho de propiedad y tiene por interés garantizar la seguridad jurídica. El fundamento del instituto tiene sustento en que al cabo de cierto tiempo, resulta conveniente que quien se ha comportado como tal adquiera el derecho respectivo. Por otro lado lleva implícito un castigo, para el detentario de un derecho, quien abandona su condición o el bien por un tiempo prologando, de suerte que el derecho le castiga permitiendo que la otra persona asuma lo que su titular no quiso para sí. Se niega así la posibilidad de una acción reinvidicatoria hacia el titular original, al consolidarse un nuevo derecho que inició en forma precaria y que adquiere la fortaleza y protección jurídica, al cumplimiento de los requisitos.  Este instituto permite generar un derecho originario. En nuestro ordenamiento civil, solo existe la prescripción decenal, haciendo alusión al plazo exigido, pero en otro ordenamientos se exigen plazos mayores cuando no se presenta la totalidad de los requisitos, diversos del mero transcurso del tiempo, el tema presenta una gran importancia con respecto al justo titulo como se verá. La doctrina y la legislación exigen como requisitos la posesión, la que debe ser pública, pacífica, continua, ininterrumpida, y a título de dueño (artículo 853 del Código Civil), pasemos a analizar cada uno de estos aspectos.  La posesión es la detentación material del bien que se pretende obtener y que proporciona la inequívoca seguridad de diferenciar claramente el bien que se pretende. Es una subordinación de hecho, consistente y tutelable por el ordenamiento jurídico, que se ejerce en los bienes en forma exclusiva, total o parcial en virtud de la cual una persona actúa sobre los mismos como si fuera su titular, con las limitaciones que señala la ley y el interés social. La publicidad de la posesión radica en que no se disfruta oculta o clandestinamente, sino a la  vista y paciencia de propios y extraños. Presupone que es de conocimiento general de la comunidad, permitiendo que el propietario o quien resulte afectado tenga la posibilidad de enterarse y si es del caso oponerse por los mecanismos que el mismo ordenamiento establece. El carácter pacifico de la posesión implica un ejercicio del derecho real sin el empleo de actos materiales violentos o amenazas graves contra el sujeto titular del bien. No esta demás indicar que cada actuación violenta interrumpe el plazo corrido. Mientras que la continuidad es una sucesión de actos ocurridos uno después del otro, sin la presencia de intervalos largos que pudieran generar lagunas o dudas. Es una sucesión regular, lo que no es sinónimo del uso continuo, sino que al menos los intervalos sean normales para cualquier propietario diligente. El carácter de ininterrumpida determina que no cese la posesión tanto en el plano material como el plano jurídico, como en el caso de alguna reclamación. Además de la posesión se hace necesario el cumplimiento del plazo, que para la especie es de diez años, según ya adelantamos. Igualmente, debe mediar buena fe, o lo que es lo mismo haber actuado con honestidad, con apego a la ley y con la certeza de no estar perjudicando a ninguna persona; se trata de una actitud psicológica y ética recta. El artículo ochocientos cincuenta y cinco del Código de marras exige que este presente la buena fe durante todo el período que se ejerza la posesión. Para tener este atributo se debe contar con los elementos morales y jurídicos necesarios en la conducta de su agente. El último requisito es el denominado como justo titulo. El artículo ochocientos cincuenta y tres del Código Civil exige como requisito la existencia de un título traslativo de dominio, a saber un hecho suficiente (por ejemplo compra, donación, transacción, herencia, etc) para haber producido, mediante la tradición, la adquisición del derecho de propiedad u otro.  Es en efecto de un acto jurídico a través del cual una cosa en el patrimonio de una persona y se ha efectuado bajo el cumplimiento de las disposiciones legales correspondientes y establecidas por el ordenamiento jurídico para el caso o negocio de que se trate. Así el titulo, debe ser lícito, de manera que el derecho de posesión ad usucapionem debe tener un sustento, la causa jurídica debe estar presente. De allí que algunos ordenamientos permiten eximir este requisito, siempre que el plazo se incrementa considerablemente, utilizándose por lo general los treinta años. Por su parte, la usucapión agraria, base del derecho agrario, tiende a procurar que la tierra cumpla su función social o socio - económica en beneficio de la colectividad, mientras que la usucapión civil se orienta únicamente por el tema de la seguridad jurídica. Si bien presentan un efecto jurídico semejante, juegan un papel diverso; de allí que el derecho agrario se le considera como \"dinámico\", en contraposición al civil que se le pellorativiza como \"estático\". La usucapión agraria protege, estimula, premia únicamente al que trabaja la tierra otorgándole la calidad de propietario. Esta posesión debe ser más activa y consiste en que se ponga a producir el inmueble, por lo que el simple deslinde, amojonamiento o limpieza del fundo (elementos suficientes para el derecho civil), son elementos en materia agraria, pero insuficientes para consolidar derecho alguno. Otro aspecto importante es que en esta materia desaparece los requisitos de justo título y buena fe, de manera que el primero es sustituido por el trabajo, mientras que con respecto a la buena fe, no interesa el si se está perjudicando a otro, lo importante es que trabaje el terreno. Se supone que los actos de posesión se realizan por necesidad de allí que este estado neutraliza la mala fe (ver artículo 52 de la Ley de Tierras y Colonización). No está demás indicar que la ley de Informaciones Posesorias, No. 139 de 1941 establece un procedimiento especial no contencioso por medio del cual se formaliza el titulo de propiedad,  no esta demás indicar que si la demanda victoriosa lleva implícito la generación de un nuevo titulo, al mismo tiempo produce la cancelación de cualquier otro título que se contraponga, de allí que la usucapión presente dos efectos, uno negativo, consistente en la elimitación de los derechos preexistentes (como prescripción negativa) y otro positivo, al generar un derecho para el poseedor. Por último no podemos dejar de mencionar que el bien poseído, debe estar en el comercio de los hombres, lo que nos llega al tema de bienes demaniales ya expuesto, los que en principio no se pueden adquirir por este procedimiento.\n\nXI.- EN CUANTO LA DEMANDA: Realizadas las aclaraciones anteriores, ya se hace posible analizar en concreto la pretensión formulada por el señor actor. Debe precisarse que si bien los requerimientos iban orientados originalmente a fin de que se declarara el derecho de propiedad del señor González Rojas, con el advenimiento de la sentencia penal que anuló dicho título, lo solicitado se orientó a requerir la declaratoria del derecho de posesión. Siendo que los argumentos vertidos sobre el derecho de propiedad por esa parte se tornan estériles e innecesarios, omitiéndose cualquier pronunciamiento sobre ese particular. Por otro lado, debe aclararse que el mecanismo legal para constituir un título de propiedad a partir de la posesión lo es la información posesoria, como proceso no contencioso, de manera que este proceso de conocimiento plenario no viene a destruir o generar un mecanismo que el legislador tiene regulado de diversa forma. De manera que las pretensiones se analizan dentro del margen de competencia que nos corresponde. Del elenco de hechos probados, se tiene por acreditado que el señor cuenta con un plano catastrado del año mil novecientos noventa y ocho sobre un terreno que se traslapa sobre otro que está debidamente inscrito a favor del Instituto Costarricense de Electricidad, lo que prima facie daría una discusión del mejor derecho, pero la situación cambia radicalmente por la naturaleza del bien en consideración. Así tenemos que la finca fue adquirida y se encuentra dedicada a ser zona de protección el embalse arenal,  esto llevó al ente público a procurar su reforestación de forma artificial (según narro el testigo Soto Bolaños) y al considerar los altos costos del proyecto se orientó la iniciativa hacia que la reforestación fuera de manera natural, permitiendo la recuperación de la naturaleza por ella misma. Valga decir que aquello que a los ojos de un tercero podía representar un bien en abandono, una persona abezada en la materia habría detectado el esfuerzo de cuarenta años de recuperación natural del territorio. Lo que evidentemente lo consolida en un bien demanial de conformidad con el artículo doscientos sesenta y uno del Código Civil, en cuanto corresponde a una cosa que otorga sustento a un servicio público, como lo es él de agua potable y la electricidad. En ese marco, el bien está fuera del comercio de los hombres y consecuentemente, ninguna posesión civil puede darse sobre el inmueble, y mucho menos corre prescripción adquisitiva en su contra. Más el asunto no llega hasta allí. Del elenco de hechos probados, se evidencia como el terreno es parte de un sitio RAMSAR sobre el cual existe un compromiso nacional e internacional de protección y mantenimiento como un bien no solo de La Nación, sino de la humanidad, lo que lleva aparejado que cualquier actividad desplegada en el terreno debe ser acorde con los lineamientos que al efecto emite el Ministerio de Ambiente y Energía, en acopio con una serie de políticas de orden internacional. Estamos frente a un humedal, sumamente frágil y que no puede tratarse como un territorio con vocación agrícola, consecuentemente no puede ser motivo de prescripción adquisitiva. Todo indica que ese bien demanial presenta como única vocación su recuperación de forma artificial o natural a la regeneración. De hecho, según se aprecia en los hechos probados, las actividades desplegadas por el señor actor para procurar producir la tierra desde el punto de vista ambiental corresponden a daños, en tanto retrasan o dificultan la generación natural que presenta la zona. El abogado del actor realizó un esfuerzo significativo durante el debate en indicar que se habían respetado las áreas de bosque natural (sobre lo cual no se aportó prueba alguna), pero olvida que la idea no es solo la manutención del bosque existente, sino la ampliación de este a todo el área de protección; de manera que el argumento se torna estéril. Realizadas estas precisiones, se hace imperativo entrar a cotejar la pretensión en concreto. Como primer requerimiento el señor accionante solicita: \" I.-Que el actor José Luis González Rojas es el único dueño del inmueble del Partido de Guanacaste, a título de poseedor agrario y forestal, de la finca ubicada en el Cairo del distrito Tercero Tronadora, del cantón octavo, Tilarán, de la provincia de Guanacaste, con una medida de seiscientos setenta mil cuarenta y tres metros con cincuenta y siete metros cuadrados, detallada en el plano catastrado numero G-0491856-1998. \" Evidentemente existe una falta de precisión terminología en tanto no es posible ser propietario de una posesión, en tanto esta última es un atributo de la primera; pese a esto, el Tribunal interpreta que lo peticionado es que se declare legitima la posesión ejercida frente a la contraparte.  Una aclaración debe realizarse de previo, si se consideran los planos del actor y del ente público, todo parece indicar que podría existir área de terreno que no están cubiertas por el título de propiedad del segundo, y en tanto no se encuentren inscritas bien podrían ser reclamadas por el proceso de la información posesoria; empero, al estarse solicitando un pronunciamiento en cuanto la totalidad de terreno comprendido en el plano supracitado, nos obliga a considerar la finca como una sola. Claro esta, eso no impide que el actor concurra en el proceso respectivo a solicitar la inscripción del terreno que no este comprendido, si es que efectivamente esa fuera la realidad imperante. Ahora bien, al respecto debe señalarse que el referido señor no puede ser poseedor de ese bien, en la medida que como se indicó es un bien demanial fuera del comercio de los hombres, sobre el cual es jurídicamente imposible constituir derecho civil o agrario alguno. Vemos como el título de propiedad se constituyó hace cuarenta años y desde ese momento esta afecto a los fines públicos. Entre los argumentos del actor se hizo ver que el plazo que tangibiliza el área concreta de terreno (el plano catastrado) es de hace poco menos de diez años, mientras que el del señor González Rojas es anterior. Al respecto debe recordarse que efectivamente la necesidad de contar con plano inscrito con el mismo asiento de la finca es de data muy reciente, de suerte que anteriormente las fincas aún cuando contaban con plano no era necesario indicarlo en el asiento de esta. Es de menos de veinte años que ese requisito varió. De esa manera la finca del ente público es anterior a la del señor actor y no al contrario, todo sin perjuicio que el derecho que ostenta el ICE es mejor y prevalece sobre el del particular.  En dicho marco, sin mayor esfuerzo, debe rechazarse la primera solicitud. Como segunda solicitud, requiere el accionante \"II.- Que el actor José Luis González Rojas ha ejercido la posesión durante aproximadamente unos veinticinco años en forma pública, pacífica, ininterrumpida, de buena fe y a título de dueño.\" Según los elementos de convicción aportados al expediente, el actor ha estado realizando actos agrícolas en la zona desde el año mil novecientos noventa por lo menos y ha producido algunos cultivos agrícolas, así como alguna actividad ganadera, lo que resulta cuestionable es que todo indica que el ente público no se percató oportunamente de la situación. Si bien las legumbres y hortalizas son productos de estación, con proceso de crecimiento de pocos meses, una labor de vigilancia adecuada habría detectado oportunamente esa actividad. En dicho marco, se llama la atención al ente público de su deber de realizar esta función con la seriedad que merece. Ahora bien, en cuanto a lo solicitado refiere, como ya se dijo no es posible ejercer posesión civil o incluso agraria (el actor en el juicio habló de posesión forestal, pero en sentido técnico jurídico esta última no es ni más ni menos que la agraria). Cualquier acto en ese sentido se torna antijurídico, e ilícito, careciendo de acción para protegerlo. Para que un bien pueda ser poseído, es imperativo que la naturaleza de este lo permita, lo que no se consolida en este caso. De manera que no es posible declarar la existencia de posesión alguna y mucho menos que esta sea pública, pacífica, ininterrumpida, de buena fe y a título de dueño. Durante el juicio oral y público el representante del actor hizo ver la existencia de una posesión agraria y forestal sobre el terreno, cuando en realidad el ordenamiento solo reconoce dos tipos de formas de ejercer ese derecho real, la civil y la agraria. La posesión forestal no es más que una manifestación de la agraria. Aún tratando de otorgar sentido al argumento (lo que como ya indicamos no lo presenta) debe aclararse que uno de los requerimientos de la posesión agraria es la necesidad, es decir, la búsqueda de un agricultor sin fundo de un terreno donde producir y a partir de allí beneficiarse para si y su familia, pero por la cantidad de hectáreas que el señor González Rojas reclama, y por las manifestaciones de su propio testigo, es evidente que sus actos se han limitado a una pequeña parte y no a la totalidad del inmueble. Lo que impone el rechazo de este segundo requerimiento. Como tercera pretensión se solicita: \" III.- Que los actos posesorios que ha ejercido el actor José Luis González Rojas, durante todo ese tiempo han consistido en lo siguiente: a) Construir sobre su finca antes descrita tres casas de habitación de madera y zinc, b) Una cerca de alambres de cuatro hilos con postes de madero negro, c) Destinar parte de la finca a la siembra y cultivo de una hectáreas de frijoles y tres hectáreas de maíz, así como de árboles frutales (naranja, aguacate, mangos, pipas, nances injertados, yuplones, carambolas, zapotes entre otros). d) El establecimiento de una lechería y una granja en producción con veinticuatro animales dentro de los cuales habían: diecinueve vacas lecheras, dos toros semetales (simental y pardo suizo), tres toretes, quince gallinas y un perro pastor australiano\"  Como se puede apreciar lo solicitado es derivado del anterior requerimiento, sin perjuicio que resulta discutible si estamos en presencia de una pretensión o de un hecho. Como bien se ha indicado en ocasiones anteriores, un hecho probado o no probado, es la constatación de que algo ocurrió en la realidad, mientras que una pretensión declarativa es una valoración jurídica, que establece una situación jurídica a partir de un hecho probado o no probado. En este caso, lo pedido más parece un hecho que una pretensión. Estaríamos en los supuestos del canon ciento noventa y cinco de la Ley General de la Administración Pública la que impide el reconocimiento de responsabilidad alguna frente a actos ilegítimos o contrarios a derecho, que es lo señalado por el artículo veintidós del Código Civil como un abuso del derecho. En todo caso, las actividades desplegadas por el promovente del expediente, como ya se ha indicado se tornan ilícitas y se consideran más daños al medio ambiente, que actos de posesión, por lo que se debe rechazar también. En cuarta solicitud se requiere, \"IV.- Que el actor José Luis González Rojas, es el único y exclusivo poseedor de la finca antes descrita.\"  Nuevamente tenemos una pretensión derivada de la primera, en tanto que se solicita se declare el derecho de posesión, lo que como ya se ha indicado de forma reiterada no es jurídicamente viable, bastando con indicar que debe rechazarse también. Por quinta pretensión se señala : \"V.- Que el plano castrado número G-1168748-2007 a nombre del Instituto Costarricense de Electricidad, se encuentra traslapado con el plano castrado número G-0491856-1998 que describe la finca ciento cuarenta y cuatro mil setecientos cincuenta - cero cero cero, que está a nombre de José Luis González Rojas.\"  Antes que nada debe indicarse que el señor González Rojas no enderezó esta pretensión a lo resuelto con autoridad y eficacia de la cosa juzgada dispuesto por el Tribunal de Juicio del Tercer Circuito Judicial de San José, en cuanto canceló el asiento de la finca del accionante. Más a fin de otorgar coherencia el tribunal entiende que la parte esta pidiendo que se declare que ambos planos citados están traslapados. Nuevamente tenemos un problema de técnica jurídica, en tanto estamos en presencia de un hecho, que por cierto esta probado, y no de una pretensión declarativa.  Que los planos del ICE y el señor González Rojas se traslapan es un tema incontrovertible, según se acreditó del estudio telegráfico realizado por el Organismo de Investigación Judicial. Es lógica media para traslaparse las fincas deben estar ubicadas en el mismo lugar.  Si bien en juicio el abogado Jiménez Meza en algún momento hizo ver dudas en cuanto a que las fincas estuvieran ubicadas en el mismo lugar, la prueba técnica resulta incontrovertible en cuanto a esa situación, de hecho tampoco se aportó prueba en contra de esto.  Declarar que los planos presentan áreas comunes es un mero hecho, no lleva incluido valoración jurídica alguna, y por eso motivo dentro del elenco de hechos debidamente acreditados se ha plasmado en esos términos. Al tratarse de un hecho y no de una pretensión debe también ser rechazado. El sexto requerimiento se solicitó: \" VI.- Que se anule y deje sin ningún efecto ni valor jurídico, el plano castrado número G-1168748-2007 a nombre del Instituto Costarricense de Electricidad, por encontrarse traslapado sobre otra finca inscrita.\" Ahora sí estamos frente a un pretensión declarativa, pero se hace necesario hacer algunas precisiones. Un plano catastrado no constituye estado o situación jurídica para el beneficiario del documento. Lo único que manifiesta es que la persona allí consignada se hace llamar como propietario, poseedor o beneficiario de una servidumbre en los términos allí descritos.  Su eficacia jurídica depende exclusivamente de un proceso jurisdiccional que a la postre venga a otorgarle algún efecto sobre dicha manifestación. No corresponde a un acto final, sino de trámite dentro de otro ulterior. Ya solo por ese aspecto la pretensión no merece abrigo. Pese a esto, debe agregarse que el título de propiedad (el derecho por excelencia, en tanto la posesión es solo uno de los derechos reales que componen el dominio) es del Instituto Costarricense de Electricidad y no el de don José Luis, con el agravante que la finca descrita es demanio público. Para que esta pretensión pudiera tener alguna coherencia, la parte debería acreditar que el ente público tomó una zona que originalmente no era parte de su propiedad, lo que no está realizando.  Así las cosas, lo solicitado debe ser rechazado sin mayor cuestionamiento. Por sexta a duodécimo solicitud se establece:  \"VII.- Que los aquí demandados ingresaron a la finca - antes indicada propiedad de José González Rojas conduciendo dos vehículos rotulados con el logo del ICE, en compañía de otros funcionarios de la misma institución accionada, y varias ocasiones procedieron a destruir la construcción de la casa de habitación allí construida (sic) y las cercas. El fibrolit lo quemaron y dañaron por completo. Cuando se volvieron a edificar las casas posteriormente las mismas fueron destruidas, por lo que en menos de un año destruyeron tres casas allí construidas. VIII.- Que los aquí demandados además .... se llevaron herramientas y artículos como : una motosierra huscuarnan, bote inflable salvavidas, bomba de fumigar, una carabina marca Marlen calibre 22 de magazin, así como herramientas que se ocupan en la finca, como palas, martillo, pico, tienda de campaña, utensilios de la lechería, lecheras, monturas, cocina de gas, camas, colchones, cobijas, muebles de comedor, muebles de sala, rollos de manguera y procedieron a llevarse todos los demás materiales. IX.- Que los aquí demandados, procedieron a destruir una gran área sembrada de árboles frutales, jardines, cercas de toda la finca y restos de los materiales que quedaron se los llevaron. X. Que los aquí demandados, procedieron a destruir las cercas, produciendo graves daños porque todos los animales salieron sin control de la finca ahuyentados por ellos por los alrededores y por ende los están destazando, ya que aparecen macheteados en la vía pública y otros no aparecen. XI Que todos estos destrozos y daños producidos por los aquí demandados, lo realizaron por órdenes del Instituto Costarricense de Electricidad accionado. \" Nuevamente tenemos un problema de técnica jurídica se establecen hechos como si pudieran ser objeto de pretensiones declarativas, lo que genera el rechazo de estos, sin más que agregar.  Solo cabe indicar que es un hecho no controvertido que las actuaciones de las personas físicas demandadas fue en cumplimiento de sus deberes como funcionarios públicos, bajo ordenes de la empresa pública demandada. La pretensión número trece, establece: \"XIII.- Que los accionados solidariamente, están obligados al resarcimiento total de los daños (damnun emergens), que corresponden a los materiales ocasionados sobre la finca del actor José Luis González Rojas, consistente los mismos en la destrucción total que los accionados realizaron dentro de la finca de lo siguiente: a) Tres casas, las cuales se cuantifican en la suma de treinta millones de colones. b) Las cercas destruidas, cuyo costo anda en la suma de dos millones de colones entre el alambre de púas y los postes de madero negro. c) Las vacas lecheras, por las diecinueve vacas productoras de leche, cuyo costo en el mercado oscila en la suma de diecinueve millones de colones a razón de un millón de colones por vaca lechera. d) Por los dos toros sementales, la suma de tres millones de colones, desglosado así: Por el Toro Simental, la suma de dos millones de colones, por el toro Pardo Suiso la suma de un millón de colones. e) por los tres toretes de carne, que ascienden a un monto de seiscientos mil colones los tres, a razón de doscientos mil colones cada uno; f) Una hectárea de frijol a un costo de dos millones de colones, g) tres hectáreas de maíz a un costo de seis millones de colones y h) Por los arboles frutales destruidos la suma de tres millones de colones. Lo que arroja un daño material total de sesenta y cinco millones setecientos mil colones. \"  Varios aspectos deben precisarse sobre el particular, nada determina cómo eran las construcciones de casas realizadas por el señor González Rojas, y mucho menos que presenten el valor que él indica. Por el contrario, las únicas fotografías que sirven de ilustración al respecto, nos ubica una estructura de latas de zinc como paredes y techo, sin piso, en una sola pieza o cuarto, que difícilmente presentaría un valor de diez millones de colones (la tercera parte de lo pedido por este concepto). Tampoco se acreditan los alcances de las cercas construidas por el promotor del expediente y que supuestamente fueron destruidas y mucho menos el valor económico de estas. No se logra probar cuantas vacas se extraviaron en los desalojos, ni el valor de mercado de estas.  Incluso, tampoco se acredita que estas fueron entregadas a Salud Aminal como lo hace ver el ente público. Además si bien se acreditan algunas plantaciones, no hay prueba que indique cual es el área producida y la utilidad que podría haberse generado. Es de recordar al respecto que el artículo trescientos diecisiete del Código Procesal Civil con relación al doscientos vigente del Código Procesal Contencioso Administrativo obliga a quien afirma a probar su dicho, para resultar victorioso, obligación no satisfecha en la especie. Lo que nos lleva al rechazo de la solicitud. Más en todo caso, se trataría de obras sobre bien ajeno, lo que eventualmente podría ser calificado como mejoras; lo que pasa que en este caso lejos de mejorar el fundo, representan daños sobre un bien destinado a su recuperación natural, lo que lleva de nuevo a la conclusión del rechazo de estas. No está demás recordar sobre este particular lo señalado por el artículo ciento noventa y cinco de la Ley General de la Administración Pública en cuanto a que no procede el reconocimiento de responsabilidad frente a hecho ilícito, que es exactamente lo que ocurre en la especie. La solicitud numero trece tiene por texto: \" XIII.- Que los accionados solidariamente, están obligados al resarcimiento total de los perjuicios (lucrum cessans), consistente en las ganancias o utilidad frustrada o dejada de percibir, en lo que la finca producía en virtud de los daños materiales ocasionados o utilidad frustrada o dejada de percibir, en lo que la finca producía en virtud de los daños materiales ocasionados .... que provocó el cese total de la producción de la siguiente: a) De la lechería, cuya producción mensual oscilaba entre 22,800 kilos, a razón de cuarenta kilos por cada una de las diecinueve vacas lecheras, lo cual arroja una suma mensual de seis millones ochocientos cuarenta mil colones, por un período aproximado de tres años que es el retorno de una inversión normal en un negocio, nos arroja una suma total de doscientos cuarenta y seis millones doscientos cuarenta mil colones. b) De la producción de maíz en tres hectáreas, por cosecha que cada seis meses, a razón de veinte mil elotes por hectárea, sea sesenta mil elotes por tres hectáreas, a un costo de cien colones por elote, estamos hablando de una pérdida semestral de seis millones de colones, lo cual por un período aproximado de tres años que es el plazo indicado del retorno de la inversión normal es un negocio aproximadamente, arroja una suma total de treinta y seis millones de colones. c) De la producción de frijoles en una hectárea, por cosecha que es anual, a razón de cuarenta quintales anuales por hectárea, a un costo de dos millones de colones, estamos hablando de una pérdida, por un período aproximado de tres años que es el plazo indicado del retorno de la inversión normal en un negocio aproximadamente de seis millones de colones. Tales perjuicios representan las pérdidas o ganancias dejadas de percibir, durante todo ese lapso de tiempo (sic), en las que mi patrimonio del actor se vió afectado injustamente, los cuales ascienden a la suma global de doscientos ochenta y ocho millones doscientos cuarenta mil colones... El período de tres años antes indicado se computa a partir del inicio de las perturbaciones y destrozos ocasionados por los accionados en la finca propiedad del actor, sea a partir del cinco de diciembre de dos mil siete.\" Lo indicado en el punto anterior resulta de plena aplicación a esta solicitud también. Existe una ausencia absoluta de material probatorio, no es posible ubicar nada que permita establecer el valor del daño sufrido, pero además de eso, el mismo se torna antijurídico, en contradicción del artículo ciento noventa y cinco de la Ley General de la Administración Pública. El Tribunal no tiene medios para saber que ha sembrado el señor actor, cual sería la utilidad de estos, como se realizaron las expulsiones del bien demanial; en general existe una insuficiencia probatoria que no puede ser llenada por la Cámara cuando debieron ser las partes quienes aportaran prueba en uno u otro sentido, lo que en efecto no hicieron. Incluso, si hubiera prueba en ese sentido, se podría haber cotejado si el desalojo se realizó con excesiva violencia, lo que eventualmente podría haber degenerado en responsabilidad para el afectado. Lamentablemente, la ausencia de prueba es manifiesta. En consecuencia se rechaza lo pedido también.  Lo peticionado como número catorce, señala: \" XIV.- Que los accionados solidariamente, están obligados al resarcimiento total del daño moral subjetivo sufrido por el actor José Luis González Rojas, consistente en la impotencia, desesperación, angustia y zozobras que le han ocasionado la serie de actuaciones, destrozos, y destrucciones de los accionados a mi propiedad; el hecho de verme en un momento dado sin nada de lo que había construido por todo el tiempo de posesión de la finca aquí mencionada de mi propiedad, para lo cual vengo a liquidar el mismo en la suma de setenta millones de colones, a razón de diez millones de colones que deberá cancelar cada uno de los demandados y treinta millones de colones que deberá cancelar el instituto accionado... Daño moral que deviene por todos los sufrimientos que ha padecido el actor José Luis González Rojas y le han afectado profundamente, tanto a nivel comercial como familiar, ya que por más que ha buscado la forma de volver a levantar su negocio de queso y leche, se le ha visto dificultado tal labor, porque todavía a la fecha tiene que estar saliendo hasta altas horas de la noche para ir a ver quien esta haciendo destrozos en la finca. De aquí, que todas estas angustias sufridas, viene a ocasionar un daño moral profundo, aunado al hecho de ver destazados sus animales, cuyo valor sentimental es incalculable.\"  El Tribunal puede comprender que efectivamente el señor José Luis González Rojas debió haber sufrido cada vez que ha sido obligado a abandonar el terreno base de la disputa, pero es criterio del Tribunal que ha sido el mismo el que se ha colocado en esa condición, al invadir un terreno que no es de su propiedad y más aún afecto a un interés público. Parece ser público y notario desde hace varios años atrás, que había un interés público sobre el terreno y pese a eso, el actor ha seguido manteniéndose en la finca, pretendiendo titularla a su nombre. La Cámara puede resultar comprensiva con el deseo del agricultor sin fundo de obtener un terreno y con ello otorgar sustento a su familia y prosperidad económica para si y los suyos; más en este caso, pareciera que ha existido una falta de visión de lo que está en juego en realidad. El reconocer cualquier reparación sobre ese particular, se torna en un abuso de derecho, que debe ser rechazado, como en efecto se dispone. No esta demás indicar que si existiera algún cultivo todavía existente en el terreno si tendría el actor derecho a recogerlo, en tanto que de quedarselo el ente público se estaría generando un enriquecimiento sin causa, claro está, en ese caso sería una acción coordinada con la contraparte, para no retornar el conflicto a etapas que esperamos no se vuelvan a dar. Por último como pretensión número quince se solicita: \"XV.- Que los accionados, deberán indexar el monto total de los daños y perjuicios, al momento de su pago en la etapa de ejecución de sentencia; y se reconozcan intereses legales desde la presentación de la demanda hasta su efectivo pago .... \" Como se puede apreciar todas las solicitudes han sido rechazadas, por lo que no habría suma alguna que indexar. En cuanto a los daños y perjuicios, baste con indicar lo ya señalado que cualquier reconocimiento se tornaría antijurídico. Así las cosas, se declara sin lugar la totalidad la demanda presentada por el señor actor. “\n\n \n\n \n\n \n\n... Ver más\n\nOtras Referencias: Principio 7 de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo 1992.\n\nCitas de Legislación y Doctrina Sentencias Relacionadas Objetivos de Desarrollo Sostenible\nTexto de la resolución\n\n \n\nVoto N° 079-2015\n\nTRIBUNAL CONTENCIOSO ADMINISTRATIVO, SECCIÓN CUARTA, San José, a las dieciséis horas  del siete de agosto de dos mil quince.-\n\nProceso de conocimiento del señor Nombre112710   , mayor, soltero en unión libre, agricultor, cédula de identidad número CED59532 -     -     y vecino de Dirección13665,  contra los señores Nombre112711   (conocido como Nombre112711  ), mayor, casado, funcionario público, vecino de Dirección13666, , , cédula de identidad número CED89256 -     -  , Nombre112712  , mayor, casado, funcionario público, vecino de Dirección13667  , , cédula de identidad número CED89257 -     -     Nombre112713   , (conocido como Nombre107395), mayor, casado, funcionario público, vecino de Dirección13668    , de San Ramón de la provincia de Alajuela, cédula de identidad número CED89258 -     -     Nombre112714  , mayor, casado, funcionario público, vecino de Dirección13667  , , con cédula de identidad número CED89259 -     -   y el Instituto Costarricense de Electricidad, (en adelante ICE) cédula de persona jurídica número CED89260 - cero cero cero - cero cuarenta y dos mil ciento treinta y nueve, representado por el señor Nombre1908  , mayor, casado, abogado, vecino de Heredia, cédula de identidad número CED59905 -     -  . Actúa como patrocinio letrado del actor el Licenciado Alfonso Jiménez Meza. Expediente 09-002172-1027-CA.\n\nRESULTANDO:\n\n1.- Que el actor pretende, conforme con las modificaciones realizadas en la audiencia complementaria \"I.-Que el actor Nombre112710    es el único dueño del inmueble del Partido de Guanacaste, a título de poseedor agrario y forestal, de la finca ubicada en el Cairo del distrito Tercero Tronadora, del cantón octavo, Tilarán, de la provincia de Guanacaste, con una medida de seiscientos setenta mil cuarenta y tres metros con cincuenta y siete metros cuadrados, detallada en el plano catastrado numero G-0491856-1998. II.- Que el actor Nombre112710    ha ejercido la posesión durante aproximadamente unos veinticinco años en forma pública, pacífica, ininterrumpida, de buena fe y a título de dueño. III.- Que los actos posesorios que ha ejercido el actor Nombre112710   , durante todo ese tiempo han consistido en lo siguiente: a) Construir sobre su finca antes descrita tres casas de habitación de madera y zinc, b) Una cerca de alambres de cuatro hilos con postes de madero negro, c) Destinar parte de la finca a la siembra y cultivo de una hectáreas de frijoles y tres hectáreas de maíz, así como de árboles frutales (naranja, aguacate, mangos, pipas, nances injertados, yuplones, carambolas, zapotes entre otros). d) El establecimiento de una lechería y una granja en producción con veinticuatro animales dentro de los cuales habían: diecinueve vacas lecheras, dos toros semetales (simental y pardo suizo), tres toretes, quince gallinas y un perro pastor australiano. IV.- Que el actor Nombre112710   , es el único y exclusivo poseedor de la finca antes descrita. V.- Que el plano castrado número G-1168748-2007 a nombre del Instituto Costarricense de Electricidad, se encuentra traslapado con el plano castrado número G-0491856-1998 que describe la finca Dirección13669       -   , que está a nombre de Nombre112710   . VI.- Que se anule y deje sin ningún efecto ni valor jurídico, el plano castatrado número G-1168748-2007 a nombre del Instituto Costarricense de Electricidad, por encontrarse traslapado sobre otra finca inscrita. VII.- Que los aquí demandados ingresaron a la finca - antes indicada propiedad de Nombre112710   conduciendo dos vehículos rotulados con el logo del ICE, en compañía de otros funcionarios de la misma institución accionada, y varias ocasiones procedieron a destruir la construcción de la casa de habitación allí construida (sic) y las cercas. El fibrolit lo quemaron y dañaron por completo. Cuando se volvieron a edificar las casas posteriormente las mismas fueron destruidas, por lo que en menos de un año destruyeron tres casas allí construidas. VIII.- Que los aquí demandados además .... se llevaron herramientas y artículos como : una motosierra huscuarnan, bote inflable salvavidas, bomba de fumigar, una carabina marca Marlen calibre 22 de magazin, así como herramientas que se ocupan en la finca, como palas, martillo, pico, tienda de campaña, utensilios de la lechería, lecheras, monturas, cocina de gas, camas, colchones, cobijas, muebles de comedor, muebles de sala, rollos de manguera y procedieron a llevarse todos los demás materiales. IX.- Que los aquí demandados, procedieron a destruir una gran área sembrada de árboles frutales, jardines, cercas de toda la finca y restos de los materiales que quedaron se los llevaron. X. Que los aquí demandados, procedieron a destruir las cercas, produciendo graves daños porque todos los animales salieron sin control de la finca ahuyentados por ellos por los alrededores y por ende los están destazando, ya que aparecen macheteados en la vía pública y otros no aparecen. XI Que todos estos destrozos y daños producidos por los aquí demandados, lo realizaron por órdenes del Instituto Costarricense de Electricidad .... XIII.- Que los accionados solidariamente, están obligados al resarcimiento total de los daños (damnun emergens), que corresponden a los daños materiales ocasionados sobre la finca del actor Nombre112710   , consistente los mismos en la destrucción total que los accionados realizaron dentro de la finca de lo siguiente: a) Tres casas, las cuales se cuantifican en la suma de treinta millones de colones. b) Las cercas destruidas, cuyo costo anda en la suma de dos millones de colones entre el alambre de púas y los postes de madero negro. c) Las vacas lecheras, por las diecinueve vacas productoras de leche, cuyo costo en el mercado oscila en la suma de diecinueve millones de colones a razón de un millón de colones por vaca lechera. d) Por los dos toros sementales, la suma de tres millones de colones, desglosado así: Por el Toro Simental, la suma de dos millones de colones, por el toro Pardo Suiso la suma de un millón de colones. e) por los tres toretes de carne, que ascienden a un monto de seiscientos mil colones los tres, a razón de doscientos mil colones cada uno; f) Una hectárea de frijol a un costo de dos millones de colones, g) tres hectáreas de maíz a un costo de seis millones de colones y h) Por los arboles frutales destruidos la suma de tres millones de colones. Lo que arroja un daño material total de sesenta y cinco millones setecientos mil colones.  XIII.- Que los accionados solidariamente, están obligados al resarcimiento total de los perjuicios (lucrum cessans), consistente en las ganancias o utilidad frustrada o dejada de percibir, en lo que la finca producía en virtud de los daños materiales ocasionados o utilidad frustrada o dejada de percibir, en lo que la finca producía en virtud de los daños materiales ocasionados .... que provocó el cese total de la producción de la siguiente: a) De la lechería, cuya producción mensual oscilaba entre 22,800 kilos, a razón de cuarenta kilos por cada una de las diecinueve vacas lecheras, lo cual arroja una suma mensual de seis millones ochocientos cuarenta mil colones, por un período aproximado de tres años que es el retorno de una inversión normal en un negocio, nos arroja una suma total de doscientos cuarenta y seis millones doscientos cuarenta mil colones. b) De la producción de maíz en tres hectáreas, por cosecha que cada seis meses, a razón de veinte mil elotes por hectárea, sea sesenta mil elotes por tres hectáreas, a un costo de cien colones por elote, estamos hablando de una pérdida semestral de seis millones de colones, lo cual por un período aproximado de tres años que es el plazo indicado del retorno de la inversión normal es un negocio aproximadamente, arroja una suma total de treinta y seis millones de colones. c) De la producción de frijoles en una hectárea, por cosecha que es anual, a razón de cuarenta quintales anuales por hectárea, a un costo de dos millones de colones, estamos hablando de una pérdida, por un período aproximado de tres años que es el plazo indicado del retorno de la inversión normal en un negocio aproximadamente de seis millones de colones. Tales perjuicios representan las pérdidas o ganancias dejadas de percibir, durante todo ese lapso de tiempo (sic), en las que mi patrimonio del actor se vió afectado injustamente, los cuales ascienden a la suma global de doscientos ochenta y ocho millones doscientos cuarenta mil colones... El período de tres años antes indicado se computa a partir del inicio de las perturbaciones y destrozos ocasionados por los accionados en la finca propiedad del actor, sea a partir del cinco de diciembre de dos mil siete. XIV.- Que los accionados solidariamente, están obligados al resarcimiento total del daño moral subjetivo sufrido por el actor Nombre112710   , consistente en la impotencia, desesperación, angustia y zozobras que me han ocasionado la serie de actuaciones, destrozos, y destrucciones de los accionados a mi propiedad; el hecho de verme en un momento dado sin nada de lo que había construido por todo el tiempo de posesión de la finca aquí mencionada de mi propiedad, para lo cual vengo a liquidar el mismo en la suma de setenta millones de colones, a razón de diez millones de colones que deberá cancelar cada uno de los demandados y treinta millones de colones que deberá cancelar el instituto accionado... Daño moral que deviene por todos los sufrimientos que ha padecido el actor Nombre112710    y le han afectado profundamente, tanto a nivel comercial como familiar, ya que por más que ha buscado la forma de volver a levantar su negocio de queso y leche, se le ha visto dificultado tal labor, porque todavía a la fecha tiene que estar saliendo hasta altas horas de la noche para ir a ver quien esta haciendo destrozos en la finca. De aquí, que todas estas angustias sufridas, viene a ocasionar un daño moral profundo, aunado al hecho de ver destazados sus animales, cuyo valor sentimental es incalculable. XV.- Que los accionados, deberán indexar el monto total de los daños y perjuicios, al momento de su pago en la etapa de ejecución de sentencia; y se reconozcan intereses legales desde la presentación de la demanda hasta su efectivo pago .... XVI.- Que son a cargo de los demandados el pago de ambas costas de este proceso.\" No esta demás indicar que el daño moral subjetivo fue establecido en setenta millones de colones, diez millones para cada uno de los demandados personas físicas y treinta millones de colones a cargo del Instituto Costarricense de Electricidad.\n\n2.-  Conferido el traslado de rigor, los demandados contestaron negativamente, y opusieron las defensas de falta de legitimación activa y pasiva, falta de derecho, al igual que en la audiencia complementaria argumentaron la defensa de cosa juzgada material. En ese mismo acto, el ente público reconvino al señor Nombre112710   , solicitando: \"1. Que se declare precaria e ilegitima cualquier posesión que el reconvenido hubiere hecho del inmueble. 2. Que el plano número G-491856-1998, traslapa terrenos propiedad del Instituto Costarricense de Electricidad, y en tal concepto se ordene al Catastro Nacional su cancelación. 3. ......  6. Se condene al actor reconvenido a pagar los daños materiales causados, entendiendo por tales, todas aquellas acciones que de naturaleza clandestina y abusiva ha ejecutado el señor Nombre112710 , sobre el inmueble de mi mandante, particularmente en cuanto al resarcimiento de los gastos que a defensa y exclusión del inmueble han demandado al patrimonio de mi poderdante, los cuales, de momento estimo prudencialmente al orden de los veinticinco millones de colones, igualmente solicito, se le condene al pago de los perjuicios que hacen igualmente de las erogaciones en que mi mandante se ha visto obligada a realizar para asegurar, respecto de las acciones del actor reconvenido, la defensa del inmueble, mismos que también prudencialmente estimo al orden de quince millones de colones. 7. Se condene al actor reconvenido al pago de las costas personales y procesales causados.\" (lo anterior según las aclaraciones realizadas en audiencia complementaria).\n\n3.- Conferido el traslado de esta acción, el reconvenido contestó negativamente y opuso las excepciones de prescripción y caducidad.\n\n4.- La audiencia preliminar fue realizada a las ocho horas y veintiséis minutos del dos de julio de dos mil catorce, donde se fijaron los hechos y pretensiones de la demanda y se realizó admisión de la prueba respectiva.\n\n5.- Que el juicio oral fue realizado el pasado treinta de julio de dos mil quince, disponiéndose su tramitación como muy compleja al amparo de los numerales ciento once del Código Procesal Contencioso Administrativo y cuarenta y siete del Reglamento, así como el dictado de la sentencia que corresponde de manera escrita. \n\n6.- En los procedimientos se han observado las prescripciones de rigor y no se notan causales de nulidad capaces de invalidar lo actuado. Esta sentencia se dicta previo las deliberaciones de rigor y por unanimidad.\n\nRedacta el Juez Madrigal Jiménez; y,\n\nCONSIDERANDO:\n\nI.  EN CUANTO AL HECHO NUEVO: En la audiencia complementaria, ambas partes argumentaron una serie de sucesos que ocurrieron después de la presentación de la demanda, lo que sin mayor duda corresponden a hechos nuevos. Oportunamente se otorgó la audiencia de ley, pero las partes hicieron ver que podían hacerle frente a dichos supuestos en la misma audiencia, sin requerir aportar contraprueba o tiempo alguno para prepararse. En dicho marco, la Cámara opta por entrar a valorar esas situaciones en la misma resolución, tal y como fue peticionado por las partes. No está demás indicar que ingrato favor se le haría a los interesados en generar dilaciones innecesarias, máxime cuando el expediente presenta muchos años de trámite. Cabe agregar que los aspectos invocados como hechos nuevos, no son más que temas conexos al conflicto sobre el bien inmueble base del litigio, por lo que resulta pertinente solventar la discrepancia de las partes de forma definitiva.\n\nII.  SOBRE LA PRUEBA PARA MEJOR RESOLVER: Durante el juicio oral y público las partes ofrecieron algunas pruebas para mejor resolver, las que se anexaron al final del expediente judicial. Resulta necesario recordar en cuanto a la prueba para mejor resolver, que efectivamente de obligada aplicación deviene cuando se trate de prueba documental extemporáneamente traída al proceso, lo dispuesto en el artículo cincuenta del Código Procesal Contencioso Administrativo. Por otra parte, también resulta relevante tener presente lo dispuesto en el artículo trescientos treinta y uno del Código Procesal Civil, aplicable de forma directa a la presente causa por virtud de sus propios alcances en lo que en su texto expresamente dispone que es regla que aplica para todo tipo de procesos, también sin perjuicio de lo que indica el artículo doscientos veinte del Código Procesal Contencioso Administrativo. A mayor abundamiento de razones, la aplicación de ambos numerales en lo que corresponda de todos modos, es obligada por imponerlo así el ordenamiento jurídico, aún por vía de integración, que remite al derecho procesal general en lo que el Código Procesal Contencioso Administrativo no regule, cuyo tronco común es el Código Procesal Civil, sin perjuicio claro está que en materia procesal penal presenta una regulación semejante. Debe aclararse que el artículo cincuenta ya mencionado, que sería el aplicable no obstante ello exclusivamente cuando se trata de prueba extemporánea documental, no habiendo otra norma en ese código que regule el tratamiento que debe de darse a la prueba para mejor proveer, es el numeral trescientos treinta y uno del Código Procesal Civil referido el aplicable pues el mismo numeral  indicado remite al instituto de la prueba para mejor proveer. Conforme así ha sido jurisprudencia lineal en este sentido, respecto a la admisión facultativa de la prueba para mejor resolver y no puede ser de otra forma. Téngase en cuenta que el iter procesal garantiza etapas para el ofrecimiento y admisión de prueba con la posibilidad de ejercer recursos frente a las decisiones adversas. La facultad de ordenar prueba para mejor resolver es a cargo del juez, en tanto las etapas para que las partes ofrezcan su prueba ya se encuentra precluida y pese a esto se generan dudas para el juzgador. En dicha inteligencia, no es posible alegar indefensión alguna, pues en el peor de los casos, lo que existiría es incuria de la parte (ver Sala Primera de la Corte Suprema de Justicia en sus votos 547-F-2002 de las dieciséis horas del doce de julio de dos mil dos, la No. 59 de las 15:20 horas del 31 de mayo de 1996, 23 de las 14:20 horas del 4 de marzo de 1992, 34 de las 10:45 horas del 28 de mayo de 1993 y 83 de las 14:40 horas del 22 de diciembre de 1993).  De otra parte, límite impuesto al juzgador cuando de traer prueba para mejor resolver al proceso se trata, vistos los alcances del numeral trescientos diecisiete del Código Procesal Civil, es el que se encuentra constituido por el hecho de que por esa vía no puede ser inobservado el deber de hacer prevalecer el equilibrio procesal entre las partes y en ese entendido, vedado se encuentra para el juzgador acceder por automatismo a toda súplica cuya fuente es o responde a la incuria, sino el dolo o la mala fe en el gestionante; con la única excepción que el actual Código Procesal Contencioso Administrativo obliga al juez a buscar la verdad, no con el nivel inquisitivo que presenta el ordenamiento procesal penal, pero si frente a aquello que resulta extraible a partir de los alegatos y pruebas validamente admitidos en el proceso. Claro que no puede el Juez en su búsqueda de la verdad  vulnerar otros principios igual rango o jerarquía que deben de encontrarse en equilibrio, ordenar prueba para mejor proveer cuando de ello se derive inevitablemente, una sustitución de los mecanismos ordinarios de defensa con que cuentan quienes se encuentran vinculados en la relación jurídico procesal y mandados a probar por virtud de su situación dentro de tal relación procesal (artículo 317 del Código Procesal Civil). De manera que el juez no puede sustituir a la parte, tanto en su teoría del caso, como en el abordaje probatorio que esta asumió, pues la contraparte no estaría litigando con su contrario, sino también con el juez que coadyuva con uno de los interesados. Lo contrario salvo en contadísimas circunstancias de excepción que habrían de encontrarse debidamente razonadas y/o amparadas en intereses superiores particularmente en asuntos en los que medien intereses públicos calificados o reforzados por su importancia, llevaría a cuestionamientos sobre el ajuste de la actuación del juez con el deber de imparcialidad y el de velar por el mantenimiento del equilibrio procesal, pero también importaría un patrocinio inadmisible en favor de quien no ha usado en forma debida y/o en tiempo su deber de probar con causa en su negligencia, descuido o una intención de obtener una ventaja procesal indebida en uso abusivo y/o antisocial de su derecho (ver artículos 21 y 22 del Código Civil).  En lo que al caso corresponde, se ofrecen certificaciones, documentos propios de un expediente penal, fotografías, copias de un expediente judicial atinente a un interdicto de amparo de posesión en algún momento contendido entre las mismas partes y algunos documentos anexos.  El Tribunal luego de valorar estos atestados, opta por admitirlos como prueba para mejor resolver, en tanto versan sobre los hechos que indican las partes han ocurrido con posterioridad a la interposición de la demanda y permiten tener una mayor claridad de lo ocurrido, sin que de forma alguna se produzca una indefensión.\n\nIII.  DE LA BASE DEL PROCESO: Sostiene el actor que es dueño a título de poseedor agrario y forestal (según la modificación de argumentos realizada en el juicio oral y público), de la finca del partido de Guanacaste, sita en el Cairo del distrito de Tronadora del cantón de Tilarán de la provincia de Guanacaste. Bien indicado presenta el plano G-0491856-1998. Agrega que ha ejercido la posesión durante veinticinco años de forma pública, pacífica, ininterrumpida, de buena fe y a titulo de dueño. Sostiene que construyó una casa con artezones y zinc, y que dentro de la construcción había seis rollos de manguera gruesa, cincuenta block de cemento y dos pilas de cemento. Además levantó cuatro hiladas de alambre de púas. Que parte de la finca estaba destinada a cultivos, había construido un corral de cemento para animales y un galerón para lechería donde tenía veinticuatro animales, además de gallinas y un perro pastor australiano. El cinco de diciembre de dos mil siete, a las cuatro y media de la mañana ingresaron dos vehículos rotulados por el ICE conducidos por las personas físicas demandadas y procedieron a destruir las construcciones, llevándose al efecto los materiales destruidos. Que volvió a construir otra casita, la que nuevamente volvieron a destruir los demandados. Motivo por el cual ha tenido que acudir a la fuerza pública para la defensa de su propiedad y presentar varias denuncias y acciones ante la Corte. Señala que construyó una tercera casa y de nuevo los demandados la destruyeron, quemaron lo que había reconstruido y se llevaron el zinc y otras cosas. El fibrolit lo quemaron y dañaron por completo. En otras palabras, en menos de un año me destruyeron tres casitas. Además se llevaron una motosierra \"huscarnán\", bote inflable salvavidas, bomba de fumigar, una carabina marca Marlen calibre 22 de magazin, así como herramientas que se ocupaban en la finca, como palas, martillo, pico, tienda de campaña, utensilios de lechería, lecheras (recipiente metálico para la leche de 42 kilos), monturas, cocina de gas, camas, colchones, cobijas, muebles de comedor, muebles de sala, rollos de manguera (de 3/4 y 1/2), y procedieron a llevarse todos los demás materiales, así como los animales de la propiedad. Destruyeron una gran área de árboles frutales, jardines, cercas en toda la finca y los restos de los materiales que quedaron buenos se los llevaron. Al destruir las cercas, me ocasionó graves pérdidas por que además sacaron el ganado de la propiedad, el cual nunca apareció, algunos de ellos fueron ubicados en la vía pública muertos. Las actividades realizadas se hizo ver que eran por orden del Instituto Costarricense de Electricidad, ya que considera que esa finca pertenecían al ente público. Consultado a un profesional le hicieron ver que el plano del actor es de mil novecientos noventa y ocho, y el del ente público es de dos mil siete, con el agravante que están traslapados. Aún así, considera que no había derecho para que actuaran de esa manera. Los demandados indican que la finca que hace ver el actor que es de su propiedad es una ficción registral, al ser parte de la finca con número de folio real G-14297-000. Inmueble adquirido desde mil novecientos setenta y cinco por parte del Instituto Costarricense de Electricidad. De esa manera califica el título de falso. Sostiene que si el actor no podría ser poseedor por veinticinco años, pues solo tiene cuarenta y dos años de edad. Evidencia que nunca se han dado los cultivos, los animales y demás aspectos que se mencionan, y lo realizado ha sido en clandestinidad cuando el accionante se ha introducido en la propiedad, procurando generar una posesión que resulta inexistente. Expone que en varias oportunidades han remitido una comitivas para retirar los actos ilegítimos. Niegan que se hubieran destruido casas, solo ranchos. Razona que lo realizado son actos de defensa y exclusión de extraños, como cualquier otro titular. Expone que cuando han entrado semovientes se ha remitido al Servicios Nacional de Salud Animal para que se haga cargo. Por último agrega que en nada cambia cuando se hicieron los planos, sino cuando se hicieron las inscripción, que para el caso es del ente público la primera. Los demandados personas físicas indican que ellos todo lo realizado fue por orden del ente público, lo que es reconocido por este. En la reconvención, el ICE dice ser dueño de la finca con número de Folio Real numero catorce mil doscientos noventa y siete - cero cero cero, con plano catastrado Placa20477 con una medida de ciento cincuenta y un hectáreas, tres mil ochocientos cuarenta y cuatro metros con ochenta decímetros cuadrados. Propiedad que es parte de la planta hidroeléctrica Arenal y que forma parte del convenio internacional como sitio RAMSAR. Que para el mes de mayo de mil novecientos noventa y ocho, el reconvenido aprovechándose la distancia del inmueble y contrató un agrimensor para la confección del plano G-0491856-1998 con un área de seiscientos sesenta mil cuarenta y tres metros con cincuenta y siete decímetros cuadrados, donde se muestra parte de la finca de  reconventor. Considera dichos actos ilícitos y contrarios a derecho, de lo que deriva su acción. El reconvenido indica que la finca del ICE quedó inscrita hasta el dos mil tres pero sin plano relacionado hasta el dos mil siete, que es cuando se genera el traslape.  Agrega que en el peor de los supuestos ha transcurrido la prescripción decenal. \n\nIV.  HECHOS PROBADOS: De importancia para el dictado de esta sentencia, se tienen los siguientes hechos de relevancia:  1) Por escritura del seis de noviembre de mil novecientos setenta y cinco el Instituto Costarricense de Electricidad  adquirió del señor Nombre112715   la finca del partido de Guanacaste número seis mil ochocientos setenta y siete y catorce mil doscientos noventa , ubicadas en Caño Negro, de Tronadora, del cantón de Tilarán, de la provincia de Guanacaste, con una cabida de cien hectáreas, además de una finca sin inscribir en la misma ubicación y que correspondía aproximadamente a cincuenta y tres hectáreas y seis mil metros cuadrados (ver folios 460 al 464 del expediente del interdicto.  2) Que estos inmuebles fueron adquiridos como parte de la represa Arenal (ver folios 539 al 552 del expediente del interdicto). 3) Que la finca es conocida como la número veintidós, según identificación interna del ICE (ver declaración del señor Soto Bolaños rendida en el juicio oral y público). 4) En la zona de la finca base del litigio no hay suministrado de fluido eléctrico (manifestación del señor Arce Ávila). 5) Que el ICE ha mantenido guardas en la finca para evitar la invasión de precaristas (ver declaración del señor Arce Ávila y Soto Bolaños). 6) Que el ICE procuró la recuperación del terreno de forma asistida, pero por los elevados costos, optó por que esta fuera de forma natural (ver declaración del señor Soto Bolaños rendida en el juicio oral y público). 7) Que el señor Nombre112710  en el año noventa y ocho, inscribió el plano G-491856-98 que corresponde a un terreno sin inscribir, cita en el distrito de Tronadora, del cantón de Tilarán de la provincia de San José, que acredita una cabida de sesenta y siete hectáreas cuarenta y tres metros y cincuenta y siete decímetros cuadrados (ver folio 18 del expediente judicial). 8) Que el visado otorgado por el Ministerio de Ambiente y Energia del plano en consideración señala literalmente \"el inmueble que describe se ubica (89% aproximadamente dentro de la zona protectora Arenal Monteverde, según Decreto Ejecutivo No. 20172-MIREM del 24-01-91 y (11% aproximadamente dentro del Parque Nacional Volcán Arenal, según Decreto Ejecutivo No. 23774 del 22-11-92, lo dispuesto en la Ley Forestal 7575 y legislación conexa. (ver folio 18 del expediente judicial). 9) Que el actor promovió el expediente 03-000325-387-AG, ante el Juzgado Agrario de Liberia, para generar una información posesoria (ver folios 31 y siguientes del expediente 07-100030-404-CI). 10) Que este expediente nunca llegó a concluirse y consecuentemente no generó título inscribible  (hecho no controvertido entre las partes). 11) Bajo la Unidad de Trámite Rápido de San José, expediente 05-10092-647-PE, se siguió una causa por uso de documento falso y falsedad ideológica contra el actor (ver folio 35 y siguientes del expediente 07-100030-404-CI). 12) Dentro de la causa penal antes indicado se aprecia como desde el año dos mil cinco, el señor Nombre112710  había realizado tala de algunos arboles en la finca base del conflicto y limpieza de terreno (ver folio 44 al 48 del expediente 07-100030-404-CI). 13) Para finales del año dos mil siete, el actor estaba realizando actos de ocupación agraria en le finca objeto de litigio (ver folio 3 al 6 y 412 al 424 del expediente 07-100030-404-CI). 14) En diciembre de dos mil siete, el señor Nombre112710  presentó interdicto de amparo de posesión y reposición de mojones contra los señores Nombre112711   y Nombre112714  , que correspondió al expediente expediente 07-100030-404-CI ante el Juzgado Contravencional y de Menor Cuantía de Tilarán (ver folios 8 y siguientes del expediente 07-100030-404-CI). 15) El Instituto Costarricense de Electricidad levantó un plano para su fincas 5006877, 5014297, 5008454 bajo el número G-1168748-2007, con una cabida de doscientos setenta y ocho hectáreas, quinientos veintiún metros y treinta decímetros cuadrados (ver folios 20 al 23 del expediente judicial). 16) El siete de agosto de dos mil siete, el accionante en compañía de miembros de la Fuerza Pública, constato que funcionarios del ICE habían ingresado a lo que considera su finca,  realizado algunos destrozos, destruyendo plantaciones, botando una casita, sacando todo lo que había en la estructura y la perdida de ocho animales (ver folios 24 al 30 del expediente judicial).  17) Para septiembre de dos mil ocho, bajo el expediente 08-200994-413-PE el Instituto Costarricense de Electricidad presentó denuncia contra el señor Nombre112710  por haber agredido con arma y amenazado a un servidor de la empresa pública por estar realizando actos de vigilancia en el lote de la segunda (ver expediente administrativo  rotulado como A, folios 1 y siguientes). 18) Para octubre de dos mil ocho, el Instituto Costarricense de Electricidad procedió a cercar la finca inscrita a su nombre en las inmediaciones de donde el actor estaba realizando actos de posesión (ver folios del 456 al 459 del expediente del interdicto de amparo de posesión). 19) Conforme con dictamen criminalístico del Organismo de Investigación Judicial, levantado el veinte de noviembre de dos mil ocho, existe un traslape del plano del actor sobre el terreno inscrito a favor del ICE en una cabida de cuarenta y cinco hectáreas cinco mil cuatrocientos cincuenta y tres metros cuadrados (ver folios 114 y 177 del expediente judicial). 20) Que para el año dos mil nueve el actor tenía sembrado en la finca base del conflicto banano, maíz, mora, tomate, arboles frutales y frijoles; además de algún ganado (ver folios 248 al 252 del expediente judicial y ciclo de filminas aportadas en el juicio oral y público).  21) Bajo el expediente 09-222-BI del Registro Público de la propiedad de Bienes inmuebles el Instituto promovió diligencias de traslape de planos (ver folio 223 del expediente administrativo numerado como A). 22) Del total del terreno que el actor sostiene que esta poseyendo, quince mil quinientos ochenta y nueve metros cuadrados aproximadamente están destinados a cultivos, quinientos veinte mil seiscientos cincuenta y seis metros cuadrados aproximadamente, están destinado a bosque y ciento treinta y tres mil setecientos noventa y siete aproximadamente está destinado a pastos (ver folios 269 a 278 del expediente judicial y ciclo de filminas aportadas en el juicio oral y público). 23) Que la vivienda del actor dentro de la finca se compone de una construcción de un solo cuarto, establo anexo, paredes y techo de lata de zinc y piso de tierra (ver fotografía de folio 277 del expediente judicial y declaración del señor Arce Ávila).  24) Que para marzo de dos mil diez, funcionarios del ICE ingresaron en la finca objeto de litigio (ver folio 242 del expediente judicial). 25) Por resolución 2376-2011 de las ocho horas y treinta minutos del nueve de noviembre de dos mil once, el Juzgado Contencioso Administrativo y Civil de Hacienda rechazó el proceso interdictal en tanto las partes estaban discutiendo la titularidad del bien y no su posesión (ver folios 590 al 594 del expediente del interdicto). 26) Por resolución 500-2013 del Tribunal Penal del Tercer Circuito Judicial de San José, se absolvió al actor por el delito de falsedad ideológica, uso de documento falso y estafa, así como se declaró la nulidad de la inscripción de la finca que se había generado a partir del plano G491856-98, no así el referido plano (ver folios 295 al 318 del expediente judicial). 27)  Que la sentencia antes dicha está firme (no hay contención al respecto entre las partes).  28) Que el terreno que el actor reclama para sí es parte de una zona de protección absoluta en beneficio del recurso hídrico que abastece el humedal embalse Arenal, reconocido a nivel mundial como sitio RAMSAR (ver dictamen técnico de folio 402 del expediente judicial).  29) Que actividades realizadas por el actor en el fundo, modifican las cuencas, disminuye el recurso hídrico, crea fragmentación del bosque, interviene directamente en las rutas de paso biológico de las especies, entre otros aspectos nocivos desde el plano ecologista (ver informe técnico de folio 402 del expediente judicial). 30) Para marzo de dos mil catorce el Instituto Costarricense de Electricidad tomó posesión de la finca objeto de litigio (ver folios del 623 al 627 del expediente judicial). 31) Que la expulsión del actor del terreno objeto de dispuesta se ha generado en varias ocasiones (ver ciclos de filminas aportadas en el juicio oral y público y declaración del señor Arce Ávila). 32) El señor accionante presenta alrededor de dieciocho años de estar desplegando actividades económicas agrarias en el fundo base del litigio (ver declaración del señor Arce Ávila rendida en el juicio oral y público). 32) Que los daños realizados por las personas físicas demandadas lo fue en cumplimiento de ordenes de su patrono, a saber el Instituto Costarricense de Electricidad (hecho aceptado en el juicio oral y público).\n\nV. SOBRE HECHOS NO PROBADOS: De esta naturaleza se tienen como hechos no controvertidos: 1) El área y la localización del terreno que pudo esta poseyendo el actor que no esta comprendida entre los terrenos de ICE y del territorio Ramsar (No hay elementos de convicción que señalar).  2) Que por la conducta de los demandados se hubieran dado las sustracciones que apunta el actor (No se ofreció prueba en esa orientación).  3) Que producto de la conducta de los demandados se hubieran dado la perdida de animales propiedad del actor, conforme lo describe en su demanda (no es posible ubicar esfuerzo probatorio en ese sentido)  4) Que por la conducta de los demandados se generarán los daños a los cultivos del actor (se omitió prueba en ese sentido). 5) Que exista algún daño que sea susceptible de indemnizar en beneficio del actor (no es posible ubicar prueba en ese sentido).  6) La naturaleza, el alcance y el valor de los daños ocasionados en el territorio inscrito a favor del Instituto Costarricense de Turismo (no es posible ubicar elementos de convicción sobre ese particular).\n\nVI.- SOBRE LOS PRINCIPIOS DEL DERECHO AMBIENTAL: Ya en otras ocasiones esta Sección, en sus diferentes integraciones, ha tenido oportunidad de hablar sobre los principios del derecho ambiental, tema que conviene resumir y condensar para conocer del caso en concreto. El Derecho Ambiental, como Derecho autónomo que es, cuenta con principios propios, los cuales orientan la actividad ambiental. Estos principios se encuentran la mayoría recogidos, de uno u otro modo, en los textos legales o al menos señalados por la jurisprudencia. Asimismo debe recordarse que el artículo cincuenta constitucional consagra el derecho a un ambiente sano y ecológicamente equilibrado; y que del mismo numeral derivan una serie de principios que se analizarán en la presente sección. La doctrina especializada ha señalado como principios rectores en la materia cuando menos los de Igualdad, De la Tutela del Derecho Ambiental a cargo del Estado, Sostenibilidad, Principio del uso racional de los recursos, a fin de que exista el necesario equilibrio entre el desarrollo del país y el derecho al ambiente, de la Calidad Ambiental, Principio de solidaridad, Principio Precautorio, Principio preventivo, Publicidad, Restaurabilidad, \"El que contamina, paga”, De la realización del estudio de impacto ambiental previo a la iniciación de obras, Sólo el Estado de Necesidad declarado excepcional el cumplimiento de las normas ambientales, La falta de recursos económicos de las instituciones públicas no es excusa que justifique la omisión de dar protección al Derecho Ambiental, Coordinación para garantizar la protección del medio ambiente, La lesión a este Derecho Ambiental se da tanto por acción como por omisión, Inoperancia del silencio positivo en materia de utilización de recursos naturales y la participación ciudadana en los asuntos ambientales. Sin que se pueda entender que dicha lista resuelta cerrada en tanto como derecho en construcción podrían agregarse nuevas líneas de aplicación e interpretación de dicho ordenamiento. La igualdad de las personas ante la ley, sin ningún tipo de discriminación, es un derecho fundamental recogido en nuestro ordenamiento por el artículo treinta y tres de la Constitución Política y establecido también en el artículo veinticuatro de la Convención Americana de los Derechos Humanos. El derecho al medio ambiente y a su protección se encuentra también protegidos por este principio de igualdad, el cual debe aplicarse a la materia. De este modo, todos los seres humanos tienen por igual el derecho a disfrutar del medio ambiente adecuado y acceder a la justicia sin discriminación alguna para hacer valer sus derechos en caso de haber visto violentado el derecho a un ambiente sano (de manera directa o indirecta). El artículo cincuenta constitucional declara que toda persona tiene derecho a un ambiente sano y equilibrado. El artículo dos inciso a) de la Ley Orgánica del Ambiente contiene dicho principio al declarar que el ambiente es patrimonio común de todos los habitantes de La Nación y por ello tanto a nivel institucional (del Poder Ejecutivo) como jurisdiccional los ciudadano tienen derecho a un trato igualitario. El principio de la Tutela del Derecho Ambiental a cargo del Estado se extrae también del canon cincuenta Constitucional derivando la obligación del Estado de ejercer una función tutelar y rectora en materia ambiental. Al respecto la Sala Constitucional ha señalado que el Estado debe “asegurar y proteger el derecho contra algún riesgo o necesidad, defender es vedar, prohibir e impedir toda actividad que atente contra el derecho, y preservar es una acción dirigida a poner a cubierto anticipadamente el derecho de posibles peligros a efectos de hacerlo perdurar para futuras generaciones. El Estado debe asumir un doble comportamiento de hacer y no hacer; por un lado debe abstenerse de atentar él mismo contra el derecho a contar con un ambiente sano y ecológicamente equilibrado, y por otro lado debe asumir la tarea de dictar las medidas que permitan cumplir con los requerimientos constitucionales.” (voto 9193 de la Sala Constitucional de la Corte Suprema de Justicia). De tal manera desarrolla la Sala Constitucional todas las acciones que comprende la tutela que debe ejercer el Estado en aras de proteger el medio ambiente; incluyendo tanto un comportamiento de hacer como de no hacer, toda vez que por una parte, debe abstenerse de cometer algún acto en contra del derecho a un ambiente sano y ecológicamente equilibrado; y por otra parte, debe adoptar una conducta activa, en el sentido de dictar las medidas, regulaciones que estime pertinentes para el resguardo de este derecho. El órgano rector en la materia de estudio lo constituye el Ministerio del Ambiente y Energía (no está demás recordar que ese ministerio ha cambio de nombre) de conformidad con el numeral dos de la Ley Orgánica de este Ministerio; con lo cual se debe decir que la figura del Estado como sujeto, el cual está llamado a ejercer la tutela en materia ambiental, es un Ministerio en el cual recae la rectoría, pero además, para que esta función de protección del medio ambiente sea real y efectiva, es necesaria la participación de una serie de entes y órganos estatales, los cuales, en coordinación con el MINAE (ó MINAET, según el momento histórico), están llamados a interactuar (como lo son las municipalidades). La sostenibilidad en el uso de los recursos naturales es uno de los principios aceptados universalmente y con perspectiva jurídica. De acuerdo con un informe de las Naciones Unidas, desarrollo sostenible es el desarrollo capaz de satisfacer las necesidades del presente, sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones para satisfacer las suyas (Loperena Rota, Nombre110724, los Principios del Derecho Ambiental, 1998, p. 62). Por su parte, el artículo dos incisos a) y b) de la Ley Orgánica del Ambiente establecen la obligación del Estado y los particulares de participar en la conservación y utilización sostenible del ambiente; y el derecho de todos de disfrutar de un ambiente sano y ecológicamente sostenible para el desarrollarse. Asimismo se ha señalado que el deterioro al ambiente condiciona las posibilidades de desarrollo humanas; por lo que se ha vuelto común el utilizar el término de “desarrollo sostenible” el cual encierra ambos derechos. En ese sentido la Sala Constitucional ha definido “desarrollo sostenible” como “una de esas políticas generales que el Estado dicta para ampliar las posibilidades de que todos puedan colmar sus aspiraciones a una vida mejor, incrementando la capacidad de producción o bien, ampliando las posibilidades de llegar a un progreso equitativo entre un crecimiento equitativo.. un (o) ... demográfico o entre este y los sistemas naturales. Es el desarrollo sostenible, el proceso de transformación en la utilización de los recursos, orientación de las inversiones, canalización del desarrollo tecnológico, cambios institucionales y todo aquello que coadyuve para atender las necesidades humanas del presente y del futuro.” (voto 1763-94). El principio del uso racional de los recursos, a fin de que exista el necesario equilibrio entre el desarrollo del país y el derecho al ambiente está muy relacionado con el principio anterior, incluso podría pensarse en que es parte del mismo se encuentra con fundamento constitucional en el artículo sesenta y nueve de la Constitución el presente principio (uso racional de los recursos). Ahora bien, en este principio encontramos un componente ideológico, lo cual genera, en algún modo, algunos problemas al momento de su aplicación; ya que comprende además conceptos jurídicos indeterminados, como lo son el uso racional y el necesario equilibrio entre el desarrollo y medio ambiente. Estos conceptos muchas veces generan incertidumbre al momento de su aplicación. La Administración Pública es la encargada de determinar este punto de equilibrio y en última instancia lo serán los órganos jurisdiccionales. Sobre el principio en estudio, la Sala Constitucional ha señalado que: “ ...la protección del ambiente debe encaminarse a la utilización adecuada e inteligente de sus elementos y en sus relaciones naturales, socioculturales, tecnológicos y de orden político (desarrollo sostenible), para con ello salvaguardar el patrimonio al que tienen derecho las generaciones presentes y futuras. Por ello, el objetivo primordial del uso y protección del ambiente es que a través de la producción y el uso de la tecnología, se obtengan no sólo ganancias económicas (libertad de empresa) sino sobre todo un desarrollo y evolución favorable del medio ambiente y los recursos naturales con el ser humano, esto es, sin que se cause daño o perjuicio...”(voto 6322-2003). Por tal razón, la protección del ambiente debe encaminarse a la utilización adecuada de sus elementos, toda vez que es necesario la conservación del medio ambiente, pero también es indispensable la utilización de sus recursos para emprender procesos de desarrollo en beneficio de la sociedad en general. La cual a su vez, por una parte, demanda la protección del ambiente, y por otro lado, el desarrollo del país, desarrollo que, en un país como el nuestro, en muchos de los casos, tiene su fundamento en las riquezas naturales. De tal manera, la Sala Constitucional ha manifestado que “es preciso optar por el desarrollo sostenible, el cual satisface las necesidades del presente sin comprometer nuestra capacidad para hacer frente a las del futuro. Se trata en consecuencia, de una política cuyo núcleo es una planificación a largo plazo a través de políticas estatales, las cuales deben cumplir con todos los requisitos exigidos por las normas existentes y que lógicamente en este campo deben ser vistos con criterios restringidos, pues si se destruyen o se dañan los recursos naturales por una decisión precipitada o bien cuando las condiciones requeridas no son cumplidas, el desarrollo económico, social y político se afectará y decaerá, trayendo como consecuencia lógica la pérdida de la calidad de vida del ciudadano, y por ende, la pérdida de una riqueza invaluable que bondadosamente la Naturaleza nos ha regalado. Este desarrollo significa reconocer que deseamos tener acceso continuo a los recursos que posibiliten la vida y si hacemos expandir los beneficios del proceso industrial tenemos que estar conscientes de las implicaciones y limitaciones que supone este derrotero.”(voto 4423-93). El Principio de la Calidad Ambiental constituye un parámetro fundamental de la calidad de vida, ya que ligado a la vida que cada individuo pueda llevar; y a su vez se encuentra ligado el uso que se haga del ambiente para el propio desarrollo. Es así como el Tribunal Constitucional ha estimado que el derecho a un ambiente sano y ecológicamente equilibrado, implica el correlativo deber de proteger y preservar el medio, mediante el ejercicio racional y el disfrute útil del derecho mismo. (Voto 6233-2993). En ese sentido, siempre y cuando se demuestre que alguna actividad es dañina para la salud, se estaría en presencia de una violación del principio en estudio. O bien, cuando alguna actividad económica implique la pérdida de un recurso natural importante, dicha actividad debe ser prohibida, porque de lo contrario, se estaría fomentando el deterioro al ambiente, y con ello, a la calidad de vida de las personas. Igualmente se puede encontrar el fundamento del presente principio en el ya mencionado el artículo cincuenta constitucional y además se encuentra contenido en instrumentos internacionales que garantizan la protección al medio ambiente (como la Declaración de Estocolmo). En lo tocante al principio de solidaridad por tratarse él derecho al ambiente de un derecho de tercera generación se encuentra desarrollado bajo el valor de la solidaridad (así como el de libertad e igualdad fueron los principios y valores que respectivamente los que orientaron los derechos de primera y segunda generación). Se ha configurado como un “auténtico principio jurídico formalizado, generador de obligaciones exigibles en el seno de las relaciones sociales” (Real Ferrer, El Principio de Solidaridad en la Declaración de Río, 1994, p. 78). El principio de solidaridad implica y genera una responsabilidad colectiva para su realización, la cual es compartida pero diferenciada. La Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo de 1992 dejaron establecido que “Los Estados deberán cooperar con espíritu de solidaridad mundial para conservar, proteger y restablecer la salud y la integridad del ecosistema de la Tierra. En vista de que han contribuido en distinta medida a la degradación del medio ambiente mundial, los Estados tienen responsabilidades comunes pero diferenciadas. Los países desarrollados reconocen la responsabilidad que les cabe en la búsqueda internacional del desarrollo sostenible, en vista de las presiones que sus sociedades ejercen en el ambiente mundial y de las tecnologías y recursos financieros que disponen”(Principio 7 de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo 1992). Con la aparición del principio de solidaridad se vislumbra una humanización y preocupación no solo por le disfrute del derecho actual sino también por la preservación del mismo para asegurar el disfrute a las generaciones futuras. El derecho de las futuras generaciones implica a su vez una serie de derechos y deberes intergeneracionales relacionados entre sí y que a su vez se dividen en 3 principios básicos: a- Principio de conservación de opciones: se traduce en el derecho de cada generación a recibir la diversidad de los recursos naturales y el correlativo deber a mantenerlos, lo que implica una explotación racional y eficiente de los mismos. b- Principio de conservación de la calidad: supone el derecho de todas las generaciones a recibir el planeta en condiciones de calidad óptimas y a su vez un correlativo deber de conservarlas y transmitirlas a futuras generaciones para que no la reciban en peores condiciones. c- Principio de conservación de acceso: el derecho de acceso equitativo al legado de las generaciones pasadas y el deber de procurarlo a todos sus miembros (Franco del Pozco, Nombre64645, El Derecho Humano a un medio ambiente adecuado, en Cuadernos de Derechos Humanos, Bilbao, 2000, p. 21). Por su parte el principio Precautorio, es uno de los principios más desarrollados, tanto por la doctrina como por la jurisprudencia, y se le ha considerado como principio esencial componente del derecho ambiental. Las Administraciones Públicas tienen la obligación de actuar en protección del derecho de todos al medio ambiente, y es así como se han delineado principios de actuación administrativa propios de la protección del medio ambiente y que particularizan este ámbito. Es importante hacer ver que el principio precautorio constituye un parámetro de legalidad de las conductas administrativas, y sobre ese particular, el doctor Aldo Milano señala que “ gran parte de las actividades riesgosas están sujetas a un régimen de policía administrativa, lo cual se manifiesta en el otorgamiento o la negativa de autorizaciones de ese mismo carácter. Esto hace que se planteen conflictos relacionados con tales decisiones, sea porque se estima que al otorgarse en un caso concreto la autorización, se quebranta el Principio Precautorio o bien, porque al ser denegada o condicionada con sustento en aquél, el afectado estima ilegítima la decisión.” Así, aludiendo a un caso concreto de la jurisprudencia francesa, indica que la decisión atacada en lo contencioso administrativo constituye el último paso en el largo procedimiento de evaluación de la inocuidad de la actividad de que se trate, y que la doctrina encuentra en el principio precautorio una fuente de derecho que impone una forma determinada de actuar de la Administración, de modo que –en caso de no respetarse esa forma de actuar- procedimiento- se estimará la nulidad del acto final que se adopte (ver Milano, Aldo. “El Principio Precautorio”, 2005, p. 55 a 58). El principio precautorio, también llamado como Principio de la Evitación Prudente, adquiere fuerza con la Declaración de Río de 1992 (Cumbre de la Tierra), pero ya la idea venía desarrollándose en otros convenios internacionales como la Declaración de Estocolmo y La Carta Mundial de la Naturaleza. El artículo quince de la Declaración de Río contiene este principio al señalar que “Con el fin de proteger el medio ambiente, los Estados deberán aplicar ampliamente el criterio de precaución conforme a sus capacidades. Cuando haya peligro de daño grave e irreversible, la falta de certeza científica absoluta no deberá utilizarse como razón para postergar la adopción de medidas eficaces en función de los costos para impedir la degradación del medio ambiente.” A nivel nacional, el artículo once de la Ley de Biodiversidad consagra el principio precautorio, prácticamente en los mismos términos que lo hace la Declaración de Río. El principio de precautorio ha planteado varias interrogantes, dentro de las cuales destacan: el problema de la reversión de la carga de la prueba en materia ambiental; el equilibrio que debe existir entre las medidas represivas y preventivas; y la motivación que debe darse a industrias y otras empresas a través de políticas estimulantes de la protección del medio ambiente. En lo concerniente a la reversión o inversión de la carga de la prueba, consiste en que el demandado es el llamado a ofrecer pruebas para desvirtuar el contenido de la pretensión, sin olvidar que al Derecho Ambiental le interesa más la prevención que la reparación del daño. Está expresamente regulado en el artículo ciento nueve de la Ley de Biodiversidad, que dispone: “La carga de la prueba, de la ausencia de contaminación, degradación o afectación no permitidas, corresponderá a quien solicite la aprobación, el permiso o acceso a la biodiversidad o a quién se le acuse de haber ocasionado daño ambiental”, norma que debe verse en estrecha relación con el artículo cinco de la misma Ley, que señala que lo establecido en esa legislación servirá de marco de interpretación del resto de las normas que regulan la materia objeto de dicha Ley. Esto quiere decir que en materia ambiental se rompe el clásico esquema de que “quién afirma prueba”, y adquiere un papel preponderante la teoría de la carga dinámica de la prueba, según la cual, “se traslada la carga a quién, a raíz de su situación personal, se halla en mejores condiciones para acercar la probanza al proceso, sin que importe si es el actor o el demandado” (sobre la carga dinámica de la prueba puede consultarse la sentencia de la Sala Primera de la Corte Suprema de Justicia N° 212-2008 de las 8:15 horas del 25 de marzo del 2008). Esta posición es aceptada por la doctrina del derecho ambiental, que en ese sentido ha indicado lo siguiente: “En el proceso ambiental, especialmente en función del principio precautorio, se produce una modificación en la carga de la prueba de encuadre clásico (según la cual es principio “que todo el que alega un hecho como pretensión o defensa tiene la carga de probarlo”) y cobra vida, en función de la precaución, la doctrina de las cargas dinámicas probatorias como paliativo para aligerar la ímproba tarea de producir pruebas diabólicas que, en ciertos supuestos, se hacían recaer sin miramientos sobre las espaldas de alguna de las partes (actor o demandado), por malentender las sacrosantas reglas apriorísticas de distribución de la prueba. Finalmente, las modificaciones señaladas en el ámbito del proceso ambiental imponen hablar de un “verdadero derecho procesal ambiental”, sea considerado como una rama autónoma o no; y la complejidad científico-técnica de los casos ambientales, que demandan soluciones inéditas a problemas también inéditos, imponen como mecanismo superador de las estructuras tradicionales del derecho la conveniencia de contar con fueros especializados en la materia ambiental como garantes de la aplicación efectiva del principio de precaución.” (Nombre5945, María Paulina. “El principio precautorio”. En Protección Ambiental, Argentina, 2008, p. 122). En íntima relación con esta variante procesal, la doctrina resalta el rol activo del Juez de frente a un asunto de carácter ambiental, y al respecto señala lo siguiente: “ Pero fue la Ley N° 25.675 (LGA) la que consagró innovaciones inéditas en materia de potestades judiciales (ordenatorias e instructorias), otorgándole al enjuiciador un rol completamente activo e inquisidor como garante de la aplicación del principio precautorio en aquellos procesos en los que se busca la preservación del equilibrio natural (ver artículo 32 LGA), sin que ello implique quiebre alguno del principio de congruencia. (...) se concluye que no existen áreas inmunes a la fuerza normativa de la Constitución y de las normas ambientales, particularmente la Ley General del Ambiente, que constituyen un orden público ambiental, que confieren amplias facultades, incluso de revisión de cuestiones hasta de índole técnica, que le permiten dar plena operatividad al principio precautorio en cada paso del iter procesal, en una tarea concreta y sin duda alguna macroscópica en pos del derecho a una efectiva tutela judicial efectiva.” (idem, Nombre5945, p. 117). Este papel que la doctrina le asigna al Juez de frente a asuntos de carácter ambiental, no está disociado del modelo que la Constitución Política y que el Código Procesal Contencioso Administrativo le otorgaron al Juez Contencioso Administrativo. La Ley de Biodiversidad, cuyas normas son aplicables a resto del ordenamiento en materia ambiental, dispone expresamente en su artículo ciento ocho que “en materia de biodiversidad y mientras no exista jurisdicción ambiental, toda controversia será competencia exclusiva de la jurisdicción contencioso-administrativa”, excepto aquellos casos donde no medie un acto administrativo ni del dominio público. Fijada esta competencia, debemos recordar que la jurisdicción contencioso-administrativa goza de una amplia potestad de fiscalización, dada por el artículo cuarenta y nueve de la Constitución Política, que le permite ejercer un control tanto subjetivo, consistente en la tutela de las situaciones jurídicas sustanciales de los administrados (derechos subjetivos e intereses legítimos), como objetivo, consistente en garantizar la legalidad de la función administrativa de toda la Administración Pública (sean acciones u omisiones). El artículo primero del Código Procesal Contencioso Administrativo reproduce el contenido del artículo cuarenta y nueve constitucional y señala que la jurisdicción contencioso administrativa tiene por objeto tutelar las situaciones jurídicas de toda persona, garantizar o restablecer la legalidad de cualquier conducta de la Administración Pública sujeta al Derecho administrativo, así como conocer y resolver los diversos aspectos de la relación jurídico-administrativa (Jinesta, Ernesto. “Manual del Proceso Contencioso Administrativo, 2008, p.29). La doctrina nacional reafirma el amplio carácter fiscalizador del Juez contencioso administrativo en nuestro ordenamiento, al indicar lo siguiente: “Cuando la norma permite el control de la “función administrativa”, adopta sin ambages una fórmula amplia de fiscalización, en la que el Juez queda facultado para el control de la totalidad de la conducta administrativa. En efecto, el precepto rompe de tajo con cualquier limitación construida alrededor del objeto contencioso administrativo, pues cuando inserta la generalidad de la “función” administrativa dentro del ojo supervisor del Juez, abre el abanico jurisdiccional respecto de cualquier función, comportamiento o conducta administrativa. Nótese que no se atribuye a la jurisdicción contenciosa el control de la “actividad” o “acción” administrativa, ni mucho menos del “acto administrativo”, sino de la “función”, que no por casualidad, resulta omnicomprensiva no sólo de todas ellas, sino también de todo el ámbito de la inactividad. Cuando el artículo asigna al Juez el control de la “función”, está permitiendo que éste analice jurídicamente cualquiera de las funciones que a ella le son propias, cualquiera de sus conductas en cualquiera de sus manifestaciones administrativas. Puede controlar el Tribunal, tanto la actuación activa como la omisiva. Siempre que la conducta sea administrativa y que el control se realice dentro del marco jurídico, no existe o no debe existir, esfera exenta de control jurisdiccional; su revisión puede y debe ser completa, sin inmunidad alguna en el objeto. (...) En este aspecto el constituyente nos ofrece un nuevo broche de cierre, una puerta de seguridad adicional como garantía del control pleno y universal, pues además de sujetar la función administrativa al control jurisdiccional de legalidad, permite al Juez comprobar si aquella se encuentra o no ajustada a los fines que la justifican.” (González, Oscar. “Sentencia”. En: El Nuevo Proceso Contencioso-Administrativo, 2006, p.426). Sobre el papel protagónico y activo que ejercer el Juez en la dinámica del Código Procesal se señala: “ Tal autonomía activa y organizacional para el restablecimiento del ordenamiento jurídico público (escrito y no escrito) y la protección efectiva de los intereses legítimos y los derechos subjetivos, confirma la trascendencia de esta jurisdicción como mecanismo reparador y protector de las situaciones jurídicas eventualmente afectadas, por la intromisión indebida del poder público a través de su multiplicado universo de órganos y entes con sus funcionarios generalmente de iure y excepcionalmente de hecho. (...) Incluso, se trastocó el principio clásico civilista que identifica el objeto del proceso con las pretensiones alegadas y deducidas por las partes, a fin de que la autoridad judicial, en calidad de sujeto activo en el proceso, dicte justicia no sólo con apego a lo pretendido sino, también, ajustando las pretensiones a la justicia pronta y cumplida, conforme a la nueva legislación, para satisfacer los valores insertos en el Estado de Derecho presentes en cada proceso para el restablecimiento de la legalidad o, mejor aún, del ordenamiento jurídico. Bajo el nuevo esquema, el juez antes de regirse por el principio dispositivo lo hará también por el inquisitivo, propio de los tribunales constitucionales como cuando, en nuestro caso, la Sala Constitucional condena en ambas costas y daños y perjuicios a las partes vencidas en las acciones de amparo, aunque los vencedores no lo hayan pedido.” (Jiménez, Nombre25610. “Bases constitucionales para la reforma de la jurisdicción contencioso administrativa”. En: El Nuevo Proceso Contencioso Administrativo, p. 18 y 19, 2006). Retomando el principio precautorio, una vez ocurrida la acción que provocó el daño al ambiente, el interés se centra en la búsqueda de la mejor solución, tanto a nivel jurídico como práctico, teniendo claro que cualquier reparación que se realice nunca va a restituir en la totalidad la situación original. Por lo anterior, podría resultar criticable la imposición de principios como “El que contamina paga”, toda vez que estaría en contra del ánimo de prevención que es uno de los pilares fundamentales del Derecho Ambiental, y más bien, se estaría fomentando el deterioro del ambiente a cargo del pago o resarcimiento económico del daño ocasionado; pero el derecho debe también establecer las medidas de reparación en caso de que las precautorias o preventivas no sirvan (como sucede en la práctica la muchas ocasiones). La Sala Constitucional ha frecuentado en llamarlo también principio “in dubio pro natura”(voto 2000-9773 de la Sala Constitucional), señalando que comprende una especie de inversión de la carga de la prueba, dado que en caso de falta de certeza sobre las consecuencias de una actividad basta para no llevarla a cabo. Se ha establecido doctrinariamente que este principio se refiere a las políticas ambientales generales, y que para casos concretos opera el principio preventivo. En materia ambiental existe incertidumbre científica sobre los posibles daños que pueden ocasionar algún tipo de actividades. El principio precautorio se refiere a la actitud cautelosa que se debe tomar cuando surja alguna duda razonable en relación con la peligrosidad de cualquier actividad de repercusiones ambientales, sea para que se evite o para tomar las medidas necesarias para evitar el daño eventual.(Loperena Rota, Desiderio, Los Principios del Derecho Ambiental, España, 1998, p. 93). El Principio preventivo -también- esta muy relacionado con el principio anterior se refiere a la proyección sobre las consecuencias perjudiciales ciertas de algunas actividades. El tratar de evitarlas con anticipación es el propósito de este principio; por ejemplo en el caso de las políticas preventivas reflejadas mediante las Evaluaciones de Impacto Ambiental. En casos concretos este principio se traduce en la aplicación de medidas cautelares. El desarrollo doctrinario y legislativo de la tutela cautelar está centrado, como es lógico, en el proceso jurisdiccional. Debido a la lentitud de los procesos y las verdaderas situaciones de injusticia que se pueden ocasionar por ello, es que ha surgido en el Derecho comparado la necesidad de implementar las medidas cautelares. A pesar de ser esto así, la tutela cautelar no se circunscribe tan solo al ámbito jurisdiccional, sino que su aplicación también se contempla en los procedimientos administrativos. En los procedimientos de naturaleza ambiental, la importancia que ha adquirido la tutela cautelar es decisiva a la hora de ejercer el derecho de todos a un medio ambiente sano. En sede jurisdiccional, las medidas cautelares tienen por función principal garantizar provisionalmente la eficacia de la sentencia definitiva, para que no sea una mera declaración de principios. De acuerdo con la doctrina nacional, existe un derecho fundamental a la tutela cautelar que forma parte del derecho a una justicia pronta y cumplida contenido en el artículo 41 constitucional. (Jinesta Lobo, Las Medidas Cautelas Atípicas en el Proceso Contencioso Administrativo, en la Dimensión Constitucional de la Jurisdicción Contencioso Administrativo, p. 171). En este sentido, la jurisprudencia nacional ha manifestado que “ III. ... Resulta obvio, que el derecho a la tutela cautelar y el deber correlativo del órgano jurisdiccional de actuarlo cuando concurran los presupuestos establecidos en la ley, cuya titularidad ostenta todo justiciable, posee una profunda raigambre constitucional, y más concretamente forma parte del haz de facultades que conforman el contenido esencial del derecho fundamental a una justicia pronta y cumplida (tutela judicial efectiva, o en los términos de la Sala Constitucional derecho general a la jurisdicción, artículo 41 de la Constitución Política). En tal sentido, se puede sostener, que no existe una tutela judicial pronta y cumplida – efectiva- sin una cautelar flexible y expedita.”(Voto 405-95 de este Tribunal, o resaltado no corresponde al original). En materia de derecho ambiental la presencia de los presupuestos propios de las medidas cautelares cobra mayor vigencia, dado el carácter irreversible de los daños ambientales. En cuanto al principio de publicidad es de recordar que la Administración tiene el deber de hacer públicas las informaciones de actividades públicas o privadas que tengan relación con el medio ambiente, dado que media un interés público. Para el autor español Martín Mateo, la información o publicación de los datos es la base sobre la que se asienta igualmente la acción protectora de las Administraciones Públicas, la educación ambiental y la investigación (Tratado de Derecho Ambiental, España, 1991). El artículo treinta de la carta fundamental garantiza el acceso a los departamentos administrativos con propósitos de información sobre asuntos de interés público. Sin embargo, en materia medioambiental el concepto de información y acceso adquiere una nueva dimensión y se entiende como el derecho del individuo o colectividad de solicitar información y de ser informado por cualquier ente u órgano estatal sobre cualquier proyecto que pueda afectar su derecho de un ambiente sano y ecológicamente equilibrado (Nombre368, Ana Virginia, Garantías e Implicaciones Constitucionales del Medio Ambiente, en Apuntes sobre el Sector Justicia al Derecho Ambiental, Costa Rica, 1997, p. 286). A su vez el principio de restaurabilidad se aplica en presencia de la responsabilidad civil por la generación de una lesión, la sanción al responsable puede ser la indemnización de los daños y perjuicios ocasionados (compensación) o la reparación a su estado originario de la situación alterada por la infracción. La doctrina ha sostenido, que a diferencia de otros ámbitos en los cuales en general existe la opción de reponer o no la cosa dañada, en materia ambiental la efectiva restauración es imprescindible y no opcional para el administrador del bien dañado, esto en particular por la titularidad común de los bienes ambientales dado que no puede dañarse el medio ambiente y destinar su compensación económica para otros usos (Loperena, 1998, p. 73). Sin embargo, es claro que la reparación será sanción en la medida que esta sea posible. Los artículos cincuenta y tres y cincuenta y cuatro de la Ley de la Biodiversidad contienen este principio, y de este modo se obliga al Estado [incluyendo a las instituciones autónomas] a tener como principio de actuación la restaurabilidad, mediante la obligación de fomento y en caso de que ya se hubiese producido el daño ambiental procurar tanto su recuperación, rehabilitación como la restauración del mismo. Por su parte la regla El que contamina, paga” s egún la doctrina, en el Derecho Ambiental se ha consagrado el principio de la responsabilidad extracontractual objetiva, sin que se examine la culpa o negligencia del agente causante del daño ambiental (Loperena, 1998, p. 64), la cual podría pensarse que se encuentra incluida dentro de la responsabilidad ambiental de la Ley Orgánica del Ambiente establecida en el artículo dos inciso d) [referente a los principios en materia ambiental], la cual es una cláusula amplia de responsabilidad al señalar que: “ Quien contamine el ambiente o le cause daño será responsable, conforme lo establezcan las leyes de la República y los convenios internacionales vigentes”. El origen de este principio es anglosajón y se debe entender de la siguiente manera: “Conforme al principio ‘quien contamina paga’, se entiende por responsable de la contaminación, (...), por agente contaminador a la persona física o jurídica sometida a derecho privado o público que directa o indirectamente deteriora el medio ambiente o crea las condiciones para que se produzca dicho deterioro, tratándose de evitar en principio que la política de protección del medio ambiente se base en subvenciones y ayudas estatales y que se atribuya a la Comunidad la carga de la lucha contra la contaminación, siendo imputable al contaminado el costo de las medidas necesarias para la eliminación de la contaminación o para su reducción hasta estándares o medidas equivalentes de objetivos de calidad ambiental.” (Ibídem, p. 67). Este principio implicaría para el contaminador el pago y cumplimiento de las medidas cautelares que se decreten; el cese de la actividad contaminante o su modificación; el pago de las multas pertinentes; y la reparación e indemnización de los daños y perjuicios ocasionados. Referente a la realización del estudio de impacto ambiental previo a la iniciación de obras aunque a simple vista más que un principio se podría decir que se trata de una obligación, la doctrina lo ha considerado como un principio, cuyo fundamento constitucional se extrae del mandato cincuenta de la carta fundamental, en el tanto que obliga al Estado a garantizar, defender y preservar el derecho a un ambiente sano y ecológicamente equilibrado. En el Derecho Ambiental las medidas preventivas tienen una importancia vital; ya que prevenir es siempre mejor que reparar el daño ocasionado, por cuanto restablecer la naturaleza a su estado anterior no es tarea fácil. Dentro de las medidas preventivas se encuentra el estudio de impacto ambiental, el cual es obligatorio para el Estado y los particulares. En nuestro país la primera normativa de carácter legal que involucra este concepto es el Código de Minería, promulgado mediante Ley Número 6797. En el artículo ciento uno se contempla que “con el objeto de garantizar un aprovechamiento racional de los recursos nacionales y de proteger sus usos futuros, los concesionarios deberán efectuar estudios de impacto ambiental de sus actividades, en forma previa y pública. Estos estudios deberán ser efectuados por personal técnico calificado, mediante las normas suministradas por el Estado, y si los estudios se consideraran deficientes podrán ser rechazados por el organismo gubernamental de control.” (Lo resaltado no corresponde al original). Asimismo, el Reglamento al Código de Minería contiene en su artículo treinta y cuatro y siguientes lo establecido por la Comisión Gubernamental de Control Ambiental sobre los Estudios de Impacto Ambiental. Por otro lado, la Ley de Conservación de Vida Silvestre en el numeral 26 establece la facultad de la “Dirección General de Vida Silvestre del Ministerio de Recursos Naturales, Energía y Minas para otorgar permisos de importación de especies de Vida Silvestre. Toda solicitud para esos permisos deberá presentarse, ante esa Dirección, con una evaluación de impacto ambiental la que, para los efectos de esta Ley, se considerará documento público y deberá incluirse los siguientes requisitos...”. Posteriormente, con la Ley de Hidrocarburos, se vino a establecer lo relativo a la protección ambiental, estipulándose la obligación de realizar un Estudio de Impacto Ambiental para el desarrollo de las actividades de exploración y explotación de hidrocarburos. Éste desarrollo normativo, logra en mil novecientos noventa y cinco un importante y significativo avance con la publicación de la Ley Orgánica del Ambiente, en la cual se incluyeron una variedad de normas relacionadas con el Estudio de Impacto Ambiental, y se crea así la Secretaría Técnica Nacional Ambiental. De tal manera el artículo diecisiete de este cuerpo de normas dispone que las actividades humanas que alteren o destruyan elementos del ambiente o generen residuos materiales tóxicos o peligrosos, requieran de una evaluación de impacto ambiental por parte de la Secretaria Técnica Ambiental (SETENA). Por otro lado, éste principio también ha sido recogido por una serie de instrumentos internacionales, como lo es la Declaración de Río, que en su principio diecisiete contempló que “deberá emprenderse una evaluación de impacto ambiental, en calidad de instrumento nacional, respecto de cualquier actividad propuesta que probablemente haya de producir un impacto negativo considerable en el medio ambiente y que esté sujeta a la decisión de una autoridad nacional competente.” En el Convenio sobre Diversidad Biológica y sus Anexos I y II establece que “ Cada Parte Contratante, en la medida de lo posible y según proceda: Establecerá procedimientos apropiados por los que exija la evaluación del impacto ambiental de sus proyectos propuestos que puedan tener efectos adversos importantes para la diversidad biológica con miras a evitar o reducir al mínimo esos efectos, y cuando proceda, permitirá la participación del público en esos procedimientos...” Por su parte la Sala Constitucional ha realizado un significativo aporte al disponer que “el Estudio de Impacto Ambiental se establece como el instrumento idóneo que tiene el Estado para garantizar el equilibrio entre la conservación de los recursos naturales, y el desarrollo del ser humano en forma sostenible. De este modo, la actividad humana que conlleve la intervención, alteración o destrucción del medio ambiente, debe ajustarse a lo que ambientalmente resulte más beneficioso para el Estado y la comunidad, o la de grupos que puedan verse afectados.” Ahora bien, el Estudio de Impacto Ambiental no puede eximirse de los proyectos de desarrollo, de explotación o exploración; ni por ley y menos aún por ninguna norma de rango inferior, precisamente por tener fundamentación en la Constitución Política. Por último debe señalarse que la realización del Estudio de Impacto Ambiental no implica la puesta en funcionamiento del proyecto en cuestión, toda vez que se trata de un requisito previo y que, necesariamente debe cumplirse en los casos estipulados. En cuanto al principio de que sólo el Estado de Necesidad declarado excepciona el cumplimiento de las normas ambientales más que un principio se puede tomar como una regla, ya que se determina que la única excepción al cumplimiento de las normas y principios en materia ambiental lo sería el estado de necesidad, ya que el Estado es el llamado a preservar el orden público. Por lo anterior, es que se debe decir que el fundamento de este “principio” lo sería el Estado de Necesidad; es decir, la misma necesidad se convierte en el fundamento. De tal manera, ante la presencia de situaciones transitorias y urgentes en las que se hace necesario la continuidad de los servicios públicos, se permite la dispensa de la normativa ambiental; bastaría con que se produzca el hecho determinante, como por ejemplo, una inundación, un terremoto, una epidemia, o bien, que se tenga un alto grado de certeza que se va a producir el hecho para que se pueda declarar el Estado de Necesidad. Así las cosas, le es permitido a la Administración Pública adoptar una conducta sin cumplir con una disposición en materia ambiental. Por ejemplo, la construcción de un puente sin la realización del Estudio de Impacto Ambiental, o bien, la realización de algún proyecto sin que se cuente con un permiso de salud. Por otra parte, no se debe confundir el Estado de Necesidad con la Contingencia, la cual se puede definir como aquel hecho futuro que puede o no producirse. En estos casos no es posible la dispensa de la normativa ambiental, toda vez que no se tiene certeza que el hecho se va a producir. En ese sentido, la Sala Constitucional ha dispuesto que “es contraria al Derecho de la Constitución, no sólo la normativa, sino la actuación de las instituciones públicas que dispensen los trámites y procedimientos ordinarios para la actuación ordinaria de la Administración.\" (Voto 6503-2001). En consecuencia, “ para que se entienda de desarrollo constitucional la medida de emergencia, ésta debe atender única y exclusivamente a darle solución a la situación de emergencia que la motiva, y tener –además- como propósito el bien común: esto es, debe ser justa y además razonable (proporcionada en sentido estricto)”.(voto 6322-2003 de la Sala Constitucional). Mientras que con respecto al principio que la falta de recursos económicos de las instituciones públicas no es excusa que justifique la omisión de dar protección al Derecho Ambiental es una premisa desarrolla con el avance progresivo de los derechos económicos y sociales; y de la aplicación del principio de la prohibición del retroceso social. En términos de la Sala Constitucional “la falta de presupuestos (recursos económicos, materiales y/o personal calificado) no puede constituirse en un límite entre el respeto y la violación de los derechos fundamentales, es decir, no puede ser motivo para que la Administración no actúe y tome acciones concretas a fin de que a través de su gestión encuentre solución a los problemas que los particulares les requieran en materia ambiental...”(voto 6322-2003 de la Sala Constitucional). No se debe dejar de lado un aspecto vital, y es el hecho que este enunciado se debe analizar conjuntamente con el principio de equilibrio presupuestario, por cuanto la Administración Pública está obligada a cumplir el equilibrio en el presupuesto. De tal manera, se presenta un interesante fenómeno, ya que por una parte se establece la obligación del Estado de proteger el ambiente, sin que pueda excusarse en la falta de recursos para dejar de cumplirlo, y por otra parte, la situación que la Administración, abruptamente, no puede romper con el equilibrio presupuestario para cumplir con sus deberes y obligaciones constitucionales. Consecuentemente, resulta necesario buscar la manera en que se pueda cumplir con ambos enunciados, de tal forma que se garantice la protección al ambiente y además se cumpla con el equilibrio presupuestario. Es decir, se requiere de una aplicación armónica, integral entre ambos postulados. Es conveniente indicar que en la mayoría de los casos la falta de presupuesto es más consecuencia de la línea política imperante en la materia, que a la inexistencia del recurso mismo. Mientras que con respecto al principio de la Coordinación entre las diferentes dependencias de la Administración Pública deriva del principio de la Unidad Estatal. Así se desprende de la jurisprudencia constitucional que al respecto ha consignado que “la protección del medio ambiente es una tarea que corresponde a todos por igual , es decir, que existe una obligación para el Estado –como un todo- de tomar las medidas necesarias para proteger el medio ambiente, a fin de evitar grados de contaminación, deforestación, extinción de flora y fauna, uso desmedido o inadecuado de los recursos naturales, que pongan en peligro la salud de los administrados.” (Ibídem, lo resaltado no corresponde al original). En España este enunciado está contenido expresamente en la Constitución Política en los numerales ciento cuarenta y ocho y ciento cuarenta y nueve; y se denomina el Principio de Coordinación Orgánica; el cual se basa en el dato de que la Constitución atribuye la función de protección de los recursos naturales con carácter compartido al Estado y las Comunidades Autónomas. La coordinación se produce cuando un problema desborda la competencia de un ente, y por esta razón se hace necesaria la coordinación con la entidad o el órgano público que corresponda y se ha definido como “la ordenación de las relaciones entre estas diversas actividades independientes, que se hacen cargo de esa concurrencia en un mismo objeto o entidad, para hacerla útil a un plan público global, sin suprimir la independencia recíproca de los sujetos agentes .” (Ibídem, lo resaltado no corresponde al original). En el ordenamiento jurídico costarricense, a nivel legal, se consagra el presente principio en el artículo 3 de la Ley Orgánica del Ambiente y a nivel internacional se ha enunciado, entre otros, en la Declaración de Estocolmo sobre el Medio Humano al contemplar que “a fin de lograr una más racional ordenación de los recursos y mejorar las condiciones ambientales, los Estados deberían adoptar un enfoque integrado y coordinado de la planificación de su desarrollo de modo que quede asegurada la compatibilidad del desarrollo con la necesidad de proteger y mejorar el medio humano en beneficio de su población.” De lo señalado, se extrae la necesaria coordinación estatal para lograr el cambar cumplimiento de las obligaciones constitucionales, importancia que se vuelve aún más importante al tratarse de la protección y preservación del medio ambiente. En este sentido, si bien existe un órgano rector en la materia, como lo es el MINAE, se hace necesaria la colaboración de otras instancias o dependencias, este Ministerio está facultado para integrar a todos aquellos involucrados, como lo son las municipalidades, que en ciertas materias son incluso las únicas con la competencia. Referente a que la lesión a este Derecho Ambiental se da tanto por acción como por omisión se desprende de la propia Constitución Política en el ya tantas veces citado artículo cincuenta, ya que como lo ha señalado la Sala Constitucional “ las omisiones al deber de protección del medio ambiente y de cumplimiento de la normativa ambiental son de relevancia constitucional, por cuanto a consecuencia de la inercia de la Administración en esta materia, se puede producir un daño al medio ambiente y a los recursos naturales, a veces, de similares o mayores consecuencias, que de las derivadas de las actuaciones de la Administración.” (Ibídem). En ese sentido, podría incluso pensarse en la omisión en el dictado de una ley indispensable para la protección del derecho a un ambiente sano y ecológicamente equilibrado, o bien, llevar a cabo una construcción sin la aprobación del Estudio de Impacto Ambiental; o ejercer los deberes de vigilancia; los cuales son apenas algunos ejemplos en los que la inactividad de la Administración, tanto formal como material, puede provocar daños graves al ambiente, muchas veces mayores que los que se producen por medio de acciones. Con respecto a la inoperancia del silencio positivo en materia de utilización de recursos naturales como es sabido, el silencio positivo es un instrumento propio del derecho administrativo y opera en toda aquella actividad fiscalizadora del Estado, cuando luego de transcurrido un plazo prudente, que en nuestro ordenamiento jurídico es de un mes [salvo norma que disponga plazo contrario] después de presentada la solicitud, la Administración no fiscaliza la actividad, entonces se entiende por otorgada. Se presenta para los permisos, autorizaciones, licencias, de conformidad con los numerales trescientos treinta y trescientos treinta y uno de la Ley General de la Administración Pública. No obstante, esta regla no resulta de aplicación en materia ambiental, ya que está por encima el derecho constitucional a un ambiente sano y ecológicamente equilibrado. Sobre la materia, la Sala Constitucional ha señalado que: “...estas reglas –silencio positivo- no son de aplicación en materia de permisos de aprovechamiento de los recursos naturales (forestales, mineros, marinos, aguas de la Nación, fuerzas que derivan de los recursos hídricos, etc.), [...], precisamente en virtud del valor superior (interés público) de la tutela del ambiente, y precisamente por la conceptualización del derecho ambiental como un derecho fundamental [...]” (Op. Cit). Este principio fue consagrado por la Sala Constitucional para los recursos forestales, sin embargo, dado que la protección se da para toda la naturaleza se entiende que rige para toda la materia ambiental, ya que la no aplicación del silencio positivo en materia ambiental, podría señalarse, que encuentra su justificación en el valor superior, o sea, el interés público, de la tutela del ambiente como un derecho fundamental. A nivel legal, se ha consagrado este “principio” de manera expresa como en la Ley Forestal es una de ellas, al disponer, de una forma muy amplia y clara, que en materia de recursos naturales no opera el silencio positivo. El problema es que debería encontrarse de manera más directa y expresa su consagración como principio, ya que como es sabido una de las formas de proteger el ambiente es precisamente impidiendo que por la inercia de la Administración se puedan tener por otorgados permisos para la explotación de los recursos naturales, que generarían, en muchos, casos daños irreparables al medio ambiente o incluso la pérdida de algunos de sus componentes. Por último, en cuanto a la participación ciudadana en los asuntos ambientales se consagra en un principio cuyo fundamento se extrae de los artículos veintisiete, treinta y cincuenta constitucionales, por cuanto los ciudadanos tienen derecho al acceso a la información de que se dispone y a la divulgación de ella para la toma de decisiones. La participación ciudadana constituye una consecuencia del principio democrático y abarca el derecho a la información relativa a los proyectos ambientales o que puedan causar una lesión a los recursos naturales y el medio ambiente y la garantía de una efectiva participación en la toma de decisiones. Por su parte, el artículo diez de la Convención de Río elevó la participación a rango de principio en materia ambiental al disponer que “el mejor modo de tratar las cuestiones ambientales es con la participación de todos los ciudadanos interesados, en el nivel que corresponda. En el plano nacional, toda persona debe tener adecuada formación sobre el medio ambiente que dispongan las autoridades públicas, incluida la información sobre los materiales y las actividades que encierran peligro en sus comunidades, así como la oportunidad de participar en los procesos de adopción de decisiones. Los estados deberán facilitar y fomentar la sensibilización y la participación de la población poniendo la información a disposición de todos. Deberá proporcionarse acceso efectivo a los procedimientos judiciales y administrativos, entre éstos el resarcimiento de daños y los recursos pertinentes.” (Lo resaltado no corresponde al original). En el Derecho Español su propia Constitución contiene la participación ciudadana en el artículo ciento veintinueve punto uno al señalar que “ La Ley establecerá las formas de participación de los interesados en la Seguridad Social y en la actividad de los Organismos públicos cuya función afecte directamente a la calidad de la vida o al bienestar general.” Además de la fundamentación constitucional, en nuestro ordenamiento, la Ley Orgánica del Ambiente contempla este principio al igual que el Reglamento sobre Procedimientos de la Secretaría Técnica Nacional Ambiental, incluso establecen la realización de una audiencia pública en el procedimiento del Estudio de Impacto Ambiental; pero el ordenamiento jurídico costarricense no está al margen de este importante postulado, ya que en un Estado Democrático de Derecho como el nuestro, la participación de la población es uno de los pilares fundamentales y debería fortalecerse más.\n\nVII.- SOBRE LA CONVENCIÓN RAMSAR: La Convención Relativa a los Humedales de Importancia Internacional especialmente como Hábitat de Aves Acuáticas, conocida en forma abreviada como Convenio de Ramsar, fue firmada en la ciudad de Ramsar (Irán) el dieciocho de enero de mil novecientos setenta y uno y entró en vigencia el veintiuno de diciembre de mil novecientos sesenta y cinco. Su principal objetivo es «la conservación y el uso racional de los humedales mediante acciones locales, regionales y nacionales y gracias a la cooperación internacional, como contribución al logro de un desarrollo sostenible en todo el mundo». Actualmente se encuentran adheridos a dicho convenio más de ciento sesenta, protegiendo más de mil novecientos humedales, con una superficie total de más de ciento noventa millones de hectáreas, designados para ser incluidos en la lista Ramsar de humedales de importancia internacional. Cada tres años los países miembros se reúnen para evaluar los progresos y compartir conocimientos y experiencias. La filosofía de Ramsar gira en torno al concepto de “ uso racional”. El uso racional de los humedales se define como \" el mantenimiento de sus características ecológicas, logrado mediante la implementación de enfoques por ecosistemas, dentro del contexto del desarrollo sostenible\". Por consiguiente, la conservación de los humedales, así como su uso sostenible y el de sus recursos, se hallan en el centro del \"uso racional\" en beneficio de la humanidad. La Convención emplea una definición amplia de los tipos de humedales abarcados por esta misión, incluidos pantanos y marismas, lagos y ríos, pastizales húmedos y turberas, oasis, estuarios, deltas y bajos de marea, zonas marinas próximas a las costas, manglares y arrecifes de coral, así como sitios artificiales como estanques piscícolas, arrozales, embalses y salinas. La misión de la Convención es “ la conservación y el uso racional de los humedales mediante acciones locales y nacionales y gracias a la cooperación internacional, como contribución al logro de un desarrollo sostenible en todo el mundo”. Esta visión se inspira en la de la Evaluación de los Ecosistemas del Milenio, que describe los ecosistemas como el complejo de comunidades vivas (incluidas las comunidades humanas) y del medio ambiente no vivo (componentes de los ecosistemas) que interactúan (a través de procesos ecológicos) como una unidad funcional que proporciona, entre otras cosas, una variedad de beneficios a los seres humanos (servicios de los ecosistemas). La Convención posee diversos mecanismos para ayudar a las Partes Contratantes a designar sus humedales más significativos como Sitios Ramsar, y para adoptar las medidas necesarias para mantener los componentes y procesos de sus ecosistemas y los beneficios que aportan. Los Sitios Ramsar se designan de acuerdo con nueve criterios, ocho de los cuales son criterios de biodiversidad, lo que pone de relieve la importancia que da la Convención a la preservación de esta diversidad mediante la designación y la restauración de humedales. La Convención también proporciona herramientas para establecer un vínculo entre la biodiversidad de los humedales y los servicios ecosistémicos como la pesca o el suministro de fruta, madera, medicinas, etc., de los que dependen las personas.  Como regla de principio en el ordenamiento patrio los territorios comprendidos en dicha convención sobre dominio público, lo que se ha dado en llamar bienes demaniales; y solo de forma excepcional y extraordinaria podría pensarse que están en manos de particulares. Naturalmente, la totalidad de los principios propios de la materia ambiental se utilizan en estas áreas del territorio nacional, en tanto la se sabe que su afectación repercute directamente sobre el entorno, y las posibilidades del acceso al agua, tanto para el presente como para las generaciones futuras.\n\nVIII.- CONSIDERACIONES SOBRE EL DOMINIO PÚBLICO: La Constitución Política en el artículo ciento veintiuno inciso catorce, señala: \" (...) Además de las otras atribuciones que le confiere esta Constitución, corresponde exclusivamente a la Asamblea Legislativa: (...) 14) Decretar la enajenación o la aplicación a usos públicos de los bienes propios de la Nación (...)\".  Esta disposición constitucional ha sido desarrollada en el Código Civil, en los artículos 261 a 263; el artículo 261 indica: \"Son cosas públicas las que, por ley, están destinadas de un modo permanente a cualquier servicio de utilidad general, y aquellas de que todos pueden aprovecharse por estar entregadas al uso público. Todas las demás cosas son privadas y objeto de propiedad particular, aunque pertenezcan al Estado o a los Municipios, quienes para el caso, como personas civiles, no se diferencian de cualquier otra persona\". Por su parte el artículo 262 menciona: \" Las cosas públicas están fuera del comercio; y no podrán entrar en él, mientras legalmente no se disponga así, separándolas del uso público a que estaban destinadas\". Así, como dominio público se entiende el conjunto de bienes sujeto a un régimen jurídico especial y distinto al que rige el dominio privado, que además de pertenecer o estar bajo la administración de personas jurídicas públicas, están afectados o destinados a fines de utilidad pública y que se manifiesta en el uso directo o indirecto que toda persona pueda hacer de ellos o por una utilidad especialmente reconocida. Conforme la normativa citada, el Estado posee tanto bienes de dominio público, como privado; los bienes públicos son aquéllos a los cuales una ley les da un destino para uso público o general, se les denomina \"demaniales\" y son inalienables, imprescriptibles, inembargables e indenunciables (en ese sentido véase los votos No. 2306-91 de las 14:45 horas del seis de noviembre de mil novecientos noventa y uno y 2000-06903 de las 15:48 horas del 8 de agosto de 2000, de la Sala Constitucional). Hasta aquí hemos tratado los bienes de demaniales en una sola clasificación cuando en realidad estamos en presencia de tres categorías diferentes, aún cuando directamente relacionadas. Un primer grupo de bienes lo componen aquellos destinados al uso general, como el caso de las calles, los parques, la playa, entre otros. No está por demás señalar que el listado de este tipo de bienes esta determinado tanto geográficamente, como históricamente, pues mientras en una sociedad un determinado bien encaja en esta categoría un bien , en otra la situación puede ser diametralmente opuesta.  La determinación de esa afectación es una decisión jurídico - política a cargo del Estado; sin que sea un aspecto connatural al bien en si mismo.  Se trata de una afectación directa al uso público, que justifica su pertinencia y utilidad en corresponder a esta clasificación.  El segundo grupo de bienes demaniales lo componen aquellos cuyo uso público es indirecto, correspondiendo a todos aquellos afectos de manera directa a un servicio público. Para nadie es un secreto que el concepto de servicio público ha estado en cuestionamiento y reconstrucción en las últimas décadas a partir de una serie de procesos de liberalización y aperturas de mercado, en el entendido que esas actividades en el fondo no son más que económicas y muy lucrativas, lo que determina el interés privado en su participación. En todo caso y sin pretender entrar más en un concepto por demás frágil es claro que al margen de la titularidad del servicio, en tanto público, satisface un interés general o colectivo; de manera que los bienes que lo componen le resultan indispensables para evitar una afectación a la colectividad. Por eso se indica que su relación con la sociedad es indirecto, en la medida que su uso colectivo no es por propia mano con las personas sino en el servicio propiamente dicho. De aquí que de manera reiterada este Tribunal ha señalado en ocasiones anteriores que estos bienes tienen una naturaleza y régimen jurídico diverso de los bienes privados, en tanto, por expresa voluntad del legislador se encuentran afectos a un destino especial de servir a la comunidad, sea al interés público, y que por ello, no pueden ser objeto de propiedad privada, de modo que están fuera del comercio de los hombres, por lo cual, no pueden pertenecer individualmente a los particulares, ni al Estado, en sentido estricto, por cuanto éste se limita a su administración y tutela. Así, lo que define la naturaleza jurídica de los bienes demaniales es su destino, en tanto se afectan y están al servicio del uso público, según lo ha reconocido la doctrina en la materia (así, Nombre33033, Miguel S., en su obra Tratado de Derecho Administrativo . Tomo V. Nombre38645. Buenos Aires. 1992).  Antes de retomar algunos de los conceptos indicados en esa definición se hace necesario incluir la tercera categoría de bienes de esa naturaleza y que corresponde a lo que se entiende como el patrimonio especial del Estado, de suerte que es posible ubicar una serie de bienes (enunciados en la misma Constitución Política pero sin que deba entenderse que esa lista es numerus clausus) son patrimonio del Estado sobre los cuales el comercio se realiza sin posibilidad de apropiación.  Se trata del denominado patrimonio público, donde ciertos bienes no son objeto de comercio ordinario lícito. Una interpretación integral de la norma permite comprender que este retiro ordinario de la actividad económica debe ser para asegurar la distribución de la riqueza en los términos de los artículos cuarenta y cinco y cincuenta constitucional. Dentro de esta última categoría se ubica el patrimonio natural del Estado, que lo constituye todos aquellos bienes de la naturaleza que se encuentran fuera del comercio de los hombres, y cuya titularidad corresponde al Estado, en tanto representante de la nación. En todo caso, y al margen de las tres categorías, nótese que el énfasis de la diferenciación de los bienes privados de los de dominio público se da en relación al destino del bien, sea, al hecho de estar afectos a un uso común o al servicio del bien común; tal y como lo consideró con anterioridad la Sala Constitucional en sentencia número 2301-91, de seis de noviembre de mil novecientos noventa y uno. Como ya se indicó, en razón de lo anterior, notas características de los bienes demaniales es que son inalienables, imprescriptibles, e inembargables, es decir, que se trata de bienes que están fuera del comercio ordinario de los hombres, de manera que su dominio o posesión no puede ser traspasado, ni a título gratuito ni oneroso; no pueden perderse por prescripción, así como tampoco, pueden ganarse por usucapión, de modo que son bienes que conservan su vigencia jurídica permanentemente; y no son susceptibles de embargo. Se trata de bienes cuya titularidad ostenta el Estado en su condición de administrador, debe entenderse que se trata de bienes que pertenecen a la \"Nación\", con lo cual, conforman parte del patrimonio público; y que, por su especial naturaleza jurídica, presentan los siguientes atributos: son imprescriptibles, lo cual implica que por el transcurso del tiempo, no puede adquirirse el derecho de propiedad sobre ellos, ni siquiera de mera posesión, es decir, no pueden adquirirse mediante la usucapión, así como tampoco pueden perderse por prescripción; motivo por el cual los permisos de uso que la Administración conceda sobre ellos, siempre tienen un carácter precario, lo cual hace que puedan ser revocadas por motivos de oportunidad o conveniencia en cualquier momento por la Administración –en los términos previstos en los artículos ciento cincuenta y cuatro y ciento cincuenta y cinco de la Ley General de la Administración Pública–; y las mismas concesiones que se otorguen sobre ellos para su aprovechamiento, pueden ser canceladas, mediante procedimiento al efecto; son inembargables lo que hace que no pueden ser objeto de ningún gravamen o embargo, ni por particulares, ni por la Administración; y son inalienables, lo que se traduce en la condición de que están fuera del comercio de los hombres; de donde no pueden ser enajenados, vendidos o adquiridos, ni a título gratuito ni oneroso, ni por particulares, ni por el Estado, de modo que están excepcionados del comercio los hombres y sujetos a un régimen jurídico especial y reforzado. Además su uso y aprovechamiento está sujeto al poder de policía, en tanto, por tratarse de bienes que no pueden ser objeto de posesión, y mucho menos de propiedad, su utilización y aprovechamiento es posible únicamente a través de actos debidamente autorizados, sea mediante concesión o permiso de uso, otorgado por la autoridad competente; y al control constante de parte de la Administración Pública. De manera que comprende bienes inmuebles que tienen una naturaleza y régimen jurídico virtualmente diverso a la propiedad privada, que deriva de lo dispuesto en el artículo cuarenta y cinco constitucional.  Un bien público puede ser natural o artificial, según se trate de bienes declarados públicos por el legislador considerándolos en el estado en que la naturaleza los presenta u ofrece (un río por ejemplo), o de bienes declarados públicos por el legislador pero cuya creación o existencia depende de un hecho humano (construcción de una calle o un parque público, por ejemplo).  La afectación es el hecho o la manifestación de voluntad del poder público, en cuya virtud la cosa queda incorporada al uso y goce de la comunidad y puede efectuarse por ley o por acto administrativo. La doctrina hace la distinción entre “asignación del carácter público” a un bien con la “afectación” de ese bien al dominio público. La asignación del carácter público significa establecer que ese bien determinado tendría calidad demanial; así, por ejemplo, la norma jurídica general diría que todas las vías públicas son integrantes o dependientes del dominio público y ello quiere decir que lo son las actuales y las que se lleguen a construir. En cambio, la afectación significa que el bien declarado dominical queda efectivamente incorporado al uso público y esto tiene que ver con la aceptación y recibo de obras públicas cuando se construyen por administración o por la conclusión de las obras y su recibo oficial, cuando es un particular el que las realiza (construcción de una urbanización o fraccionamiento, por ejemplo).- Es por esto que se dice que la afectación puede ser declarada por ley en forma genérica, o bien por un acto administrativo, el cual, necesariamente, deberá conformarse con la norma jurídica que le sirve de referencia (principio de legalidad) ...” (Voto No. 3145-96 de 28 de junio de 1996) (...)\". Adicionalmente, existe la figura de la \"desafectación\", que se trata de \"la situación jurídica por la que un bien deja de pertenecer al dominio público (...) los bienes que son desafectados se convierten, en principio, en bienes patrimoniales de la Administración titular, que, en su caso, podrá enajenarlos (...)\"(voto 035-2009-SVII, Tribunal Contencioso Administrativo). Un bien público puede ser natural o artificial, según se trate de bienes declarados públicos por el legislador considerándolos en el estado en que la naturaleza los presenta u ofrece (un río por ejemplo), o de bienes declarados públicos por el legislador pero cuya creación o existencia depende de un hecho humano (construcción de una calle o un parque público, por ejemplo). La afectación es el hecho o la manifestación de voluntad del poder público, en cuya virtud la cosa queda incorporada al uso y goce de la comunidad y puede efectuarse por ley o por acto administrativo. La doctrina hace la distinción entre “asignación del carácter público” a un bien con la “afectación” de ese bien al dominio público. La asignación del carácter público significa establecer que ese bien determinado tendría calidad demanial; así, por ejemplo, la norma jurídica general diría que todas las vías públicas son integrantes o dependientes del dominio público y ello quiere decir que lo son las actuales y las que se lleguen a construir. En cambio, la afectación significa que el bien declarado dominical queda efectivamente incorporado al uso público y esto tiene que ver con la aceptación y recibo de obras públicas cuando se construyen por administración o por la conclusión de las obras y su recibo oficial, cuando es un particular el que las realiza (construcción de una urbanización o fraccionamiento, por ejemplo).- Es por esto que se dice que la afectación puede ser declarada por ley en forma genérica, o bien por un acto administrativo, el cual, necesariamente, deberá conformarse con la norma jurídica que le sirve de referencia (principio de legalidad). Como consecuencia de lo dicho en el punto anterior, es manifiesto que el régimen demanial es per se. Su existencia y publicidad se da con autonomía del Registro, sin que sea dable al titular registral alegar desconocimiento como medio para desvirtuarlo y contrarrestar la afectación. Los principios de inalienabilidad e imprescriptibilidad que caracterizan el dominio público impiden que en su contra pueda esgrimirse la figura del tercero registral para consolidar la propiedad privada ilícitamente sustraída de ese régimen. El demanio tiene publicidad legal y en muchos casos natural. Lo anterior va aparejado al principio de inmatriculación de los inmuebles componentes del dominio público, el cual cuenta con una publicidad material y no necesariamente formal o registral. Frente al dominio público, las detentaciones privadas adolecen de valor debilitado, por prolongadas que sean en el tiempo y aunque aparezcan amparadas por asientos del Registro de la Propiedad. La condición de bien de dominio público y uso público afecta a tercero, aunque tal cualidad no resulte del Registro de la Propiedad. Se trata de bienes que, por su naturaleza, no necesitan de la inscripción registral (Voto 019-2009-SVII, Tribunal Contencioso Administrativo, Sección Séptima). Nótese, que dicho principio como excepción al principio de publicidad registral tiene su fundamento, en que los bienes de dominio público gozan de publicidad material y por ende no es necesaria su publicidad registral, en el tanto los bienes de dominio público por su naturaleza, no son sujetos a dicho instituto.  Adicionalmente, existe la figura de la \"desafectación\", que se trata de \" la situación jurídica por la que un bien deja de pertenecer al dominio público (...) los bienes que son desafectados se convierten, en principio, en bienes patrimoniales de la Administración titular, que, en su caso, podrá enajenarlos (...)\"(voto 035-2009-SVII, Tribunal Contencioso Administrativo); situación que en sana lógica solo podría ocurrir en aquellos que han sido declarados como tales por ley, pues en los que su condición es intrínseca tal posibilidad resultaría vedada.  Antes de orientar la argumentación más en concreto sobre el punto que nos ocupa, es manifiesto que cuando el bien demanial ha sido creado por un particular o representa una afectación especialmente intensa que no esta obligado a soportar este, dicho carácter no inhibe la obligación de asumir responsabilidad por parte de la Administración, a fin de permitir el equilibrio en las cargas públicas.  Lo contrario llevaría aparejado un enriquecimiento injusto, que no presenta sustento dentro del ordenamiento patrio. En lo que se refiere a las zonas calificadas como Ramsar, por su vínculo con el tema del agua y su gran afectacion al medio ambiente, en principio estos bienes deben ser dominio estatal (en sentido amplio), aún cuando todavía no es descartable que algunos se encuentren en manos privadas en tanto se realiza el procedimiento del cuarenta y cinco constitucional.\n\nIX.- EN CUANTO AL DOMINIO PÚBLICO EN EL DERECHO AL AGUA: C on respecto al agua, la Sala Constitucional, en voto n.° 5606-06, se reconoció la condición de derecho humano al señalar:\n\n“VII.- El acceso al agua potable como derecho humano . Adicionalmente a lo señalado, y tal vez el aspecto más relevante en este tema, lo constituye la naturaleza y función del agua para la vida humana. No es necesario detallar aquí una explicación sobre la realidad evidente y notoria de que sin agua no puede haber vida, ni calidad de vida, y que por lo tanto, con ley o sin ley de nacionalización, por su propia esencia, este tema, no es ni puede ser un tema territorial o local. La propia Sala en su jurisprudencia constitucional ha dicho que el acceso al agua potable es un derecho humano fundamental, en cuanto se configura como un integrante del contenido del derecho a la salud y a la vida. (SALA CONSTITUCIONAL, sentencias números 534-96, 2728-91, 3891-93, 1108-96, 2002-06157 2002-10776; 2004-1923). Esta misma línea se ha mantenido en las sentencias 2003-04654 y 2004-07779, que en lo que interesa señalan:  // ‘V.- // La Sala reconoce, como parte del Derecho de la Constitución , un derecho fundamental al agua potable, derivado de los derechos fundamentales a la salud, la vida, al medio ambiente, a la alimentación y la vivienda digna, entre otros, tal como ha sido reconocido también en instrumentos internacionales sobre Derechos Humanos aplicables en Costa Rica: así, figura explícitamente en la Convención sobre la Eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer (art. 14) y la Convención sobre los Derechos del Niño (art. 24); además, se enuncia en la Conferencia Internacional sobre Población y el Desarrollo de El Cairo (principio 2), y se declara en otros numerosos del Derecho Internacional Humanitario. En nuestro Sistema Interamericano de Derechos Humanos, el país se encuentra particularmente obligado en esta materia por lo dispuesto en el artículo 11.1 del Protocolo Adicional a la Convención Americana sobre Derechos en Materia de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (“Protocolo de San Salvador” de 1988), el cual dispone que: “Artículo 11. Derecho a un medio ambiente sano 1.-Toda persona tiene derecho a vivir en un medio ambiente sano y a contar con servicios públicos básicos’. La carencia de recursos no justifica el incumplimiento de los cometidos de las administraciones públicas en la prestación de este servicio básico. (SALA CONSTITUCIONAL, resoluciones 2003-04654 y 2004-007779). // Por su parte, como bien lo reconocen tanto la Procuraduría como el representante del AyA en sus informes, en el campo internacional también es mayoritario el reconocimiento del agua como derecho humano y como una pre-condición necesaria para todos nuestros derechos humanos. Se sostiene que sin el acceso equitativo a un requerimiento mínimo de agua potable, serían inalcanzables otros derechos establecidos -como el derecho a un nivel de vida adecuado para la salud y para el bienestar, así como de otros derechos civiles y políticos. En noviembre del 2002, el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de las Naciones Unidas afirmó que el acceso a cantidades adecuadas de agua limpia para uso doméstico y personal es un derecho humano fundamental de toda persona. Asimismo en el Comentario General No. 15 sobre el cumplimiento de los artículos 11 y 12 del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, el Comité hizo notar que ‘el derecho humano al agua es indispensable para llevar una vida en dignidad humana. Es un pre-requisito para la realización de otros derechos humanos’. Se enfatiza también que los Estados miembros del Pacto Internacional tienen el deber de cumplir de manera progresiva, sin discriminación alguna, el derecho al agua, el cual da derecho a todos a gozar de agua suficiente, físicamente accesible, segura y aceptable para uso doméstico y personal. // Por su parte se han dado varias conferencias internacionales entre las que destaca la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Agua llevada a cabo en Mar de Plata en 1977 que reconoció que todos los pueblos tienen derecho al acceso a agua potable para satisfacer sus necesidades básicas. También, la Declaración sobre el Derecho al Desarrollo, adoptada por la Asamblea General de la ONU, de 1986 incluye un compromiso por parte de los Estados de asegurar la igualdad de oportunidades para todos para disfrutar de los recursos básicos.  // El concepto de satisfacer las necesidades básicas de agua se fortaleció más durante la Cumbre de la Tierra de 1992 en Río de Janeiro. En la Agenda 21, los gobiernos acordaron que \"al desarrollar y usar los recursos hídricos, debe darse prioridad a la satisfacción de las necesidades básicas y a la conservación de los ecosistemas. De igual forma, en el Plan de Implementación adoptado en la Cumbre de Johannesburgo en el 2002, los gobiernos se comprometieron a \"emplear todos los instrumentos de políticas, incluyendo la regulación, el monitoreo..... y la recuperación de costos de los servicios de agua,\" sin que los objetivos de recuperación de costos se conviertan en una barrera para el acceso de la gente pobre al agua limpia. Asimismo existen decenas de instrumentos internacionales que directa e indirectamente tienen que ver con el agua como un derecho humano de todas las personas y pueblos, de tal forma que no sólo es un tema que por su naturaleza tiende a la nacionalización, sino a la internacionalización de su uso y aprovechamiento”.\n\nVéase como más allá del sustento normativo, el carácter demanial del agua es una consecuencia necesaria del imperioso requerimiento que presenta para la vida humana, lo que lleva apajerado que el norte normativo interno se sustente en el artículo veintiuno constitucional. A nivel infra constitucional, su demaniabilidad viene regulada inicialmente en la Ley de Aguas, número 276, de veintiséis de agosto de mil novecientos cuarenta y dos:\n\n\"Artículo 1º.- Son aguas del dominio público: // I.- Las de los mares territoriales en la extensión y términos que fija el derecho internacional;  // II.- Las de las lagunas y esteros de las playas que se comuniquen permanente o intermitentemente con el mar; // III.- Las de los lagos interiores de formación natural que estén ligados directamente a corrientes constantes; // IV.- Las de los ríos y sus afluentes directos o indirectos, arroyos o manantiales desde el punto en que broten las primeras aguas permanentes hasta su desembocadura en el mar o lagos, lagunas o esteros;  // V.- Las de las corrientes constantes o intermitentes cuyo cauce, en toda su extensión o parte de ella, sirva de límite al territorio nacional, debiendo sujetarse el dominio de esas corrientes a lo que se haya establecido en tratados internacionales celebrados con los países limítrofes y, a falta de ellos, o en cuanto a lo no previsto, a lo dispuesto por esta ley;  // VI.- Las de toda corriente que directa o indirectamente afluyan a las enumeradas en la fracción V; // VII.- Las que se extraigan de las minas, con la limitación señalada en el artículo 10; // VIII.- Las de los manantiales que broten en las playas, zonas marítimas, cauces, vasos o riberas de propiedad nacional y, en general, todas las que nazcan en terrenos de dominio público; // IX.- Las subterráneas cuyo alumbramiento no se haga por medio de pozos; y // X.- Las aguas pluviales que discurran por barrancos o ramblas cuyos cauces sean de dominio público. // Artículo 2º.- Las aguas enumeradas en el artículo anterior son de propiedad nacional y el dominio sobre ellas no se pierde ni se ha perdido cuando por ejecución de obras artificiales o de aprovechamiento anteriores se alteren o hayan alterado las características naturales.\n\nExceptúanse las aguas que se aprovechan en virtud de contratos otorgados por el Estado, las cuales se sujetarán a las condiciones autorizadas en la respectiva concesión. .\"\n\n \n\nPor su parte para cuando acaeció el otorgamiento de la concesión estaba vigente , la Ley 258 del dieciocho de agosto de mil novecientos cuarenta y uno, Ley del Servicio Nacional de Electricidad, que señalaba:\n\n“Artículo 1: Todas las aguas de la República, que no sean dominio privado de acuerdo con la Ley de Aguas vigente, … son inalienable y del dominio, gobierno y vigilancia del Estado”\n\n \n\nAbona a lo dicho lo dispuesto por el artículo cuarto del Código de Minería (Ley 6797 del 4 de octubre de 1982) que señala:\n\n“Artículo 4.- ….  las aguas subterráneas y superficiales, se reservan para el Estado y sólo podrán ser explotados por éste, por particulares de acuerdo con la ley, o mediante una concesión especial otorgada por tiempo limitado y con arreglo a las condiciones y estipulaciones que establezca la Asamblea Legislativa.\n\nLos recursos naturales existentes en el suelo, en el subsuelo y en las aguas de los mares adyacentes al territorio nacional, en una extensión de hasta doscientas millas a partir de la línea de baja mar, a lo largo de las costas, sólo podrán ser explotados de conformidad con lo que establece el inciso 14) ( último párrafo ) del artículo 121 de la Constitución Política.”\n\n \n\nEn consecuencia, podemos asegurar que el derecho al agua, como liquido fundamental para la existencia humana, se torna un tema de derecho fundamental en el ordenamiento patrio; lo que es coherente con el convenio Ramsar y que obliga (salvo raras ocasiones) a que estas áreas del territorio son bienes demaniales. Lo contrario puede poner en riesgo no solo las generaciones actuales, sino incluso las futuras.\n\nX.- SOBRE LA POSESIÓN CIVIL Y LA POSESIÓN AGRARIA:  Los derechos reales son las relaciones jurídicas directas e inmediatas entre una persona y una cosa. La figura proviene del Derecho romano ius in re o derecho sobre la cosa; es un término que se utiliza en contraposición a los derechos personales o de crédito.El artículo cuarenta y cinco constitucional, en lo que interesa señala: \" Artículo 45.- La propiedad es inviolable; ...\" En complemento con la norma constitucional, la que por cierto, no define que es el derecho de propiedad, el artículo doscientos sesenta y cuatro del Código Civil, señala: \" ARTÍCULO 264.- El dominio o propiedad absoluta sobre una cosa, comprende los derechos:// 1.- De posesión.// 2.- De usufructo.// 3.- De transformación y enajenación.// 4.- De defensa y exclusión; y // 5.- De restitución e indemnización. La usucapión o prescripción positiva es la adquisición del dominio u otro derecho real poseible, por la posesión continua del tiempo y con las condiciones que establece la ley. De modo, pues, que el usucapiente, durante ese tiempo y con esas condiciones aparece, figura, actúa o viene comportándose como titular del derecho de que se trata, aún cuando ese derecho no le pertenecía originalmente, se convierte en suyo en virtud de esa figuración pública. Normalmente está asociada al derecho de propiedad y tiene por interés garantizar la seguridad jurídica. El fundamento del instituto tiene sustento en que al cabo de cierto tiempo, resulta conveniente que quien se ha comportado como tal adquiera el derecho respectivo. Por otro lado lleva implícito un castigo, para el detentario de un derecho, quien abandona su condición o el bien por un tiempo prologando, de suerte que el derecho le castiga permitiendo que la otra persona asuma lo que su titular no quiso para sí. Se niega así la posibilidad de una acción reinvidicatoria hacia el titular original, al consolidarse un nuevo derecho que inició en forma precaria y que adquiere la fortaleza y protección jurídica, al cumplimiento de los requisitos.  Este instituto permite generar un derecho originario. En nuestro ordenamiento civil, solo existe la prescripción decenal, haciendo alusión al plazo exigido, pero en otro ordenamientos se exigen plazos mayores cuando no se presenta la totalidad de los requisitos, diversos del mero transcurso del tiempo, el tema presenta una gran importancia con respecto al justo titulo como se verá. La doctrina y la legislación exigen como requisitos la posesión, la que debe ser pública, pacífica, continua, ininterrumpida, y a título de dueño (artículo 853 del Código Civil), pasemos a analizar cada uno de estos aspectos.  La posesión es la detentación material del bien que se pretende obtener y que proporciona la inequívoca seguridad de diferenciar claramente el bien que se pretende. Es una subordinación de hecho, consistente y tutelable por el ordenamiento jurídico, que se ejerce en los bienes en forma exclusiva, total o parcial en virtud de la cual una persona actúa sobre los mismos como si fuera su titular, con las limitaciones que señala la ley y el interés social. La publicidad de la posesión radica en que no se disfruta oculta o clandestinamente, sino a la  vista y paciencia de propios y extraños. Presupone que es de conocimiento general de la comunidad, permitiendo que el propietario o quien resulte afectado tenga la posibilidad de enterarse y si es del caso oponerse por los mecanismos que el mismo ordenamiento establece. El carácter pacifico de la posesión implica un ejercicio del derecho real sin el empleo de actos materiales violentos o amenazas graves contra el sujeto titular del bien. No esta demás indicar que cada actuación violenta interrumpe el plazo corrido. Mientras que la continuidad es una sucesión de actos ocurridos uno después del otro, sin la presencia de intervalos largos que pudieran generar lagunas o dudas. Es una sucesión regular, lo que no es sinónimo del uso continuo, sino que al menos los intervalos sean normales para cualquier propietario diligente. El carácter de ininterrumpida determina que no cese la posesión tanto en el plano material como el plano jurídico, como en el caso de alguna reclamación. Además de la posesión se hace necesario el cumplimiento del plazo, que para la especie es de diez años, según ya adelantamos. Igualmente, debe mediar buena fe, o lo que es lo mismo haber actuado con honestidad, con apego a la ley y con la certeza de no estar perjudicando a ninguna persona; se trata de una actitud psicológica y ética recta. El artículo ochocientos cincuenta y cinco del Código de marras exige que este presente la buena fe durante todo el período que se ejerza la posesión. Para tener este atributo se debe contar con los elementos morales y jurídicos necesarios en la conducta de su agente. El último requisito es el denominado como justo titulo. El artículo ochocientos cincuenta y tres del Código Civil exige como requisito la existencia de un título traslativo de dominio, a saber un hecho suficiente (por ejemplo compra, donación, transacción, herencia, etc) para haber producido, mediante la tradición, la adquisición del derecho de propiedad u otro.  Es en efecto de un acto jurídico a través del cual una cosa en el patrimonio de una persona y se ha efectuado bajo el cumplimiento de las disposiciones legales correspondientes y establecidas por el ordenamiento jurídico para el caso o negocio de que se trate. Así el titulo, debe ser lícito, de manera que el derecho de posesión ad usucapionem debe tener un sustento, la causa jurídica debe estar presente. De allí que algunos ordenamientos permiten eximir este requisito, siempre que el plazo se incrementa considerablemente, utilizándose por lo general los treinta años. Por su parte, la usucapión agraria, base del derecho agrario, tiende a procurar que la tierra cumpla su función social o socio - económica en beneficio de la colectividad, mientras que la usucapión civil se orienta únicamente por el tema de la seguridad jurídica. Si bien presentan un efecto jurídico semejante, juegan un papel diverso; de allí que el derecho agrario se le considera como \"dinámico\", en contraposición al civil que se le pellorativiza como \"estático\". La usucapión agraria protege, estimula, premia únicamente al que trabaja la tierra otorgándole la calidad de propietario. Esta posesión debe ser más activa y consiste en que se ponga a producir el inmueble, por lo que el simple deslinde, amojonamiento o limpieza del fundo (elementos suficientes para el derecho civil), son elementos en materia agraria, pero insuficientes para consolidar derecho alguno. Otro aspecto importante es que en esta materia desaparece los requisitos de justo título y buena fe, de manera que el primero es sustituido por el trabajo, mientras que con respecto a la buena fe, no interesa el si se está perjudicando a otro, lo importante es que trabaje el terreno. Se supone que los actos de posesión se realizan por necesidad de allí que este estado neutraliza la mala fe (ver artículo 52 de la Ley de Tierras y Colonización). No está demás indicar que la ley de Informaciones Posesorias, No. 139 de 1941 establece un procedimiento especial no contencioso por medio del cual se formaliza el titulo de propiedad,  no esta demás indicar que si la demanda victoriosa lleva implícito la generación de un nuevo titulo, al mismo tiempo produce la cancelación de cualquier otro título que se contraponga, de allí que la usucapión presente dos efectos, uno negativo, consistente en la elimitación de los derechos preexistentes (como prescripción negativa) y otro positivo, al generar un derecho para el poseedor. Por último no podemos dejar de mencionar que el bien poseído, debe estar en el comercio de los hombres, lo que nos llega al tema de bienes demaniales ya expuesto, los que en principio no se pueden adquirir por este procedimiento.\n\nXI.- EN CUANTO LA DEMANDA: Realizadas las aclaraciones anteriores, ya se hace posible analizar en concreto la pretensión formulada por el señor actor. Debe precisarse que si bien los requerimientos iban orientados originalmente a fin de que se declarara el derecho de propiedad del señor Nombre112710 , con el advenimiento de la sentencia penal que anuló dicho título, lo solicitado se orientó a requerir la declaratoria del derecho de posesión. Siendo que los argumentos vertidos sobre el derecho de propiedad por esa parte se tornan estériles e innecesarios, omitiéndose cualquier pronunciamiento sobre ese particular. Por otro lado, debe aclararse que el mecanismo legal para constituir un título de propiedad a partir de la posesión lo es la información posesoria, como proceso no contencioso, de manera que este proceso de conocimiento plenario no viene a destruir o generar un mecanismo que el legislador tiene regulado de diversa forma. De manera que las pretensiones se analizan dentro del margen de competencia que nos corresponde. Del elenco de hechos probados, se tiene por acreditado que el señor cuenta con un plano catastrado del año mil novecientos noventa y ocho sobre un terreno que se traslapa sobre otro que está debidamente inscrito a favor del Instituto Costarricense de Electricidad, lo que prima facie daría una discusión del mejor derecho, pero la situación cambia radicalmente por la naturaleza del bien en consideración. Así tenemos que la finca fue adquirida y se encuentra dedicada a ser zona de protección el embalse arenal,  esto llevó al ente público a procurar su reforestación de forma artificial (según narro el testigo Soto Bolaños) y al considerar los altos costos del proyecto se orientó la iniciativa hacia que la reforestación fuera de manera natural, permitiendo la recuperación de la naturaleza por ella misma. Valga decir que aquello que a los ojos de un tercero podía representar un bien en abandono, una persona abezada en la materia habría detectado el esfuerzo de cuarenta años de recuperación natural del territorio. Lo que evidentemente lo consolida en un bien demanial de conformidad con el artículo doscientos sesenta y uno del Código Civil, en cuanto corresponde a una cosa que otorga sustento a un servicio público, como lo es él de agua potable y la electricidad. En ese marco, el bien está fuera del comercio de los hombres y consecuentemente, ninguna posesión civil puede darse sobre el inmueble, y mucho menos corre prescripción adquisitiva en su contra. Más el asunto no llega hasta allí. Del elenco de hechos probados, se evidencia como el terreno es parte de un sitio RAMSAR sobre el cual existe un compromiso nacional e internacional de protección y mantenimiento como un bien no solo de La Nación, sino de la humanidad, lo que lleva aparejado que cualquier actividad desplegada en el terreno debe ser acorde con los lineamientos que al efecto emite el Ministerio de Ambiente y Energía, en acopio con una serie de políticas de orden internacional. Estamos frente a un humedal, sumamente frágil y que no puede tratarse como un territorio con vocación agrícola, consecuentemente no puede ser motivo de prescripción adquisitiva. Todo indica que ese bien demanial presenta como única vocación su recuperación de forma artificial o natural a la regeneración. De hecho, según se aprecia en los hechos probados, las actividades desplegadas por el señor actor para procurar producir la tierra desde el punto de vista ambiental corresponden a daños, en tanto retrasan o dificultan la generación natural que presenta la zona. El abogado del actor realizó un esfuerzo significativo durante el debate en indicar que se habían respetado las áreas de bosque natural (sobre lo cual no se aportó prueba alguna), pero olvida que la idea no es solo la manutención del bosque existente, sino la ampliación de este a todo el área de protección; de manera que el argumento se torna estéril. Realizadas estas precisiones, se hace imperativo entrar a cotejar la pretensión en concreto. Como primer requerimiento el señor accionante solicita: \" I.-Que el actor Nombre112710    es el único dueño del inmueble del Partido de Guanacaste, a título de poseedor agrario y forestal, de la finca ubicada en el Cairo del distrito Tercero Tronadora, del cantón octavo, Tilarán, de la provincia de Guanacaste, con una medida de seiscientos setenta mil cuarenta y tres metros con cincuenta y siete metros cuadrados, detallada en el plano catastrado numero G-0491856-1998. \" Evidentemente existe una falta de precisión terminología en tanto no es posible ser propietario de una posesión, en tanto esta última es un atributo de la primera; pese a esto, el Tribunal interpreta que lo peticionado es que se declare legitima la posesión ejercida frente a la contraparte.  Una aclaración debe realizarse de previo, si se consideran los planos del actor y del ente público, todo parece indicar que podría existir área de terreno que no están cubiertas por el título de propiedad del segundo, y en tanto no se encuentren inscritas bien podrían ser reclamadas por el proceso de la información posesoria; empero, al estarse solicitando un pronunciamiento en cuanto la totalidad de terreno comprendido en el plano supracitado, nos obliga a considerar la finca como una sola. Claro esta, eso no impide que el actor concurra en el proceso respectivo a solicitar la inscripción del terreno que no este comprendido, si es que efectivamente esa fuera la realidad imperante. Ahora bien, al respecto debe señalarse que el referido señor no puede ser poseedor de ese bien, en la medida que como se indicó es un bien demanial fuera del comercio de los hombres, sobre el cual es jurídicamente imposible constituir derecho civil o agrario alguno. Vemos como el título de propiedad se constituyó hace cuarenta años y desde ese momento esta afecto a los fines públicos. Entre los argumentos del actor se hizo ver que el plazo que tangibiliza el área concreta de terreno (el plano catastrado) es de hace poco menos de diez años, mientras que el del señor Nombre112710  es anterior. Al respecto debe recordarse que efectivamente la necesidad de contar con plano inscrito con el mismo asiento de la finca es de data muy reciente, de suerte que anteriormente las fincas aún cuando contaban con plano no era necesario indicarlo en el asiento de esta. Es de menos de veinte años que ese requisito varió. De esa manera la finca del ente público es anterior a la del señor actor y no al contrario, todo sin perjuicio que el derecho que ostenta el ICE es mejor y prevalece sobre el del particular.  En dicho marco, sin mayor esfuerzo, debe rechazarse la primera solicitud. Como segunda solicitud, requiere el accionante \"II.- Que el actor Nombre112710    ha ejercido la posesión durante aproximadamente unos veinticinco años en forma pública, pacífica, ininterrumpida, de buena fe y a título de dueño.\" Según los elementos de convicción aportados al expediente, el actor ha estado realizando actos agrícolas en la zona desde el año mil novecientos noventa por lo menos y ha producido algunos cultivos agrícolas, así como alguna actividad ganadera, lo que resulta cuestionable es que todo indica que el ente público no se percató oportunamente de la situación. Si bien las legumbres y hortalizas son productos de estación, con proceso de crecimiento de pocos meses, una labor de vigilancia adecuada habría detectado oportunamente esa actividad. En dicho marco, se llama la atención al ente público de su deber de realizar esta función con la seriedad que merece. Ahora bien, en cuanto a lo solicitado refiere, como ya se dijo no es posible ejercer posesión civil o incluso agraria (el actor en el juicio habló de posesión forestal, pero en sentido técnico jurídico esta última no es ni más ni menos que la agraria). Cualquier acto en ese sentido se torna antijurídico, e ilícito, careciendo de acción para protegerlo. Para que un bien pueda ser poseído, es imperativo que la naturaleza de este lo permita, lo que no se consolida en este caso. De manera que no es posible declarar la existencia de posesión alguna y mucho menos que esta sea pública, pacífica, ininterrumpida, de buena fe y a título de dueño. Durante el juicio oral y público el representante del actor hizo ver la existencia de una posesión agraria y forestal sobre el terreno, cuando en realidad el ordenamiento solo reconoce dos tipos de formas de ejercer ese derecho real, la civil y la agraria. La posesión forestal no es más que una manifestación de la agraria. Aún tratando de otorgar sentido al argumento (lo que como ya indicamos no lo presenta) debe aclararse que uno de los requerimientos de la posesión agraria es la necesidad, es decir, la búsqueda de un agricultor sin fundo de un terreno donde producir y a partir de allí beneficiarse para si y su familia, pero por la cantidad de hectáreas que el señor Nombre112710  reclama, y por las manifestaciones de su propio testigo, es evidente que sus actos se han limitado a una pequeña parte y no a la totalidad del inmueble. Lo que impone el rechazo de este segundo requerimiento. Como tercera pretensión se solicita: \" III.- Que los actos posesorios que ha ejercido el actor Nombre112710   , durante todo ese tiempo han consistido en lo siguiente: a) Construir sobre su finca antes descrita tres casas de habitación de madera y zinc, b) Una cerca de alambres de cuatro hilos con postes de madero negro, c) Destinar parte de la finca a la siembra y cultivo de una hectáreas de frijoles y tres hectáreas de maíz, así como de árboles frutales (naranja, aguacate, mangos, pipas, nances injertados, yuplones, carambolas, zapotes entre otros). d) El establecimiento de una lechería y una granja en producción con veinticuatro animales dentro de los cuales habían: diecinueve vacas lecheras, dos toros semetales (simental y pardo suizo), tres toretes, quince gallinas y un perro pastor australiano\"  Como se puede apreciar lo solicitado es derivado del anterior requerimiento, sin perjuicio que resulta discutible si estamos en presencia de una pretensión o de un hecho. Como bien se ha indicado en ocasiones anteriores, un hecho probado o no probado, es la constatación de que algo ocurrió en la realidad, mientras que una pretensión declarativa es una valoración jurídica, que establece una situación jurídica a partir de un hecho probado o no probado. En este caso, lo pedido más parece un hecho que una pretensión. Estaríamos en los supuestos del canon ciento noventa y cinco de la Ley General de la Administración Pública la que impide el reconocimiento de responsabilidad alguna frente a actos ilegítimos o contrarios a derecho, que es lo señalado por el artículo veintidós del Código Civil como un abuso del derecho. En todo caso, las actividades desplegadas por el promovente del expediente, como ya se ha indicado se tornan ilícitas y se consideran más daños al medio ambiente, que actos de posesión, por lo que se debe rechazar también. En cuarta solicitud se requiere, \"IV.- Que el actor Nombre112710   , es el único y exclusivo poseedor de la finca antes descrita.\"  Nuevamente tenemos una pretensión derivada de la primera, en tanto que se solicita se declare el derecho de posesión, lo que como ya se ha indicado de forma reiterada no es jurídicamente viable, bastando con indicar que debe rechazarse también. Por quinta pretensión se señala : \"V.- Que el plano castrado número G-1168748-2007 a nombre del Instituto Costarricense de Electricidad, se encuentra traslapado con el plano castrado número G-0491856-1998 que describe la finca Dirección13669       -   , que está a nombre de Nombre112710   .\"  Antes que nada debe indicarse que el señor Nombre112710  no enderezó esta pretensión a lo resuelto con autoridad y eficacia de la cosa juzgada dispuesto por el Tribunal de Juicio del Tercer Circuito Judicial de San José, en cuanto canceló el asiento de la finca del accionante. Más a fin de otorgar coherencia el tribunal entiende que la parte esta pidiendo que se declare que ambos planos citados están traslapados. Nuevamente tenemos un problema de técnica jurídica, en tanto estamos en presencia de un hecho, que por cierto esta probado, y no de una pretensión declarativa.  Que los planos del ICE y el señor Nombre112710  se traslapan es un tema incontrovertible, según se acreditó del estudio telegráfico realizado por el Organismo de Investigación Judicial. Es lógica media para traslaparse las fincas deben estar ubicadas en el mismo lugar.  Si bien en juicio el abogado Jiménez Meza en algún momento hizo ver dudas en cuanto a que las fincas estuvieran ubicadas en el mismo lugar, la prueba técnica resulta incontrovertible en cuanto a esa situación, de hecho tampoco se aportó prueba en contra de esto.  Declarar que los planos presentan áreas comunes es un mero hecho, no lleva incluido valoración jurídica alguna, y por eso motivo dentro del elenco de hechos debidamente acreditados se ha plasmado en esos términos. Al tratarse de un hecho y no de una pretensión debe también ser rechazado. El sexto requerimiento se solicitó: \" VI.- Que se anule y deje sin ningún efecto ni valor jurídico, el plano castrado número G-1168748-2007 a nombre del Instituto Costarricense de Electricidad, por encontrarse traslapado sobre otra finca inscrita.\" Ahora sí estamos frente a un pretensión declarativa, pero se hace necesario hacer algunas precisiones. Un plano catastrado no constituye estado o situación jurídica para el beneficiario del documento. Lo único que manifiesta es que la persona allí consignada se hace llamar como propietario, poseedor o beneficiario de una servidumbre en los términos allí descritos.  Su eficacia jurídica depende exclusivamente de un proceso jurisdiccional que a la postre venga a otorgarle algún efecto sobre dicha manifestación. No corresponde a un acto final, sino de trámite dentro de otro ulterior. Ya solo por ese aspecto la pretensión no merece abrigo. Pese a esto, debe agregarse que el título de propiedad (el derecho por excelencia, en tanto la posesión es solo uno de los derechos reales que componen el dominio) es del Instituto Costarricense de Electricidad y no el de don Nombre112710 , con el agravante que la finca descrita es demanio público. Para que esta pretensión pudiera tener alguna coherencia, la parte debería acreditar que el ente público tomó una zona que originalmente no era parte de su propiedad, lo que no está realizando.  Así las cosas, lo solicitado debe ser rechazado sin mayor cuestionamiento. Por sexta a duodécimo solicitud se establece:  \"VII.- Que los aquí demandados ingresaron a la finca - antes indicada propiedad de Nombre112710   conduciendo dos vehículos rotulados con el logo del ICE, en compañía de otros funcionarios de la misma institución accionada, y varias ocasiones procedieron a destruir la construcción de la casa de habitación allí construida (sic) y las cercas. El fibrolit lo quemaron y dañaron por completo. Cuando se volvieron a edificar las casas posteriormente las mismas fueron destruidas, por lo que en menos de un año destruyeron tres casas allí construidas. VIII.- Que los aquí demandados además .... se llevaron herramientas y artículos como : una motosierra huscuarnan, bote inflable salvavidas, bomba de fumigar, una carabina marca Marlen calibre 22 de magazin, así como herramientas que se ocupan en la finca, como palas, martillo, pico, tienda de campaña, utensilios de la lechería, lecheras, monturas, cocina de gas, camas, colchones, cobijas, muebles de comedor, muebles de sala, rollos de manguera y procedieron a llevarse todos los demás materiales. IX.- Que los aquí demandados, procedieron a destruir una gran área sembrada de árboles frutales, jardines, cercas de toda la finca y restos de los materiales que quedaron se los llevaron. X. Que los aquí demandados, procedieron a destruir las cercas, produciendo graves daños porque todos los animales salieron sin control de la finca ahuyentados por ellos por los alrededores y por ende los están destazando, ya que aparecen macheteados en la vía pública y otros no aparecen. XI Que todos estos destrozos y daños producidos por los aquí demandados, lo realizaron por órdenes del Instituto Costarricense de Electricidad accionado. \" Nuevamente tenemos un problema de técnica jurídica se establecen hechos como si pudieran ser objeto de pretensiones declarativas, lo que genera el rechazo de estos, sin más que agregar.  Solo cabe indicar que es un hecho no controvertido que las actuaciones de las personas físicas demandadas fue en cumplimiento de sus deberes como funcionarios públicos, bajo ordenes de la empresa pública demandada. La pretensión número trece, establece: \"XIII.- Que los accionados solidariamente, están obligados al resarcimiento total de los daños (damnun emergens), que corresponden a los materiales ocasionados sobre la finca del actor Nombre112710   , consistente los mismos en la destrucción total que los accionados realizaron dentro de la finca de lo siguiente: a) Tres casas, las cuales se cuantifican en la suma de treinta millones de colones. b) Las cercas destruidas, cuyo costo anda en la suma de dos millones de colones entre el alambre de púas y los postes de madero negro. c) Las vacas lecheras, por las diecinueve vacas productoras de leche, cuyo costo en el mercado oscila en la suma de diecinueve millones de colones a razón de un millón de colones por vaca lechera. d) Por los dos toros sementales, la suma de tres millones de colones, desglosado así: Por el Toro Simental, la suma de dos millones de colones, por el toro Pardo Suiso la suma de un millón de colones. e) por los tres toretes de carne, que ascienden a un monto de seiscientos mil colones los tres, a razón de doscientos mil colones cada uno; f) Una hectárea de frijol a un costo de dos millones de colones, g) tres hectáreas de maíz a un costo de seis millones de colones y h) Por los arboles frutales destruidos la suma de tres millones de colones. Lo que arroja un daño material total de sesenta y cinco millones setecientos mil colones. \"  Varios aspectos deben precisarse sobre el particular, nada determina cómo eran las construcciones de casas realizadas por el señor Nombre112710 , y mucho menos que presenten el valor que él indica. Por el contrario, las únicas fotografías que sirven de ilustración al respecto, nos ubica una estructura de latas de zinc como paredes y techo, sin piso, en una sola pieza o cuarto, que difícilmente presentaría un valor de diez millones de colones (la tercera parte de lo pedido por este concepto). Tampoco se acreditan los alcances de las cercas construidas por el promotor del expediente y que supuestamente fueron destruidas y mucho menos el valor económico de estas. No se logra probar cuantas vacas se extraviaron en los desalojos, ni el valor de mercado de estas.  Incluso, tampoco se acredita que estas fueron entregadas a Salud Aminal como lo hace ver el ente público. Además si bien se acreditan algunas plantaciones, no hay prueba que indique cual es el área producida y la utilidad que podría haberse generado. Es de recordar al respecto que el artículo trescientos diecisiete del Código Procesal Civil con relación al doscientos vigente del Código Procesal Contencioso Administrativo obliga a quien afirma a probar su dicho, para resultar victorioso, obligación no satisfecha en la especie. Lo que nos lleva al rechazo de la solicitud. Más en todo caso, se trataría de obras sobre bien ajeno, lo que eventualmente podría ser calificado como mejoras; lo que pasa que en este caso lejos de mejorar el fundo, representan daños sobre un bien destinado a su recuperación natural, lo que lleva de nuevo a la conclusión del rechazo de estas. No está demás recordar sobre este particular lo señalado por el artículo ciento noventa y cinco de la Ley General de la Administración Pública en cuanto a que no procede el reconocimiento de responsabilidad frente a hecho ilícito, que es exactamente lo que ocurre en la especie. La solicitud numero trece tiene por texto: \" XIII.- Que los accionados solidariamente, están obligados al resarcimiento total de los perjuicios (lucrum cessans), consistente en las ganancias o utilidad frustrada o dejada de percibir, en lo que la finca producía en virtud de los daños materiales ocasionados o utilidad frustrada o dejada de percibir, en lo que la finca producía en virtud de los daños materiales ocasionados .... que provocó el cese total de la producción de la siguiente: a) De la lechería, cuya producción mensual oscilaba entre 22,800 kilos, a razón de cuarenta kilos por cada una de las diecinueve vacas lecheras, lo cual arroja una suma mensual de seis millones ochocientos cuarenta mil colones, por un período aproximado de tres años que es el retorno de una inversión normal en un negocio, nos arroja una suma total de doscientos cuarenta y seis millones doscientos cuarenta mil colones. b) De la producción de maíz en tres hectáreas, por cosecha que cada seis meses, a razón de veinte mil elotes por hectárea, sea sesenta mil elotes por tres hectáreas, a un costo de cien colones por elote, estamos hablando de una pérdida semestral de seis millones de colones, lo cual por un período aproximado de tres años que es el plazo indicado del retorno de la inversión normal es un negocio aproximadamente, arroja una suma total de treinta y seis millones de colones. c) De la producción de frijoles en una hectárea, por cosecha que es anual, a razón de cuarenta quintales anuales por hectárea, a un costo de dos millones de colones, estamos hablando de una pérdida, por un período aproximado de tres años que es el plazo indicado del retorno de la inversión normal en un negocio aproximadamente de seis millones de colones. Tales perjuicios representan las pérdidas o ganancias dejadas de percibir, durante todo ese lapso de tiempo (sic), en las que mi patrimonio del actor se vió afectado injustamente, los cuales ascienden a la suma global de doscientos ochenta y ocho millones doscientos cuarenta mil colones... El período de tres años antes indicado se computa a partir del inicio de las perturbaciones y destrozos ocasionados por los accionados en la finca propiedad del actor, sea a partir del cinco de diciembre de dos mil siete.\" Lo indicado en el punto anterior resulta de plena aplicación a esta solicitud también. Existe una ausencia absoluta de material probatorio, no es posible ubicar nada que permita establecer el valor del daño sufrido, pero además de eso, el mismo se torna antijurídico, en contradicción del artículo ciento noventa y cinco de la Ley General de la Administración Pública. El Tribunal no tiene medios para saber que ha sembrado el señor actor, cual sería la utilidad de estos, como se realizaron las expulsiones del bien demanial; en general existe una insuficiencia probatoria que no puede ser llenada por la Cámara cuando debieron ser las partes quienes aportaran prueba en uno u otro sentido, lo que en efecto no hicieron. Incluso, si hubiera prueba en ese sentido, se podría haber cotejado si el desalojo se realizó con excesiva violencia, lo que eventualmente podría haber degenerado en responsabilidad para el afectado. Lamentablemente, la ausencia de prueba es manifiesta. En consecuencia se rechaza lo pedido también.  Lo peticionado como número catorce, señala: \" XIV.- Que los accionados solidariamente, están obligados al resarcimiento total del daño moral subjetivo sufrido por el actor Nombre112710   , consistente en la impotencia, desesperación, angustia y zozobras que le han ocasionado la serie de actuaciones, destrozos, y destrucciones de los accionados a mi propiedad; el hecho de verme en un momento dado sin nada de lo que había construido por todo el tiempo de posesión de la finca aquí mencionada de mi propiedad, para lo cual vengo a liquidar el mismo en la suma de setenta millones de colones, a razón de diez millones de colones que deberá cancelar cada uno de los demandados y treinta millones de colones que deberá cancelar el instituto accionado... Daño moral que deviene por todos los sufrimientos que ha padecido el actor Nombre112710    y le han afectado profundamente, tanto a nivel comercial como familiar, ya que por más que ha buscado la forma de volver a levantar su negocio de queso y leche, se le ha visto dificultado tal labor, porque todavía a la fecha tiene que estar saliendo hasta altas horas de la noche para ir a ver quien esta haciendo destrozos en la finca. De aquí, que todas estas angustias sufridas, viene a ocasionar un daño moral profundo, aunado al hecho de ver destazados sus animales, cuyo valor sentimental es incalculable.\"  El Tribunal puede comprender que efectivamente el señor Nombre112710    debió haber sufrido cada vez que ha sido obligado a abandonar el terreno base de la disputa, pero es criterio del Tribunal que ha sido el mismo el que se ha colocado en esa condición, al invadir un terreno que no es de su propiedad y más aún afecto a un interés público. Parece ser público y notario desde hace varios años atrás, que había un interés público sobre el terreno y pese a eso, el actor ha seguido manteniéndose en la finca, pretendiendo titularla a su nombre. La Cámara puede resultar comprensiva con el deseo del agricultor sin fundo de obtener un terreno y con ello otorgar sustento a su familia y prosperidad económica para si y los suyos; más en este caso, pareciera que ha existido una falta de visión de lo que está en juego en realidad. El reconocer cualquier reparación sobre ese particular, se torna en un abuso de derecho, que debe ser rechazado, como en efecto se dispone. No esta demás indicar que si existiera algún cultivo todavía existente en el terreno si tendría el actor derecho a recogerlo, en tanto que de quedarselo el ente público se estaría generando un enriquecimiento sin causa, claro está, en ese caso sería una acción coordinada con la contraparte, para no retornar el conflicto a etapas que esperamos no se vuelvan a dar. Por último como pretensión número quince se solicita: \"XV.- Que los accionados, deberán indexar el monto total de los daños y perjuicios, al momento de su pago en la etapa de ejecución de sentencia; y se reconozcan intereses legales desde la presentación de la demanda hasta su efectivo pago .... \" Como se puede apreciar todas las solicitudes han sido rechazadas, por lo que no habría suma alguna que indexar. En cuanto a los daños y perjuicios, baste con indicar lo ya señalado que cualquier reconocimiento se tornaría antijurídico. Así las cosas, se declara sin lugar la totalidad la demanda presentada por el señor actor.\n\nXII.- EN CUANTO A LA CONTRADEMANDA: Con respecto ala contrademanda, su análisis se orienta en otro sentido, debiendo analizarse de forma mesurada. Como primera pretensión se solicita:  \"1. Que se declare precaria e ilegitima cualquier posesión que el reconvenido hubiere hecho del inmueble.\"  En dicho norte no hay más que señalar que tratándose de un bien demanial en administración de la empresa pública; bien que incluso corresponde a un territorio Ramsar cualquier acto de posesión particular, se torna ilegal, ilegitimo y carente de todo sustento jurídico, lo que permite acoger este requerimiento sin más cuestionamientos. La actividad desplegada por el señor Nombre112710  es contraria a derecho, carece de protección jurídica y por el contrario bordea con un carácter delictivo. La segunda solicitud señala: \" 2. Que el plano número G-491856-1998, traslapa terrenos propiedad del Instituto Costarricense de Electricidad, y en tal concepto se ordene al Catastro Nacional su cancelación.\"  Como se indicó en el considerando anterior, un plano catastrado no genera estado por sí, es una mera manifestación individual de que se esta ejerciendo posesión, requisito para una información posesoria, pero acto de mero trámite y carente de efectos jurídicos, lo que obligaría a rechazar la solicitud sobre esa fundamentación. No puede desaprovechar este órgano colegiado para indicarle al señor Nombre112710    que el terreno que ha estado invadiendo, no puede ser objeto de comercio entre los hombres, es por su misma esencia un espacio del territorio que pertenece a La Nación como colectividad entendida, por lo que ningún efecto jurídico puede derivar del mencionado plano. La pretensiones tres al cinco fueron desistidas, por lo que la sexta pretensión señala: \"6. Se condene al actor reconvenido a pagar los daños materiales causados, entendiendo por tales, todas aquellas acciones que de naturaleza clandestina y abusiva ha ejecutado el señor Nombre112710 , sobre el inmueble de mi mandante, particularmente en cuanto al resarcimiento de los gastos que a defensa y exclusión del inmueble han demandado al patrimonio de mi poderdante, los cuales, de momento estimo prudencialmente al orden de los veinticinco millones de colones, igualmente solicito, se le condene al pago de los perjuicios que hacen igualmente de las erogaciones en que mi mandante se ha visto obligada a realizar para asegurar, respecto de las acciones del actor reconvenido, la defensa del inmueble, mismos que también prudencialmente estimo al orden de quince millones de colones.\" Llama la atención sobre este particular que el reconventor no ha realizado esfuerzo alguno para demostrar la naturaleza, el alcance y el valor de los supuestos daños sufridos, lo que sin mayor duda es una vulneración de las cargas procesales de quien afirma conforme con el artículo trescientos diecisiete del Código Civil. Si bien como se ha sostenido, cada acto de posesión realizado por el señor Nombre112710  dentro de un área destinada a la recuperación natural lleva implícito un deterioro al desarrollo natural, no se aportan bases para conocer el alcance, y valor de esa afectación, requisitos necesarios para declarar la responsabilidad peticionada. Es visible en el expediente administrativo como el judicial, como se han presentado diferentes gestiones en vía judicial, especialmente en el orden de procesos penales, más si la parte lo que pretende es cobrar los gastos de tales diligencias, debió haber gestionado en cada uno de esos procesos la condenatoria en costas y posteriormente venir a ejecutarlas en la vía respectiva. De suerte que no es esta jurisdicción la competente para venir a variar lo resuelto en vía penal, si fue que el señor actor no fue condenado o no ser hizo pronunciamiento sobre ese particular. En cuanto a las gestiones administrativas de desalojo, como bien quedó señalado en los hechos probados y no probados, no esta acreditado a ciencia cierta cuantas se han hecho, como se realizaron y mucho menos los gastos de estas; no esta demás que es esta ausencia probatorio la que impide que el Tribunal entre a valorar si ha existido algún abuso en el ejercicio de las competencias públicas sobre este particular. De esa manera, también debe rechazarse esa pretensión.\n\nXIII.- SOBRE LAS EXCEPCIONES: El ente público opuso las defensas de falta de legitimación activa y pasiva, falta de derecho y cosa juzgada material. Con respecto a la defensa de falta de legitimación activa y pasiva, el tribunal ubica que la relación jurídico procesal se encuentra bien conformada con respecto a la demanda instaurada, no así con respecto a los señores Nombre112711 , Nombre112712 , Nombre112713  y Nombre112714 . Si bien el ordenamiento garantiza a demandar al servidor público junto con la administración a la que pertenece, ello solo ocurre frente a conductas ilegitimas o arbitrarias, las que para el caso no se configuran. De manera que frente a esos demanados civiles procede acoger la defensa de falta de legitimación pasiva. En lo que refiere a la defensa de cosa juzgada material, debe indicarse que las modificaciones realizadas al inicio de la audiencia complementaria, eliminaron de forma absoluta aquellos aspectos base de discusión sobre los cuales ya operó la loza sepulcral, de suerte que no es de recibo. En el discurso de cierre el abogado de la demandada hizo ver que la defensa se mantenía en tanto también resultaba ilegítima la posesión y el plano que presenta el actor, sobre el particular, la lectura minuciosa de la resolución que nos ocupa, no permite generar esa conclusión. Todo indica que la autoridad judicial penal se limitó a analizar el titulo de inscripción del inmueble a favor de don Nombre112710 , sin poder decir que los puntos base del presente conflicto ya esten resueltos. De manera que debe ser rechazada. Con respecto a las demás partes, la defensa no presenta sustento y debe ser rechazada. Con respecto a las restantes pretensiones procede acoger la falta de derecho, y en consecuencia declarar sin lugar la demanda en todos sus extremos. En lo que refiere a la reconvención, se acreditaron las excepciones de prescripción y caducidad, alegando que los actos de posesión se habían realizado durante muchos años, más como se indicó estamos frente a bienes demaniales, a los cuales no les corre plazo, motivo por el cual deben rechazarse.  Pese a lo dicho algunas de las solicitudes no fueron debidamente acreditadas por lo que procede declarar de oficio, y de forma parcial, la falta de derecho. \n\nXIV.- SOBRE LAS COSTAS: En lo que refiere a las costas, la regla es la condenatoria al vencido por el dolo hecho de serlo, considera el Tribunal que no estamos frente a una de las excepciones del artículo ciento noventa y tres del Código Procesal Contencioso Administrativo, por lo que no hay bases para eximir al perdidoso. En consecuencia se condena al señor Nombre112710    a las costas tanto de la demanda como de la reconvención. \n\nXIV.- CONSIDERACIONES FINALES: El Tribunal debe hacer varías aclaraciones que no se evidencian en la sumaria. En primer lugar se hacer una respetuosa pero enérgica llamada de atención al ente público, en cuanto a la finca base del conflicto y de sus alrededores.  Aún cuando se aportó alguna prueba para hacer pensar que se hacen verificaciones periódicas, lo cierto es que en este caso se puede apreciar tanto de las fotografías como de la prueba aportada por el señor actor, que se realizaron algunas plantaciones agrícolas que no surgen de la noche a la mañana. Eso nos lleva a pensar que no existe el debido cuidado en una zona frágil y delicada como la que está en consideración. De esa manera instamos al ente público a que proceda a verificar minuciosamente los terrenos que siendo de su propiedad están en condiciones semejantes a que entable las acciones legales que corresponden a la menor brevedad posible. Igualmente, invitamos al ICE a que en la zona proceda a demarcar la indicación de que están frente a un territorio Ramsar y dominio del Estado en administración del ente público para así evitar que pensiones o cualquier otra pueda pensar que el terreno esta en abandono. Consideramos que al tema no se le ha otorgado el debido tratamiento, lo que debe corregirse. Un segundo aspecto que debe apuntarse, es que el ordenamiento patrio parte de la premisa que el agricultor es por su propia naturaleza una persona sencilla, que pretende buscar el sustento para sí y su familia y en consecuencia su buena fe se presume. Eso lleva aparejado que cualquier desalojo (sea judicial o administrativo) debe realizarse procurando generar la menor cantidad de años, procurando no dañar animales ajenos y en caso que exista posibilidad, permitiendo que el agricultor retire su cosecha, como fruto de su esfuerzo. La Cámara debe ser clara y enfática sobre ese tema, máxime que existen otras personas en condiciones semejantes al aquí accionante, y se desearía que no exista ninguna duda o reclamo por rechazos exagerados o abusivos. El hecho de tener mejor derecho nunca faculta el abuso de la fuerza, la que debe ser empleada en justa medida y solo en los extremos estrictamente necesaria.\n\nPOR TANTO:\n\nSe aceptan los hechos nuevos expuestos por las partes en la audiencia complementaria. Se admite la prueba para mejor resolver ofrecida en el juicio oral y público. De la demanda , se acoge la defensa de falta de legitimación pasiva frente a los señores Nombre112711   (conocido como Nombre112711  ), Nombre112712  , Nombre112713   , (conocido como Nombre107395), y Nombre112714  . Se rechaza la defensa de falta de legitimación activa. Se acoge la defensa de falta de derecho frente al Instituto Costarricense de Electricidad, (ICE) en consecuencia se declara sin lugar la demanda en todos sus extremos. En cuanto a la reconvención, se rechazan las defensas de prescripción y caducidad. Se declara parcialmente la falta de derecho, y en consecuencia se declara parcialmente con lugar la contrademanda, entendiéndose rechazada en todo aquello no otorgado de manera expresa. Se declara ilegitima la posesión realizada por el señor Nombre112710    sobre el bien propiedad del Instituto Costarricense de Electricidad.  Tome nota la empresa pública de las recomendaciones dadas en la última parte del área considerativa de esta resolución. Corren las costas a cargo del señor Nombre112710   .\n\n \n\n \n\n \n\n \n\n \n\nRicardo A. Madrigal Jiménez\n\n \n\n \n\n \n\n \n\n \n\nFelipe Córdoba Ramírez                                                José Ivan Salas Leitón\n\nExpediente: 09-002172-1027-CA\n\nProceso de Conocimiento de Reinvidicación y responsabilidad\n\nACTOR/RECONVENIDO: Nombre112710  \n\nContra/RECONVENTOR: Instituto Costarricense de Elecitriciad\n\nDemandados: Nombre112711  , Nombre112712  , Nombre112713   y Nombre112714  .\n\n  \n\n \n\nClasificación elaborada por CENTRO DE INFORMACIÓN JURISPRUDENCIALdel Poder Judicial. Prohibida su reproducción y/o distribución en forma onerosa.\n\nEs copia fiel del original - Tomado del Nexus.PJ el: 09-05-2026 07:03:11.\n\nSCIJ de Hacienda\nSCIJ de la Procuraduría General de la República",
  "body_en_text": "**IV. PROVEN FACTS:** Of importance for issuing this judgment, the following relevant facts are established: 1) By deed of November six, nineteen seventy-five, the Instituto Costarricense de Electricidad acquired from Mr. Rolando Murillo Esquivel the properties of the Guanacaste registry numbers six thousand eight hundred seventy-seven and fourteen thousand two hundred ninety, located in Caño Negro, Tronadora, canton of Tilarán, province of Guanacaste, with an area of one hundred hectares, in addition to an unregistered property in the same location corresponding to approximately fifty-three hectares and six thousand square meters (see folios 460 to 464 of the possessory action (interdicto) file). 2) That these properties were acquired as part of the Arenal dam (represa Arenal) (see folios 539 to 552 of the possessory action (interdicto) file). 3) That the farm is known as number twenty-two, according to ICE's internal identification (see testimony of Mr. Soto Bolaños given at the oral and public hearing). 4) In the area of the farm that is the basis of the litigation, there is no electric power supply (statement by Mr. Arce Ávila). 5) That ICE has maintained guards on the farm to prevent invasion by squatters (precaristas) (see testimony of Mr. Arce Ávila and Soto Bolaños). 6) That ICE sought the recovery of the land in an assisted manner, but due to the high costs, it opted for natural recovery (see testimony of Mr. Soto Bolaños given at the oral and public hearing). 7) That Mr. González Rojas, in nineteen ninety-eight, registered the survey plan (plano) G-491856-98, which corresponds to an unregistered land, located in the district of Tronadora, canton of Tilarán, province of San José, which certifies an area of sixty-seven hectares, forty-three meters, and fifty-seven square decimeters (see folio 18 of the judicial file). 8) That the approval (visado) granted by the Ministerio de Ambiente y Energia for the survey plan in question literally states: \"the property described is located (89% approximately within the Arenal Monteverde protected zone (zona protectora), according to Executive Decree No. 20172-MIREM of 24-01-91 and (11% approximately within the Volcán Arenal National Park, according to Executive Decree No. 23774 of 22-11-92, the provisions of the Forest Law (Ley Forestal) 7575 and related legislation.\" (see folio 18 of the judicial file). 9) That the plaintiff initiated file 03-000325-387-AG, before the Agrarian Court of Liberia, to generate possessory information (información posesoria) (see folios 31 and following of file 07-100030-404-CI). 10) That this file was never concluded and consequently did not generate a registrable title (fact not contested by the parties). 11) Under the Unidad de Trámite Rápido of San José, file 05-10092-647-PE, a case for use of a false document and ideological falsehood was pursued against the plaintiff (see folio 35 and following of file 07-100030-404-CI). 12) Within the aforementioned criminal case, it is observed that since two thousand five, Mr. González Rojas had carried out the felling of some trees on the farm at issue and clearing of land (see folios 44 to 48 of file 07-100030-404-CI). 13) By the end of two thousand seven, the plaintiff was carrying out acts of agrarian occupation on the farm subject to litigation (see folios 3 to 6 and 412 to 424 of file 07-100030-404-CI). 14) In December two thousand seven, Mr. González Rojas filed a possessory action for protection of possession and replacement of boundary markers (interdicto de amparo de posesión y reposición de mojones) against Messrs. Alexis Arias Acosta and Urías Muñez Masís, which corresponded to file 07-100030-404-CI before the Contraventional and Small Claims Court of Tilarán (see folios 8 and following of file 07-100030-404-CI). 15) The Instituto Costarricense de Electricidad prepared a survey plan for its properties 5006877, 5014297, 5008454 under number G-1168748-2007, with an area of two hundred seventy-eight hectares, five hundred twenty-one meters, and thirty square decimeters (see folios 20 to 23 of the judicial file). 16) On August seven, two thousand seven, the plaintiff, accompanied by members of the Public Force, verified that ICE officials had entered what he considers his farm, caused some damage, destroying crops, knocking down a small house, removing everything that was in the structure, and causing the loss of eight animals (see folios 24 to 30 of the judicial file). 17) By September two thousand eight, under file 08-200994-413-PE, the Instituto Costarricense de Electricidad filed a complaint against Mr. González Rojas for having assaulted with a weapon and threatened an employee of the public company while he was performing surveillance acts on the latter's lot (see administrative file labeled A, folios 1 and following). 18) By October two thousand eight, the Instituto Costarricense de Electricidad proceeded to fence the property registered in its name in the vicinity where the plaintiff was carrying out acts of possession (see folios 456 to 459 of the file for the possessory action for protection of possession (interdicto de amparo de posesión)). 19) According to the criminalistics expert opinion of the Organismo de Investigación Judicial, issued on November twenty, two thousand eight, there is an overlap of the plaintiff's survey plan over the land registered in favor of ICE, covering an area of forty-five hectares, five thousand four hundred fifty-three square meters (see folios 114 and 177 of the judicial file). 20) That by two thousand nine, the plaintiff had planted banana, corn, mora, tomato, fruit trees, and beans on the farm at issue; in addition to some livestock (see folios 248 to 252 of the judicial file and the cycle of slides provided at the oral and public hearing). 21) Under file 09-222-BI of the Public Registry of Real Property, the Institute initiated proceedings for survey plan overlap (traslape de planos) (see folio 223 of the administrative file numbered A). 22) Of the total land that the plaintiff claims to be possessing, approximately fifteen thousand five hundred eighty-nine square meters are dedicated to crops, approximately five hundred twenty thousand six hundred fifty-six square meters are dedicated to forest, and approximately one hundred thirty-three thousand seven hundred ninety-seven are dedicated to pasture (see folios 269 to 278 of the judicial file and the cycle of slides provided at the oral and public hearing). 23) That the plaintiff's dwelling within the farm consists of a one-room construction, an attached stable, walls and roof of zinc sheet, and a dirt floor (see photograph at folio 277 of the judicial file and testimony of Mr. Arce Ávila). 24) That by March two thousand ten, ICE officials entered the farm subject to litigation (see folio 242 of the judicial file). 25) By resolution 2376-2011 of eight thirty hours on November nine, two thousand eleven, the Contencioso Administrativo y Civil de Hacienda Court rejected the possessory action (proceso interdictal) as the parties were disputing ownership of the property and not its possession (see folios 590 to 594 of the possessory action (interdicto) file). 26) By resolution 500-2013 of the Criminal Court of the Third Judicial Circuit of San José, the plaintiff was acquitted of the crimes of ideological falsehood, use of a false document, and fraud, and the nullity of the property registration that had been generated from survey plan G491856-98 was declared, but not of the referred survey plan itself (see folios 295 to 318 of the judicial file). 27) That the aforementioned judgment is final (no contention exists between the parties on this matter). 28) That the land the plaintiff claims for himself is part of an absolute protection zone for the benefit of the water resource that supplies the Arenal reservoir wetlands, recognized worldwide as a RAMSAR site (see technical opinion at folio 402 of the judicial file). 29) That activities carried out by the plaintiff on the property modify the watersheds, decrease the water resource, create forest fragmentation, directly intervene in the biological corridors of species, among other harmful aspects from an ecological perspective (see technical report at folio 402 of the judicial file). 30) By March two thousand fourteen, the Instituto Costarricense de Electricidad took possession of the farm subject to litigation (see folios 623 to 627 of the judicial file). 31) That the expulsion of the plaintiff from the disputed land has occurred on several occasions (see the cycle of slides provided at the oral and public hearing and testimony of Mr. Arce Ávila). 32) The plaintiff has been carrying out agrarian economic activities on the land at issue for around eighteen years (see testimony of Mr. Arce Ávila given at the oral and public hearing). 32) That the damages caused by the individual defendants were done in compliance with orders from their employer, namely the Instituto Costarricense de Electricidad (fact accepted at the oral and public hearing).\n\n**V. REGARDING UNPROVEN FACTS:** The following are considered uncontested facts of this nature: 1) The area and location of the land that the plaintiff may have been possessing that is not comprised within the ICE lands and the Ramsar territory (There are no elements of conviction to point out). 2) That the alleged extractions pointed out by the plaintiff occurred due to the conduct of the defendants (No evidence was offered in this direction). 3) That as a result of the defendants' conduct, the loss of animals belonging to the plaintiff occurred, as described in his claim (it is not possible to locate any evidentiary effort in this regard). 4) That due to the defendants' conduct, damage to the plaintiff's crops occurred (evidence in this regard was omitted). 5) That there is any damage that is susceptible to compensation for the benefit of the plaintiff (it is not possible to locate evidence in this regard). 6) The nature, scope, and value of the damages caused on the territory registered in favor of the Instituto Costarricense de Turismo (it is not possible to locate elements of conviction on this particular matter).\n\n**VI.- REGARDING THE PRINCIPLES OF ENVIRONMENTAL LAW:** On other occasions, this Section, in its different integrations, has had the opportunity to discuss the principles of environmental law, a topic that it is appropriate to summarize and condense for the understanding of the specific case. Environmental Law, as the autonomous body of law it is, has its own principles, which guide environmental activity. Most of these principles are collected, in one way or another, in legal texts or at least indicated by case law. Likewise, it must be remembered that Article 50 of the Constitution enshrines the right to a healthy and ecologically balanced environment; and that from the same article, a series of principles derive that will be analyzed in this section. Specialized doctrine has identified as guiding principles in the matter, at least the following: Equality, State Guardianship of Environmental Law, Sustainability, the Principle of rational use of resources, so that the necessary balance exists between the country's development and the right to the environment, Environmental Quality, the Principle of solidarity, the Precautionary Principle, Prevention Principle, Publicity, Restorability, \"Polluter Pays,\" carrying out an environmental impact study prior to the start of works, only an exceptionally declared State of Necessity allows non-compliance with environmental standards, the lack of financial resources of public institutions is not an excuse to justify the omission of providing protection to Environmental Law, Coordination to guarantee environmental protection, Harm to this Environmental Law occurs both by action and by omission, Ineffectiveness of positive silence in matters of natural resource use, and citizen participation in environmental matters. This list cannot be understood as closed, since, as a law under construction, new lines of application and interpretation of said legal framework could be added. Equality of persons before the law, without any type of discrimination, is a fundamental right collected in our legal system by Article 33 of the Political Constitution and also established in Article 24 of the American Convention on Human Rights. The right to the environment and its protection are also protected by this principle of equality, which must be applied to the matter. Thus, all human beings equally have the right to enjoy an adequate environment and to access justice without any discrimination to assert their rights in the event of having seen the right to a healthy environment violated (directly or indirectly). Article 50 of the Constitution declares that every person has the right to a healthy and balanced environment. Article 2, subsection a) of the Organic Environmental Law contains this principle by declaring that the environment is the common heritage of all inhabitants of the Nation, and therefore, both at the institutional level (of the Executive Branch) and jurisdictional level, citizens have the right to equal treatment. The principle of State Guardianship of Environmental Law is also extracted from Article 50 of the Constitution, deriving the obligation of the State to exercise a tutelary and governing function in environmental matters. In this regard, the Constitutional Chamber has indicated that the State must \"ensure and protect the right against any risk or necessity, defend is to veto, prohibit and impede any activity that threatens the right, and preserve is an action aimed at safeguarding the right in advance from possible dangers in order to make it endure for future generations. The State must assume a double conduct of doing and not doing; on one hand, it must refrain from attacking the right to a healthy and ecologically balanced environment itself, and on the other hand, it must assume the task of issuing the measures that allow it to meet constitutional requirements.\" (vote 9193 of the Constitutional Chamber of the Supreme Court of Justice). In this way, the Constitutional Chamber develops all the actions that comprise the guardianship that the State must exercise in order to protect the environment; including both conduct of doing and not doing, since on one hand, it must refrain from committing any act against the right to a healthy and ecologically balanced environment; and on the other hand, it must adopt active conduct, in the sense of issuing the measures and regulations it deems pertinent for the safeguarding of this right. The governing body in the matter of study is the Ministerio del Ambiente y Energía (it is not superfluous to remember that this ministry has changed its name) in accordance with Article 2 of the Organic Law of this Ministry; whereby it must be said that the figure of the State as the subject, which is called upon to exercise guardianship in environmental matters, is a Ministry in which the governance rests, but in addition, for this function of environmental protection to be real and effective, the participation of a series of state entities and organs is necessary, which, in coordination with MINAE (or MINAET, depending on the historical moment), are called upon to interact (such as the municipalities). Sustainability in the use of natural resources is one of the universally accepted principles with a legal perspective. According to a United Nations report, sustainable development is development capable of satisfying the needs of the present without compromising the ability of future generations to satisfy their own (Loperena Rota, Demetrio, los Principios del Derecho Ambiental, 1998, p. 62). For its part, Article 2, subsections a) and b) of the Organic Environmental Law establish the obligation of the State and individuals to participate in the conservation and sustainable use of the environment; and everyone's right to enjoy a healthy and ecologically sustainable environment for development. Likewise, it has been pointed out that environmental deterioration conditions human development possibilities; thus, it has become common to use the term \"sustainable development,\" which encompasses both rights. In this sense, the Constitutional Chamber has defined \"sustainable development\" as \"one of those general policies that the State dictates to expand the possibilities that everyone can fulfill their aspirations for a better life, increasing production capacity or, expanding the possibilities of achieving equitable progress between equitable growth... demographic growth or between this and natural systems. Sustainable development is the process of transformation in the use of resources, orientation of investments, channeling of technological development, institutional changes and everything that contributes to meeting present and future human needs.\" (vote 1763-94). The principle of rational use of resources, so that the necessary balance exists between the country's development and the right to the environment, is closely related to the previous principle; one might even think it is part of the same one, with its constitutional basis found in Article 69 of the Constitution (rational use of resources). Now, in this principle we find an ideological component, which generates, in some way, some problems at the time of its application; since it also includes undefined legal concepts, such as rational use and the necessary balance between development and the environment. These concepts often generate uncertainty at the time of their application. The Public Administration is responsible for determining this balance point, and ultimately, the jurisdictional bodies will be. Regarding the principle under study, the Constitutional Chamber has stated that: \"...environmental protection must be directed towards the adequate and intelligent use of its elements and their natural, sociocultural, technological, and political relationships (sustainable development), in order to thereby safeguard the heritage to which present and future generations are entitled. Therefore, the primary objective of the use and protection of the environment is that, through production and the use of technology, not only economic gains (freedom of enterprise) are obtained but, above all, a favorable development and evolution of the environment and natural resources with human beings, that is, without causing harm or damage...\" (vote 6322-2003). For this reason, environmental protection must aim at the adequate use of its elements, since the conservation of the environment is necessary, but the use of its resources is also indispensable to undertake development processes for the benefit of society in general. Which in turn, on one hand, demands environmental protection, and on the other, the country's development, a development that, in a country like ours, in many cases, is based on natural wealth. In this way, the Constitutional Chamber has stated that \"it is necessary to opt for sustainable development, which meets the needs of the present without compromising our capacity to meet those of the future. It is consequently a policy whose core is long-term planning through state policies, which must meet all the requirements demanded by existing regulations and which logically in this field must be viewed with restrictive criteria, because if natural resources are destroyed or damaged by a hasty decision or when the required conditions are not met, economic, social, and political development will be affected and will decline, bringing as a logical consequence the loss of the citizen's quality of life, and therefore, the loss of an invaluable wealth that Nature has generously given us. This development means recognizing that we wish to have continuous access to the resources that make life possible, and if we expand the benefits of the industrial process, we must be aware of the implications and limitations that this path entails.\" (vote 4423-93). The Principle of Environmental Quality constitutes a fundamental parameter of quality of life, since it is linked to the life that each individual can lead; and in turn, it is linked to the use made of the environment for one's own development. It is thus how the Constitutional Court has considered that the right to a healthy and ecologically balanced environment implies the correlative duty to protect and preserve the environment through the rational exercise and useful enjoyment of the right itself. (Vote 6233-2993). In this sense, whenever it is demonstrated that some activity is harmful to health, one would be in the presence of a violation of the principle under study. Or, when some economic activity implies the loss of an important natural resource, said activity must be prohibited, because otherwise, environmental degradation would be encouraged, and with it, the degradation of people's quality of life. The basis of this principle can also be found in the aforementioned Article 50 of the Constitution, and it is also contained in international instruments that guarantee environmental protection (such as the Stockholm Declaration). Regarding the principle of solidarity, since the right to the environment is a third-generation right, it is developed under the value of solidarity (just as liberty and equality were the principles and values that respectively guided first and second-generation rights). It has been configured as an \"authentic formalized legal principle, generator of enforceable obligations within social relations\" (Real Ferrer, El Principio de Solidaridad en la Declaración de Río, 1994, p. 78). The principle of solidarity implies and generates a collective responsibility for its realization, which is shared but differentiated. The 1992 United Nations Conference on Environment and Development established that \"States shall cooperate in a spirit of global partnership to conserve, protect and restore the health and integrity of the Earth's ecosystem. In view of the different contributions to global environmental degradation, States have common but differentiated responsibilities. The developed countries acknowledge the responsibility that they bear in the international pursuit of sustainable development in view of the pressures their societies place on the global environment and of the technologies and financial resources they command\" (Principle 7 of the 1992 United Nations Conference on Environment and Development). With the emergence of the principle of solidarity, a humanization and concern is glimpsed, not only for the enjoyment of the current right but also for its preservation to ensure enjoyment for future generations. The right of future generations implies, in turn, a series of intergenerational rights and duties related to each other, which are also divided into 3 basic principles: a- Principle of conservation of options: translated into the right of each generation to receive the diversity of natural resources and the correlative duty to maintain them, which implies their rational and efficient exploitation. b- Principle of conservation of quality: implies the right of all generations to receive the planet in optimal quality conditions and, in turn, a correlative duty to conserve them and transmit them to future generations so that they do not receive them in worse conditions. c- Principle of conservation of access: the right of equitable access to the legacy of past generations and the duty to provide it to all its members (Franco del Pozco, Mercedes, El Derecho Humano a un medio ambiente adecuado, in Cuadernos de Derechos Humanos, Bilbao, 2000, p. 21). For its part, the Precautionary Principle is one of the most developed principles, both by doctrine and by case law, and it has been considered an essential component principle of environmental law. Public Administrations have the obligation to act in protection of everyone's right to the environment, and it is thus how principles of administrative action specific to environmental protection have been delineated and that particularize this area. It is important to note that the precautionary principle constitutes a legality parameter for administrative conduct, and on this particular, Dr. Aldo Milano points out that \"a large part of risky activities are subject to an administrative policing regime, which manifests itself in the granting or refusal of authorizations of this same nature. This causes conflicts related to such decisions to arise, either because it is considered that by granting the authorization in a specific case, the Precautionary Principle is breached, or because, when it is denied or conditioned based on it, the affected party considers the decision illegitimate.\" Thus, alluding to a specific case in French case law, he indicates that the decision challenged in administrative litigation constitutes the last step in the long procedure for evaluating the harmlessness of the activity in question, and that the doctrine finds in the precautionary principle a source of law that imposes a specific way of acting for the Administration, so that – if that way of acting – the procedure – is not respected, the nullity of the final act adopted will be estimated (see Milano, Aldo. \"El Principio Precautorio\", 2005, p. 55 to 58). The precautionary principle, also called the Principle of Prudent Avoidance, gained strength with the 1992 Rio Declaration (Earth Summit), but the idea had already been developing in other international agreements such as the Stockholm Declaration and The World Charter for Nature. Article 15 of the Rio Declaration contains this principle by stating that \"In order to protect the environment, the precautionary approach shall be widely applied by States according to their capabilities. Where there are threats of serious or irreversible damage, lack of full scientific certainty shall not be used as a reason for postponing cost-effective measures to prevent environmental degradation.\" At the national level, Article 11 of the Biodiversity Law enshrines the precautionary principle, practically in the same terms as the Rio Declaration does.\n\nThe precautionary principle has raised several questions, among which the following stand out: the problem of reversing the burden of proof in environmental matters; the balance that must exist between repressive and preventive measures; and the motivation that must be given to industries and other enterprises through policies that encourage protection of the environment. Regarding the reversal or shifting of the burden of proof, it consists of the defendant being the one called upon to offer evidence to refute the content of the claim, without forgetting that Environmental Law is more interested in prevention than in reparation of damage. It is expressly regulated in Article one hundred nine of the Biodiversity Law (Ley de Biodiversidad), which provides: “The burden of proof, of the absence of impermissible contamination, degradation, or affectation, shall correspond to whoever requests the approval, permit, or access to biodiversity or to whoever is accused of having caused environmental damage,” a provision that must be viewed in close relation to Article five of the same Law, which indicates that the provisions of that legislation shall serve as the interpretive framework for the rest of the norms that regulate the subject matter of said Law. This means that in environmental matters the classic scheme of “the one who alleges must prove” is broken, and the theory of the dynamic burden of proof acquires a preponderant role, according to which, “the burden is transferred to whoever, due to their personal situation, is in better condition to bring the evidence to the process, regardless of whether they are the plaintiff or the defendant” (regarding the dynamic burden of proof, consult judgment of the First Chamber of the Supreme Court of Justice (Sala Primera de la Corte Suprema de Justicia) No. 212-2008 of 8:15 a.m. on March 25, 2008). This position is accepted by the doctrine of environmental law, which in that regard has indicated the following: “In the environmental process, especially in accordance with the precautionary principle, a modification occurs in the burden of proof of the classic framework (according to which it is a principle ‘that everyone who alleges a fact as a claim or defense has the burden of proving it’) and, in accordance with precaution, the doctrine of dynamic evidentiary burdens comes to life as a palliative to lighten the daunting task of producing diabolical evidence that, in certain cases, was made to fall without consideration on the shoulders of one of the parties (plaintiff or defendant), due to misunderstanding the sacrosanct a priori rules of distribution of proof. Finally, the modifications indicated in the sphere of the environmental process require us to speak of a ‘true environmental procedural law,’ whether considered as an autonomous branch or not; and the scientific-technical complexity of environmental cases, which demand novel solutions to also novel problems, impose as a mechanism to overcome the traditional structures of law the convenience of having specialized environmental courts as guarantors of the effective application of the precautionary principle.” (Martínez, María Paulina. “El principio precautorio”. In Protección Ambiental, Argentina, 2008, p. 122). In close relation to this procedural variant, the doctrine highlights the active role of the Judge when facing an environmental matter, and in that regard indicates the following: “But it was Law No. 25.675 (LGA) that established unprecedented innovations in terms of judicial powers (ordering and investigative), granting the adjudicator a completely active and inquisitorial role as guarantor of the application of the precautionary principle in those processes in which the preservation of natural balance is sought (see Article 32 LGA), without this implying any breach of the principle of congruence. (...) it is concluded that there are no areas immune to the normative force of the Constitution and of environmental norms, particularly the General Environmental Law, which constitute an environmental public order, that confer broad powers, including review of matters even of a technical nature, that allow for the full operability of the precautionary principle at each step of the procedural iter, in a concrete and undoubtedly macroscopic task in pursuit of the right to effective judicial protection.” (idem, Martínez, p. 117). This role that the doctrine assigns to the Judge when facing environmental matters is not dissociated from the model that the Political Constitution (Constitución Política) and the Contentious-Administrative Procedure Code (Código Procesal Contencioso Administrativo) granted to the Contentious-Administrative Judge. The Biodiversity Law, whose norms are applicable to the rest of the legal system in environmental matters, expressly provides in its Article one hundred eight that “in matters of biodiversity and as long as environmental jurisdiction does not exist, any controversy shall be the exclusive competence of the contentious-administrative jurisdiction,” except those cases where there is no administrative act nor public domain involved. Once this competence is established, we must remember that the contentious-administrative jurisdiction enjoys a broad oversight power, given by Article forty-nine of the Political Constitution, which allows it to exercise both subjective control, consisting of the protection of the substantial legal situations of the governed (subjective rights and legitimate interests), and objective control, consisting of guaranteeing the legality of the administrative function of the entire Public Administration (be they actions or omissions). Article one of the Contentious-Administrative Procedure Code reproduces the content of Article forty-nine of the Constitution and indicates that the contentious-administrative jurisdiction has the purpose of protecting the legal situations of every person, guaranteeing or restoring the legality of any conduct of the Public Administration subject to Administrative law, as well as hearing and resolving the various aspects of the juridical-administrative relationship (Jinesta, Ernesto. “Manual del Proceso Contencioso Administrativo, 2008, p.29). National doctrine reaffirms the broad oversight nature of the Contentious-Administrative Judge in our legal system, by indicating the following: “When the norm allows control of the ‘administrative function,’ it adopts without hesitation a broad formula of oversight, in which the Judge is empowered to control the totality of administrative conduct. In effect, the precept sharply breaks with any limitation built around the contentious-administrative object, because when it inserts the generality of the administrative ‘function’ within the supervisory eye of the Judge, it opens the jurisdictional fan with respect to any administrative function, behavior, or conduct. Note that the contentious jurisdiction is not attributed control of the administrative ‘activity’ or ‘action,’ much less of the ‘administrative act,’ but rather of the ‘function,’ which, not by chance, proves to be all-encompassing not only of all of these, but also of the entire sphere of inactivity. When the article assigns to the Judge the control of the ‘function,’ it is allowing the Judge to legally analyze any of the functions proper to it, any of its conducts in any of its administrative manifestations. The Court can control both active and omissive conduct. Whenever the conduct is administrative and the control is carried out within the legal framework, there is not, or there should not be, a sphere exempt from jurisdictional control; its review can and must be complete, without any immunity in the object. (...) In this aspect the constituent offers us a new clasp, an additional security door as a guarantee of full and universal control, because in addition to subjecting the administrative function to jurisdictional control of legality, it allows the Judge to verify whether or not it is aligned with the purposes that justify it.” (González, Oscar. “Sentencia”. In: El Nuevo Proceso Contencioso-Administrativo, 2006, p.426). Regarding the leading and active role that the Judge exercises in the dynamics of the Procedural Code, it is noted: “Such active and organizational autonomy for the restoration of the public legal system (written and unwritten) and the effective protection of legitimate interests and subjective rights, confirms the transcendence of this jurisdiction as a reparatory and protective mechanism for legal situations eventually affected, by the undue intrusion of public power through its multiplied universe of organs and entities with their officials generally de jure and exceptionally de facto. (...) Even the classic civil principle that identifies the object of the process with the claims alleged and deduced by the parties was overturned, so that the judicial authority, as an active subject in the process, delivers justice not only in accordance with what was claimed but, also, adjusting the claims to prompt and complete justice, in accordance with the new legislation, to satisfy the values inserted in the Rule of Law present in each process for the restoration of legality or, better yet, of the legal system. Under the new scheme, the judge, before being governed by the dispositive principle, will also be governed by the inquisitorial principle, typical of constitutional courts as when, in our case, the Constitutional Chamber (Sala Constitucional) condemns to both costs and damages the losing parties in amparo actions, even if the winning parties did not request it.” (Jiménez, Manrique. “Bases constitucionales para la reforma de la jurisdicción contencioso administrativa”. In: El Nuevo Proceso Contencioso Administrativo, p. 18 and 19, 2006). Returning to the precautionary principle, once the action that caused environmental damage has occurred, the interest is centered on the search for the best solution, both legally and practically, with the understanding that any reparation carried out will never fully restore the original situation. Due to the foregoing, the imposition of principles such as “The polluter pays” could be criticizable, since it would run counter to the spirit of prevention that is one of the fundamental pillars of Environmental Law, and rather, it would be encouraging the deterioration of the environment in exchange for payment or economic compensation for the damage caused; but the law must also establish reparation measures in case the precautionary or preventive measures do not work (as happens in practice on many occasions). The Constitutional Chamber has also frequently called it the “in dubio pro natura” principle (voto 2000-9773 of the Constitutional Chamber), noting that it comprises a kind of inversion of the burden of proof, given that in the case of a lack of certainty about the consequences of an activity, it is sufficient to not carry it out. It has been established doctrinally that this principle refers to general environmental policies, and that for specific cases the preventive principle operates. In environmental matters there is scientific uncertainty regarding the possible damages that some types of activities may cause. The precautionary principle refers to the cautious attitude that must be taken when any reasonable doubt arises in relation to the dangerousness of any activity with environmental repercussions, either to avoid it or to take the necessary measures to avoid eventual damage. (Loperena Rota, Desiderio, Los Principios del Derecho Ambiental, Spain, 1998, p. 93). The Preventive Principle is also very closely related to the previous principle and refers to the projection of the certain harmful consequences of some activities. Trying to avoid them in advance is the purpose of this principle; for example, in the case of preventive policies reflected through Environmental Impact Assessments. In specific cases this principle translates into the application of precautionary measures. The doctrinal and legislative development of precautionary protection is centered, as is logical, in the jurisdictional process. Due to the slowness of processes and the real situations of injustice that can be caused by it, the need to implement precautionary measures has arisen in Comparative Law. Despite this being so, precautionary protection is not limited only to the jurisdictional sphere, but its application is also contemplated in administrative procedures. In procedures of an environmental nature, the importance that precautionary protection has acquired is decisive at the time of exercising everyone's right to a healthy environment. In the jurisdictional sphere, the main function of precautionary measures is to provisionally guarantee the effectiveness of the definitive judgment, so that it is not a mere declaration of principles. According to national doctrine, there is a fundamental right to precautionary protection that forms part of the right to prompt and complete justice contained in Article 41 of the Constitution. (Jinesta Lobo, Las Medidas Cautelas Atípicas en el Proceso Contencioso Administrativo, in la Dimensión Constitucional de la Jurisdicción Contencioso Administrativo, p. 171). In this sense, national jurisprudence has stated that “III. ... It is obvious, that the right to precautionary protection and the correlative duty of the jurisdictional body to act upon it when the prerequisites established in the law concur, whose ownership every justiciable person holds, has a deep constitutional rooting, and more concretely forms part of the bundle of powers that make up the essential content of the fundamental right to prompt and complete justice (effective judicial protection, or in the terms of the Constitutional Chamber, the general right to jurisdiction, Article 41 of the Political Constitution). In this sense, it can be sustained, that there is no prompt and complete – effective – judicial protection without flexible and expeditious precautionary protection.” (Voto 405-95 of this Tribunal, the emphasis does not correspond to the original). In matters of environmental law, the presence of the prerequisites proper to precautionary measures becomes more valid, given the irreversible nature of environmental damages. As for the principle of publicity, it should be remembered that the Administration has the duty to make public information relating to public or private activities that have a relationship with the environment, given that there is a public interest at stake. For the Spanish author Martín Mateo, the information or publication of data is the basis on which the protective action of Public Administrations, environmental education, and research also rests (Tratado de Derecho Ambiental, Spain, 1991). Article thirty of the fundamental charter guarantees access to administrative departments for purposes of information on matters of public interest. However, in environmental matters the concept of information and access acquires a new dimension and is understood as the right of the individual or community to request information and to be informed by any state entity or body about any project that may affect their right to a healthy and ecologically balanced environment (Calzada, Ana Virginia, Garantías e Implicaciones Constitucionales del Medio Ambiente, in Apuntes sobre el Sector Justicia al Derecho Ambiental, Costa Rica, 1997, p. 286). In turn, the principle of restorability is applied in the presence of civil liability for the creation of an injury; the sanction on the responsible party can be the compensation for the damages caused (compensation) or the restoration to its original state of the situation altered by the infraction. The doctrine has sustained that, unlike other areas in which in general there exists the option to repair or not the damaged thing, in environmental matters effective restoration is indispensable and not optional for the administrator of the damaged good, this particularly because of the common ownership of environmental goods, given that the environment cannot be damaged and its economic compensation allocated for other uses (Loperena, 1998, p. 73). However, it is clear that restoration will be a sanction to the extent that it is possible. Articles fifty-three and fifty-four of the Biodiversity Law contain this principle, and in this way the State [including autonomous institutions] is obliged to have restorability as a principle of action, through the obligation of promotion and, in case environmental damage has already occurred, to seek its recovery, rehabilitation, and restoration. For its part, the rule “The polluter pays” according to the doctrine: in Environmental Law the principle of strict extracontractual liability has been enshrined, without examining the fault or negligence of the agent causing the environmental damage (Loperena, 1998, p. 64), which could be thought to be included within the environmental liability of the Organic Environmental Law (Ley Orgánica del Ambiente) established in Article two, subsection d) [referring to the principles in environmental matters], which is a broad liability clause by noting that: “Whoever pollutes the environment or causes it damage shall be liable, as established by the laws of the Republic and the international conventions in force.” The origin of this principle is Anglo-Saxon and must be understood in the following manner: “In accordance with the ‘polluter pays’ principle, the person liable for pollution, (...), as the polluting agent, is understood to be the natural or legal person subject to private or public law that directly or indirectly deteriorates the environment or creates the conditions for such deterioration to occur, seeking in principle to avoid that the environmental protection policy be based on state subsidies and aid and that the Community be attributed the burden of the fight against pollution, with the cost of the measures necessary for the elimination of pollution or for its reduction to standards or equivalent measures of environmental quality objectives being chargeable to the polluter.” (Ibidem, p. 67). This principle would imply for the polluter the payment and fulfillment of the precautionary measures that are decreed; the cessation of the polluting activity or its modification; the payment of the pertinent fines; and the reparation and compensation for the damages caused. Regarding the performance of the environmental impact assessment (estudio de impacto ambiental) prior to the initiation of works, although at first glance it might be said that it is more of an obligation than a principle, the doctrine has considered it as a principle, whose constitutional basis is extracted from the mandate of article fifty of the fundamental charter, insofar as it obliges the State to guarantee, defend, and preserve the right to a healthy and ecologically balanced environment. In Environmental Law, preventive measures are of vital importance; since preventing is always better than repairing the damage caused, because restoring nature to its previous state is not an easy task. Among the preventive measures is the environmental impact assessment, which is mandatory for the State and for individuals. In our country, the first legal norm that involves this concept is the Mining Code (Código de Minería), enacted by Law Number 6797. Article one hundred one contemplates that “with the purpose of guaranteeing a rational use of national resources and protecting their future uses, concessionaires must conduct environmental impact assessments of their activities, in a prior and public manner. These studies must be conducted by qualified technical personnel, using the norms provided by the State, and if the studies are considered deficient, they may be rejected by the governmental control body.” (The emphasis does not correspond to the original). Likewise, the Regulation to the Mining Code (Reglamento al Código de Minería) contains in its Article thirty-four and following the provisions established by the Governmental Commission for Environmental Control on Environmental Impact Assessments. On the other hand, the Wildlife Conservation Law (Ley de Conservación de Vida Silvestre) in numeral 26 establishes the power of the “Dirección General de Vida Silvestre of the Ministry of Natural Resources, Energy and Mines (Ministerio de Recursos Naturales, Energía y Minas) to grant permits for the importation of Wildlife species. Every request for such permits must be submitted, to that Directorate, with an environmental impact assessment, which, for the purposes of this Law, shall be considered a public document and must include the following requirements...”. Subsequently, with the Hydrocarbons Law (Ley de Hidrocarburos), provisions relating to environmental protection were established, stipulating the obligation to conduct an Environmental Impact Assessment for the development of hydrocarbon exploration and exploitation activities. This normative development achieves, in nineteen ninety-five, an important and significant advance with the publication of the Organic Environmental Law, in which a variety of norms related to the Environmental Impact Assessment were included, and thus the National Environmental Technical Secretariat (Secretaría Técnica Nacional Ambiental, SETENA) was created. In such manner, Article seventeen of this body of norms provides that human activities that alter or destroy elements of the environment or generate toxic or hazardous waste materials require an environmental impact assessment by SETENA. On the other hand, this principle has also been included in a series of international instruments, such as the Rio Declaration, which in its principle seventeen contemplated that “an environmental impact assessment, as a national instrument, shall be undertaken for any proposed activity that is likely to produce a significant negative impact on the environment and that is subject to the decision of a competent national authority.” The Convention on Biological Diversity and its Annexes I and II establishes that “Each Contracting Party, as far as possible and as appropriate: Shall establish appropriate procedures that require environmental impact assessment of its proposed projects that may have significant adverse effects on biological diversity with a view to avoiding or minimizing such effects, and when appropriate, shall allow for public participation in such procedures...” For its part, the Constitutional Chamber has made a significant contribution by ruling that “the Environmental Impact Assessment is established as the suitable instrument that the State has to guarantee the balance between the conservation of natural resources, and the development of the human being in a sustainable manner. In this way, human activity that entails the intervention, alteration, or destruction of the environment, must adjust to what is most environmentally beneficial for the State and the community, or the groups that may be affected.” Now then, the Environmental Impact Assessment cannot be exempted from development, exploitation, or exploration projects; neither by law nor even less so by any lower-ranking norm, precisely because it has its foundation in the Political Constitution. Finally, it must be pointed out that the completion of the Environmental Impact Assessment does not imply the start-up of the project in question, given that it is a prior requirement that must necessarily be fulfilled in the stipulated cases. As for the principle that only a declared State of Necessity excuses compliance with environmental norms, more than a principle it can be taken as a rule, since it is determined that the only exception to compliance with norms and principles in environmental matters would be the state of necessity, given that the State is the one called upon to preserve public order. Due to the foregoing, it must be said that the foundation of this “principle” would be the State of Necessity; that is, necessity itself becomes the foundation. In such manner, in the presence of transitory and urgent situations in which the continuity of public services is necessary, dispensation from environmental regulations is permitted; it would suffice for the determining event to occur, such as, for example, a flood, an earthquake, an epidemic, or, for there to be a high degree of certainty that the event will occur, so that the State of Necessity can be declared. Thus, the Public Administration is allowed to adopt conduct without complying with an environmental provision. For example, the construction of a bridge without conducting the Environmental Impact Assessment, or, the carrying out of a project without a health permit. On the other hand, the State of Necessity should not be confused with Contingency, which can be defined as that future event that may or may not occur. In these cases, dispensation from environmental regulations is not possible, given that there is no certainty that the event will occur. In that sense, the Constitutional Chamber has ruled that “it is contrary to the Law of the Constitution, not only the regulations, but also the actions of public institutions that dispense with the ordinary formalities and procedures for the ordinary action of the Administration.” (Voto 6503-2001). Consequently, “for the emergency measure to be understood as constitutionally developed, it must attend only and exclusively to solving the emergency situation that motivates it, and also have – in addition – the common good as its purpose: that is, it must be just and also reasonable (proportional in a strict sense).” (voto 6322-2003 of the Constitutional Chamber). While regarding the principle that the lack of financial resources of public institutions is not an excuse that justifies the omission of providing protection to Environmental Law, it is a premise developed with the progressive advancement of economic and social rights; and from the application of the principle of the prohibition of social regression. In the terms of the Constitutional Chamber, “the lack of budgets (financial, material resources and/or qualified personnel) cannot constitute a limit between respect for and violation of fundamental rights, that is, it cannot be a reason for the Administration not to act and take concrete actions so that through its management it finds a solution to the problems that individuals require in environmental matters...” (voto 6322-2003 of the Constitutional Chamber). A vital aspect must not be set aside, and that is the fact that this statement must be analyzed jointly with the principle of budgetary equilibrium, since the Public Administration is obliged to maintain equilibrium in the budget. Thus, an interesting phenomenon arises, since on one hand the obligation of the State to protect the environment is established, without being able to excuse itself in the lack of resources for failing to comply, and on the other hand, the situation that the Administration, abruptly, cannot break the budgetary equilibrium to fulfill its constitutional duties and obligations. Consequently, it is necessary to seek a way in which both statements can be complied with, in such a manner that environmental protection is guaranteed and also budgetary equilibrium is maintained. That is, a harmonious, integral application between both postulates is required. It is convenient to indicate that in the majority of cases, the lack of budget is more a consequence of the prevailing political line on the matter, than the nonexistence of the resource itself. While regarding the principle of Coordination among the different dependencies of the Public Administration, it derives from the principle of State Unity. Thus it emerges from constitutional jurisprudence which in this regard has recorded that “the protection of the environment is a task that corresponds to everyone equally, that is, there exists an obligation for the State – as a whole – to take the necessary measures to protect the environment, in order to avoid degrees of contamination, deforestation, extinction of flora and fauna, excessive or inadequate use of natural resources, that endanger the health of the governed.” (Ibidem, the emphasis does not correspond to the original). In Spain this statement is expressly contained in the Political Constitution in numerals one hundred forty-eight and one hundred forty-nine; and is called the Principle of Organic Coordination; which is based on the fact that the Constitution attributes the function of protecting natural resources on a shared basis to the State and the Autonomous Communities. Coordination occurs when a problem goes beyond the competence of an entity, and for this reason coordination with the appropriate entity or public body becomes necessary, and it has been defined as “the ordering of relations among these diverse independent activities, which take charge of that concurrence in a same object or entity, to make it useful for a global public plan, without suppressing the reciprocal independence of the acting subjects.” (Ibidem, the emphasis does not correspond to the original).\n\nIn the Costa Rican legal system, at the statutory level, this principle is enshrined in article 3 of the Organic Law of the Environment, and at the international level it has been set forth, among others, in the Stockholm Declaration on the Human Environment by stating that \"to achieve a more rational management of resources and improve environmental conditions, States should adopt an integrated and coordinated approach to their development planning so as to ensure that development is compatible with the need to protect and improve the human environment for the benefit of their population.\" From the foregoing, the necessary state coordination to achieve full compliance with constitutional obligations is extracted, an importance that becomes even more critical when it comes to the protection and preservation of the environment. In this regard, although there is a governing body in the matter, such as MINAE, the collaboration of other instances or agencies is necessary; this Ministry is empowered to integrate all those involved, such as municipalities, which in certain matters are even the only ones with jurisdiction. Regarding the fact that harm to this Environmental Right occurs both by action and by omission, it follows from the Political Constitution itself in the already repeatedly cited article fifty, since as the Constitutional Chamber has indicated, \"omissions in the duty to protect the environment and comply with environmental regulations are of constitutional relevance, because as a result of the Administration's inertia in this matter, damage to the environment and natural resources can occur, sometimes with similar or greater consequences than those derived from the Administration's actions.\" (Ibidem). In that sense, one could even think of the omission in issuing a law indispensable for the protection of the right to a healthy and ecologically balanced environment, or carrying out construction without the approval of the environmental impact assessment (Estudio de Impacto Ambiental); or exercising oversight duties; which are just a few examples in which the inactivity of the Administration, both formal and material, can cause serious damage to the environment, often greater than that produced by actions. Regarding the ineffectiveness of positive silence in the use of natural resources, as is known, positive silence is an instrument of administrative law and operates in all state oversight activity, when after a reasonable period has elapsed, which in our legal system is one month [unless a rule provides a different period] after the application is submitted, the Administration does not oversee the activity, it is then deemed granted. It applies to permits, authorizations, licenses, in accordance with articles three hundred thirty and three hundred thirty-one of the General Law of Public Administration. However, this rule does not apply in environmental matters, since the constitutional right to a healthy and ecologically balanced environment prevails. On the matter, the Constitutional Chamber has stated that: \"...these rules –positive silence– do not apply to permits for the use of natural resources (forest, mining, marine, waters of the Nation, forces derived from water resources, etc.), [...], precisely by virtue of the superior value (public interest) of environmental protection, and precisely because of the conceptualization of environmental law as a fundamental right [...]\" (Op. Cit). This principle was enshrined by the Constitutional Chamber for forest resources; however, given that protection extends to all of nature, it is understood to govern all environmental matters, since the non-application of positive silence in environmental matters, it could be noted, finds its justification in the superior value, that is, the public interest, of protecting the environment as a fundamental right. At the statutory level, this \"principle\" has been expressly enshrined, as in the Forest Law (Ley Forestal), which is one of them, by providing, in a very broad and clear manner, that positive silence does not operate in natural resource matters. The problem is that it should be enshrined as a principle in a more direct and express manner, since, as is known, one of the ways to protect the environment is precisely by preventing the Administration's inertia from resulting in permits for the exploitation of natural resources being considered granted, which would generate, in many cases, irreparable damage to the environment or even the loss of some of its components. Finally, regarding citizen participation in environmental matters, it is enshrined in a principle whose basis is extracted from articles twenty-seven, thirty, and fifty of the Constitution, since citizens have the right to access available information and to its disclosure for decision-making. Citizen participation constitutes a consequence of the democratic principle and encompasses the right to information concerning environmental projects or those that may cause harm to natural resources and the environment, and the guarantee of effective participation in decision-making. For its part, article ten of the Rio Convention elevated participation to the rank of a principle in environmental matters by providing that \"the best way to address environmental issues is with the participation of all interested citizens, at the appropriate level. At the national level, every person must have adequate information concerning the environment that public authorities have, including information on hazardous materials and activities in their communities, as well as the opportunity to participate in decision-making processes. States shall facilitate and encourage public awareness and participation by making information available to all. Effective access to judicial and administrative proceedings, including redress and remedy, shall be provided.\" (The highlighting is not in the original). In Spanish Law, its own Constitution contains citizen participation in article one hundred twenty-nine point one, by stating that \"The Law shall establish the forms of participation of interested parties in Social Security and in the activity of public bodies whose function directly affects the quality of life or general welfare.\" In addition to the constitutional basis, in our legal system, the Organic Law of the Environment contemplates this principle, as does the Regulation on Procedures of the National Technical Environmental Secretariat (Reglamento sobre Procedimientos de la Secretaría Técnica Nacional Ambiental), which even establishes the holding of a public hearing in the environmental impact assessment (Estudio de Impacto Ambiental) procedure; but the Costa Rican legal system is not outside the scope of this important postulate, since in a Democratic Rule of Law State such as ours, the participation of the population is one of the fundamental pillars and should be further strengthened.\n\nVII.- REGARDING THE RAMSAR CONVENTION: The Convention on Wetlands of International Importance especially as Waterfowl Habitat, known in abbreviated form as the Ramsar Convention, was signed in the city of Ramsar (Iran) on January eighteenth, one thousand nine hundred seventy-one, and entered into force on December twenty-first, one thousand nine hundred sixty-five. Its main objective is \"the conservation and wise use of wetlands through local, regional, and national actions and international cooperation, as a contribution to achieving sustainable development throughout the world.\" More than one hundred sixty countries are currently parties to said convention, protecting more than one thousand nine hundred wetlands, with a total surface area of more than one hundred ninety million hectares, designated for inclusion in the Ramsar list of wetlands of international importance. Every three years, member countries meet to evaluate progress and share knowledge and experiences. The philosophy of Ramsar revolves around the concept of \"wise use.\" The wise use of wetlands is defined as \"the maintenance of their ecological character, achieved through the implementation of ecosystem approaches, within the context of sustainable development.\" Consequently, the conservation of wetlands, as well as their sustainable use and that of their resources, are at the heart of \"wise use\" for the benefit of humanity. The Convention employs a broad definition of the types of wetlands encompassed by this mission, including swamps and marshes, lakes and rivers, wet grasslands and peatlands, oases, estuaries, deltas and tidal flats, near-shore marine areas, mangroves and coral reefs, as well as artificial sites such as fish ponds, rice paddies, reservoirs, and salt pans. The mission of the Convention is \"the conservation and wise use of wetlands through local and national actions and international cooperation, as a contribution to achieving sustainable development throughout the world.\" This vision is inspired by that of the Millennium Ecosystem Assessment, which describes ecosystems as the complex of living communities (including human communities) and the non-living environment (components of ecosystems) that interact (through ecological processes) as a functional unit that provides, among other things, a variety of benefits to human beings (ecosystem services). The Convention has various mechanisms to assist Contracting Parties in designating their most significant wetlands as Ramsar Sites, and in taking the necessary measures to maintain the components and processes of their ecosystems and the benefits they provide. Ramsar Sites are designated according to nine criteria, eight of which are biodiversity criteria, highlighting the importance the Convention gives to preserving this diversity through the designation and restoration of wetlands. The Convention also provides tools to establish a link between wetland biodiversity and ecosystem services such as fisheries or the provision of fruit, timber, medicines, etc., on which people depend. As a general rule in our national legal system, the territories included in said convention are on public domain, what has come to be called demanial property (bienes demaniales); and only exceptionally and extraordinarily could it be thought that they are in the hands of private parties. Naturally, all the principles specific to environmental matters are used in these areas of the national territory, insofar as it is known that their affectation directly impacts the environment and the possibilities of access to water, both for the present and for future generations.\n\nIX.- REGARDING PUBLIC DOMAIN IN THE RIGHT TO WATER: With respect to water, the Constitutional Chamber, in vote No. 5606-06, recognized its status as a human right by stating:\n\n\"VII.- Access to potable water as a human right. In addition to the foregoing, and perhaps the most relevant aspect of this issue, is the nature and function of water for human life. It is not necessary to detail here an explanation of the evident and notorious reality that without water there can be no life, nor quality of life, and that therefore, with or without a nationalization law, by its very essence, this matter is not and cannot be a territorial or local matter. The Chamber itself in its constitutional jurisprudence has stated that access to potable water is a fundamental human right, as it is configured as an integral part of the content of the right to health and life. (CONSTITUTIONAL CHAMBER, judgments numbers 534-96, 2728-91, 3891-93, 1108-96, 2002-06157 2002-10776; 2004-1923). This same line has been maintained in judgments 2003-04654 and 2004-07779, which, as relevant, state:  // 'V.- // The Chamber recognizes, as part of Constitutional Law, a fundamental right to potable water, derived from the fundamental rights to health, life, the environment, food, and adequate housing, among others, as has also been recognized in international Human Rights instruments applicable in Costa Rica: thus, it appears explicitly in the Convention on the Elimination of All Forms of Discrimination against Women (art. 14) and the Convention on the Rights of the Child (art. 24); furthermore, it is enunciated in the Cairo International Conference on Population and Development (principle 2), and is declared in numerous other instruments of International Humanitarian Law. In our Inter-American Human Rights System, the country is particularly obligated in this matter by the provisions of article 11.1 of the Additional Protocol to the American Convention on Human Rights in the Area of Economic, Social and Cultural Rights (\"Protocol of San Salvador\" of 1988), which provides that: \"Article 11. Right to a healthy environment 1.- Everyone has the right to live in a healthy environment and to have access to basic public services.\" The lack of resources does not justify the failure of public administrations to fulfill their duties in the provision of this basic service. (CONSTITUTIONAL CHAMBER, resolutions 2003-04654 and 2004-007779). // For its part, as both the Procuraduría and the representative of AyA rightly acknowledge in their reports, in the international field, the recognition of water as a human right and as a necessary precondition for all our human rights is also majority. It is argued that without equitable access to a minimum requirement of potable water, other established rights would be unattainable—such as the right to an adequate standard of living for health and well-being, as well as other civil and political rights. In November 2002, the United Nations Committee on Economic, Social and Cultural Rights affirmed that access to adequate quantities of clean water for domestic and personal use is a fundamental human right for every person. Likewise, in General Comment No. 15 on the fulfillment of articles 11 and 12 of the International Covenant on Economic, Social and Cultural Rights, the Committee noted that 'the human right to water is indispensable for living a life of human dignity. It is a prerequisite for the realization of other human rights.' It is also emphasized that the member States of the International Covenant have the duty to progressively fulfill, without any discrimination, the right to water, which entitles everyone to enjoy sufficient, physically accessible, safe, and acceptable water for domestic and personal use. // For its part, several international conferences have been held, notably the United Nations Water Conference held in Mar del Plata in 1977, which recognized that all peoples have the right to access potable water to satisfy their basic needs. Also, the Declaration on the Right to Development, adopted by the UN General Assembly in 1986, includes a commitment by the States to ensure equality of opportunity for all to enjoy basic resources. // The concept of satisfying basic water needs was further strengthened during the 1992 Earth Summit in Rio de Janeiro. In Agenda 21, governments agreed that \"in developing and using water resources, priority must be given to satisfying basic needs and to the conservation of ecosystems.\" Similarly, in the Plan of Implementation adopted at the 2002 Johannesburg Summit, governments committed to \"employ all policy instruments, including regulation, monitoring..... and the recovery of costs for water services,\" without the cost recovery objectives becoming a barrier to poor people's access to clean water. There are also dozens of international instruments that directly and indirectly relate to water as a human right for all persons and peoples, such that it is not only a matter that by its nature tends toward nationalization, but toward the internationalization of its use and enjoyment.\"\n\nSee how, beyond the normative support, the demanial character of water is a necessary consequence of the imperative requirement it presents for human life, which carries with it the implication that the internal normative north is supported by article twenty-one of the Constitution. At the sub-constitutional level, its status as demanial property (demaniabilidad) is initially regulated in the Water Law (Ley de Aguas), number 276, of August twenty-sixth, one thousand nine hundred forty-two:\n\n\"Article 1.- The following are waters of the public domain: // I.- Those of the territorial seas in the extent and terms established by international law; // II.- Those of the lagoons and estuaries of the beaches that are permanently or intermittently connected to the sea; // III.- Those of naturally formed interior lakes that are directly linked to constant currents; // IV.- Those of rivers and their direct or indirect tributaries, streams or springs (manantiales) from the point where the first permanent waters emerge to their mouth in the sea or lakes, lagoons, or estuaries; // V.- Those of constant or intermittent currents whose channel, in whole or in part, serves as a boundary for the national territory, with the ownership of those currents being subject to what has been established in international treaties entered into with neighboring countries and, in the absence thereof, or in matters not provided for, to the provisions of this law; // VI.- Those of any current that directly or indirectly flow into those listed in section V; // VII.- Those extracted from mines, with the limitation set forth in article 10; // VIII.- Those of springs (manantiales) that emerge on beaches, maritime zones, channels, beds, or banks owned by the nation and, in general, all those that originate on lands of the public domain; // IX.- Subterranean waters whose extraction is not carried out by means of wells; and // X.- Rainwater that flows through gullies or dry streams whose channels are of the public domain. // Article 2.- The waters listed in the preceding article are property of the nation and ownership over them is not lost nor has been lost when, through the execution of prior artificial works or utilization, their natural characteristics are altered or have been altered.\n\nExcepted are waters utilized under contracts granted by the State, which shall be subject to the conditions authorized in the respective concession.\"\n\nFor its part, at the time the granting of the concession occurred, Law 258 of August eighteenth, one thousand nine hundred forty-one, the National Electricity Service Law (Ley del Servicio Nacional de Electricidad), was in force, which stated:\n\n\"Article 1: All waters of the Republic that are not private domain in accordance with the Water Law (Ley de Aguas) in force, … are inalienable and under the domain, government, and supervision of the State\"\n\nSupports what has been said is the provision of article four of the Mining Code (Código de Minería) (Law 6797 of October 4, 1982) which states:\n\n\"Article 4.- …. subterranean and surface waters are reserved for the State and may only be exploited by it, by private parties in accordance with the law, or through a special concession granted for a limited time and subject to the conditions and stipulations established by the Legislative Assembly.\n\nThe natural resources existing in the soil, subsoil, and waters of the seas adjacent to the national territory, within an extension of up to two hundred miles from the low-water line, along the coasts, may only be exploited in accordance with the provisions of subsection 14) (last paragraph) of article 121 of the Political Constitution.\"\n\nConsequently, we can affirm that the right to water, as the fundamental liquid for human existence, becomes a matter of fundamental right in our national legal system; which is consistent with the Ramsar Convention and which obligates (except in rare cases) that these areas of the territory are demanial property (bienes demaniales). The contrary could endanger not only current generations but even future ones.\n\nX.- REGARDING CIVIL POSSESSION AND AGRARIAN POSSESSION: Rights in rem (derechos reales) are the direct and immediate legal relationships between a person and a thing. The figure comes from Roman law ius in re or right over the thing; it is a term used in contrast to personal or credit rights. Article forty-five of the Constitution, as relevant, states: \"Article 45.- Property is inviolable; ...\" In complement to the constitutional norm, which, by the way, does not define what the property right is, article two hundred sixty-four of the Civil Code states: \"ARTICLE 264.- The title (dominio) or absolute property over a thing comprises the rights:// 1.- Of possession.// 2.- Of usufruct.// 3.- Of transformation and alienation.// 4.- Of defense and exclusion; and // 5.- Of restitution and indemnification. Usucapion (usucapión) or positive prescription is the acquisition of title (dominio) or another possessable right in rem, through continuous possession for the time and with the conditions established by law. So, then, the person acquiring by usucapion (usucapiente), during that time and with those conditions, appears, figures, acts, or has been behaving as the holder of the right in question, even though that right did not originally belong to them; it becomes theirs by virtue of that public appearance. It is normally associated with the right of property and its purpose is to guarantee legal certainty. The basis of this institution rests on the idea that after a certain time, it is convenient that whoever has behaved as such acquires the respective right. On the other hand, it implies a punishment for the holder of a right who abandons their condition or the property for a prolonged period, such that the law punishes them by allowing the other person to assume what its holder did not want for themselves. The possibility of a reivindicatory action by the original holder is thus denied, as a new right is consolidated that began in a precarious form and acquires the strength and legal protection upon fulfillment of the requirements. This institution allows for the generation of an original right. In our civil system, there only exists the ten-year prescription, referring to the required term, but in other systems, longer terms are required when the totality of the requirements, other than the mere passage of time, is not present; this matter presents great importance with respect to just title (justo título), as will be seen. Doctrine and legislation require possession as a requirement, which must be public, peaceful, continuous, uninterrupted, and held as owner (article 853 of the Civil Code); let us proceed to analyze each of these aspects. Possession is the material holding of the property that one seeks to obtain and that provides the unequivocal certainty of clearly differentiating the property in question. It is a de facto subordination, consistent and protectable by the legal system, exercised over property exclusively, totally, or partially, by virtue of which a person acts upon them as if they were the holder, with the limitations established by law and social interest. The publicity of possession lies in the fact that it is not enjoyed hidden or clandestinely, but rather in plain view and with the tolerance of friends and strangers. It presupposes that it is of general knowledge to the community, allowing the owner or whoever is affected to have the possibility of becoming aware and, if appropriate, opposing it through the mechanisms that the same legal system establishes. The peaceful character of possession implies the exercise of the right in rem without the use of violent material acts or serious threats against the subject who holds the property. It is worth noting that each violent act interrupts the elapsed period. While continuity is a succession of acts occurring one after another, without the presence of long intervals that could generate gaps or doubts. It is a regular succession, which is not synonymous with continuous use, but rather that at least the intervals are normal for any diligent owner. The character of being uninterrupted determines that the possession does not cease, both on the material plane and the legal plane, as in the case of any claim. In addition to possession, the fulfillment of the term is necessary, which for the species is ten years, as we already anticipated. Likewise, good faith must be present, or what is the same, having acted honestly, with adherence to the law, and with the certainty of not harming any person; it is a matter of a rectitude psychological and ethical attitude. Article eight hundred fifty-five of the Code in question requires that good faith be present throughout the entire period in which possession is exercised. To have this attribute, one must have the necessary moral and legal elements in their agent's conduct. The last requirement is what is called just title (justo título). Article eight hundred fifty-three of the Civil Code requires as a requirement the existence of a title translative of domain (título traslativo de dominio), namely a sufficient fact (for example, purchase, donation, transaction, inheritance, etc.) to have produced, through tradition (tradición), the acquisition of the property right or another. It is, in effect, a legal act through which a thing [passes] into the patrimony of a person and has been carried out under compliance with the corresponding legal provisions established by the legal system for the case or business in question. Thus, the title must be lawful, so that the right of possession ad usucapionem (ad usucapionem) must have support, the legal cause (causa jurídica) must be present. Hence, some legal systems allow the exemption of this requirement, provided that the term is considerably increased, generally using thirty years. For its part, agrarian usucapion (usucapión agraria), the basis of agrarian law, tends to ensure that the land fulfills its social or socio-economic function for the benefit of the community, while civil usucapion (usucapión civil) is oriented solely by the matter of legal certainty. Although they present a similar legal effect, they play a different role; hence, agrarian law is considered \"dynamic,\" as opposed to civil law, which is pejoratively labeled \"static.\" Agrarian usucapion (usucapión agraria) protects, stimulates, rewards only the one who works the land, granting them the status of owner. This possession must be more active and consists of putting the property into production, so that simple demarcation, boundary marking, or clearing of the land (sufficient elements for civil law) are elements in agrarian matters, but insufficient to consolidate any right. Another important aspect is that in this matter, the requirements of just title (justo título) and good faith disappear, so that the former is replaced by work, while regarding good faith, it does not matter whether another is being harmed; what is important is that the land is worked. It is assumed that acts of possession are carried out out of necessity, hence this state neutralizes bad faith (see article 52 of the Land and Colonization Law). It is worth noting that the Possessory Information Law (Ley de Informaciones Posesorias), No. 139 of 1941, establishes a special non-contentious procedure through which the property title is formalized; it is also worth noting that a successful lawsuit implicitly carries with it the generation of a new title, at the same time producing the cancellation of any other opposing title, hence usucapion (usucapión) presents two effects, one negative, consisting of the elimination of pre-existing rights (as negative prescription), and another positive, by generating a right for the possessor. Finally, we cannot fail to mention that the property possessed must be in the stream of commerce, which brings us to the issue of demanial property (bienes demaniales) already discussed, which, in principle, cannot be acquired through this procedure.\n\nXI.- REGARDING THE CLAIM: With the previous clarifications made, it is now possible to concretely analyze the claim formulated by the plaintiff. It must be specified that, although the requests were originally aimed at having Mr. González Rojas's property right declared, with the advent of the criminal judgment that annulled said title, what was sought was oriented towards requesting a declaration of the right of possession. Since the arguments put forward by that party regarding the property right have become sterile and unnecessary, any pronouncement on that particular is omitted. On the other hand, it must be clarified that the legal mechanism to constitute a title of property based on possession is the possessory information (información posesoria) proceeding, as a non-contentious process, so that this full knowledge process (proceso de conocimiento plenario) does not come to destroy or generate a mechanism that the legislator has regulated in a different way. Therefore, the claims are analyzed within the scope of the jurisdiction that corresponds to us.\n\nFrom the list of proven facts, it is established that the individual possesses a cadastral map from 1998 for a piece of land that overlaps another property duly registered in favor of the Instituto Costarricense de Electricidad, which would prima facie give rise to a discussion of superior right, but the situation changes radically due to the nature of the property under consideration. Thus, we have that the property was acquired and is dedicated to being a protection zone for the Arenal reservoir; this led the public entity to seek its artificial reforestation (as narrated by witness Soto Bolaños), and considering the high costs of the project, the initiative was directed toward natural reforestation, allowing nature to recover by itself. It is worth saying that what, in the eyes of a third party, could represent an abandoned property, a person versed in the matter would have detected the forty-year effort of natural recovery of the territory. This evidently consolidates it as a public domain asset (bien demanial) in accordance with Article two hundred sixty-one of the Civil Code, insofar as it corresponds to a thing that provides support for a public service, such as potable water and electricity. Within this framework, the property is outside the commerce of men and, consequently, no civil possession can be held over the real estate, much less can adverse possession (prescripción adquisitiva) run against it. But the matter does not end there. From the list of proven facts, it is evident that the land is part of a RAMSAR site over which there is a national and international commitment to protection and maintenance as an asset not only of the Nation but of humanity, which entails that any activity carried out on the land must be in accordance with the guidelines issued by the Ministry of Environment and Energy (Ministerio de Ambiente y Energía, MINAE), in compliance with a series of international policies. We are facing a wetland, extremely fragile and which cannot be treated as territory with an agricultural vocation; consequently, it cannot be the subject of adverse possession. Everything indicates that this public domain asset presents, as its sole vocation, its recovery through artificial means or natural regeneration. In fact, as seen in the proven facts, the activities deployed by the plaintiff to try to make the land productive, from an environmental point of view, constitute damages, as they delay or hinder the natural regeneration that the zone exhibits. The plaintiff's attorney made a significant effort during the debate to indicate that areas of natural forest had been respected (for which no evidence was provided), but he forgets that the idea is not just the maintenance of the existing forest, but its expansion to the entire protection area; so the argument becomes sterile. Having made these clarifications, it is imperative to proceed to compare the claim in concrete terms. As a first requirement, the plaintiff requests: \"I.-That the plaintiff José Luis González Rojas is the sole owner of the real estate in the Partido de Guanacaste, by title of agrarian and forest possessor, of the property located in El Cairo, Third Tronadora District, Eighth Canton, Tilarán, Province of Guanacaste, with a measurement of six hundred seventy thousand forty-three square meters and fifty-seven square decimeters, detailed in cadastral map number G-0491856-1998.\" Evidently, there is a lack of terminological precision insofar as it is not possible to be the owner of a possession, as the latter is an attribute of the former; despite this, the Court interprets that what is being requested is a declaration that the possession exercised is legitimate against the counterparty. A clarification must be made beforehand: if the maps of the plaintiff and the public entity are considered, everything seems to indicate that there could be an area of land not covered by the title of ownership of the latter, and insofar as it is not registered, it could well be claimed through the possessory information (información posesoria) process; however, since a pronouncement is being requested regarding the entirety of the land comprised in the aforementioned map, this obliges us to consider the property as a single unit. Of course, this does not prevent the plaintiff from resorting to the respective process to request the registration of the land not comprised, if that were indeed the prevailing reality. Now, in this regard, it must be pointed out that the aforementioned individual cannot be the possessor of that property (bien), to the extent that, as indicated, it is a public domain asset outside the commerce of men, over which it is legally impossible to constitute any civil or agrarian right. We see how the title of ownership was constituted forty years ago and, from that moment on, has been affected for public purposes. Among the plaintiff's arguments, it was noted that the timeframe that makes the specific area of land tangible (the cadastral map) is from a little less than ten years ago, while that of Mr. González Rojas is earlier. In this regard, it must be remembered that, indeed, the need to have a registered map with the same entry as the property is of very recent date, so that previously, even when properties had a map, it was not necessary to indicate it in the property's entry. It has been less than twenty years since that requirement changed. In this way, the property of the public entity predates that of the plaintiff and not the opposite, all without prejudice to the fact that the right held by ICE is superior and prevails over that of the private individual. Within this framework, without further effort, the first request must be denied. As a second request, the plaintiff requires: \"II.- That the plaintiff José Luis González Rojas has exercised possession for approximately twenty-five years in a public, peaceful, uninterrupted manner, in good faith and by title of owner.\" According to the elements of conviction provided to the case file, the plaintiff has been carrying out agricultural acts in the zone since at least the year 1990 and has produced some agricultural crops, as well as some livestock activity. What is questionable is that everything indicates the public entity did not become aware of the situation in a timely manner. Although vegetables and greens are seasonal products, with a growth process of a few months, adequate surveillance work would have detected this activity in a timely manner. Within this framework, the public entity's attention is drawn to its duty to perform this function with the seriousness it deserves. Now, regarding what is requested, as previously stated, it is not possible to exercise civil or even agrarian possession (the plaintiff at trial spoke of forest possession, but in a technical legal sense, the latter is neither more nor less than agrarian possession). Any act in this sense becomes unlawful, and illicit, lacking any action to protect it. For a property to be possessable, it is imperative that its nature allows it, which is not the case here. Thus, it is not possible to declare the existence of any possession, much less that it is public, peaceful, uninterrupted, in good faith, and by title of owner. During the oral and public trial, the plaintiff's representative raised the existence of agrarian and forest possession over the land, when in reality the legal system only recognizes two types of ways to exercise that real right (derecho real): civil and agrarian. Forest possession is nothing more than a manifestation of agrarian possession. Even trying to give meaning to the argument (which, as we already indicated, it lacks), it must be clarified that one of the requirements of agrarian possession is necessity, that is, the search by a landless farmer for land on which to produce and thereby benefit himself and his family. However, due to the number of hectares that Mr. González Rojas claims, and from the statements of his own witness, it is evident that his acts have been limited to a small part and not to the entirety of the real estate. This compels the denial of this second requirement. As a third claim, the following is requested: \"III.- That the possessory acts exercised by the plaintiff José Luis González Rojas, during all that time, have consisted of the following: a) Building on his aforesaid property three dwelling houses of wood and zinc, b) A four-strand wire fence with black-wood posts, c) Dedicating part of the property to the planting and cultivation of one hectare of beans and three hectares of corn, as well as fruit trees (orange, avocado, mango, pipas, grafted nances, yuplones, star fruit, sapotes among others). d) The establishment of a dairy and a production farm with twenty-four animals, among which were: nineteen dairy cows, two breeding bulls (Simmental and Brown Swiss), three young bulls, fifteen hens, and an Australian Shepherd dog.\" As can be appreciated, what is requested is derived from the previous requirement, without prejudice that it is debatable whether we are in the presence of a claim or a fact. As has been well stated on previous occasions, a proven or unproven fact is the verification that something occurred in reality, while a declaratory claim is a legal assessment, which establishes a legal situation based on a proven or unproven fact. In this case, what is requested seems more like a fact than a claim. We would be under the assumptions of Canon one hundred ninety-five of the General Law of Public Administration (Ley General de la Administración Pública), which prevents the recognition of any liability for illegitimate acts or those contrary to law, which is what is indicated by Article twenty-two of the Civil Code as an abuse of right. In any case, the activities deployed by the promoter of the case file, as already indicated, become illicit and are considered more as environmental damages than acts of possession, for which reason they must also be denied. In the fourth request, it is required, \"IV.- That the plaintiff José Luis González Rojas, is the sole and exclusive possessor of the aforementioned property.\" Again, we have a claim derived from the first, insofar as it is requested that the right of possession be declared, which, as has been repeatedly indicated, is not legally viable, and it suffices to state that it must also be denied. For the fifth claim, it is stated: \"V.- That cadastral map number G-1168748-2007 in the name of the Instituto Costarricense de Electricidad, overlaps with cadastral map number G-0491856-1998 that describes property one hundred forty-four thousand seven hundred fifty - zero zero zero, which is in the name of José Luis González Rojas.\" First of all, it must be indicated that Mr. González Rojas did not direct this claim against what was resolved with the authority and efficacy of res judicata ordered by the Trial Court of the Third Judicial Circuit of San José, insofar as it canceled the entry of the plaintiff's property. But, in order to provide coherence, the court understands that the party is asking for a declaration that both cited maps overlap. Again, we have a problem of legal technique, insofar as we are in the presence of a fact, which by the way is proven, and not of a declaratory claim. That the maps of ICE and Mr. González Rojas overlap is an incontrovertible issue, as was accredited by the telegrafic study carried out by the Judicial Investigation Organization (Organismo de Investigación Judicial). It is simple logic that for properties to overlap, they must be located in the same place. Although at trial, attorney Jiménez Meza at some point raised doubts as to whether the properties were located in the same place, the technical evidence is incontrovertible regarding this situation; in fact, no evidence was provided against this either. Declaring that the maps present common areas is a mere fact, it does not include any legal assessment, and for that reason, it has been set out in those terms within the list of duly accredited facts. As it is a fact and not a claim, it must also be denied. The sixth requirement was requested: \"VI.- That cadastral map number G-1168748-2007 in the name of the Instituto Costarricense de Electricidad be annulled and left without any legal effect or value, because it overlaps another registered property.\" Now we are faced with a declaratory claim, but it is necessary to make some clarifications. A cadastral map does not constitute a legal status or situation for the beneficiary of the document. The only thing it manifests is that the person named therein claims to be the owner, possessor, or beneficiary of an easement (servidumbre) under the terms described therein. Its legal efficacy depends exclusively on a jurisdictional process that ultimately grants it some effect regarding that manifestation. It does not correspond to a final act, but rather a procedural step within another subsequent one. For this aspect alone, the claim does not deserve shelter. Despite this, it must be added that the title of ownership (the right par excellence, insofar as possession is only one of the real rights that make up ownership) belongs to the Instituto Costarricense de Electricidad and not to Mr. José Luis, with the aggravating factor that the described property is public domain (demanio público). For this claim to have any coherence, the party would have to prove that the public entity took a zone that was not originally part of its property, which it is not doing. That being the case, what is requested must be denied without further question. For the sixth through twelfth requests, it is established: \"VII.- That the defendants herein entered the property - previously indicated as owned by José González Rojas driving two vehicles labeled with the ICE logo, in the company of other officials of the same sued institution, and on several occasions proceeded to destroy the construction of the dwelling house built there (sic) and the fences. They burned the fibrolit and completely damaged it. When the houses were rebuilt later, they were destroyed, so that in less than a year they destroyed three houses built there. VIII.- That the defendants herein also .... took tools and items such as: a Husqvarna chainsaw, an inflatable life raft, a fumigation pump, a Marlen brand carbine caliber 22 magazine, as well as tools used on the property, such as shovels, hammer, pickaxe, camping tent, dairy utensils, milk cans, saddles, gas stove, beds, mattresses, blankets, dining room furniture, living room furniture, hose rolls and proceeded to take away all other materials. IX.- That the defendants herein proceeded to destroy a large area planted with fruit trees, gardens, fences throughout the property, and took away the remains of the materials that were left. X. That the defendants herein proceeded to destroy the fences, causing serious damages because all the animals left the property without control, frightened by them around the surroundings and therefore they are being slaughtered, as they appear machete-wounded on the public road and others do not appear. XI That all these destructions and damages caused by the defendants herein were carried out on orders of the sued Instituto Costarricense de Electricidad.\" Again we have a problem of legal technique; facts are established as if they could be the object of declaratory claims, which generates the denial of these, with nothing more to add. It only remains to indicate that it is an uncontested fact that the actions of the natural persons sued were in fulfillment of their duties as public officials, under orders from the sued public company. Claim number thirteen establishes: \"XIII.- That the defendants jointly and severally (solidariamente), are obligated to the total compensation for damages (damnum emergens), corresponding to the material losses caused on the property of the plaintiff José Luis González Rojas, consisting of the total destruction that the defendants carried out within the property of the following: a) Three houses, which are quantified in the sum of thirty million colones. b) The destroyed fences, the cost of which is around the sum of two million colones between the barbed wire and black-wood posts. c) The dairy cows, for the nineteen milk-producing cows, the market cost of which oscillates around the sum of nineteen million colones at a rate of one million colones per dairy cow. d) For the two breeding bulls, the sum of three million colones, broken down as follows: For the Simmental Bull, the sum of two million colones, for the Brown Swiss Bull the sum of one million colones. e) for the three young beef bulls, amounting to six hundred thousand colones for the three, at a rate of two hundred thousand colones each; f) One hectare of beans at a cost of two million colones, g) three hectares of corn at a cost of six million colones and h) For the destroyed fruit trees the sum of three million colones. Which yields a total material damage of sixty-five million seven hundred thousand colones.\" Several aspects must be clarified on this particular point. Nothing determines how the house constructions made by Mr. González Rojas were, much less that they have the value he indicates. On the contrary, the only photographs that serve as an illustration in this regard show a structure of zinc sheets as walls and roof, without a floor, in a single piece or room, which would hardly have a value of ten million colones (one-third of what is requested for this concept). Nor are the extensions of the fences built by the promoter of the case file, and supposedly destroyed, accredited, much less their economic value. It is not proven how many cows were lost in the evictions, nor their market value. Furthermore, it is not even accredited that these were handed over to Animal Health (Salud Animal) as the public entity makes it seem. Moreover, although some plantations are accredited, there is no evidence indicating the area produced and the utility that could have been generated. It must be remembered in this regard that Article three hundred seventeen of the Civil Procedure Code (Código Procesal Civil) in relation to Article two hundred one of the Administrative Contentious Procedure Code (Código Procesal Contencioso Administrativo) obliges the affirming party to prove their claim in order to be victorious, an obligation not satisfied in this case. Which leads us to the denial of the request. But in any case, these would be works on another's property, which could eventually be qualified as improvements; what happens is that, in this case, far from improving the property, they represent damages to an asset destined for its natural recovery, which again leads to the conclusion of denying these. It is not superfluous to remember in this regard what is indicated by Article one hundred ninety-five of the General Law of Public Administration, that the recognition of liability does not proceed against an illicit act, which is exactly what happens in this case. Request number thirteen has the following text: \" XIII.- That the defendants jointly and severally, are obligated to the total compensation for lost profits (lucrum cessans), consisting of the frustrated earnings or utility left unperceived, in what the property produced by virtue of the material damages caused or frustrated utility or left unperceived, in what the property produced by virtue of the material damages caused .... which caused the total cessation of production of the following: a) From the dairy, whose monthly production oscillated between 22,800 kilos, at a rate of forty kilos per each of the nineteen dairy cows, which yields a monthly sum of six million eight hundred forty thousand colones, for an approximate period of three years which is the return on a normal investment in a business, yields a total sum of two hundred forty-six million two hundred forty thousand colones. b) From the production of corn on three hectares, per harvest that every six months, at a rate of twenty thousand ears of corn per hectare, that is sixty thousand ears of corn for three hectares, at a cost of one hundred colones per ear of corn, we are talking about a semi-annual loss of six million colones, which for an approximate period of three years which is the indicated term for the return on a normal investment in a business approximately, yields a total sum of thirty-six million colones. c) From the production of beans on one hectare, per harvest which is annual, at a rate of forty quintals annually per hectare, at a cost of two million colones, we are talking about a loss, for an approximate period of three years which is the indicated term for the return on a normal investment in a business approximately, of six million colones. Such lost profits represent the losses or earnings left unperceived, during all that period of time (sic), in which the plaintiff's assets were unjustly affected, which amount to the global sum of two hundred eighty-eight million two hundred forty thousand colones... The three-year period indicated above is computed starting from the beginning of the disturbances and destructions caused by the defendants on the property owned by the plaintiff, that is, starting from December five, two thousand seven.\" What was indicated in the previous point is fully applicable to this request as well. There is an absolute absence of evidentiary material; it is not possible to locate anything that would allow establishing the value of the damage suffered, but in addition to that, it is itself unlawful, in contradiction of Article one hundred ninety-five of the General Law of Public Administration. The Court has no means to know what the plaintiff has planted, what the utility of these would be, how the expulsions from the public domain asset were carried out; in general, there is an evidentiary insufficiency that cannot be filled by the Chamber when it was the parties who should have provided evidence in one direction or another, which they indeed did not do. Furthermore, if there had been evidence in this sense, it could have been assessed whether the eviction was carried out with excessive violence, which could eventually have resulted in liability for the affected party. Regrettably, the absence of evidence is manifest. Consequently, what is requested is also denied. What is requested as number fourteen states: \" XIV.- That the defendants jointly and severally, are obligated to the total compensation for the subjective moral damage suffered by the plaintiff José Luis González Rojas, consisting of the impotence, desperation, anguish and anxiety that the series of actions, destructions, and destructions by the defendants to my property have caused him; the fact of seeing myself at a given moment without anything of what I had built during all the time of possession of the aforementioned property of my property, for which I come to liquidate the same in the sum of seventy million colones, at a rate of ten million colones that each one of the defendants must pay and thirty million colones that the sued institute must pay... Moral damage that stems from all the sufferings that the plaintiff José Luis González Rojas has endured and that have deeply affected him, both on a commercial and family level, since as much as he has sought a way to re-establish his cheese and milk business, such work has been made difficult for him, because to date he still has to go out late at night to see who is causing destruction on the property. Hence, all these suffered anguishes come to cause deep moral damage, coupled with the fact of seeing his animals slaughtered, whose sentimental value is incalculable.\" The Court can understand that, indeed, Mr. José Luis González Rojas must have suffered each time he has been forced to abandon the land at the base of the dispute, but it is the Court's criterion that it is he himself who has placed himself in that condition, by invading land that is not his property and, moreover, affected by a public interest. It appears to have been public and notorious for several years that there was a public interest in the land, and despite this, the plaintiff has continued to remain on the property, trying to title it in his name. The Chamber can be understanding of the desire of the landless farmer to obtain land and thereby provide sustenance for his family and economic prosperity for himself and his own; but in this case, there seems to have been a lack of vision of what is truly at stake. Recognizing any reparation in this regard becomes an abuse of right, which must be denied, as is indeed ordered. It is not superfluous to indicate that if there were any crops still existing on the land, the plaintiff would indeed have the right to collect them, insofar as if the public entity were to keep them, an unjust enrichment (enriquecimiento sin causa) would be generated; of course, in that case, it would be an action coordinated with the counterparty, so as not to return the conflict to stages that we hope will not occur again. Finally, as claim number fifteen, it is requested: \"XV.- That the defendants must index the total amount of damages and lost profits, at the time of its payment in the sentence enforcement stage; and legal interests be recognized from the filing of the complaint until its effective payment .... \" As can be appreciated, all the requests have been denied, so there would be no sum to index. Regarding damages and lost profits, it suffices to indicate what has already been stated, that any recognition would be unlawful. Given the circumstances, the entirety of the complaint filed by the plaintiff is declared without merit. “\n\ntools and articles were taken, such as: a Husqvarna chainsaw (una motosierra huscuarnan), an inflatable lifeboat (bote inflable salvavidas), a fumigation pump (bomba de fumigar), a Marlen brand .22 caliber magazine-fed carbine (una carabina marca Marlen calibre 22 de magazin), as well as tools used on the farm, such as shovels (palas), a hammer (martillo), a pickaxe (pico), a tent (tienda de campaña), dairy utensils (utensilios de la lechería), milk cans (lecheras), saddles (monturas), a gas stove (cocina de gas), beds (camas), mattresses (colchones), blankets (cobijas), dining room furniture (muebles de comedor), living room furniture (muebles de sala), rolls of hose (rollos de manguera), and they proceeded to take all the other materials. IX.- That the defendants herein proceeded to destroy a large area planted with fruit trees, gardens, fences throughout the entire farm, and the remains of the materials that were left they took away. X. That the defendants herein proceeded to destroy the fences, causing serious damage because all the animals left the farm without control, driven away by them into the surrounding areas, and therefore they are being slaughtered, as they appear macheted on public roads and others do not appear. XI That all this destruction and damage caused by the defendants herein was carried out on the orders of the Instituto Costarricense de Electricidad .... XIII.- That the jointly and severally liable defendants (accionados solidariamente) are obliged to fully compensate the damages (damnun emergens), which correspond to the material damages caused to the plaintiff Nombre112710's farm, consisting of the total destruction that the defendants carried out within the farm of the following: a) Three houses, which are quantified in the sum of thirty million colones. b) The destroyed fences, the cost of which is around the sum of two million colones, between the barbed wire (alambre de púas) and the black wood posts (postes de madero negro). c) The dairy cows, for the nineteen milk-producing cows, whose cost on the market ranges around the sum of nineteen million colones, at a rate of one million colones per dairy cow. d) For the two breeding bulls, the sum of three million colones, broken down as follows: For the Simmental Bull (Toro Simental), the sum of two million colones; for the Brown Swiss Bull (toro Pardo Suiso), the sum of one million colones. e) for the three beef steers (toretes de carne), which amount to a sum of six hundred thousand colones for all three, at a rate of two hundred thousand colones each; f) One hectare of beans (frijol) at a cost of two million colones, g) three hectares of corn (maíz) at a cost of six million colones, and h) For the destroyed fruit trees, the sum of three million colones. This results in a total material damage of sixty-five million seven hundred thousand colones. XIII.- That the jointly and severally liable defendants are obliged to fully compensate the lost profits (lucrum cessans), consisting of the frustrated or lost earnings or utility, in what the farm produced by virtue of the material damages caused or frustrated or lost utility, in what the farm produced by virtue of the material damages caused .... which caused the total cessation of production of the following: a) From the dairy (lechería), whose monthly production ranged between 22,800 kilos, at a rate of forty kilos for each of the nineteen dairy cows, which yields a monthly sum of six million eight hundred forty thousand colones, for an approximate period of three years, which is the return on a normal investment in a business, yields a total sum of two hundred forty-six million two hundred forty thousand colones. b) From the production of corn on three hectares, per harvest every six months, at a rate of twenty thousand ears of corn (elotes) per hectare, that is, sixty thousand ears for three hectares, at a cost of one hundred colones per ear, we are talking about a semi-annual loss of six million colones, which for an approximate period of three years, which is the indicated period for the return on a normal investment in a business approximately, yields a total sum of thirty-six million colones. c) From the production of beans on one hectare, per harvest which is annual, at a rate of forty quintals (quintales) annually per hectare, at a cost of two million colones, we are talking about a loss, for an approximate period of three years, which is the indicated period for the return on a normal investment in a business, of approximately six million colones. Such lost profits represent the losses or earnings left unperceived, during all that period of time (sic), in which the plaintiff's assets were unjustly affected, which amount to the global sum of two hundred eighty-eight million two hundred forty thousand colones... The three-year period indicated above is computed from the beginning of the disturbances and destruction caused by the defendants on the farm owned by the plaintiff, that is, from December fifth, two thousand seven. XIV.- That the jointly and severally liable defendants are obliged to fully compensate the subjective moral damages (daño moral subjetivo) suffered by the plaintiff Nombre112710, consisting of the impotence, despair, anguish, and anxieties that the series of actions, destruction, and devastations by the defendants to my property have caused me; the fact of finding myself at a given moment with nothing of what I had built over the entire time of possession of the herein mentioned farm of my property, for which I come to liquidate the same in the sum of seventy million colones, at a rate of ten million colones that each of the individual defendants must pay and thirty million colones that the sued institute must pay... Moral damages that arise from all the suffering that the plaintiff Nombre112710 has endured and that have deeply affected him, both commercially and family-wise, since no matter how much he has sought a way to rebuild his cheese and milk business, such task has been made difficult, because even to date he still has to go out late at night to see who is causing destruction on the farm. Hence, all these suffered anxieties cause deep moral damage, coupled with the fact of seeing his animals slaughtered, whose sentimental value is incalculable. XV.- That the defendants must index the total amount of the damages (daños) and lost profits (perjuicios), at the time of their payment in the sentence execution stage; and legal interest shall be recognized from the filing of the lawsuit until its effective payment .... XVI.- That the payment of both sets of costs of this process is the responsibility of the defendants.\" It is not superfluous to indicate that the subjective moral damages were established at seventy million colones, ten million for each of the individual defendants and thirty million colones to be borne by the Instituto Costarricense de Electricidad.\n\n2.- Having granted the corresponding transfer, the defendants responded negatively and raised the defenses of lack of active and passive standing, lack of right, just as in the supplementary hearing they argued the defense of material res judicata. In that same act, the public entity counterclaimed against Mr. Nombre112710, requesting: \"1. That any possession that the counter-defendant may have made of the property be declared precarious and illegitimate. 2. That plan number G-491856-1998 overlaps lands owned by the Instituto Costarricense de Electricidad, and in that regard, its cancellation be ordered to the National Cadastre. 3. ...... 6. That the counter-defendant plaintiff be ordered to pay the material damages caused, understood as such, all those actions of a clandestine and abusive nature that Mr. Nombre112710 has executed on my principal's property, particularly regarding the compensation for the expenses that the defense and exclusion of the property have demanded from my principal's assets, which, at the moment, I prudentially estimate at the order of twenty-five million colones; likewise, I request that he be ordered to pay the lost profits that also correspond to the expenditures my principal has been forced to make to secure, regarding the actions of the counter-defendant plaintiff, the defense of the property, which I also prudentially estimate at the order of fifteen million colones. 7. That the counter-defendant plaintiff be ordered to pay the personal and procedural costs incurred.\" (the foregoing according to the clarifications made in the supplementary hearing).\n\n3.- Having granted the transfer of this action, the counter-defendant responded negatively and raised the exceptions of statute of limitations (prescripción) and expiry (caducidad).\n\n4.- The preliminary hearing was held at eight hours and twenty-six minutes on July second, two thousand fourteen, where the facts and claims of the lawsuit were set and the respective evidentiary admission was carried out.\n\n5.- That the oral trial was held on July thirtieth, two thousand fifteen, with its processing ordered as very complex under the protection of articles one hundred eleven of the Contentious Administrative Procedure Code and forty-seven of the Regulations, as well as the corresponding issuance of the judgment in writing.\n\n6.- In the proceedings, the required legal formalities have been observed and no grounds for nullity capable of invalidating what has been done are noted. This judgment is issued after the required deliberations and unanimously.\n\nDrafted by Judge Madrigal Jiménez; and,\n\nCONSIDERANDO:\n\nI. REGARDING THE NEW FACT: In the supplementary hearing, both parties argued a series of events that occurred after the filing of the lawsuit, which without a doubt correspond to new facts. The legal hearing was timely granted, but the parties indicated they could address said assumptions in the same hearing, without requiring the submission of counter-evidence or any time to prepare. Within that framework, the Chamber chooses to proceed to assess those situations in the same resolution, just as was requested by the parties. It is not superfluous to indicate that an unkind favor would be done to the interested parties by generating unnecessary delays, especially when the case file has been in process for many years. It should be added that the aspects invoked as new facts are nothing more than issues related to the conflict over the real property that is the basis of the litigation, so it is pertinent to resolve the parties' discrepancy definitively.\n\nII. ON THE EVIDENCE FOR BETTER DECISION: During the oral and public trial, the parties offered some evidence for a better decision (pruebas para mejor resolver), which were annexed at the end of the judicial file. It is necessary to recall regarding the evidence for a better decision, that what is provided in article fifty of the Contentious Administrative Procedure Code indeed becomes of mandatory application when it concerns documentary evidence extemporaneously brought to the process. On the other hand, it is also relevant to keep in mind what is provided in article three hundred thirty-one of the Civil Procedure Code, directly applicable to the present case by virtue of its own scope, in what its text expressly provides that it is a rule that applies to all types of processes, also without prejudice to what article two hundred twenty of the Contentious Administrative Procedure Code indicates. For greater abundance of reasons, the application of both articles, in what is relevant, is mandatory because the legal system so imposes, even by way of integration, which refers to general procedural law in matters not regulated by the Contentious Administrative Procedure Code, whose common trunk is the Civil Procedure Code, without prejudice of course that in criminal procedural matters it has a similar regulation. It must be clarified that the aforementioned article fifty, which would be applicable nevertheless exclusively when dealing with extemporaneous documentary evidence, there being no other rule in that code that regulates the treatment that must be given to evidence for a better decision, the aforementioned article three hundred thirty-one of the Civil Procedure Code is the applicable one, as said article refers to the institute of evidence for a better decision. Consistent with this, jurisprudence has been linear in this sense, regarding the optional admission of evidence for a better decision, and it cannot be otherwise. Bear in mind that the procedural path guarantees stages for the offering and admission of evidence with the possibility of filing remedies against adverse decisions. The power to order evidence for a better decision is the responsibility of the judge, since the stages for the parties to offer their evidence are already precluded, and despite this, doubts arise for the judge. In such understanding, it is not possible to allege any defenselessness, since, in the worst case, what would exist is the party's incuria (see First Chamber of the Supreme Court of Justice in its rulings 547-F-2002 of sixteen hours on July twelfth, two thousand two, No. 59 of 15:20 hours on May 31, 1996, 23 of 14:20 hours on March 4, 1992, 34 of 10:45 hours on May 28, 1993, and 83 of 14:40 hours on December 22, 1993). Furthermore, the limit imposed on the judge when it comes to bringing evidence for a better decision to the process, seen the scope of article three hundred seventeen of the Civil Procedure Code, is constituted by the fact that by that route, the duty to make procedural balance prevail among the parties cannot be ignored, and in that understanding, it is forbidden for the judge to automatically grant every request whose source is or responds to incuria, let alone deceit or bad faith in the petitioner; with the sole exception that the current Contentious Administrative Procedure Code obliges the judge to seek the truth, not with the inquisitorial level that the criminal procedural system presents, but indeed regarding that which is extractable from the allegations and evidence validly admitted in the process. Of course, the Judge in their search for the truth cannot violate other principles of equal rank or hierarchy that must be in balance, ordering evidence for a better decision when doing so inevitably derives a substitution of the ordinary defense mechanisms available to those who are linked in the procedural legal relationship and ordered to prove by virtue of their situation within such procedural relationship (article 317 of the Civil Procedure Code). Thus, the judge cannot substitute the party, both in their theory of the case and in the evidentiary approach that they assumed, because the counterparty would not be litigating with their adversary, but also with the judge who assists one of the interested parties. The contrary, except in very few exceptional circumstances that would have to be duly reasoned and/or supported by superior interests, particularly in matters where qualified public interests or those reinforced by their importance are involved, would lead to questions about the adjustment of the judge's actions to the duty of impartiality and the duty to ensure the maintenance of procedural balance, but would also entail an inadmissible sponsorship in favor of someone who has not properly and/or timely used their duty to prove due to their negligence, carelessness, or an intention to obtain an undue procedural advantage in abusive and/or antisocial use of their right (see articles 21 and 22 of the Civil Code). In what concerns the case, certifications, documents from a criminal file, photographs, copies of a judicial file pertaining to an interdict for protection of possession at some point disputed between the same parties, and some attached documents are offered. The Court, after evaluating these records, chooses to admit them as evidence for a better decision, insofar as they deal with facts that the parties indicate have occurred after the filing of the lawsuit and allow for greater clarity of what occurred, without any defenselessness being produced in any way.\n\nIII. ON THE BASIS OF THE PROCESS: The plaintiff maintains that he is the owner, by title of agrarian and forestry possessor (agrario y forestal) (according to the modification of arguments made in the oral and public trial), of the farm in the party of Guanacaste, located in El Cairo in the district of Tronadora in the canton of Tilarán in the province of Guanacaste. As duly indicated, he presents plan G-0491856-1998. He adds that he has exercised possession for twenty-five years in a public, peaceful, uninterrupted manner, in good faith, and as owner. He maintains that he built a house with wooden crossbeams (artezones) and zinc, and that inside the construction there were six rolls of thick hose, fifty cement blocks (block de cemento), and two cement piles (pilas de cemento). In addition, he erected four rows of barbed wire. That part of the farm was destined for crops, he had built a cement animal pen (corral) and a dairy shed (galerón para lechería) where he had twenty-four animals, in addition to chickens and an Australian shepherd dog. On December fifth, two thousand seven, at four-thirty in the morning, two vehicles marked by ICE entered, driven by the individual defendants, and proceeded to destroy the constructions, taking away the destroyed materials. That he built another small house, which the defendants again returned to destroy. For which reason he has had to resort to the public force for the defense of his property and file several complaints and actions before the Court. He points out that he built a third house and again the defendants destroyed it, burned what he had rebuilt, and took the zinc and other things. They burned the fibrolite (fibrolit) and completely damaged it. In other words, in less than a year, they destroyed three small houses of mine. In addition, they took a \"Husqvarna\" chainsaw (motosierra \"huscarnán\"), an inflatable lifeboat, a fumigation pump, a Marlen brand .22 caliber magazine-fed carbine, as well as tools that were used on the farm, such as shovels, a hammer, a pickaxe, a tent, dairy utensils, milk cans (42-kilo metal container for milk), saddles, a gas stove, beds, mattresses, blankets, dining room furniture, living room furniture, rolls of hose (3/4 and 1/2 inch), and proceeded to take all the other materials, as well as the animals from the property. They destroyed a large area of fruit trees, gardens, fences throughout the entire farm, and the remains of the materials that were still good they took away. By destroying the fences, they caused me serious losses because they also removed the cattle from the property, which never appeared; some of them were found dead on public roads. It was made known that the activities carried out were on the orders of the Instituto Costarricense de Electricidad, since it considers that this farm belonged to the public entity. Upon consulting a professional, they were informed that the plaintiff's plan is from nineteen ninety-eight, and that of the public entity is from two thousand seven, with the aggravating factor that they are overlapped. Even so, he considers that there was no right for them to act in that manner. The defendants indicate that the farm the plaintiff claims as his property is a registry fiction, being part of the farm with real folio number G-14297-000. Property acquired since nineteen seventy-five by the Instituto Costarricense de Electricidad. In this way, they classify the title as false. They maintain that the plaintiff could not have been a possessor for twenty-five years, as he is only forty-two years old. They evidence that the crops, animals, and other mentioned aspects never existed, and what was done was in a clandestine manner when the plaintiff entered the property, trying to generate a possession that is non-existent. They state that on several occasions they have sent delegations to remove the illegitimate acts. They deny that houses were destroyed, only shacks (ranchos). They reason that what was done are acts of defense and exclusion of strangers, like any other titleholder. They state that when cattle have entered, the National Animal Health Service has been notified to take charge. Finally, they add that it does not matter when the plans were made, but when the registrations were made, which in this case, the public entity's is the first. The individual defendants indicate that everything they did was on the order of the public entity, which is recognized by it. In the counterclaim, ICE claims to be the owner of the farm with Real Folio number fourteen thousand two hundred ninety-seven - zero zero zero, with cadastral plan Placa20477 with an area of one hundred fifty-one hectares, three thousand eight hundred forty-four meters and eighty square decimeters. Property that is part of the Arenal hydroelectric plant and forms part of the international agreement as a RAMSAR site. That by the month of May nineteen ninety-eight, the counter-defendant, taking advantage of the property's distance, hired a surveyor to prepare plan G-0491856-1998 with an area of six hundred sixty thousand forty-three meters and fifty-seven square decimeters, which shows part of the counterclaimant's farm. They consider said acts illicit and contrary to law, from which their action derives. The counter-defendant indicates that the ICE farm was registered until two thousand three but without a related plan until two thousand seven, which is when the overlap occurs. He adds that in the worst-case scenario, the ten-year statute of limitations (prescripción decenal) has elapsed.\n\nIV. PROVEN FACTS: Of importance for the issuance of this judgment, the following facts of relevance are established: 1) By deed of November sixth, nineteen seventy-five, the Instituto Costarricense de Electricidad acquired from Mr. Nombre112715 the farm of the party of Guanacaste number six thousand eight hundred seventy-seven and fourteen thousand two hundred ninety, located in Caño Negro, Tronadora, of the canton of Tilarán, of the province of Guanacaste, with an area of one hundred hectares, in addition to an unregistered farm in the same location and which corresponded approximately to fifty-three hectares and six thousand square meters (see folios 460 to 464 of the interdict file). 2) That these properties were acquired as part of the Arenal dam (see folios 539 to 552 of the interdict file). 3) That the farm is known as number twenty-two, according to ICE's internal identification (see testimony of Mr. Soto Bolaños given at the oral and public trial). 4) In the area of the farm that is the basis of the litigation, there is no electric fluid supply (statement of Mr. Arce Ávila). 5) That ICE has maintained guards on the farm to prevent the invasion of squatters (precaristas) (see testimony of Mr. Arce Ávila and Soto Bolaños). 6) That ICE sought the recovery of the land in an assisted manner, but due to the high costs, opted for it to be natural (see testimony of Mr. Soto Bolaños given at the oral and public trial). 7) That Mr. Nombre112710 in the year ninety-eight, registered plan G-491856-98, which corresponds to an unregistered land, located in the district of Tronadora, of the canton of Tilarán of the province of San José, which certifies an area of sixty-seven hectares, forty-three meters, and fifty-seven square decimeters (see folio 18 of the judicial file). 8) That the approval (visado) granted by the Ministry of Environment and Energy for the plan under consideration literally states \"the property described is located (approximately 89% within the Arenal Monteverde Protective Zone, according to Decreto Ejecutivo No. 20172-MIREM of 24-01-91 and approximately 11% within the Volcán Arenal National Park, according to Decreto Ejecutivo No. 23774 of 22-11-92, the provisions of the Ley Forestal 7575 and related legislation.\" (see folio 18 of the judicial file). 9) That the plaintiff promoted file 03-000325-387-AG, before the Agrarian Court of Liberia, to generate a possessory information (información posesoria) (see folios 31 and following of file 07-100030-404-CI). 10) That this file was never concluded and consequently did not generate a registrable title (fact not disputed between the parties). 11) Under the Fast Track Unit of San José, file 05-10092-647-PE, a case was followed for use of a false document and ideological falsehood against the plaintiff (see folio 35 and following of file 07-100030-404-CI). 12) Within the aforementioned criminal case, it can be seen how since the year two thousand five, Mr. Nombre112710 had carried out the felling of some trees on the farm that is the basis of the conflict and clearing of land (see folios 44 to 48 of file 07-100030-404-CI). 13) By the end of two thousand seven, the plaintiff was performing acts of agrarian occupation on the farm subject to litigation (see folios 3 to 6 and 412 to 424 of file 07-100030-404-CI). 14) In December two thousand seven, Mr. Nombre112710 filed an interdict for protection of possession (interdicto de amparo de posesión) and restoration of landmarks (reposición de mojones) against Messrs. Nombre112711 and Nombre112714, which corresponded to file 07-100030-404-CI before the Contraventional and Small Claims Court of Tilarán (see folios 8 and following of file 07-100030-404-CI). 15) The Instituto Costarricense de Electricidad prepared a plan for its farms 5006877, 5014297, 5008454 under number G-1168748-2007, with an area of two hundred seventy-eight hectares, five hundred twenty-one meters, and thirty square decimeters (see folios 20 to 23 of the judicial file). 16) On August seventh, two thousand seven, the plaintiff, accompanied by members of the Public Force, verified that ICE officials had entered what he considers his farm, carried out some destruction, destroying plantations, knocking down a small house, removing everything that was in the structure, and noted the loss of eight animals (see folios 24 to 30 of the judicial file). 17) By September two thousand eight, under file 08-200994-413-PE, the Instituto Costarricense de Electricidad filed a complaint against Mr. Nombre112710 for having assaulted with a weapon and threatened a servant of the public company while performing surveillance acts on the latter's lot (see administrative file labeled as A, folios 1 and following). 18) By October two thousand eight, the Instituto Costarricense de Electricidad proceeded to fence the farm registered in its name in the vicinity of where the plaintiff was performing possession acts (see folios 456 to 459 of the file for the interdict for protection of possession). 19) According to a criminalistics report from the Judicial Investigation Agency, prepared on November twentieth, two thousand eight, there is an overlap of the plaintiff's plan over the land registered in favor of ICE in an area of forty-five hectares, five thousand four hundred fifty-three square meters (see folios 114 and 177 of the judicial file). 20) That by the year two thousand nine, the plaintiff had planted on the farm, the basis of the conflict, banana, corn, blackberry, tomato, fruit trees, and beans; in addition to some cattle (see folios 248 to 252 of the judicial file and cycle of slides provided in the oral and public trial). 21) Under file 09-222-BI of the Public Registry of Real Property, the Institute promoted proceedings for plan overlap (see folio 223 of the administrative file numbered as A). 22) Of the total land that the plaintiff maintains he is possessing, approximately fifteen thousand five hundred eighty-nine square meters are destined for crops, approximately five hundred twenty thousand six hundred fifty-six square meters are destined for forest, and approximately one hundred thirty-three thousand seven hundred ninety-seven are destined for pastures (see folios 269 to 278 of the judicial file and cycle of slides provided in the oral and public trial). 23) That the plaintiff's dwelling within the farm consists of a single-room construction, an annexed stable, walls and roof made of zinc sheet, and a dirt floor (see photograph on folio 277 of the judicial file and testimony of Mr. Arce Ávila). 24) That by March two thousand ten, ICE officials entered the farm subject to litigation (see folio 242 of the judicial file). 25) By resolution 2376-2011 of eight hours and thirty minutes on November ninth, two thousand eleven, the Contentious Administrative and Civil Treasury Court dismissed the interdictal process as the parties were discussing the ownership of the property and not its possession (see folios 590 to 594 of the interdict file). 26) By resolution 500-2013 of the Criminal Court of the Third Judicial Circuit of San José, the plaintiff was acquitted of the crimes of ideological falsehood, use of a false document, and fraud, and the nullity of the registration of the farm that had been generated from plan G491856-98 was declared, but not that of the referred plan itself (see folios 295 to 318 of the judicial file). 27) That the aforementioned judgment is final (there is no dispute about this between the parties). 28) That the land the plaintiff claims for himself is part of an absolute protection zone for the benefit of the water resource that supplies the Arenal reservoir wetland, recognized worldwide as a RAMSAR site (see technical opinion on folio 402 of the judicial file). 29) That activities carried out by the plaintiff on the property modify the watersheds, decrease the water resource, create forest fragmentation, directly intervene in the biological passage routes of species, among other harmful aspects from an ecological perspective (see technical report on folio 402 of the judicial file). 30) By March two thousand fourteen, the Instituto Costarricense de Electricidad took possession of the farm subject to litigation (see folios 623 to 627 of the judicial file). 31) That the expulsion of the plaintiff from the land subject matter has occurred on several occasions (see cycles of slides provided in the oral and public trial and testimony of Mr. Arce Ávila). 32) The plaintiff has been carrying out agrarian economic activities on the property that is the basis of the litigation for approximately eighteen years (see testimony of Mr. Arce Ávila given at the oral and public trial).\n\n32) That the damages caused by the individual defendants were carried out in compliance with orders from their employer, namely the Instituto Costarricense de Electricidad (a fact accepted in the oral and public trial).\n\nV. REGARDING UNPROVEN FACTS: The following are considered uncontested facts of this nature: 1) The area and location of the land that the plaintiff may have been possessing, which is not included within the lands of ICE and the Ramsar territory (There are no evidentiary elements to indicate). 2) That the conduct of the defendants resulted in the subtractions indicated by the plaintiff (No evidence was offered in this regard). 3) That as a result of the defendants' conduct, the loss of animals owned by the plaintiff occurred, as described in his lawsuit (it is not possible to locate any evidentiary effort in this sense). 4) That the defendants' conduct generated damages to the plaintiff's crops (evidence in this sense was omitted). 5) That there exists any damage susceptible to compensation for the benefit of the plaintiff (it is not possible to locate evidence in this sense). 6) The nature, scope, and value of the damages caused on the territory registered in favor of the Instituto Costarricense de Turismo (it is not possible to locate evidentiary elements on this particular).\n\nVI.- ON THE PRINCIPLES OF ENVIRONMENTAL LAW: On other occasions, this Section, in its different integrations, has had the opportunity to discuss the principles of environmental law, a topic that it is appropriate to summarize and condense for the understanding of the specific case. Environmental Law, being an autonomous branch of Law, has its own principles, which guide environmental activity. These principles are mostly collected, in one way or another, in legal texts or at least indicated by jurisprudence. Likewise, it must be remembered that Article 50 of the Constitution enshrines the right to a healthy and ecologically balanced environment; and that from the same numeral derive a series of principles that will be analyzed in this section. Specialized doctrine has indicated as guiding principles in the matter at least those of Equality, State Guardianship of Environmental Law, Sustainability, Principle of the rational use of resources, so that the necessary balance exists between the country's development and the right to the environment, Environmental Quality, Principle of solidarity, Precautionary Principle, Preventive principle, Publicity, Restorability, \"Polluter Pays\", Carrying out the environmental impact assessment (estudio de impacto ambiental) prior to the commencement of works, Only an exceptionally declared State of Necessity exempts compliance with environmental standards, The lack of economic resources of public institutions is not an excuse that justifies the omission of protection for Environmental Law, Coordination to guarantee the protection of the environment, The injury to this Environmental Law occurs both by action and by omission, Ineffectiveness of positive silence in the matter of natural resource use, and citizen participation in environmental matters. Without it being possible to understand that this list is closed, as a developing body of law, new lines of application and interpretation of said legal order could be added. The equality of persons before the law, without any type of discrimination, is a fundamental right collected in our legal order by Article 33 of the Political Constitution and also established in Article 24 of the American Convention on Human Rights. The right to the environment and its protection are also protected by this principle of equality, which must be applied to the matter. In this way, all human beings equally have the right to enjoy an adequate environment and access justice without any discrimination to assert their rights should the right to a healthy environment have been violated (directly or indirectly). Article 50 of the Constitution declares that every person has the right to a healthy and balanced environment. Article 2, subsection a) of the Ley Orgánica del Ambiente contains this principle by declaring that the environment is the common heritage of all the inhabitants of the Nation and therefore both at the institutional level (of the Executive Branch) and the jurisdictional level, citizens have the right to equal treatment. The principle of State Guardianship of Environmental Law is also extracted from constitutional canon 50, deriving the State's obligation to exercise a tutelary and governing function in environmental matters. In this regard, the Constitutional Chamber has indicated that the State must \"ensure and protect the right against any risk or necessity, to defend is to forbid, prohibit, and impede every activity that threatens the right, and to preserve is an action aimed at sheltering the right in advance from possible dangers in order to make it endure for future generations. The State must assume a double behavior of doing and not doing; on one hand, it must refrain from itself threatening the right to a healthy and ecologically balanced environment, and on the other hand, it must assume the task of dictating the measures that allow compliance with the constitutional requirements.\" (Voto 9193 of the Constitutional Chamber of the Supreme Court of Justice). In such a way, the Constitutional Chamber develops all the actions that comprise the guardianship that the State must exercise for the sake of protecting the environment; including both a behavior of doing and of not doing, since on one part, it must refrain from committing any act against the right to a healthy and ecologically balanced environment; and on the other part, it must adopt an active conduct, in the sense of dictating the measures and regulations it deems pertinent for the safeguarding of this right. The governing body in the matter under study is the Ministry of Environment and Energy (Ministerio del Ambiente y Energía) (it is not unnecessary to remember that this ministry has changed its name) in accordance with numeral 2 of the Organic Law of this Ministry; with which it must be said that the figure of the State as the subject, which is called upon to exercise guardianship in environmental matters, is a Ministry upon which the stewardship falls, but additionally, for this function of environmental protection to be real and effective, the participation of a series of state entities and bodies is necessary, which, in coordination with MINAE (or MINAET, depending on the historical moment), are called upon to interact (such as the municipalities). Sustainability in the use of natural resources is one of the universally accepted principles with a legal perspective. According to a United Nations report, sustainable development is development capable of satisfying the needs of the present without compromising the capacity of future generations to satisfy their own (Loperena Rota, Nombre110724, Los Principios del Derecho Ambiental, 1998, p. 62). For its part, Article 2, subsections a) and b) of the Ley Orgánica del Ambiente establish the obligation of the State and individuals to participate in the conservation and sustainable use of the environment; and the right of all to enjoy a healthy and ecologically sustainable environment for development. Likewise, it has been pointed out that environmental deterioration conditions the possibilities for human development; hence the use of the term \"sustainable development,\" which encompasses both rights, has become common. In this sense, the Constitutional Chamber has defined \"sustainable development\" as \"one of those general policies that the State dictates to expand the possibilities for everyone to fulfill their aspirations for a better life, increasing production capacity or else, expanding the possibilities of reaching equitable progress between equitable growth... and (or)... demographic growth or between this and natural systems. Sustainable development is the process of transformation in the use of resources, direction of investments, channeling of technological development, institutional changes, and everything that contributes to attending to the human needs of the present and the future.\" (Voto 1763-94). The principle of the rational use of resources, so that the necessary balance exists between the country's development and the right to the environment, is closely related to the previous principle, one might even think it is part of it, and finds its constitutional basis in Article 69 of the Constitution (rational use of resources). Now, in this principle, we find an ideological component, which generates, in some way, certain problems at the time of its application; since it also comprises indeterminate legal concepts, such as rational use and the necessary balance between development and the environment. These concepts often generate uncertainty at the time of their application. The Public Administration is responsible for determining this point of balance, and ultimately, the jurisdictional bodies will be. Regarding the principle under study, the Constitutional Chamber has indicated that: \"... environmental protection must be directed towards the adequate and intelligent use of its elements and in their natural, sociocultural, technological, and political order relationships (sustainable development), to thereby safeguard the heritage to which present and future generations have a right. Therefore, the primary objective of the use and protection of the environment is that through production and the use of technology, not only economic gains (freedom of enterprise) are obtained but above all a development and favorable evolution of the environment and natural resources with the human being, that is, without causing damage or harm...\" (Voto 6322-2003). For this reason, environmental protection must be directed towards the adequate use of its elements, since conservation of the environment is necessary, but the use of its resources is also indispensable to undertake development processes for the benefit of society in general. Which, in turn, on one hand, demands environmental protection, and on the other hand, the development of the country, a development which, in a country like ours, in many cases, is based on natural riches. In such a way, the Constitutional Chamber has stated that \"it is necessary to opt for sustainable development, which satisfies the needs of the present without compromising our capacity to face those of the future. It is, consequently, a policy whose core is long-term planning through state policies, which must comply with all the requirements demanded by existing norms and which, logically in this field, must be viewed with restricted criteria, because if natural resources are destroyed or damaged by a hasty decision or when the required conditions are not met, economic, social, and political development will be affected and decay, bringing as a logical consequence the loss of the citizen's quality of life, and therefore, the loss of an invaluable wealth that Nature has generously gifted us. This development means recognizing that we wish to have continuous access to the resources that make life possible and if we expand the benefits of the industrial process, we must be aware of the implications and limitations that this course entails.\" (Voto 4423-93). The Principle of Environmental Quality constitutes a fundamental parameter of quality of life, as it is linked to the life that each individual can lead; and in turn, it is linked to the use made of the environment for one's own development. It is thus that the Constitutional Court has considered that the right to a healthy and ecologically balanced environment implies the correlative duty to protect and preserve the environment, through the rational exercise and useful enjoyment of the right itself. (Voto 6233-2993). In this sense, whenever it is demonstrated that an activity is harmful to health, one would be in the presence of a violation of the principle under study. Or, when an economic activity implies the loss of an important natural resource, said activity must be prohibited, because otherwise, it would be fostering environmental deterioration, and with it, the deterioration of people's quality of life. Likewise, the basis of this present principle can be found in the aforementioned Article 50 of the Constitution and it is also contained in international instruments that guarantee environmental protection (such as the Stockholm Declaration). Regarding the principle of solidarity, as the right to the environment is a third-generation right, it is developed under the value of solidarity (just as liberty and equality were the principles and values that respectively guided first and second-generation rights). It has been configured as an \"authentic formalized legal principle, generating enforceable obligations within the core of social relations\" (Real Ferrer, El Principio de Solidaridad en la Declaración de Río, 1994, p. 78). The principle of solidarity implies and generates a collective responsibility for its realization, which is shared but differentiated. The United Nations Conference on Environment and Development of 1992 established that \"States shall cooperate in a spirit of global partnership to conserve, protect and restore the health and integrity of the Earth's ecosystem. In view of the different contributions to global environmental degradation, States have common but differentiated responsibilities. The developed countries acknowledge the responsibility that they bear in the international pursuit of sustainable development in view of the pressures their societies place on the global environment and of the technologies and financial resources they command\" (Principle 7 of the United Nations Conference on Environment and Development 1992). With the emergence of the principle of solidarity, a humanization and concern is glimpsed, not only for the enjoyment of the current right but also for its preservation to ensure enjoyment for future generations. The right of future generations implies, in turn, a series of intergenerational rights and duties related to each other and which, in turn, are divided into 3 basic principles: a- Principle of conservation of options: translates into the right of each generation to receive the diversity of natural resources and the correlative duty to maintain them, which implies rational and efficient exploitation of the same. b- Principle of conservation of quality: supposes the right of all generations to receive the planet in optimal quality conditions and in turn a correlative duty to conserve them and transmit them to future generations so they do not receive it in worse conditions. c- Principle of conservation of access: the right of equitable access to the legacy of past generations and the duty to provide it to all their members (Franco del Pozco, Nombre64645, El Derecho Humano a un medio ambiente adecuado, en Cuadernos de Derechos Humanos, Bilbao, 2000, p. 21). For its part, the Precautionary Principle is one of the most developed principles, both by doctrine and jurisprudence, and it has been considered an essential component principle of environmental law. Public Administrations have the obligation to act in protection of everyone's right to the environment, and it is thus that principles of administrative action specific to environmental protection have been delineated, which particularize this area. It is important to note that the precautionary principle constitutes a parameter of legality for administrative conduct, and on this particular, Dr. Aldo Milano points out that \"a large part of risky activities are subject to an administrative police regime, which manifests itself in the granting or denial of authorizations of that same nature. This causes conflicts to arise related to such decisions, either because it is considered that by granting authorization in a specific case, the Precautionary Principle is breached, or because, when it is denied or conditioned based on that principle, the affected party considers the decision illegitimate.\" Thus, alluding to a specific case from French jurisprudence, he indicates that the decision challenged in the administrative contentious sphere constitutes the last step in the long procedure for evaluating the safety of the activity in question, and that doctrine finds in the precautionary principle a source of law that imposes a specific way of acting for the Administration, so that – in case of not respecting that way of acting - procedure - the nullity of the final act adopted will be considered (see Milano, Aldo. “El Principio Precautorio”, 2005, p. 55 to 58). The precautionary principle, also called the Principle of Prudent Avoidance, gained strength with the Rio Declaration of 1992 (Earth Summit), but the idea had already been developing in other international conventions such as the Stockholm Declaration and the World Charter for Nature. Article 15 of the Rio Declaration contains this principle by stating that \"In order to protect the environment, the precautionary approach shall be widely applied by States according to their capabilities. Where there are threats of serious or irreversible damage, lack of full scientific certainty shall not be used as a reason for postponing cost-effective measures to prevent environmental degradation.\" At the national level, Article 11 of the Ley de Biodiversidad enshrines the precautionary principle, practically in the same terms as the Rio Declaration. The precautionary principle has raised several questions, among which stand out: the problem of reversing the burden of proof in environmental matters; the balance that must exist between repressive and preventive measures; and the motivation that must be given to industries and other companies through policies that stimulate environmental protection. Regarding the reversal or inversion of the burden of proof, it consists of the defendant being the one called upon to offer evidence to disprove the content of the claim, without forgetting that Environmental Law is more interested in prevention than in repairing damage. It is expressly regulated in Article 109 of the Ley de Biodiversidad, which states: \"The burden of proof, of the absence of contamination, degradation, or unpermitted affectation, shall correspond to the person requesting the approval, permit, or access to biodiversity or to the person accused of having caused environmental damage,\" a rule that must be seen in close relation with Article 5 of the same Law, which states that the provisions of that legislation shall serve as a framework for interpretation of the rest of the norms regulating the subject matter of said Law. This means that in environmental matters, the classic scheme that \"he who asserts must prove\" is broken, and the theory of the dynamic burden of proof takes on a preponderant role, according to which, \"the burden is transferred to the person who, due to their personal situation, is in a better position to bring evidence to the process, regardless of whether they are the plaintiff or the defendant\" (on the dynamic burden of proof, the judgment of the First Chamber of the Supreme Court of Justice No. 212-2008 of 8:15 a.m. on March 25, 2008, can be consulted). This position is accepted by environmental law doctrine, which in this sense has indicated the following: \"In the environmental process, especially in light of the precautionary principle, a modification in the burden of proof from the classic framework (according to which it is a principle that 'everyone who alleges a fact as a claim or defense has the burden of proving it') is produced, and the doctrine of dynamic evidentiary burdens comes to life, in light of precaution, as a palliative to lighten the arduous task of producing diabolical proofs that, in certain cases, were made to fall without consideration on the shoulders of one of the parties (plaintiff or defendant), due to misunderstanding the sacrosanct a priori rules of evidence distribution. Finally, the modifications indicated in the field of the environmental process impose speaking of a 'true environmental procedural law,' whether considered as an autonomous branch or not; and the scientific-technical complexity of environmental cases, which demand unprecedented solutions to also unprecedented problems, impose as a mechanism to overcome the traditional structures of law the convenience of having specialized forums in environmental matters as guarantors of the effective application of the precautionary principle.\" (Nombre5945, María Paulina. “El principio precautorio”. En Protección Ambiental, Argentina, 2008, p. 122). In close relationship with this procedural variant, doctrine highlights the active role of the Judge facing an environmental matter, and in this regard states the following: \"But it was Law No. 25,675 (LGA) that enshrined unprecedented innovations in terms of judicial powers (ordering and investigatory), granting the judge a completely active and inquisitorial role as guarantor of the application of the precautionary principle in those processes seeking the preservation of natural balance (see article 32 LGA), without this implying any breach of the principle of congruence. (...) it is concluded that there are no areas immune to the normative force of the Constitution and environmental norms, particularly the Ley General del Ambiente, which constitute an environmental public order, granting broad powers, including the review of even technical issues, which allow for giving full operability to the precautionary principle at each step of the procedural path, in a concrete and undoubtedly macroscopic task in pursuit of the right to effective judicial protection.\" (idem, Nombre5945, p. 117). This role that doctrine assigns to the Judge facing environmental matters is not dissociated from the model that the Political Constitution and the Código Procesal Contencioso Administrativo granted to the Contentious-Administrative Judge. The Ley de Biodiversidad, whose norms are applicable to the rest of the legal order in environmental matters, expressly provides in its Article 108 that \"in matters of biodiversity and as long as there is no environmental jurisdiction, any controversy shall be the exclusive competence of the contentious-administrative jurisdiction,\" except for those cases where no administrative act or public domain matter is involved. Having established this competence, we must remember that the contentious-administrative jurisdiction enjoys a broad supervisory power, given by Article 49 of the Political Constitution, which allows it to exercise both subjective control, consisting of the protection of the substantial legal situations of the administered parties (subjective rights and legitimate interests), and objective control, consisting of guaranteeing the legality of the administrative function of the entire Public Administration (be they actions or omissions). Article 1 of the Código Procesal Contencioso Administrativo reproduces the content of constitutional Article 49 and indicates that the objective of the contentious-administrative jurisdiction is to protect the legal situations of every person, guarantee or restore the legality of any conduct of the Public Administration subject to Administrative Law, as well as to hear and resolve the various aspects of the legal-administrative relationship (Jinesta, Ernesto. “Manual del Proceso Contencioso Administrativo, 2008, p.29). National doctrine reaffirms the broad supervisory character of the Contentious-Administrative Judge in our legal order, by indicating the following: \"When the norm allows control of the 'administrative function,' it adopts without ambiguity a broad formula of supervision, in which the Judge is empowered to control the totality of administrative conduct. Indeed, the precept cuts sharply with any limitation built around the contentious-administrative object, because when it inserts the generality of the administrative 'function' within the supervisory eye of the Judge, it opens the jurisdictional range with respect to any administrative function, behavior, or conduct. Note that the contentious jurisdiction is not attributed control of administrative 'activity' or 'action,' much less of the 'administrative act,' but of the 'function,' which, not by chance, is all-encompassing not only of all of them but also of the entire sphere of inactivity. When the article assigns the Judge control of the 'function,' it is allowing the Judge to legally analyze any of the functions proper to it, any of its conducts in any of its administrative manifestations. The Court can control both active conduct and omission. As long as the conduct is administrative and the control is carried out within the legal framework, there is not, or should not be, any sphere exempt from jurisdictional control; its review can and must be complete, without any immunity in the object. (...) In this aspect, the constituent offers us a new clasp, an additional safety door as a guarantee of full and universal control, because besides subjecting the administrative function to jurisdictional control of legality, it allows the Judge to verify whether it is or is not adjusted to the purposes that justify it.\" (González, Oscar. “Sentencia”. En: El Nuevo Proceso Contencioso-Administrativo, 2006, p.426). Regarding the protagonist and active role that the Judge exercises in the dynamics of the Procedural Code, it is stated: \"Such active and organizational autonomy for the restoration of the public legal order (written and unwritten) and the effective protection of legitimate interests and subjective rights, confirms the transcendence of this jurisdiction as a reparatory and protective mechanism for legal situations potentially affected, by the undue intromission of public power through its multiplied universe of bodies and entities with their officials generally de jure and exceptionally de facto. (...) Even the classic civilist principle that identifies the object of the process with the claims alleged and deduced by the parties was disrupted, so that the judicial authority, as an active subject in the process, dispenses justice not only adhering to what is claimed but also adjusting the claims to prompt and complete justice, in accordance with the new legislation, to satisfy the values inserted in the Rule of Law present in each process for the restoration of legality or, better yet, of the legal order. Under the new scheme, the judge, before being governed by the dispositive principle, will also be governed by the inquisitorial principle, typical of constitutional courts, as when, in our case, the Constitutional Chamber condemns in both costs and damages the losing parties in amparo actions, even if the winning parties have not requested it.\" (Jiménez, Nombre25610. “Bases constitucionales para la reforma de la jurisdicción contencioso administrativa”. En: El Nuevo Proceso Contencioso Administrativo, p. 18 and 19, 2006). Returning to the precautionary principle, once the action that caused the environmental damage has occurred, the interest focuses on the search for the best solution, both at a legal and practical level, being clear that any reparation carried out will never fully restore the original situation. Therefore, the imposition of principles like \"Polluter Pays\" could be subject to criticism, since it would be against the spirit of prevention that is one of the fundamental pillars of Environmental Law, and rather, it would be fostering environmental deterioration at the expense of payment or economic compensation for the damage caused; but the law must also establish reparation measures in case precautionary or preventive measures do not work (as happens in practice on many occasions). The Constitutional Chamber has frequently also called it the principle \"in dubio pro natura\" (Voto 2000-9773 of the Constitutional Chamber), indicating that it includes a kind of inversion of the burden of proof, given that in case of lack of certainty about the consequences of an activity, it is sufficient to not carry it out. It has been doctrinally established that this principle refers to general environmental policies, and that for specific cases, the preventive principle operates. In environmental matters, there is scientific uncertainty about the possible damage that some types of activities may cause. The precautionary principle refers to the cautious attitude that must be taken when any reasonable doubt arises in relation to the dangerousness of any activity with environmental repercussions, whether to avoid it or to take the necessary measures to prevent eventual damage. (Loperena Rota, Desiderio, Los Principios del Derecho Ambiental, Spain, 1998, p. 93). The Preventive principle – also – very related to the previous principle, refers to the projection about the certain harmful consequences of some activities.\n\nTrying to avoid them in advance is the purpose of this principle; for example, in the case of preventive policies reflected through environmental impact assessments (Evaluaciones de Impacto Ambiental). In specific cases, this principle translates into the application of precautionary measures. The doctrinal and legislative development of precautionary protection is centered, logically, on the judicial process. Due to the slowness of proceedings and the genuine situations of injustice that can arise as a result, the need to implement precautionary measures has emerged in comparative law. Despite this, precautionary protection is not circumscribed solely to the judicial sphere; its application is also contemplated in administrative proceedings. In proceedings of an environmental nature, the importance that precautionary protection has acquired is decisive when exercising everyone's right to a healthy environment. In the judicial venue, precautionary measures have the primary function of provisionally guaranteeing the effectiveness of the final judgment, so that it is not a mere declaration of principles. According to national doctrine, there is a fundamental right to precautionary protection that forms part of the right to prompt and complete justice contained in Article 41 of the Constitution. (Jinesta Lobo, Las Medidas Cautelas Atípicas en el Proceso Contencioso Administrativo, en la Dimensión Constitucional de la Jurisdicción Contencioso Administrativo, p. 171). In this sense, national jurisprudence has stated that “III. ... It is obvious that the right to precautionary protection and the corresponding duty of the judicial body to act upon it when the prerequisites established by law are met, which every justiciable party holds, has a deep constitutional root, and more specifically forms part of the bundle of faculties that make up the essential content of the fundamental right to prompt and complete justice (effective judicial protection, or in the terms of the Constitutional Chamber, the general right to jurisdiction, Article 41 of the Political Constitution). In this regard, it can be held that there is no prompt and complete – effective – judicial protection without flexible and expeditious precautionary protection.” (Voto 405-95 of this Court, the highlighted portion does not correspond to the original). In environmental law matters, the presence of the prerequisites inherent to precautionary measures becomes more valid, given the irreversible nature of environmental damage. Regarding the principle of publicity, it should be remembered that the Administration has the duty to make public information on public or private activities related to the environment, given that there is a public interest. For the Spanish author Martín Mateo, the information or publication of data is the basis on which the protective action of Public Administrations, environmental education, and research equally rests (Tratado de Derecho Ambiental, Spain, 1991). Article thirty of the fundamental charter guarantees access to administrative departments for purposes of information on matters of public interest. However, in environmental matters, the concept of information and access acquires a new dimension and is understood as the right of the individual or community to request information and to be informed by any state entity or body about any project that may affect their right to a healthy and ecologically balanced environment (Nombre368, Ana Virginia, Garantías e Implicaciones Constitucionales del Medio Ambiente, in Apuntes sobre el Sector Justicia al Derecho Ambiental, Costa Rica, 1997, p. 286). In turn, the principle of restorability is applied in the presence of civil liability for the generation of an injury; the sanction on the responsible party can be compensation for the damages and losses caused (compensation) or the repair to its original state of the situation altered by the infraction. The doctrine has held that, unlike other areas where the option to restore the damaged thing or not generally exists, in environmental matters effective restoration is essential and not optional for the administrator of the damaged good, particularly due to the common ownership of environmental goods, given that the environment cannot be damaged and its economic compensation allocated for other uses (Loperena, 1998, p. 73). However, it is clear that reparation will be a sanction to the extent that it is possible. Articles fifty-three and fifty-four of the Biodiversity Law contain this principle, and in this way the State [including autonomous institutions] is obliged to have restorability as a principle of action, through the obligation of promotion and, in the event that environmental damage has already occurred, to seek its recovery, rehabilitation, and restoration. For its part, the rule “The polluter pays,” according to the doctrine, in Environmental Law the principle of strict extracontractual liability has been enshrined, without examining the fault or negligence of the agent causing the environmental damage (Loperena, 1998, p. 64), which could be thought to be included within the environmental liability of the Organic Law of the Environment established in Article two, subsection d) [referring to the principles in environmental matters], which is a broad liability clause by stating that: “Whoever pollutes the environment or causes it damage shall be liable, as established by the laws of the Republic and the international conventions in force.” The origin of this principle is Anglo-Saxon and should be understood in the following manner: “In accordance with the ‘polluter pays’ principle, the person responsible for pollution, (...), by polluting agent, is understood to be the natural or legal person subject to private or public law who directly or indirectly deteriorates the environment or creates the conditions for such deterioration to occur, seeking in principle to prevent environmental protection policy from being based on state subsidies and aid and to avoid attributing the burden of the fight against pollution to the Community, with the cost of the measures necessary for the elimination of pollution or for its reduction to standards or equivalent measures of environmental quality objectives being chargeable to the polluter.” (Ibidem, p. 67). This principle would imply for the polluter the payment and fulfillment of the precautionary measures decreed; the cessation of the polluting activity or its modification; the payment of the relevant fines; and the reparation and compensation for the damages and losses caused. Regarding the carrying out of the environmental impact assessment (estudio de impacto ambiental) prior to the start of works, although at first glance it might be said to be an obligation rather than a principle, the doctrine has considered it a principle, whose constitutional basis is extracted from the mandate of the fiftieth of the fundamental charter, insofar as it obliges the State to guarantee, defend, and preserve the right to a healthy and ecologically balanced environment. In Environmental Law, preventive measures are of vital importance; since preventing is always better than repairing the damage caused, as restoring nature to its previous state is not an easy task. Among the preventive measures is the environmental impact assessment, which is mandatory for the State and private individuals. In our country, the first legal regulation involving this concept is the Mining Code, enacted by Law Number 6797. Article one hundred one contemplates that “in order to guarantee the rational use of national resources and to protect their future uses, concessionaires must carry out environmental impact assessments of their activities, in a prior and public manner. These assessments must be carried out by qualified technical personnel, using standards provided by the State, and if the assessments are considered deficient, they may be rejected by the governmental control body.” (The highlighted portion does not correspond to the original). Likewise, the Regulation to the Mining Code contains in its article thirty-four and following what was established by the Gubernamental Commission for Environmental Control on environmental impact assessments. On the other hand, the Wildlife Conservation Law in numeral 26 establishes the power of the “Dirección General de Vida Silvestre of the Ministry of Natural Resources, Energy and Mines to grant import permits for wildlife species. All applications for these permits must be submitted to that Directorate, with an environmental impact assessment which, for the purposes of this Law, shall be considered a public document and must include the following requirements...”. Subsequently, with the Hydrocarbons Law, provisions relating to environmental protection were established, stipulating the obligation to carry out an environmental impact assessment for the development of hydrocarbon exploration and exploitation activities. This regulatory development achieved an important and significant advance in nineteen ninety-five with the publication of the Organic Law of the Environment, in which a variety of standards related to the environmental impact assessment were included, and the National Environmental Technical Secretariat (Secretaría Técnica Nacional Ambiental, SETENA) was thus created. Accordingly, Article seventeen of this body of rules provides that human activities that alter or destroy elements of the environment or generate toxic or hazardous material waste require an environmental impact assessment by SETENA. On the other hand, this principle has also been adopted by a series of international instruments, such as the Rio Declaration, which in its principle seventeen contemplated that “an environmental impact assessment, as a national instrument, shall be undertaken for any proposed activity that is likely to have a significant adverse impact on the environment and that is subject to the decision of a competent national authority.” The Convention on Biological Diversity and its Annexes I and II establishes that “Each Contracting Party shall, as far as possible and as appropriate: Establish appropriate procedures requiring the environmental impact assessment of its proposed projects that are likely to have significant adverse effects on biological diversity with a view to avoiding or minimizing such effects, and, where appropriate, allow for public participation in such procedures...” For its part, the Constitutional Chamber has made a significant contribution by ruling that “the environmental impact assessment is established as the ideal instrument that the State has to guarantee the balance between the conservation of natural resources and the development of human beings in a sustainable manner. In this way, human activity involving the intervention, alteration, or destruction of the environment must conform to what is environmentally most beneficial for the State and the community, or groups that may be affected.” Now then, the environmental impact assessment cannot exempt development, exploitation, or exploration projects; neither by law nor even less so by any lower-ranking norm, precisely because it has its foundation in the Political Constitution. Finally, it should be noted that carrying out the environmental impact assessment does not imply the commissioning of the project in question, given that it is a prerequisite and that it must necessarily be fulfilled in the stipulated cases. Regarding the principle that only a declared State of Necessity (Estado de Necesidad) excepts compliance with environmental standards, more than a principle it can be taken as a rule, since it is determined that the only exception to compliance with environmental standards and principles would be the state of necessity, given that the State is the entity called upon to preserve public order. For the foregoing, it must be said that the foundation of this “principle” would be the State of Necessity; that is, the necessity itself becomes the foundation. In such a way, in the presence of transitory and urgent situations in which the continuity of public services becomes necessary, the dispensation of environmental regulations is permitted; it would suffice for the determining event to occur, such as, for example, a flood, an earthquake, an epidemic, or for there to be a high degree of certainty that the event will occur for the State of Necessity to be declared. Thus, the Public Administration is permitted to adopt conduct without complying with an environmental provision. For example, the construction of a bridge without carrying out the environmental impact assessment, or the execution of a project without having a health permit. On the other hand, the State of Necessity should not be confused with Contingency, which can be defined as that future event that may or may not occur. In these cases, the dispensation of environmental regulations is not possible, given that there is no certainty that the event will occur. In that sense, the Constitutional Chamber has ruled that “not only the regulation but also the actions of public institutions that dispense with the ordinary formalities and procedures for the ordinary action of the Administration are contrary to the Law of the Constitution.” (Voto 6503-2001). Consequently, “for the emergency measure to be understood as being of constitutional standing, it must attend solely and exclusively to solving the emergency situation that motivates it, and also have the common good as its purpose: that is, it must be just and also reasonable (proportionate in the strict sense).” (Voto 6322-2003 of the Constitutional Chamber). Whereas regarding the principle that the lack of economic resources of public institutions is not an excuse justifying the omission to provide protection to Environmental Law, it is a premise developed with the progressive advancement of economic and social rights, and the application of the principle of the prohibition of social regression. In terms of the Constitutional Chamber, “the lack of budgets (economic resources, materials, and/or qualified personnel) cannot constitute a boundary between respect for and violation of fundamental rights, i.e., it cannot be a reason for the Administration not to act and take concrete actions so that, through its management, it finds a solution to the problems that individuals request of it in environmental matters...” (Voto 6322-2003 of the Constitutional Chamber). A vital aspect must not be overlooked, and that is the fact that this statement must be analyzed jointly with the principle of budgetary equilibrium, insofar as the Public Administration is obliged to maintain balance in the budget. In such a way, an interesting phenomenon occurs, since on the one hand the obligation of the State to protect the environment is established, without being able to excuse itself in the lack of resources to fail to fulfill it, and on the other hand, the situation that the Administration cannot abruptly break the budgetary equilibrium to fulfill its constitutional duties and obligations. Consequently, it is necessary to seek a way to comply with both statements, in such a way that environmental protection is guaranteed and, in addition, budgetary equilibrium is maintained. That is, a harmonious, integral application between both postulates is required. It is convenient to indicate that in most cases, the lack of budget is more a consequence of the prevailing political line on the matter than of the non-existence of the resource itself. Whereas regarding the principle of Coordination between the different dependencies of the Public Administration, it derives from the principle of State Unity. This follows from the constitutional jurisprudence that has stated in this regard that “the protection of the environment is a task that corresponds to everyone equally, that is, there exists an obligation for the State – as a whole – to take the necessary measures to protect the environment, in order to avoid degrees of contamination, deforestation, extinction of flora and fauna, excessive or inadequate use of natural resources, that endanger the health of the administered.” (Ibidem, the highlighted portion does not correspond to the original). In Spain, this statement is expressly contained in the Political Constitution in numerals one hundred forty-eight and one hundred forty-nine; and it is called the Principle of Organic Coordination, which is based on the fact that the Constitution attributes the function of protecting natural resources on a shared basis to the State and the Autonomous Communities. Coordination occurs when a problem exceeds the competence of one entity, and for this reason coordination becomes necessary with the corresponding public entity or body, and it has been defined as “the ordering of relations between these diverse independent activities, which take charge of that concurrence on the same object or entity, to make it useful for a global public plan, without suppressing the reciprocal independence of the agent subjects.” (Ibidem, the highlighted portion does not correspond to the original). In the Costa Rican legal system, at the legal level, the present principle is enshrined in Article 3 of the Organic Law of the Environment, and at the international level it has been stated, among others, in the Stockholm Declaration on the Human Environment by contemplating that “in order to achieve a more rational ordering of resources and to improve environmental conditions, States should adopt an integrated and coordinated approach to the planning of their development so as to ensure that development is compatible with the need to protect and improve the human environment for the benefit of their population.” From what has been indicated, the necessary state coordination to achieve full compliance with constitutional obligations is extracted, an importance that becomes even more significant when dealing with the protection and preservation of the environment. In this sense, although there is a governing body in the matter, such as MINAE, the collaboration of other instances or dependencies is necessary; this Ministry is empowered to integrate all those involved, such as municipalities, which in certain matters are even the only ones with competence. Regarding that the injury to this Environmental Right occurs by action as well as by omission, it follows from the Political Constitution itself in the so many times cited Article fifty, since as the Constitutional Chamber has pointed out, “omissions of the duty to protect the environment and to comply with environmental regulations are of constitutional relevance, because as a consequence of the inertia of the Administration in this matter, damage to the environment and natural resources can occur, sometimes with similar or greater consequences than those derived from the actions of the Administration.” (Ibidem). In that sense, one could even think of the omission in the issuance of a law indispensable for the protection of the right to a healthy and ecologically balanced environment, or else, carrying out a construction without the approval of the environmental impact assessment; or exercising surveillance duties; which are just a few examples in which the inactivity of the Administration, both formal and material, can cause serious damage to the environment, often greater than that produced through actions. Regarding the inoperability of positive silence (silencio positivo) in matters of natural resource use, as is known, positive silence is an instrument typical of administrative law and operates in all that regulatory activity of the State, when after a prudent period has elapsed, which in our legal system is one month [unless a rule provides for a contrary period] after the application is submitted, the Administration does not regulate the activity, then it is understood to be granted. It applies to permits, authorizations, licenses, in accordance with numerals three hundred thirty and three hundred thirty-one of the General Law of Public Administration. However, this rule does not apply in environmental matters, since the constitutional right to a healthy and ecologically balanced environment is paramount. On the matter, the Constitutional Chamber has stated that: “...these rules – positive silence – do not apply in matters of permits for the use of natural resources (forestry, mining, marine, waters of the Nation, forces derived from water resources, etc.), [...], precisely by virtue of the superior value (public interest) of the protection of the environment, and precisely because of the conceptualization of environmental law as a fundamental right [...]” (Op. Cit.). This principle was enshrined by the Constitutional Chamber for forest resources; however, given that the protection is given for all of nature, it is understood to govern for all environmental matters, since the non-application of positive silence in environmental matters, it could be noted, finds its justification in the superior value, that is, the public interest, of the protection of the environment as a fundamental right. At the legal level, this “principle” has been expressly enshrined, as in the Forest Law, which provides, in a very broad and clear manner, that positive silence does not operate in matters of natural resources. The problem is that its enshrinement as a principle should be found in a more direct and express manner, since as is known, one of the ways to protect the environment is precisely by preventing permits for the exploitation of natural resources from being deemed granted due to the inertia of the Administration, which would generate, in many cases, irreparable damage to the environment or even the loss of some of its components. Finally, regarding citizen participation in environmental matters, it is enshrined in a principle whose basis is extracted from Articles twenty-seven, thirty, and fifty of the Constitution, insofar as citizens have the right to access the information available and to its dissemination for decision-making. Citizen participation constitutes a consequence of the democratic principle and encompasses the right to information relating to environmental projects or those that may cause harm to natural resources and the environment, and the guarantee of effective participation in decision-making. For its part, Article ten of the Rio Convention elevated participation to the level of a principle in environmental matters by providing that “the best way to deal with environmental issues is with the participation of all interested citizens, at the corresponding level. At the national level, every person must have adequate access to environmental information held by public authorities, including information on materials and activities that pose a danger in their communities, as well as the opportunity to participate in decision-making processes. States shall facilitate and encourage public awareness and participation by making information available to all. Effective access to judicial and administrative proceedings, including redress and remedy, shall be provided.” (The highlighted portion does not correspond to the original). In Spanish Law, its own Constitution contains citizen participation in Article one hundred twenty-nine, point one, by stating that “The Law shall establish the forms of participation of those interested in Social Security and in the activity of public Organizations whose function directly affects the quality of life or general well-being.” In addition to the constitutional basis, in our system, the Organic Law of the Environment contemplates this principle as does the Regulation on Procedures of the Secretaría Técnica Nacional Ambiental (SETENA); they even establish the holding of a public audience in the environmental impact assessment procedure; but the Costa Rican legal system is not on the margins of this important postulate, since in a Democratic State of Law like ours, the participation of the population is one of the fundamental pillars and should be strengthened further.\n\nVII.- ON THE RAMSAR CONVENTION: The Convention on Wetlands of International Importance especially as Waterfowl Habitat, known in abbreviated form as the Ramsar Convention, was signed in the city of Ramsar (Iran) on the eighteenth of January, nineteen seventy-one, and entered into force on the twenty-first of December, nineteen seventy-five. Its main objective is “the conservation and wise use of wetlands through local, regional, and national actions and thanks to international cooperation, as a contribution to the achievement of sustainable development worldwide.” Currently, more than one hundred sixty are adhered to said convention, protecting more than one thousand nine hundred wetlands, with a total area of more than one hundred ninety million hectares, designated to be included in the Ramsar list of wetlands of international importance. Every three years, member countries meet to evaluate progress and share knowledge and experiences. The philosophy of Ramsar revolves around the concept of “wise use.” The wise use of wetlands is defined as \"the maintenance of their ecological character, achieved through the implementation of ecosystem approaches, within the context of sustainable development.\" Consequently, the conservation of wetlands, as well as their sustainable use and that of their resources, lie at the heart of \"wise use\" for the benefit of humanity. The Convention employs a broad definition of the types of wetlands covered by this mission, including swamps and marshes, lakes and rivers, wet grasslands and peatlands, oases, estuaries, deltas and tidal flats, coastal marine areas, mangroves, and coral reefs, as well as artificial sites such as fish ponds, rice paddies, reservoirs, and salt pans. The mission of the Convention is “the conservation and wise use of wetlands through local and national actions and thanks to international cooperation, as a contribution to the achievement of sustainable development worldwide.” This vision is inspired by that of the Millennium Ecosystem Assessment, which describes ecosystems as the complex of living communities (including human communities) and the non-living environment (components of ecosystems) that interact (through ecological processes) as a functional unit that provides, among other things, a variety of benefits to human beings (ecosystem services). The Convention possesses various mechanisms to help Contracting Parties designate their most significant wetlands as Ramsar Sites, and to adopt the necessary measures to maintain the components and processes of their ecosystems and the benefits they provide. Ramsar Sites are designated according to nine criteria, eight of which are biodiversity criteria, highlighting the importance the Convention gives to the preservation of this diversity through the designation and restoration of wetlands. The Convention also provides tools to establish a link between wetland biodiversity and ecosystem services such as fishing or the supply of fruit, wood, medicines, etc., on which people depend. As a rule of principle in the national legal system, the territories included in said convention are on public domain, what has come to be called demanial goods (bienes demaniales); and only on an exceptional and extraordinary basis could they be thought to be in the hands of private individuals. Naturally, all of the principles inherent to environmental matters are used in these areas of the national territory, insofar as it is known that their affectation has a direct repercussion on the surroundings, and the possibilities of access to water, both for the present and for future generations.\n\nVIII.- CONSIDERATIONS ON THE PUBLIC DOMAIN: The Political Constitution, in Article one hundred twenty-one, subsection fourteen, states: \"(...) In addition to the other powers conferred by this Constitution, it corresponds exclusively to the Legislative Assembly: (...) 14) To decree the alienation or the application to public uses of the Nation's own goods (...)\". This constitutional provision has been developed in the Civil Code, in Articles 261 to 263; Article 261 states: \"Public things are those that, by law, are permanently destined for any service of general utility, and those that everyone can take advantage of because they are delivered for public use. All other things are private and objects of particular property, even if they belong to the State or to the Municipalities, who, for the case, as civil persons, are not different from any other person.\" For its part, Article 262 mentions: \"Public things are outside of commerce; and they may not enter into it, while it is not legally so provided, separating them from the public use to which they were destined.\"\n\nThus, public domain is understood as the set of assets subject to a special legal regime distinct from that governing private domain, which, in addition to belonging to or being under the administration of public legal entities, are affected or destined for purposes of public utility and which manifests itself in the direct or indirect use that any person may make of them or by a specially recognized utility. According to the cited regulations, the State possesses both public domain and private domain assets; public assets are those to which a law assigns a destination for public or general use, they are called \"demanial\" and are inalienable, imprescriptible, unseizable, and unclaimable (in this sense, see rulings No. 2306-91 of 14:45 hours on November 6, 1991, and 2000-06903 of 15:48 hours on August 8, 2000, of the Sala Constitucional). Up to this point, we have treated demanial assets in a single classification when in reality we are in the presence of three different categories, albeit directly related. A first group of assets is composed of those destined for general use, such as streets, parks, the beach, among others. It is worth noting that the list of this type of asset is determined both geographically and historically, because while in one society a certain asset fits into this category, in another the situation may be diametrically opposed. The determination of that affectation is a legal-political decision entrusted to the State; it is not an aspect inherent to the asset itself. It involves a direct affectation to public use, which justifies its pertinence and utility in corresponding to this classification. The second group of demanial assets is composed of those whose public use is indirect, corresponding to all those directly affected to a public service. It is no secret that the concept of public service has been under questioning and reconstruction in recent decades following a series of liberalization and market-opening processes, on the understanding that these activities are fundamentally economic and very lucrative, which determines private interest in their participation. In any case, and without intending to delve further into an otherwise fragile concept, it is clear that regardless of the ownership of the service, insofar as it is public, it satisfies a general or collective interest; therefore, the assets that comprise it are indispensable to avoid an affectation to the community. This is why it is indicated that its relationship with society is indirect, insofar as its collective use is not by the direct hand of persons but through the service itself. Hence, this Tribunal has repeatedly indicated on prior occasions that these assets have a nature and legal regime diverse from private assets, insofar as, by the express will of the legislator, they are affected to a special destination of serving the community, that is, the public interest, and that therefore, they cannot be the object of private property, so that they are outside the commerce of men, consequently, they cannot belong individually to private parties, nor to the State, in the strict sense, because the latter is limited to its administration and guardianship. Thus, what defines the legal nature of demanial assets is their destination, insofar as they are affected and are at the service of public use, as recognized by the doctrine on the matter (thus, Nombre33033, Miguel S., in his work Tratado de Derecho Administrativo. Tomo V. Nombre38645. Buenos Aires. 1992). Before resuming some of the concepts indicated in that definition, it is necessary to include the third category of assets of that nature, which corresponds to what is understood as the special patrimony of the State, such that it is possible to locate a series of assets (enunciated in the Constitución Política itself but without it being understood that this list is numerus clausus) that are patrimony of the State over which commerce is carried out without the possibility of appropriation. This is the so-called public patrimony, where certain assets are not the object of ordinary lawful commerce. A comprehensive interpretation of the norm allows us to understand that this ordinary withdrawal from economic activity must be to ensure the distribution of wealth in the terms of articles forty-five and fifty of the Constitution. Within this last category lies the natural patrimony of the State, which is constituted by all those assets of nature that are outside the commerce of men, and whose ownership corresponds to the State, as representative of the nation. In any case, and regardless of the three categories, note that the emphasis of the differentiation between private assets and those of the public domain lies in relation to the destination of the asset, that is, the fact of being affected to a common use or to the service of the common good; as previously considered by the Sala Constitucional in judgment number 2301-91, of November 6, 1991. As already indicated, by reason of the foregoing, characteristic notes of demanial assets are that they are inalienable, imprescriptible, and unseizable, that is, they are assets that are outside the ordinary commerce of men, so that their dominion or possession cannot be transferred, neither gratuitously nor for valuable consideration; they cannot be lost by prescription, nor can they be gained by usucapion, so they are assets that permanently retain their legal validity; and they are not susceptible to seizure. These are assets whose ownership is held by the State in its capacity as administrator; it must be understood that they are assets belonging to the \"Nation,\" with which they form part of the public patrimony; and which, due to their special legal nature, present the following attributes: they are imprescriptible, which implies that by the passage of time, the right of property over them cannot be acquired, not even of mere possession, that is, they cannot be acquired through usucapion, nor can they be lost by prescription; for which reason the use permits that the Administration grants over them always have a precarious character, which means that they can be revoked for reasons of opportunity or convenience at any time by the Administration – in the terms provided in articles one hundred fifty-four and one hundred fifty-five of the Ley General de la Administración Pública –; and the same concessions granted over them for their exploitation can be canceled, through the corresponding procedure; they are unseizable, meaning they cannot be the object of any lien or seizure, neither by private parties, nor by the Administration; and they are inalienable, which translates into the condition that they are outside the commerce of men; hence they cannot be alienated, sold, or acquired, neither gratuitously nor for valuable consideration, neither by private parties, nor by the State, so that they are excepted from the commerce of men and subject to a special and reinforced legal regime. Furthermore, their use and exploitation is subject to the police power, insofar as, being assets that cannot be the object of possession, much less of property, their utilization and exploitation is possible only through duly authorized acts, whether by concession or use permit, granted by the competent authority; and to constant control by the Public Administration. Thus, it comprises immovable assets that have a nature and legal regime virtually diverse from private property, which derives from the provisions of article forty-five of the Constitution. A public asset can be natural or artificial, depending on whether they are assets declared public by the legislator considering them in the state in which nature presents or offers them (a river, for example), or assets declared public by the legislator but whose creation or existence depends on a human act (construction of a street or a public park, for example). Affectation is the act or manifestation of will of the public power, by virtue of which the thing becomes incorporated into the use and enjoyment of the community and can be effected by law or by administrative act. Doctrine makes the distinction between “assignment of public character” to an asset and the “affectation” of that asset to the public domain. The assignment of public character means establishing that a specific asset would have demanial quality; thus, for example, the general legal norm would say that all public roads are integral or dependent parts of the public domain, and that means that current ones and those that come to be built are so. In contrast, affectation means that the asset declared demanial is effectively incorporated into public use, and this has to do with the acceptance and receipt of public works when they are built by administration or by the conclusion of the works and their official receipt, when a private party carries them out (construction of an urbanization or subdivision (fraccionamiento), for example).- It is for this reason that it is said that affectation can be declared by law in a generic form, or by an administrative act, which, necessarily, must conform to the legal norm that serves as its reference (principle of legality) ...” (Ruling No. 3145-96 of June 28, 1996) (...)”. Additionally, there exists the figure of “de-affectation (desafectación),” which is “the legal situation by which an asset ceases to belong to the public domain (...) assets that are de-affected become, in principle, patrimonial assets of the owning Administration, which, as the case may be, may alienate them (...)” (ruling 035-2009-SVII, Tribunal Contencioso Administrativo). A public asset can be natural or artificial, depending on whether they are assets declared public by the legislator considering them in the state in which nature presents or offers them (a river, for example), or assets declared public by the legislator but whose creation or existence depends on a human act (construction of a street or a public park, for example). Affectation is the act or manifestation of will of the public power, by virtue of which the thing becomes incorporated into the use and enjoyment of the community and can be effected by law or by administrative act. Doctrine makes the distinction between “assignment of public character” to an asset and the “affectation” of that asset to the public domain. The assignment of public character means establishing that a specific asset would have demanial quality; thus, for example, the general legal norm would say that all public roads are integral or dependent parts of the public domain, and that means that current ones and those that come to be built are so. In contrast, affectation means that the asset declared demanial is effectively incorporated into public use, and this has to do with the acceptance and receipt of public works when they are built by administration or by the conclusion of the works and their official receipt, when a private party carries them out (construction of an urbanization or subdivision (fraccionamiento), for example).- It is for this reason that it is said that affectation can be declared by law in a generic form, or by an administrative act, which, necessarily, must conform to the legal norm that serves as its reference (principle of legality). As a consequence of what was said in the previous point, it is manifest that the demanial regime is per se. Its existence and publicity occur autonomously from the Registry, without it being permissible for the registered titleholder to allege lack of knowledge as a means to distort it and counteract the affectation. The principles of inalienability and imprescriptibility that characterize the public domain prevent the figure of the registered third party from being wielded against it to consolidate private property illicitly subtracted from that regime. The demanio has legal publicity and in many cases natural publicity. The foregoing goes hand in hand with the principle of inmatriculation of the immovable components of the public domain, which has material publicity and not necessarily formal or registral publicity. Against the public domain, private detentions suffer from weakened value, no matter how prolonged in time and even if they appear protected by entries in the Registro de la Propiedad. The condition of a public domain and public use asset affects third parties, even if such quality does not appear from the Registro de la Propiedad. These are assets that, by their nature, do not need registral inscription (Ruling 019-2009-SVII, Tribunal Contencioso Administrativo, Sección Séptima). Note that this principle as an exception to the principle of registral publicity has its foundation in that public domain assets enjoy material publicity and therefore their registral publicity is not necessary, insofar as public domain assets by their nature are not subject to said institution. Additionally, there exists the figure of “de-affectation (desafectación),” which is “the legal situation by which an asset ceases to belong to the public domain (...) assets that are de-affected become, in principle, patrimonial assets of the owning Administration, which, as the case may be, may alienate them (...)” (ruling 035-2009-SVII, Tribunal Contencioso Administrativo); a situation which in sound logic could only occur in those that have been declared as such by law, because in those where their condition is intrinsic, such a possibility would be barred. Before directing the argumentation more concretely on the point that concerns us, it is manifest that when the demanial asset has been created by a private party or represents an especially intense affectation that they are not obligated to bear, said character does not inhibit the obligation to assume responsibility on the part of the Administration, in order to permit equilibrium in public burdens. The contrary would entail unjust enrichment, which has no support within the national legal order. As regards areas classified as Ramsar, due to their link with the subject of water and their great environmental affectation, in principle these assets must be state domain (in a broad sense), even though it is not yet ruled out that some may be in private hands while the procedure of article forty-five of the Constitution is carried out.\n\nIX.- AS TO THE PUBLIC DOMAIN IN THE RIGHT TO WATER: With respect to water, the Sala Constitucional, in ruling No. 5606-06, recognized its condition as a human right by stating:\n\n“VII.- Access to potable water as a human right. In addition to what has been indicated, and perhaps the most relevant aspect in this matter, is the nature and function of water for human life. It is not necessary to detail here an explanation about the evident and notorious reality that without water there can be no life, nor quality of life, and that therefore, with or without a nationalization law, by its very essence, this matter is not and cannot be a territorial or local matter. This Sala itself in its constitutional jurisprudence has stated that access to potable water is a fundamental human right, insofar as it constitutes an integral part of the content of the right to health and to life. (SALA CONSTITUCIONAL, judgments numbers 534-96, 2728-91, 3891-93, 1108-96, 2002-06157, 2002-10776; 2004-1923). This same line has been maintained in judgments 2003-04654 and 2004-07779, which, in what is relevant, state: // ‘V.- // This Sala recognizes, as part of Constitutional Law, a fundamental right to potable water, derived from the fundamental rights to health, life, the environment, food, and dignified housing, among others, as has also been recognized in international instruments on Human Rights applicable in Costa Rica: thus, it appears explicitly in the Convention on the Elimination of All Forms of Discrimination against Women (art. 14) and the Convention on the Rights of the Child (art. 24); furthermore, it is enunciated in the Cairo International Conference on Population and Development (principle 2), and it is declared in numerous others of International Humanitarian Law. In our Inter-American System of Human Rights, the country is particularly obligated in this matter by the provisions of article 11.1 of the Additional Protocol to the American Convention on Human Rights in the Area of Economic, Social and Cultural Rights (“Protocol of San Salvador” of 1988), which provides that: “Article 11. Right to a Healthy Environment 1.- Everyone shall have the right to live in a healthy environment and to have access to basic public services.” The lack of resources does not justify the non-fulfillment of the duties of public administrations in the provision of this basic service. (SALA CONSTITUCIONAL, resolutions 2003-04654 and 2004-007779). // For its part, as both the Procuraduría and the representative of AyA well recognize in their reports, in the international field, the recognition of water as a human right and as a necessary precondition for all our human rights is also majority. It is maintained that without equitable access to a minimum requirement of potable water, other established rights would be unattainable – such as the right to an adequate standard of living for health and well-being, as well as other civil and political rights. In November 2002, the United Nations Committee on Economic, Social and Cultural Rights affirmed that access to adequate quantities of clean water for domestic and personal use is a fundamental human right of every person. Likewise, in General Comment No. 15 on the fulfillment of articles 11 and 12 of the International Covenant on Economic, Social and Cultural Rights, the Committee noted that ‘the human right to water is indispensable for leading a life in human dignity. It is a prerequisite for the realization of other human rights.’ It is also emphasized that the States parties to the International Covenant have the duty to progressively fulfill, without any discrimination, the right to water, which entitles everyone to sufficient, physically accessible, safe, and acceptable water for domestic and personal use. // For its part, several international conferences have been held, among which the United Nations Water Conference held in Mar del Plata in 1977 stands out, which recognized that all peoples have the right to access potable water to meet their basic needs. Also, the Declaration on the Right to Development, adopted by the UN General Assembly in 1986, includes a commitment by States to ensure equality of opportunity for all to enjoy basic resources. // The concept of meeting basic water needs was strengthened further during the 1992 Earth Summit in Rio de Janeiro. In Agenda 21, governments agreed that \\\"in developing and using water resources, priority must be given to meeting basic needs and conserving ecosystems.\\\" Similarly, in the Plan of Implementation adopted at the Johannesburg Summit in 2002, governments committed to \\\"employ all policy instruments, including regulation, monitoring..... and cost recovery of water services,\\\" without the cost recovery objectives becoming a barrier for poor people's access to clean water. Likewise, there are dozens of international instruments that directly and indirectly relate to water as a human right of all persons and peoples, such that it is not only a matter that by its nature tends toward nationalization, but toward the internationalization of its use and exploitation.”\n\nObserve how, beyond the normative support, the demanial character of water is a necessary consequence of the imperative requirement it presents for human life, which entails that the internal normative north is based on article twenty-one of the Constitution. At the infra-constitutional level, its demaniality is initially regulated in the Ley de Aguas, number 276, of August 26, 1942:\n\n\"Article 1.- The following are waters of the public domain: // I.- Those of the territorial seas in the extent and terms established by international law; // II.- Those of the lagoons and estuaries of the beaches that communicate permanently or intermittently with the sea; // III.- Those of interior lakes of natural formation that are directly linked to constant currents; // IV.- Those of rivers and their direct or indirect tributaries, streams or springs from the point where the first permanent waters emerge up to their mouth in the sea or lakes, lagoons, or estuaries; // V.- Those of constant or intermittent currents whose channel, in all its extension or part of it, serves as a limit to the national territory, the domain over these currents being subject to what has been established in international treaties concluded with bordering countries and, in the absence thereof, or as to what is not provided for, to the provisions of this law; // VI.- Those of any current that directly or indirectly flow into those listed in fraction V; // VII.- Those extracted from mines, with the limitation indicated in article 10; // VIII.- Those of springs that emerge on beaches, maritime zones, channels, beds, or banks of national property and, in general, all those that arise on public domain lands; // IX.- Subterranean waters whose extraction is not done by means of wells; and // X.- Pluvial waters that flow through ravines or ramblas whose channels are public domain. // Article 2.- The waters enumerated in the preceding article are national property and the dominion over them is not lost nor has it been lost when, by execution of artificial works or prior exploitation, the natural characteristics are altered or have been altered.\n\nExcepted are waters that are exploited by virtue of contracts granted by the State, which shall be subject to the conditions authorized in the respective concession.\"\n\nFor its part, when the granting of the concession occurred, Ley 258 of August 18, 1941, Ley del Servicio Nacional de Electricidad, was in force, which stated:\n\n“Article 1: All waters of the Republic, that are not private domain in accordance with the current Ley de Aguas, … are inalienable and of the domain, government, and surveillance of the State.”\n\nWhat is stipulated in article four of the Código de Minería (Ley 6797 of October 4, 1982) contributes to the foregoing, stating:\n\n“Article 4.- …. subterranean and surface waters are reserved for the State and may only be exploited by the State, by private parties in accordance with the law, or through a special concession granted for a limited time and in accordance with the conditions and stipulations established by the Asamblea Legislativa.\n\nThe natural resources existing in the soil, subsoil, and waters of the seas adjacent to the national territory, within an extension of up to two hundred miles from the low-water line, along the coasts, may only be exploited in accordance with the provisions of subsection 14) (last paragraph) of article 121 of the Constitución Política.”\n\nConsequently, we can affirm that the right to water, as a fundamental liquid for human existence, becomes a fundamental rights issue in the national legal order; which is coherent with the Ramsar convention and which obliges (except on rare occasions) that these areas of the territory are demanial assets. The contrary may put at risk not only current generations, but even future ones.\n\nX.- ON CIVIL POSSESSION AND AGRARIAN POSSESSION: Real rights are the direct and immediate legal relationships between a person and a thing. The figure comes from Roman Law ius in re or right over the thing; it is a term used in contrast to personal or credit rights. Article forty-five of the Constitution, in what is relevant, states: \" Article 45.- Property is inviolable; ...\" In complement to the constitutional norm, which, incidentally, does not define what the right of property is, article two hundred sixty-four of the Código Civil states: \" ARTICLE 264.- Absolute dominion or property over a thing comprises the rights: // 1.- Of possession. // 2.- Of usufruct. // 3.- Of transformation and alienation. // 4.- Of defense and exclusion; and // 5.- Of restitution and indemnification. Usucapion or positive prescription is the acquisition of dominion or another possessable real right, by continuous possession for the time and with the conditions that the law establishes. Thus, the usucapient, during that time and with those conditions, appears, figures, acts, or has been behaving as the holder of the right in question, even though that right did not belong to them originally, becomes theirs by virtue of that public appearance. It is normally associated with the right of property and its purpose is to guarantee legal certainty. The foundation of the institute is based on the fact that after some time, it is convenient that the one who has behaved as such acquires the respective right. On the other hand, it carries an implicit punishment for the holder of a right, who abandons their condition or the asset for a prolonged time, such that the law punishes them by allowing the other person to assume what its owner did not want for themselves. The possibility of a revindicatory action towards the original owner is thus denied, by consolidating a new right that began in a precarious form and acquires legal strength and protection upon fulfilling the requirements. This institute allows for the generation of an original right. In our civil legal order, there is only decennial prescription, alluding to the required period, but in other legal orders, longer periods are required when not all the requirements are present, apart from the mere passage of time; the matter presents great importance with respect to just title as will be seen. Doctrine and legislation require as requirements possession, which must be public, peaceful, continuous, uninterrupted, and as owner (article 853 of the Código Civil); let us analyze each of these aspects. Possession is the material holding of the asset that one seeks to obtain and that provides the unequivocal certainty of clearly differentiating the intended asset. It is a de facto subordination, consistent and protectable by the legal order, exercised over assets exclusively, totally or partially, by virtue of which a person acts over them as if they were their owner, with the limitations established by law and social interest. The publicity of possession lies in that it is not enjoyed hiddenly or clandestinely, but in plain view and with the patience of locals and strangers. It presupposes that it is of general knowledge to the community, allowing the owner or whoever is affected to have the possibility of finding out and, if necessary, opposing it through the mechanisms that the same legal order establishes. The peaceful character of possession implies an exercise of the real right without the use of violent material acts or serious threats against the subject holding the asset. It is worth indicating that each violent act interrupts the elapsed time. Meanwhile, continuity is a succession of acts occurring one after the other, without the presence of long intervals that could generate gaps or doubts. It is a regular succession, which is not synonymous with continuous use, but rather that the intervals are at least normal for any diligent owner. The character of uninterrupted determines that possession does not cease, both on the material and the legal plane, as in the case of some claim. In addition to possession, the fulfillment of the period is necessary, which for the species is ten years, as we already anticipated. Likewise, good faith must mediate, which is the same as having acted honestly, in accordance with the law, and with the certainty of not harming any person; it is a righteous psychological and ethical attitude. Article eight hundred fifty-five of the Code in question requires that good faith be present throughout the entire period during which possession is exercised. To have this attribute, one must possess the necessary moral and legal elements in the conduct of its agent. The last requirement is what is called just title. Article eight hundred fifty-three of the Código Civil requires as a requirement the existence of a title translative of dominion, namely a sufficient act (for example, purchase, donation, transaction, inheritance, etc.) to have produced, through delivery, the acquisition of the right of property or another. It is, in effect, a juridical act through which a thing enters the patrimony of a person and has been effected under the fulfillment of the corresponding legal provisions established by the legal order for the case or transaction in question. Thus, the title must be lawful, so that the right of possession ad usucapionem must have a support; the juridical cause must be present. Hence, some legal orders allow the exemption of this requirement, provided that the period is considerably increased, generally using thirty years.\n\nFor its part, agrarian adverse possession (usucapión agraria), the foundation of agrarian law, tends to ensure that land fulfills its social or socio-economic function for the benefit of the community, whereas civil adverse possession (usucapión civil) is guided solely by the issue of legal certainty. Although they produce a similar legal effect, they play a different role; hence agrarian law is considered \"dynamic,\" in contrast to civil law, which is pejoratively labeled \"static.\" Agrarian adverse possession protects, stimulates, and rewards only the person who works the land, granting them the status of owner. This possession must be more active and consists of putting the property into production; therefore, mere demarcation, boundary marking, or clearing of the parcel (elements sufficient for civil law) are elements in agrarian matters, but insufficient to consolidate any right. Another important aspect is that in this area, the requirements of just title and good faith disappear, such that the former is replaced by labor, while with respect to good faith, it does not matter if another party is being harmed; what matters is that the land is worked. It is assumed that acts of possession are carried out out of necessity, hence this state neutralizes bad faith (see Article 52 of the Land and Colonization Law – Ley de Tierras y Colonización). It is worth noting that the Possessory Information Law (Ley de Informaciones Posesorias), No. 139 of 1941, establishes a special non-contentious procedure through which the property title is formalized; it is also worth noting that if the successful claim implicitly entails the generation of a new title, it simultaneously produces the cancellation of any other conflicting title, hence adverse possession presents two effects: one negative, consisting of the elimination of pre-existing rights (as negative prescription), and another positive, by generating a right for the possessor. Finally, we cannot fail to mention that the possessed property must be in the stream of commerce, which brings us to the already-discussed topic of public domain property (bienes demaniales), which in principle cannot be acquired through this procedure.\n\nXI.- REGARDING THE CLAIM: Having made the foregoing clarifications, it now becomes possible to specifically analyze the claim brought by the plaintiff. It must be specified that although the requests were originally aimed at declaring Mr. Nombre112710's right of ownership, with the advent of the criminal judgment that annulled said title, what was sought shifted to requesting a declaration of the right of possession. Since the arguments put forth regarding the right of ownership by that party become sterile and unnecessary, any pronouncement on that matter is omitted. On the other hand, it must be clarified that the legal mechanism to constitute a property title based on possession is the possessory information proceeding (información posesoria), as a non-contentious process; accordingly, this plenary proceeding does not come to destroy or generate a mechanism that the legislature has regulated in a different manner. Thus, the claims are analyzed within the scope of competence that corresponds to us. From the list of proven facts, it is duly established that the gentleman has a cadastral map (plano catastrado) from nineteen ninety-eight concerning a piece of land that overlaps another that is duly registered in favor of the Instituto Costarricense de Electricidad (ICE), which prima facie would give rise to a discussion of the superior right, but the situation changes radically due to the nature of the property under consideration. Thus, we have that the property was acquired and is dedicated as a protection zone for the Arenal Reservoir; this led the public entity to seek its reforestation artificially (according to witness Soto Bolaños' account), and upon considering the high costs of the project, the initiative was directed toward natural reforestation, allowing nature to recover by itself. It is worth saying that what to the eyes of a third party could represent an abandoned property, a person well-versed in the matter would have detected the forty-year effort of natural recovery of the territory. This evidently consolidates it as public domain property in accordance with Article two hundred sixty-one of the Civil Code, insofar as it corresponds to a thing that provides support for a public service, such as drinking water and electricity. Within this framework, the property is outside the stream of commerce and, consequently, no civil possession can exist over the real property, and much less does acquisitive prescription run against it. But the matter does not end there. From the list of proven facts, it is evident that the land is part of a RAMSAR site, over which there exists a national and international commitment to protection and maintenance as a property not only of the Nation but of humanity, which entails that any activity deployed on the land must be consistent with the guidelines issued for that purpose by the Ministry of Environment and Energy (Ministerio de Ambiente y Energía, MINAE), in conjunction with a series of international policies. We are facing a wetland, extremely fragile and which cannot be treated as territory with an agricultural vocation; consequently, it cannot be the subject of acquisitive prescription. Everything indicates that this public domain property presents as its sole vocation its recovery, artificially or naturally, toward regeneration. In fact, as seen in the proven facts, the activities deployed by the plaintiff to attempt to put the land into production, from an environmental standpoint, correspond to damages, insofar as they delay or hinder the natural regeneration that the zone presents. The plaintiff's attorney made a significant effort during the debate to indicate that the areas of natural forest had been respected (for which no evidence whatsoever was provided), but forgets that the idea is not only the maintenance of the existing forest but its expansion to the entire protection area; thus, the argument becomes sterile. Having made these clarifications, it becomes imperative to proceed to collate the claim in specific terms. As a first request, the plaintiff asks: \"I.- That the plaintiff Nombre112710 is the sole owner of the real property of the Partido of Guanacaste, by agrarian and forest possessor title, of the property located in El Cairo of the Third Tronadora district, of the eighth canton, Tilarán, of the province of Guanacaste, with an area of six hundred seventy thousand forty-three meters and fifty-seven square meters, detailed in cadastral map number G-0491856-1998.\" Evidently, there is a lack of terminological precision insofar as it is not possible to be the owner of a possession, since the latter is an attribute of the former; despite this, the Court interprets that what is sought is a declaration that the possession exercised is legitimate vis-à-vis the counterparty. A clarification must be made beforehand: if the plaintiff's and the public entity's maps are considered, everything seems to indicate that there could be an area of land not covered by the latter's property title, and insofar as it is not registered, it could well be claimed through the possessory information proceeding; however, since a pronouncement is being requested regarding the entirety of the land comprised within the aforementioned map, this obliges us to consider the property as a single unit. Of course, this does not prevent the plaintiff from appearing in the respective proceeding to request the registration of land not covered, if that in fact were the prevailing reality. Now then, on this point, it must be noted that the aforementioned gentleman cannot be the possessor of this property, to the extent that, as indicated, it is public domain property outside the stream of commerce, over which it is legally impossible to constitute any civil or agrarian right. We see that the property title was constituted forty years ago and since that moment has been subject to public purposes. Among the plaintiff's arguments, it was noted that the time frame that makes the specific area of land tangible (the cadastral map) dates from a little less than ten years ago, while Mr. Nombre112710's is earlier. In this regard, it must be remembered that indeed the requirement to possess a map registered in the same entry as the property is of very recent date; previously, properties, even when they had a map, did not require it to be indicated in the property's entry. It is less than twenty years since that requirement changed. In this way, the public entity's property is earlier than the plaintiff's and not the other way around, all without prejudice that the right held by ICE is superior and prevails over that of the private individual. Within this framework, without greater effort, the first request must be rejected. As a second request, the plaintiff requests: \"II.- That the plaintiff Nombre112710 has exercised possession for approximately some twenty-five years in a public, peaceful, uninterrupted, good faith manner and by owner's title.\" According to the items of evidence provided to the case file, the plaintiff has been carrying out agricultural acts in the zone since the year nineteen ninety at least, and has produced some agricultural crops, as well as some livestock activity. What is questionable is that everything indicates that the public entity did not become aware of the situation in a timely manner. Although legumes and vegetables are seasonal products, with a growth process of a few months, adequate surveillance would have detected that activity in a timely manner. Within this framework, the public entity is called to attention regarding its duty to perform this function with the seriousness it deserves. Now then, insofar as what is requested refers, as already stated, it is not possible to exercise civil or even agrarian possession (the plaintiff at trial spoke of forest possession, but in a technical-legal sense, the latter is neither more nor less than agrarian possession). Any act in that sense becomes unlawful and illicit, lacking standing to protect it. For a property to be possessed, it is imperative that its nature allow it, which is not consolidated in this case. Thus, it is not possible to declare the existence of any possession, much less that it is public, peaceful, uninterrupted, in good faith, and by owner's title. During the oral and public trial, the plaintiff's representative pointed out the existence of agrarian and forest possession over the land, when in reality the legal system only recognizes two types of ways to exercise this real right: civil and agrarian. Forest possession is nothing more than a manifestation of agrarian possession. Even trying to give meaning to the argument (which, as we already indicated, it lacks), it must be clarified that one of the requirements of agrarian possession is necessity, that is, the search by a landless farmer for a piece of land to produce on and from there benefit himself and his family; but given the number of hectares Mr. Nombre112710 claims, and from the statements of his own witness, it is evident that his acts have been limited to a small part and not the entirety of the real property. This forces the rejection of this second request. As a third claim, the following is requested: \"III.- That the possessory acts that the plaintiff Nombre112710 has exercised during all this time have consisted of the following: a) Building on his property described above three dwelling houses of wood and zinc, b) A four-strand wire fence with black wood posts, c) Destining part of the property to the sowing and cultivation of one hectare of beans and three hectares of corn, as well as fruit trees (orange, avocado, mango, coconuts, grafted nances, yuplones, carambolas, sapotes among others). d) The establishment of a dairy and a farm in production with twenty-four animals including: nineteen dairy cows, two breeding bulls (Simmental and Brown Swiss), three young bulls, fifteen hens and an Australian shepherd dog.\" As can be appreciated, what is requested is derived from the previous request, without prejudice that it is debatable whether we are in the presence of a claim or a fact. As has been well indicated on previous occasions, a proven or unproven fact is the verification that something occurred in reality, while a declaratory claim is a legal assessment that establishes a legal situation based on a proven or unproven fact. In this case, what is requested seems more like a fact than a claim. We would be within the assumptions of canon one hundred ninety-five of the General Public Administration Law (Ley General de la Administración Pública) which prevents the recognition of any liability for illegitimate acts or acts contrary to law, which is what is indicated by Article twenty-two of the Civil Code as an abuse of right. In any case, the activities deployed by the promoter of the case file, as has already been indicated, become illicit and are considered more as damage to the environment than acts of possession, and must therefore be rejected as well. In a fourth request, the following is sought: \"IV.- That the plaintiff Nombre112710 is the sole and exclusive possessor of the property described above.\" Again, we have a claim derived from the first, insofar as it requests that the right of possession be declared, which, as has been repeatedly indicated, is not legally viable, and it suffices to state that it must also be rejected. As a fifth claim, the following is indicated: \"V.- That the cadastral map number G-1168748-2007 in the name of the Instituto Costarricense de Electricidad is overlapped with the cadastral map number G-0491856-1998 that describes property Dirección13669 - , which is in the name of Nombre112710.\" Before anything else, it must be indicated that Mr. Nombre112710 did not direct this claim toward what was resolved with the authority and effectiveness of res judicata ordered by the Trial Court of the Third Judicial Circuit of San José, insofar as it cancelled the entry for the plaintiff's property. However, for the purpose of granting coherence, the court understands that the party is requesting that it be declared that both cited maps are overlapped. Again we have a problem of legal technique, as we are in the presence of a fact, which by the way is proven, and not a declaratory claim. That the maps of ICE and Mr. Nombre112710 overlap is an incontrovertible issue, as was established from the telegraphic study carried out by the Judicial Investigation Agency (Organismo de Investigación Judicial, OIJ). It is simple logic that for properties to overlap they must be located in the same place. Although at trial, attorney Jiménez Meza at some point raised doubts as to whether the properties were located in the same place, the technical evidence is incontrovertible regarding that situation; in fact, no evidence to the contrary was provided. Declaring that the maps present common areas is a mere fact; it does not include any legal assessment, and for that reason, within the list of duly proven facts, it has been recorded in those terms. As it is a fact and not a claim, it must also be rejected. For the sixth request, the following was sought: \"VI.- That cadastral map number G-1168748-2007 in the name of the Instituto Costarricense de Electricidad be annulled and left without any legal effect or value, because it is overlapped on another registered property.\" Now we are indeed facing a declaratory claim, but it is necessary to make some clarifications. A cadastral map does not constitute a legal status or situation for the document's beneficiary. The only thing it manifests is that the person recorded there calls him or herself owner, possessor, or beneficiary of an easement (servidumbre) under the terms described therein. Its legal effectiveness depends exclusively on a jurisdictional process that ultimately grants some effect regarding that declaration. It does not correspond to a final act, but rather a procedural step within another subsequent one. For that aspect alone, the claim does not merit protection. Despite this, it must be added that the property title (the right par excellence, since possession is only one of the real rights that comprise ownership) belongs to the Instituto Costarricense de Electricidad and not to Mr. Nombre112710, with the aggravating factor that the described property is public domain. For this claim to have any coherence, the party would have to prove that the public entity took an area that was originally not part of its property, which it is not doing. Thus, as things stand, what is requested must be rejected without further question. From the seventh to the twelfth request, the following is set forth: \"VII.- That the defendants here entered the property - previously indicated as property of Nombre112710 - driving two vehicles marked with the ICE logo, accompanied by other officials of the same sued institution, and on several occasions proceeded to destroy the construction of the dwelling house built there and the fences. They burned the fibrolit and completely damaged it. When the houses were rebuilt later, they were destroyed, such that in less than a year they destroyed three houses built there. VIII.- That the defendants here also .... took tools and items such as: a Husqvarna chainsaw, inflatable lifeboat, fumigation pump, a Marlin brand .22 caliber magazine carbine, as well as tools that are used on the property, like shovels, hammer, pick, tent, dairy utensils, milk cans, saddles, gas stove, beds, mattresses, blankets, dining room furniture, living room furniture, rolls of hose and proceeded to take all the other materials. IX.- That the defendants here proceeded to destroy a large area planted with fruit trees, gardens, fences of the entire property, and the remains of the materials that were left, they took them away. X. That the defendants here proceeded to destroy the fences, causing serious damages because all the animals ran out of the property uncontrolled, scared off by them through the surrounding areas, and therefore they are being slaughtered, as they appear macheted on the public road and others do not appear. XI. That all these destructions and damages caused by the defendants here were carried out on the orders of the sued Instituto Costarricense de Electricidad.\" Again, we have a problem of legal technique: facts are set forth as if they could be the subject of declaratory claims, which results in their rejection, with nothing more to add. It is only fitting to indicate that it is an uncontested fact that the actions of the defendant natural persons were in compliance with their duties as public officials, under orders of the sued public company. The thirteenth claim states: \"XIII.- That the defendants, jointly and severally, are obligated to total reparation for the damages (damnum emergens), which correspond to the materials caused on the plaintiff Nombre112710's property, consisting of the total destruction that the defendants carried out within the property of the following: a) Three houses, which are quantified at the sum of thirty million colones. b) The destroyed fences, the cost of which is around the sum of two million colones between the barbed wire and the black wood posts. c) The dairy cows, for the nineteen milk-producing cows, whose cost on the market ranges around the sum of nineteen million colones at a rate of one million colones per dairy cow. d) For the two breeding bulls, the sum of three million colones, broken down as follows: For the Simmental Bull, the sum of two million colones; for the Brown Swiss bull, the sum of one million colones. e) For the three young beef bulls, amounting to a sum of six hundred thousand colones for the three, at a rate of two hundred thousand colones each; f) One hectare of beans at a cost of two million colones, g) three hectares of corn at a cost of six million colones and h) For the destroyed fruit trees, the sum of three million colones. Resulting in a total material damage of sixty-five million seven hundred thousand colones.\" Several aspects must be specified on this matter; nothing determines what the house constructions carried out by Mr. Nombre112710 were like, much less that they have the value he indicates. On the contrary, the only photographs that serve as illustration in this respect place us before a structure made of zinc sheets as walls and roof, without a floor, in a single piece or room, which would hardly have a value of ten million colones (one-third of what is requested for this item). Nor is the scope of the fences built by the promoter of the case file, and which were supposedly destroyed, established, much less their economic value. It is not proven how many cows were lost in the evictions, nor their market value. Moreover, it is not even established that these were delivered to Animal Health (Salud Animal) as the public entity suggests. Furthermore, although some plantations are established, there is no evidence indicating the area produced and the profit that might have been generated. It must be remembered in this regard that Article three hundred seventeen of the Civil Procedure Code, in relation to article two hundred and one of the Contentious Administrative Procedure Code, obliges whoever affirms something to prove their statement in order to be victorious, an obligation not satisfied in this case. This leads us to the rejection of the request. But in any case, these would be works on another's property, which could eventually be classified as improvements (mejoras); however, in this case, far from improving the parcel, they represent damages to a property destined for its natural recovery, which again leads to the conclusion of rejecting these. It is worth remembering on this matter what is indicated by Article one hundred ninety-five of the General Public Administration Law insofar as it states that the recognition of liability for an illicit act is not applicable, which is precisely what occurs in this case. Request number thirteen has the following text: \" XIII.- That the defendants, jointly and severally, are obligated to total reparation for the lost profits (lucrum cessans), consisting of the frustrated or forgone earnings or profit that the property produced by virtue of the material damages caused or frustrated or forgone profit that the property produced by virtue of the material damages caused .... which caused the total cessation of production of the following: a) From the dairy, whose monthly production ranged between 22,800 kilos, at a rate of forty kilos for each of the nineteen dairy cows, resulting in a monthly sum of six million eight hundred forty thousand colones, for an approximate period of three years, which is the return on a normal investment in a business, it results in a total sum of two hundred forty-six million two hundred forty thousand colones. b) From the production of corn on three hectares, per harvest every six months, at a rate of twenty thousand ears per hectare, that is sixty thousand ears per three hectares, at a cost of one hundred colones per ear, we are talking about a semiannual loss of six million colones, which for an approximate period of three years, which is the indicated period for the return on a normal investment in a business approximately, results in a total sum of thirty-six million colones. c) From the production of beans on one hectare, per annual harvest, at a rate of forty quintals annually per hectare, at a cost of two million colones, we are talking about a loss, for an approximate period of three years, which is the indicated period for the return on a normal investment in a business approximately, of six million colones. Such lost profits represent the losses or earnings forgone, during that entire period of time, in which the plaintiff's patrimony was unjustly affected, which amount to the global sum of two hundred eighty-eight million two hundred forty thousand colones... The period of three years indicated above is computed starting from the beginning of the disturbances and destructions caused by the defendants on the plaintiff's property, that is, starting from December fifth, two thousand seven.\" What was indicated in the previous point is fully applicable to this request as well. There is an absolute absence of evidentiary material; it is not possible to locate anything that allows establishing the value of the suffered damage, but beyond that, it becomes unlawful, in contradiction with Article one hundred ninety-five of the General Public Administration Law. The Court has no means to know what the plaintiff has planted, what their profit would be, how the expulsions from the public domain property were carried out; in general, there is an evidentiary insufficiency that cannot be filled by this Chamber when it was the parties who should have provided evidence in one direction or another, which they indeed did not do. Even if there were evidence in that sense, it could have been collated whether the eviction was carried out with excessive violence, which could eventually have degenerated into liability for the affected party. Unfortunately, the absence of evidence is manifest. Consequently, what is requested is rejected as well. What is sought as number fourteen states: \" XIV.- That the defendants, jointly and severally, are obligated to total reparation for the subjective moral damage suffered by the plaintiff Nombre112710, consisting of the impotence, despair, anguish, and anxiety that the series of actions, destructions, and destructions by the defendants have caused to my property; the fact of seeing myself at a given moment without anything of what I had built over the entire time of possession of the property here mentioned as my property, for which I come to liquidate the same in the sum of seventy million colones, at a rate of ten million colones that each of the defendants must pay and thirty million colones that the sued institute must pay... Moral damage that comes from all the suffering that the plaintiff Nombre112710 has endured and which has deeply affected him, both commercially and familiarly, since however much he has sought a way to rebuild his cheese and milk business, such labor has been made difficult, because even to this date he still has to go out late at night to see who is making destructions on the property. Hence, all this suffering undergone is causing deep moral damage, coupled with the fact of seeing his animals slaughtered, whose sentimental value is incalculable.\" The Court can understand that indeed Mr. Nombre112710 must have suffered each time he has been forced to abandon the land underlying the dispute, but it is the Court's view that he himself has placed himself in that condition, by invading land that is not his property and moreover, subject to a public interest. It seems to have been public and notorious for several years now that there was a public interest in the land, and despite that, the plaintiff has continued to remain on the property, attempting to title it in his name. This Chamber may be understanding regarding the desire of a landless farmer to obtain land and thereby provide sustenance for his family and economic prosperity for himself and his own; but in this case, it seems there has been a lack of vision of what is really at stake. Recognizing any compensation on this matter becomes an abuse of right that must be rejected, as is hereby ordered. It is worth noting that if there were any crops still existing on the land, the plaintiff would indeed have the right to harvest them, since if the public entity kept them, it would be generating unjust enrichment; clearly, in that case, it would be an action coordinated with the counterparty, so as not to return the conflict to stages that we hope will not occur again. Finally, as claim number fifteen, the following is requested: \"XV.- That the defendants must index the total amount of damages and lost profits at the time of their payment in the sentence execution stage; and that legal interest be recognized from the filing of the claim until its effective payment .... \" As can be seen, all requests have been rejected, so there would be no sum to index. As for the damages and lost profits, it suffices to indicate what has already been stated: that any recognition would become unlawful. Thus, as things stand, the entirety of the claim filed by the plaintiff is declared without merit.\n\nXII.- REGARDING THE COUNTERCLAIM: Regarding the counterclaim, its analysis is oriented in another direction and must be analyzed in a measured manner. As a first claim, the following is requested: \"1. That any possession that the counterclaim defendant may have exercised over the real property be declared precarious and illegitimate.\" In this direction, there is nothing more to indicate than that, being a public domain property under the administration of the public company—a property that even corresponds to a Ramsar territory—any act of private possession becomes illegal, illegitimate, and lacking all legal basis, which allows this request to be granted without further questioning. The activity deployed by Mr. Nombre112710 is contrary to law, lacks legal protection, and, on the contrary, borders on a criminal nature. The second request states: \" 2.\n\nThat plan number G-491856-1998 overlaps lands owned by the Instituto Costarricense de Electricidad, and on that basis the National Cadastre be ordered to cancel it.\" As indicated in the preceding recital, a cadastral plan does not create legal status by itself; it is merely an individual manifestation that possession is being exercised, a requirement for a possessory information proceeding, but a purely procedural act lacking legal effects, which would compel rejection of the request on that foundation. This collegiate body cannot miss the opportunity to indicate to Mr. Nombre112710 that the land he has been encroaching upon cannot be an object of commerce among men; it is by its very essence a space of the territory that belongs to the Nation as a whole, so no legal effect can derive from the aforementioned plan. Claims three through five were withdrawn, so the sixth claim states: \"6. The counterclaim defendant be ordered to pay the material damages caused, understood as all those actions of a clandestine and abusive nature that Mr. Nombre112710 has carried out on my client’s property, particularly regarding the compensation for expenses that the defense and exclusion of the property have demanded of my principal’s patrimony, which, at this time, I prudentially estimate at around twenty-five million colones; likewise, I request that he be ordered to pay the losses arising equally from the disbursements my principal has been obliged to make to secure, with respect to the counterclaim plaintiff's actions, the defense of the property, which I also prudentially estimate at around fifteen million colones.\" It is noteworthy in this regard that the counterclaimant has made no effort whatsoever to demonstrate the nature, scope, and value of the alleged damages suffered, which is undoubtedly a violation of the procedural burdens of the party who asserts a claim in accordance with article three hundred seventeen of the Civil Code. Although, as has been maintained, each act of possession carried out by Mr. Nombre112710 within an area designated for natural recovery implicitly entails a deterioration of natural development, no basis is provided to ascertain the scope and value of that impact, requirements necessary to declare the requested liability. It is visible in both the administrative and judicial files that various proceedings have been filed in the judicial arena, especially in the realm of criminal proceedings, but if the party intends to collect the costs of such proceedings, it should have sought a cost award in each of those proceedings and subsequently come to enforce them through the respective channel. In such a manner that this jurisdiction is not competent to vary what was resolved in the criminal venue, if the plaintiff was not convicted or no ruling was made on that matter. As for the administrative eviction proceedings, as was well noted in the proven and unproven facts, it is not established with certainty how many were conducted, how they were carried out, much less the expenses thereof; it is not superfluous to add that it is this evidentiary gap that prevents the Court from assessing whether there was any abuse in the exercise of public powers on this matter. Thus, that claim must also be rejected.\n\nXIII.- ON THE AFFIRMATIVE DEFENSES: The public entity raised the defenses of lack of active and passive standing, lack of right, and res judicata. With respect to the defense of lack of active and passive standing, the court finds that the procedural legal relationship is properly constituted with respect to the filed complaint, but not with respect to Mr. Nombre112711, Mr. Nombre112712, Mr. Nombre112713, and Mr. Nombre112714. Although the legal system guarantees the right to sue the public servant together with the administration to which he belongs, that only occurs in the face of illegitimate or arbitrary conduct, which is not the case here. Therefore, as to those civil defendants, the defense of lack of passive standing is upheld. Regarding the defense of res judicata, it must be noted that the modifications made at the start of the supplementary hearing absolutely eliminated those basic aspects of the dispute over which the tombstone already fell, so it is not admissible. In the closing argument, the defendant’s attorney suggested that the defense remained insofar as the possession and the plan presented by the plaintiff were also illegitimate; on this point, a careful reading of the ruling before us does not permit that conclusion. Everything indicates that the criminal judicial authority limited itself to analyzing the title of registration of the property in favor of Mr. Nombre112710, without being able to state that the core points of this conflict have already been resolved. Therefore, it must be rejected. With respect to the other parties, the defense lacks foundation and must be rejected. With respect to the remaining claims, the defense of lack of right is upheld, and consequently the complaint is dismissed in its entirety. As for the counterclaim, the defenses of statute of limitations and lapse were raised, arguing that the possessory acts had been carried out over many years, but as indicated, we are dealing with public domain property (bienes demaniales), against which no limitation period runs, which is why they must be rejected. Despite what has been said, some of the requests were not properly substantiated, so it is appropriate to declare, sua sponte and partially, the lack of right.\n\nXIV.- ON COSTS: Regarding costs, the rule is that the losing party is condemned by the mere fact of being so; the Court considers that we are not facing one of the exceptions of article one hundred ninety-three of the Administrative Litigation Procedure Code, therefore there is no basis to exonerate the losing party. Consequently, Mr. Nombre112710 is ordered to pay the costs of both the complaint and the counterclaim.\n\nXIV.- FINAL CONSIDERATIONS: The Court must make several clarifications that are not evident in the summary. In the first place, a respectful but forceful call of attention is made to the public entity regarding the property at the heart of the conflict and its surroundings. Although some evidence was provided to suggest that periodic verifications are made, the truth is that in this case it can be observed, both from the photographs and the evidence provided by the plaintiff, that some agricultural planting was carried out that does not spring up overnight. This leads us to believe that due care is not exercised in a fragile and delicate zone such as the one under consideration. In this manner, we urge the public entity to proceed to meticulously verify the lands that, being its property, are in similar conditions and to file the corresponding legal actions as soon as possible. Likewise, we invite ICE to proceed in the zone to demarcate an indication that they are on a Ramsar territory and state domain under the administration of the public entity, so as to prevent any individual or others from thinking the land is abandoned. We consider that the issue has not been given due treatment, which must be corrected. A second aspect that must be noted is that the national legal system proceeds from the premise that the farmer is by his very nature a simple person who seeks to obtain sustenance for himself and his family, and consequently his good faith is presumed. This entails that any eviction (whether judicial or administrative) must be carried out while seeking to cause the least amount of harm, striving not to damage others’ animals, and if possible, allowing the farmer to harvest his crop as the fruit of his labor. The Chamber must be clear and emphatic on this point, especially since there are other persons in conditions similar to the plaintiff here, and it is desirable that there be no doubt or complaint of exaggerated or abusive rejections. The fact of having a better right never empowers the abuse of force, which must be employed in just measure and only to the strictly necessary extremes.\n\nPOR TANTO:\n\nThe new facts presented by the parties at the supplementary hearing are accepted. The evidence offered for a better resolution during the oral and public hearing is admitted. On the complaint: the defense of lack of passive standing is upheld with respect to Mr. Nombre112711 (known as Nombre112711), Nombre112712, Nombre112713 (known as Nombre107395), and Nombre112714. The defense of lack of active standing is rejected. The defense of lack of right is upheld against the Instituto Costarricense de Electricidad (ICE); consequently, the complaint is dismissed in its entirety. On the counterclaim: the defenses of statute of limitations and lapse are rejected. Lack of right is partially declared, and consequently the counterclaim is partially granted, with everything not expressly granted being deemed rejected. The possession exercised by Mr. Nombre112710 over the property owned by the Instituto Costarricense de Electricidad is declared illegitimate. Let the public enterprise take note of the recommendations given in the last part of the recitals section of this ruling. Costs shall be borne by Mr. Nombre112710.\n\n\n\n\n\nRicardo A. Madrigal Jiménez\n\n\n\n\n\n\nFelipe Córdoba Ramírez                                                José Ivan Salas Leitón\n\nExpediente: 09-002172-1027-CA\n\nProcess of Cognizance for Vindication and liability\n\nPLAINTIFF/COUNTERCLAIM DEFENDANT: Nombre112710\n\nAgainst/COUNTERCLAIMANT: Instituto Costarricense de Elecitriciad\n\nDefendants: Nombre112711, Nombre112712, Nombre112713 and Nombre112714.\n\n\n\nClassification prepared by the CENTRO DE INFORMACIÓN JURISPRUDENCIAL of the Poder Judicial. Reproduction and/or distribution for profit is prohibited.\n\nIt is a faithful copy of the original - Taken from Nexus.PJ on: 09-05-2026 07:03:11.\n\nSCIJ de Hacienda\nSCIJ de la Procuraduría General de la República"
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